Julio Jaramillo, una figura emblemática de la música latinoamericana, sigue resonando en los corazones de millones de personas. Ya nadie llora en Ecuador, ni en Venezuela, ni en Colombia, la muerte de Julio Jaramillo. Ahora se escucha su música.
Y su voz, como viene del siglo XX, que es ya mucho más que el pasado, llega como si hubiera estado en la atmósfera desde que apareció en América el primer amor. Hijo de Pantaleón Jaramillo, un señor que pretendió repoblar el país por cuenta propia porque tuvo 40 hijos, Julio (que tuvo 27) entró casi de niño en la pasión por la música. La gente lo necesita todavía y parece que lo necesitará por algún tiempo y le pone nombres aparatosos para tratar de trasmitirle perpetuidad y grandeza.
Primeros Pasos en la Música
Julio graba por primera vez un disco. El valse Fatalidad es el tema que lo lanza a la fama. Este fue el éxito musical del Ecuador.
La empresa J.D. emprende una gira por varios países del sur del continente, incluyendo Chile y Nicaragua, entre otros. Además, interpretaba temas venezolanos: joropos y tonadas, entre otros, y le recitaba las letras antes de que las cante, con el acompañamiento de Los Copleros del Camino.
En Radio Cóndor, J.J. lanzó "Tu Nombre", años antes y era un éxito.
Julio Jaramillo falleció a causa de un problema cardiaco.
La MUERTE de JULIO JARAMILLO como NUNCA🚫 te la CONTARON (Documental)
Un Ícono Ecuatoriano
La influencia de Jaramillo trasciende generaciones, y su música sigue siendo un símbolo de identidad y pasión en América Latina. Su voz, que parece venir del siglo XX, evoca el amor y la nostalgia, manteniéndolo presente en el corazón de sus seguidores. Su legado perdura a través de sus numerosas grabaciones y el impacto cultural que dejó en la música hispana.
Carlos Navarrete: Un Intelectual Guatemalteco
Aunque el foco principal es Julio Jaramillo, es interesante mencionar a Carlos Navarrete, un antropólogo guatemalteco exiliado en México desde 1952. Nacido en 1931, en Quetzaltenango, la segunda ciudad guatemalteca -vigilada por volcanes en plena Sierra Madre- Navarrete es antropólogo y vive exiliado en México desde 1952.
Cuando, a finales de 2005, le entregaron en su país el Premio Miguel Ángel Asturias, el máximo galardón literario de Guatemala, el escritor reaccionó con un cóctel equitativo de emotividad y asombro: «No esperaba el premio, menos siendo un premio de literatura cuando mi trabajo es básicamente antropológico. A pesar de todo el asunto filosófico que le planteó la medalla de oro y los quetzales del premio, Navarrete reconoció que su vínculo más estable con la literatura son los ensayos como El romance tradicional y el corrido en Guatemala.
Para algunos críticos, la obra literaria del guatemalteco tiene el valor especial de narrar las vidas de los hombres comunes. Y de narrarlas, de contarlas bien. Navarrete, amigo también de Pablo Neruda y de Miguel Ángel Asturias, fue miembro del grupo generacional Saker-ti y vive preso en sus dos pasiones.
En todos las notas biográficas de Navarrete hay una tendencia a minimizar su labor como literato. En agosto, ahora mismo, en la primera semana de agosto, va a exponer en Berlín, en el museo Mies van der Rohe Haus, un vecino de la calle San Indalecio de Madrid. Se llama Waldo Baralt. Nació hace 78 años, muy lejos, en Cuba. Estudió en Nueva York, y allí mismo expuso por primera vez en 1965. Ha viajado por todo el mundo conocido.
Baralt dice que en su obra expone su realidad vivencial, sin contaminaciones y que no ve diferencias claras entre su quehacer sensible y su vida. Después de su exposición de 1965 en la galería Cisneros, el artista no ha dejado que le bajen los cuadros de las paredes y los paneles. Así es que, tanto en muestras individuales como en colectivas, ha estado en salas de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.
De sus años de formación y bohemia en la Gran Manzana arrastra un anecdotario que la gente quiere ver en sus catálogos o quiere leer en sus ensayos sobre arte. Baralt rebaja la intensidad de esos relatos fantásticos y habla en privado con afecto de todos los representantes de las vanguardias que vivían y trabajaban en la ciudad. Al final de las tertulias reconoce que trabajó como actor en dos filmes de Andy Warhol. «Desarrollamos una amistad que, dada la personalidad de Andy, puedo expresar como afectuosa.
