El posparto es un momento de emociones contradictorias para la mujer. Vive un momento de gran alegría al tener a su bebé en brazos tras los largos 9 meses de embarazo. ¡Llegó el día, por fin nuestro bebé ha nacido! A nuestro alrededor todo son celebraciones y alegría, hay un importante trasiego de visitas, amigos, familiares… Y todo el mundo nos dice lo felices que debemos de estar. Sin embargo, nosotras no lo tenemos tan claro.
Después de dar a luz, al tiempo que las hormonas caen precipitadamente, la madre siente la presión que conlleva la crianza de un bebé. A veces dar a luz no es tan gratificante como se esperaba: entonces la madre entra en un estado de melancolía que puede derivar en un trastorno psiquiátrico más o menos grave. Entra en un estado de melancolía y tristeza, a menudo muy incomprendida.
Fuente: Centers for Disease Control and Prevention (CDC)
La Depresión Posparto: Una Enfermedad Materna Común
La depresión posparto es una de las enfermedades maternas más comunes. Aún así, el hecho de que se presente después de haber tenido un bebé y que éste acapare todo el foco del entorno, hace que a veces se visualice poco. Se estima que entre el 10 y el 15% de todas las madres van a tener una depresión posparto y parece que la incidencia aumenta en el caso del primer bebé hasta llegar al 25% (1). Algunas publicaciones afirman que esta tasa puede variar según la población, pudiendo ser más alta.
En España una de cada diez mujeres sufre depresión posparto. Se calcula que alrededor del 10% de las mujeres que dan a luz sufren una depresión postparto y deben recibir tratamiento, incluso con medicamentos antidepresivos. Es una enfermedad que suele aparecer a los pocos días o semanas tras el parto, en el puerperio. Una de cada diez mujeres se deprime tras el parto, por lo que identificar y curar esta enfermedad debe ser prioritario para los médicos. Es un cuadro grave que en ocasiones puede requerir la hospitalización y en cualquier caso exige un seguimiento muy cercano.
Más allá de estas estadísticas es importante recordar que la depresión posparto se da en un momento en que socialmente se prevé que sea un momento de felicidad. Parece que por el mero hecho de tener un bebé, una debe estar feliz, es casi una obligación. A esto se suma que la salud mental muchas veces está estigmatizada.
Factores de Riesgo y Detección
Aunque la depresión posparto puede afectar a todas las mujeres que han parido, hay algunos factores que aumentan el riesgo de que se presente. La depresión posparto fácilmente pasa desapercibida porque los cambios en el sueño, el cansancio, el apetito y la libido, entre otros, pueden confundirse con cambios normales que suceden en el posparto.
El cribado de la depresión posparto permite detectar los signos de ésta en las mujeres que se les hace. Una herramienta de cribado es la Escala de Edimburgo. Esta escala está disponible en nuestra app LactApp. Consiste en 10 preguntas con cuatro opciones de respuesta que la madre contesta sobre cómo se sintió durante los siete días anteriores. Se suele contestar en menos de cinco minutos. Es una escala validada para realizar el cribado de depresión posparto después de las seis semanas del nacimiento.
| Factor | Descripción |
|---|---|
| Antecedentes depresivos | Mayor riesgo si hay historial de depresión |
| Problemas familiares o de pareja | Conflictos pueden aumentar la vulnerabilidad |
| Dificultades económicas | El estrés financiero puede ser un factor |
Lactancia Materna y Depresión Posparto: ¿Cuál es la Conexión?
En este punto queremos recordar que el tratamiento de la depresión posparto es compatible con la lactancia materna, incluso en situaciones en las que se hace necesario el uso de medicación. La madre con depresión posparto que está tomando varios tipos fármacos debe suspender la lactancia materna, según María Fe Bravo Ortiz, jefa de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario La Paz.
Las mujeres que lactan más tiempo tienen una mayor protección ante el desarrollo de una depresión posparto, según un estudio del Grupo de Investigación en Salud y Cuidados de la Universidad de Extremadura (UEx). Los resultados del estudio han demostrado que aquellas mujeres que recibieron una intervención motivacional breve para promover ... Además, la duración de la lactancia materna era muy superior en el grupo de madres que recibía la intervención motivacional breve, además de durar más tiempo de manera exclusiva.
