La lactancia materna es un proceso instintivo que debe iniciarse, si se puede, justo después del nacimiento, para aprovechar lo que llamamos el reflejo de arrastre al pecho innato que tienen los bebés, y que activan ya en el piel con piel. Y es que, a pesar de los beneficios y de la naturaleza instintiva de la misma, sigue siendo en muchos casos un tema poco profundizado durante el embarazo.
La lactancia materna puede ser un proceso placentero, emocionante y muy especial para la madre y el bebé, pero también puede convertirse en un proceso muy frustrante lleno de altibajos. La madre, por lo general, se ve sometida a una gran presión, al verse responsable del crecimiento correcto y la cogida del peso del bebé. Del mismo modo, la lactancia materna requiere de cierto sacrificio, pues como decíamos, es completamente a demanda, lo que puede hacer que el bebé esté, en ocasiones, prácticamente todo el día enganchado al pecho. Y, por supuesto, nunca debemos juzgar la decisión de una madre de escoger lactancia materna o artificial, por los motivos que sean.
La lactancia materna es un proceso de autoconocimiento. La mamá y el bebé deben ir acomodándose de manera que encuentren la forma y el modo que sea más cómodo para ambos. Y es que, en ocasiones, los dolores, el mal agarre por parte del bebé, que este suelte el pecho pronto… se debe simplemente a una mala postura, que hace que uno u otro estén incómodos.
Un buen agarre es fundamental para el funcionamiento de la lactancia. Para que el agarre funcione necesitamos que tu bebé introduzca en su boca un buen pedazo de ti, básicamente «todo lo que le quepa» y para ello es necesario que su boca esté bien abierta.
Es importante acercar al bebe al pecho y no acercar nosotras nuestro pecho a su boca. Dado que el pecho está unido a ti y el bebé es móvil, tiene mucho más sentido llevar al bebé al pecho, y no al revés. Y, además, funciona mejor.
¿Qué es la Técnica del Sándwich?
Si acabas de comenzar con la lactancia y todavía no tienes práctica con el agarre, puedes usar la técnica del sándwich que consiste en colocar la mano sobre el pecho en forma de C y presionarlo, como si fuera un sándwich, para introducirlo en la boca del bebé. Aplastan el pecho como si fuera un gran sándwich que ofrecieran al bebé, haciéndolo coincidir con el óvalo de su boca. Esto puede ayudar al bebé a agarrar más el tejido mamario.
Para facilitar el agarre profundo hay que dar al pecho la forma ovalada de la boca del bebé. Para ello se colocan los dedos de la mano sobre el pecho, en forma de C, en el mismo sentido que los labios del bebé (en paralelo a ellos) y se presiona ligeramente. No importa que los dedos estén más cerca de la mandíbula superior, pero es importante mantener los «dedos de la mandíbula inferior» fuera del camino de su bebé para que pueda pegar bien su barbilla al pecho.
Es más fácil agarrarse de un pecho blando. Cuando tu pecho está blando, tu bebé al abrir su boca es capaz de abarcar un buen pedazo del mismo, pero si tu pecho está muy duro, aunque tu bebé abra la boca, puede que se le resbale. Si este es tu caso, puedes aplicar la técnica de presión inversa suavizante.
Pasos para Aplicar la Técnica del Sándwich
- Bebé bien posicionado y estable: El cuerpo del bebé debe estar en estrecho contacto con el tuyo. La cabeza debe estar colocada frente al pecho con el pezón a la altura del labio superior-nariz.
- Ofrece el pezón en su labio superior: Si ofreces tu pezón en su labio superior mientras que la barbilla de tu bebé hace contacto con tu pecho, de manera instintiva tu bebé abrirá la boca para ir a buscar el pezón igual que tú posicionas una hamburguesa doble en la parte superior de tu boca para morderla y poder abarcarla por completo.