Los trabajos señalan que las mujeres que sienten culpa al dar el biberón piensan que están haciendo daño a sus bebes (Thomson, Ebisch-Burton, & Flacking, 2015). Pocos estudios han analizado las experiencias de esas madres que optan por una lactancia mixta o artificial. En su estudio de seiscientas madres que alimentaban a sus bebés total o parcialmente con leche de fórmula, Fallon y col. encontraron que el 56% de ellas habían pensado durante el embarazo que amamantarían a sus bebés de forma exclusiva (Fallon, Komninou, Bennett, Halford, & Harrold, 2016). El 67% expresaban haber sentido culpa por dar el biberón. Un abrumador 76% sentían que tenían que defenderse o justificar su elección frente a otras madres o profesionales de salud. Pese a ello, el 67% se sentía satisfecha con su experiencia y 36% se sentían apoyadas por los profesionales. Sentían más culpa, y se encontraban peor, quienes querían dar el pecho y lo dejaban que quienes, desde un inicio, daban solo biberón.
Algo que no se suele tener en cuenta es que el sentimiento de culpa por no amamantar puede ser un síntoma nuclear de depresión posparto, un trastorno altamente prevalente, que se estima padece, como mínimo, una de cada ocho madres en el año que sigue al parto. Las madres deprimidas tienen más riesgo de abandonar la lactancia (Taveras et al., 2003). La depresión incrementa el riesgo de cese de la lactancia por diversas vías. A nivel cognitivo dificulta el amamantamiento, al ser más probable que la madre no lo disfrute, que piense que su leche no es suficiente o que sienta dificultad para interactuar con el bebé (Dennis & Moloney, 2009; Stuebe, Grewen, Pedersen, Propper, & Meltzer-Brody, 2012; Stuebe et al., 2014). La sintomatología ansiosa y depresiva puede hacer que la madre se preocupe obsesivamente por la salud del bebé, por la cantidad de leche que produce o por controlar las tomas con detallado registro escrito, lo que entorpece y dificulta la experiencia.
También es destacable el efecto tan deletéreo que puede tener el parto en el inicio de la lactancia. Especialmente si el parto es intervenido, medicalizado o termina en cesárea, y si tras el mismo se mantiene a madre y bebé separados durante horas o incluso días, comenzar la lactancia va a ser sumamente difícil y frustrante. Esa separación del bebé en las primeras horas de vida es un estrés grande para el bebé, pero también para la madre.
En un estudio cualitativo analizando las experiencias de madres que referían haber sufrido malestar emocional significativo en el posparto, las dificultades con la lactancia eran recurrentes. Para la mayoría de estas mujeres la lactancia se convertía en una batalla tras una experiencia de parto decepcionante. Muchas describían como esperaban que fuera mucho más sencillo, una madre decía que era “lo más difícil que habían hecho en su vida”.
“La lactancia era muy importante para mí … Una enfermera me hizo sentir fatal. Básicamente me dijo que le estaba haciendo daño a mi bebe al no darle un suplemento. Mi cabeza no paraba de hacerme preguntas: Dios mío, ¿qué hago? ¿Seré una madre terrible? ¿Estoy matando de hambre a mi bebe?” (Olson, Holstlander, & Bowen, 2014, p.
El apoyo que brindan los profesionales en estos casos puede ser contraproducente, ya que pocas veces detectan o escuchan el sufrimiento materno. Algunos llegan a proponer que si la madre está deprimida deje la lactancia puesto que esto es una “carga o esfuerzo innecesario” sin comprender la dimensión del problema (Olza, Serrano Drowselsky, & Muñoz Labián, 2011).
Weissinger señala que llamar culpa a lo que sienten las madres cuando no logran amamantar no es correcto. Según esta autora lo correcto sería hablar de enfado, resentimiento y arrepentimiento o lamento (Wiessinger, 1996). Recoge así el sentir de muchas madres, que sienten que con un mejor apoyo por parte de los profesionales o de su entorno seguramente hubiera sido más fácil amamantar y prolongar la lactancia tal y como deseaban.
Aunque en la promoción de la lactancia se describe esta como una experiencia íntima y satisfactoria, lo cierto es que muchas mujeres no lo viven así. Para algunas amamantar es doloroso o desagradable. Las mujeres que tuvieron abusos sexuales o emocionales en la infancia pueden tener flash-backs, recuerdos intrusivos de las experiencias de abusos, que hacen que la lactancia les resulte especialmente difícil o que directamente opten por no amamantar (Kendall-Tackett, 1998). Las madres que tienen antecedentes de trastorno de conducta alimentaria, anorexia o bulimia también expresan dificultades mayores con la alimentación del bebé que pueden ser obstáculo añadido para la lactancia (Torgersen et al., 2010).
Por último, resulta importante recordar que hay un pequeño porcentaje de mujeres para las que la lactancia exclusiva va a ser casi imposible, porque tienen hipogalactia, o esta va a estar contraindicada, por ejemplo, si precisan tratamiento antineoplásico.
¿De quién es la culpa?
Algunos profesionales sanitarios aluden al miedo a culpabilizar como razón para no incidir en la promoción de la lactancia. Myriam Labbok analiza este argumento de los profesionales que no promocionan la lactancia para no incrementar el sentimiento de culpa de las madres. En su artículo, “Exploración de la culpa en las madres que no amamantan: el rol de los médicos”, analiza la responsabilidad que tiene los médicos y profesionales sanitarios, así como la sociedad en su conjunto, en que tantas mujeres no logren amamantar tanto como deseaban o esperaban (Labbok, 2008).
“Dado que la lactancia es un derecho del niño, le corresponde a la madre realizar esa tarea. Solo ella puede hacerlo. Sin embargo, desde el constructo de los derechos, a la madre sólo se le puede pedir que acepte esa tarea si el resto de la sociedad le apoya en ello. Por lo tanto, es responsabilidad de la familia, de los lugares de trabajo, de los servicios de salud, y de la sociedad en su conjunto asegurarse de que cada madre tenga todo el apoyo y facilidades que necesite para poder amamantar.
Labbok señala que muchos médicos no tienen suficientes conocimientos de lactancia. Pero en vez de reconocer esta carencia con franqueza ante sus pacientes, prefieren decirles que no pasa nada por dar el biberón. Las propias experiencias personales que los pediatras y médicos han tenido con sus lactancias o las de sus parejas parecen ser un factor de peso en cómo asesoran a las madres. Un estudio con médicas estadounidenses mostró que, quienes más apoyaban la lactancia en su trabajo, habían dado de media cuatro meses más el pecho que quienes no promovían la lactancia; es decir, la experiencia personal influía muchísimo en el apoyo a la lactancia que las médicas podían dar luego a sus pacientes.
Actualizado el 27/08/2011Un nuevo estudio relaciona los problemas de lactancia en las madres primerizas con la depresión materna o postparto. La depresión postparto es un estado emocional que sufren algunas mujeres tras el alumbramiento, especialmente de su primer bebé, en el que se sienten débiles y tristes, aunque el parto se haya desarrollado con éxito y tengan a su bebé sano en casa. Entre las causas se apunta a la revolución hormonal que experimenta la mujer después de dar a luz. También, puede deberse a que la madre, tras la llegada del recién nacido, se siente relegada a un segundo plano o presenta una preocupación desmesurada por no causarle ningún tipo de daño al pequeño.
Algunos de los principales síntomas de este estado son ansiedad, tristeza profunda e irritabilidad. Esta situación no afecta sólo a las mujeres, los padres también pueden sufrir la depresión postparto.
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Un nuevo estudio publicado en la revista Obstetrics and Gynecology> ha relacionado este estado emocional con los problemas derivados de la lactancia en madres primerizas. No obstante, los resultados del análisis no son concluyentes con lo que son necesarias más investigaciones al respecto.