- Su barbilla está tocando mi pecho: Tu bebé necesita inclinar la cabeza hacia atrás y extender la mandíbula inferior hacia delante. Al inclinar la cabeza hacia atrás, su mandíbula desciende y su boca se abre de par en par, de modo que pueda anclar su barbilla y su labio inferior firmemente contra tu pecho. Inclinar la cabeza hacia atrás también hace posible un agarre profundo, facilita la deglución y libera su nariz para que pueda respirar cómodamente.
- Cuando abre la boca bien grande, acerco a mi bebé al pecho: Tu bebé necesita hacer una apertura de la boca bien grande. Cuando un bebé se agarra solo del pezón comprime los conductos, dificulta que la leche fluya y produce dolor en la madre. Cuando el bebé tiene la boca bien abierta y abarca en ella un buen pedazo de pecho más allá del pezón, la lactancia es cómoda y la leche puede fluir.
Es más fácil probar el agarre con un bebé tranquilo que con un bebé hambriento. Es importante que nos adelantemos a sus necesidades y no esperemos a que nuestro bebé esté ya muy intranquilo pues en ese momento nos resultará difícil probar a conseguir un buen agarre. Cada bebé tiene su propio ritmo. Si dejamos que nuestro bebé encuentre su camino al pecho (especialmente con la ayuda de la postura reclinada), nos demostrará todas sus habilidades, a su ritmo.
Otras Técnicas y Posiciones de Lactancia
La postura, la posición y el agarre correcto del pecho son claves para conseguir una lactancia placentera y eficaz. Posición: Es la forma en la que colocamos al bebé para darle el pecho, también hay muchas posiciones diferentes. Lo habitual es practicar una o dos según si damos el pecho en la cama, en la silla, o si el bebé tiene dificultades de agarre. No hay posiciones mejores que otras, la “mejor” postura es la que permite al bebé conseguir una buena transferencia de leche y mamar con eficacia. La postura, sea la que sea, debe ser cómoda para la madre, es importante colocarse bien para evitar tensiones en los hombros o en los brazos.
La cabecita del bebé debe tener cierta movilidad, no debemos sujetar su cabeza de forma firme, ni empujarle desde ella hacia el pecho. En la posición clásica la cabecita debe quedar sobre el antebrazo relajado de la madre, debemos evitar que quede en la flexura del codo. Hace años usábamos la frase “ombligo con ombligo” o “tripa con tripa” para explicar a las madres cuál era la postura adecuada. Ahora sabemos que en la mayoría de los casos, si la madre intenta reproducir esta frase a pies juntillas su pezón puede sufrir daños.
Para entender qué posición será la adecuada para nuestro bebé, nos tenemos que sentar desnudas de cintura para arriba, bien reclinadas en una silla y observar la dirección que toman nuestros pezones. Habitualmente los pezones no se dirigen hacia adelante (si trazamos una línea imaginaria sobre ellos en dirección a la pared de enfrente) seguramente van a ir dirigidos un poco hacia abajo y hacia el lateral. Además cada pezón suele tener una direccionalidad, de ahí la importancia de adoptar una postura diferente en cada pecho. Hay mujeres que relatan que en un pecho la postura les resulta fácil pero que en el pecho contrario no lo consiguen o les duele. Si no se sigue la direccionalidad del pezón el bebé se va a agarrar y tirar de él.
Si la madre realiza la postura de cuna, deberá tener presente que su mano debe situarse entre los omóplatos (la espalda) del bebé y no en el culito del bebé, de esta manera el bebé se desplazará hacia la madre con la barbilla elevada.
Algunas posiciones comunes incluyen:
- Posición de cuna: la madre estará sentada con la espalda recta o un poco reclinada y el bebé en su regazo, con la cabeza apoyada en el antebrazo, la cara mirando al pecho y los pies hacia el otro pecho.