La autora principal de la investigación es la epidemióloga, Stephanie Watkins de la University of North California, Chapel Hill. Watkins realizó un cuestionario o test de depresión a 2.600 madres que no habían dado el pecho a sus bebés. Los resultados indicaron que el 8% de éstas obtuvieron un mayor porcentaje en dicho test tras dos meses de haber dado a luz. Como hemos indicado, el estudio posee algunas carencias ya que en este análisis no se tuvo en cuenta si la madre había padecido ya depresión durante el periodo de gestación.
En el otro grupo compuesto por 2.586 mujeres que sí habían amamantado, el cuestionario determinó que el 35% había sentido dolor en el momento de dar el pecho al bebé durante la primera semana. Aquellas mujeres a las que no les gustó la experiencia de la lactancia materna tenían un 42% más de probabilidades de tener depresión.
Entre las conclusiones destacaron que no se puede determinar al 100% si los problemas en la lactancia son una de las causas de los síntomas de la depresión; sin embargo, sí se encontró cierta relación entre ambas cuestiones.
Respecto a si el origen de la depresión se sitúa o no en los desajustes hormonales de la mujer, se están desarrollando en la actualidad más estudios en este sentido.
Lo recomendable, en cualquier caso, ante esta situación es acudir al doctor con el fin de que éste pueda ofrecer a la madre algún tipo de pauta o tratamiento a seguir.
Las primeras experiencias de la vida preparan el escenario para la salud física en la vida posterior. La lactancia materna es una manera muy directa de disminuir el estrés tóxico temprano. Estudios recientes han demostrado que la lactancia materna aumenta el bienestar físico y mental de los bebés, y estos efectos van mucho más allá de la composición de la leche. Una clave para entender estos efectos a largo plazo es la respuesta materna. Cuando las madres responden a las señales de sus bebés de forma consistente, preparan el escenario para una resiliencia permanente en sus hijos. Y la respuesta materna a las señales es algo intrínseco de la relación de amamantamiento.
En un estudio de 2.900 parejas bebé-madre lactante, la lactancia materna durante un año se asoció con una mejor salud mental infantil en todas las edades hasta los 14 años (Oddy et al., 2009). La depresión materna tiene un efecto negativo bien documentado en bebés y niños. Es perjudicial porque afecta la capacidad de las madres para responder a sus bebés. Las madres deprimidas tienden a desapegarse de sus bebés, y a no responder a sus señales. Y los efectos son duraderos. Un seguimiento de 20 años de niños hijos de padres deprimidos los comparó con un grupo de niños adultos cuyos padres no tenían ninguna enfermedad psiquiátrica.
Durante muchos años, en los estudios sobre depresión materna no se incluyó el factor del tipo de lactancia. De hecho, durante años, los profesionales de la salud mental perinatal creían que la lactancia materna era en realidad un factor de riesgo para la depresión posparto. Afortunadamente, ahora tenemos pruebas que indican que las madres que amamantan en exclusiva están en menor riesgo de depresión.
Una de las razones por las que la lactancia materna reduce el riesgo de depresión es por su impacto positivo sobre el sueño. Nuestro estudio de 6.410 madres indicó que las madres que amamantaron exclusivamente eran puntuaban significativamente mejor en cada parámetro del sueño comparado con aquellas que ofrecían lactancia mixta o de fórmula. Sorprendentemente, no hubo diferencias significativas entre las madres de alimentación mixta y de fórmula (Kendall-Tackett et al., 2011). En otras palabras, la lactancia materna exclusiva es una experiencia fisiológica diferente a la alimentación mixta.
Un estudio también encontró que la lactancia materna protege a los bebés cuando sus madres están deprimidas. La medida fue el EEG (electroencefalograma) de los bebés: los patrones anormales fueron un síntoma de la depresión en los lactantes. Los bebés de madres lactantes deprimidas tenían patrones EEG normales en comparación con los bebés de madres deprimidas y alimentadas con fórmula (Jones, McFall y Diego, 2004). En otras palabras, la lactancia protege a los bebés de los efectos nocivos de la depresión de sus madres.
La razón de este hallazgo se reduce a la responsividad materna. Los investigadores descubrieron que las madres deprimidas y lactantes no se desprendían de sus bebés. No podían. Las madres lactantes miraban, tocaban y hacían contacto visual con sus bebés más que las madres que no estaban amamantando.
Las madres con un historial de abuso infantil a menudo sienten como si no tuvieran las herramientas necesarias para ser buenas madres, y se preguntan si perpetuarán el ciclo de violencia. El sueño deteriorado puede ser un factor importante para la transmisión intergeneracional del abuso. Los bebés de madres con depresión o TEPT (trastorno de estrés postraumático) son más propensos a tener dificultades para dormir, posiblemente debido a su exposición in utero a las hormonas de estrés elevadas de sus madres (Field, Diego y Hernandez-Reif, 2006). Un estudio reciente encontró que para las mujeres con trastorno de estrés postraumático y un historial de abuso infantil, las dificultades del sueño infantil y la depresión materna deterioraron el vínculo madre-bebé y aumentaron el riesgo de transmisión intergeneracional de trauma (Hairston et al., 2011).
En Strathearn et al (2009), un estudio longitudinal de 15 años de duración de 7.223 parejas australianos de madre y bebé lactante, la lactancia materna redujo sustancialmente el riesgo de maltrato por parte de la madre. Las madres que no amamantan fueron 2,6 veces más propensas a ser físicamente abusivas, y tenían 3,8 veces más probabilidades de descuidar a sus hijos en comparación con las madres que amamantaban. Los resultados de nuestro estudio de 2013 pueden ayudar a explicar este resultado. En nuestra muestra de 6,410 nuevas madres, 994 mujeres reportaron agresión sexual previa. Como se predijo, la agresión sexual tuvo un efecto negativo e intenso sobre el sueño de las madres, el bienestar físico y la salud mental. El sueño de las mujeres asaltadas sexualmente era malo, estaban más cansadas, ansiosas y enojadas, y tenían más depresión. Pero cuando agregamos el modo de lactancia a nuestro análisis, encontramos que la lactancia materna atenuó los efectos de la agresión sexual y suavizó la respuesta al estrés. Este efecto se produjo sólo en las mujeres que amamantaban exclusivamente (Kendall-Tackett, Cong, & Hale, 2013). La ira, en particular, se redujo y esto podría explicar los hallazgos de Strathearn citados anteriormente.
También podemos examinar el impacto de la calidad del apego madre-hijo y sus efectos sobre la salud a largo plazo. Mary Ainsworth y John Bowlby señalaron que la responsividad materna (o de la persona maternante) era clave para crear un apego seguro en los bebés. La situación extraña se ha utilizado en miles de estudios en todo el mundo para medir la calidad del apego. El apego seguro es un gran predictor de la salud mental y física del niño, y la capacidad de respuesta materna es la clave. Cuando no se responde a las señales de los bebés manera consistente, desarrollan apegos inseguros, y eso tiene implicaciones a largo plazo para la salud mental, según un reciente estudio longitudinal de 32 años de 163 personas (Puig, Englund, Simpson y Collins, 2013). Se hizo un seguimiento de los participantes desde el nacimiento hasta los 32 años. A los 12 a 18 meses, se evaluaron a través de la Situación Extraña. Aquellos que tuvieron vínculos inseguros tenían significativamente más enfermedades inflamatorias a los 32 años que aquellos que tenían apegos seguros.
En resumen, los resultados de estos estudios demuestran que la lactancia materna tiene un papel mucho más importante en el mantenimiento de la salud física y mental de lo que creíamos anteriormente. Debido a que la lactancia materna aumenta la sensibilidad y responsividad materna, hace que la experiencia cotidiana de la maternidad sea más agradable, y aumenta las posibilidades de que madres y bebés desarrollen un buen apego.
La lactancia materna es mucho más que un método de alimentación. Es una manera de cuidar a un bebé que proporcionará una vida de buena salud emocional, ya que proporciona una manera para que las madres se conecten con sus bebés, incluso si ellas no experimentaron ese tipo de atención ellas mismas. En resumen, la lactancia materna puede hacer que el mundo sea un lugar más feliz y saludable, empezando por cada madre y cada bebé.