- Posición del balón de rugby: la madre estará sentada o un poco reclinada, con una almohada en su espalda y otra a un lado. El bebé estará sobre esta última, bajo el brazo de la madre, quien sujetará su cabecita por la nuca. El cuerpo del bebé rodea la cintura, con los pies en dirección a la espalda.
- Posición de caballito: el niño permanecerá a horcajadas sobre la pierna de la madre, quien le sujeta por el tronco.
- Posición de crianza biológica: la madre estará reclinada en un ángulo de 15º-65º, y el bebé sobre ella, boca abajo, con contacto total entre ellos.
Otras posiciones para amamantar:
- Estando sentada, sujeta al bebé poniendo la mano en su espalda, y apoyando su cabeza en el antebrazo, intentando que el cuello no se flexione.
- Para esta postura debes tumbarte de lado y colocar al bebé frente a ti, también de lado, en paralelo. Para facilitar el agarre, cuando abra la boca puedes acercarlo suavemente a ti poniendo tu mano en su espalda.
- Estando sentada, y con las caderas ligeramente adelantadas, sienta al bebé a horcajadas sobre una de tus piernas, con su abdomen pegado al tuyo. Cuando abra la boca, introduce tu pezón y la areola y sujeta el pecho desde abajo si lo necesitas. Esta postura es muy recomendable para bebés que todavía no tienen afianzado un buen agarre o que sufren reflujo gastroesofágico.
- Sentada cómodamente, pasa el cuerpo del bebé por debajo de tu axila, dejando sus pies hacia tu espalda, y su cabeza a la altura del pecho. Intenta sujetar bien su espalda y cuello, pero mantén libre su cabeza para que se pueda agarrar bien. Esta postura es muy usada con bebés prematuros o gemelos, que se situarían cada uno bajo de cada brazo.
Posición de «dancer» (de SC Danner y E. Con una mano sujeta al bebé por el cuello y los hombros y con la otra sujeta el pecho “en bandeja”, así como la barbilla y mandíbula del bebé mientras mama. Para ello, sujeta tu pecho con la palma de la mano y con los dedos corazón, anular y meñique.
| Postura | Descripción | Beneficios |
|---|---|---|
| Cuna | Sentada, bebé en regazo, cabeza en antebrazo. | Común, fácil de controlar al bebé. |
| Balón de Rugby | Sentada, bebé bajo el brazo, pies hacia la espalda. | Buena para madres con cesárea, gemelos. |
| Caballito | Bebé a horcajadas sobre la pierna. | Ideal para bebés con reflujo. |
| Crianza Biológica | Madre reclinada, bebé boca abajo sobre ella. | Favorece el agarre instintivo. |
Técnicas de agarre en la lactancia
Resolviendo Problemas Comunes
- Pezones planos o invertidos: En torno a un 10% de las mujeres presentan pezones planos o invertidos. Esto no tiene por qué ser un problema para ofrecer lactancia materna, ya que el bebé no solo succiona del pezón, sino de la aureola. Sin embargo, hay casos en los que sí se puede convertir en un obstáculo para la lactancia materna. En primer lugar intentar que se agarre solo. Desnuda a tu bebé, déjale solo con el pañal. Permite que vaya despertando, maten una ligera sujeción sobre su cuerpo permitiendo que se mueva con libertad. Tienes que estar atenta a sus movimientos porque a veces son bruscos y puede lanzarse hacia un lado. Poco a poco irá buscando el pecho hasta que se agarre. Los bebés a término nacen preparados para mamar, si no lo hacen la mayoría de veces es causa de una intervención innecesaria sobre el bebé que ha perturbado sus instintos y ha impedido una buena impronta del pecho. Si no se agarra puedes intentar el agarre que sugerimos en el punto anterior, si aún y así no se agarra intenta apretar el pecho como un sándwich para que le entre en la boca, facilitando así el agarre. Si todo esto no funciona puedes recurrir a una pezonera de tu talla.
- Mal agarre: El correcto agarre es aquel en el que el bebé abarca prácticamente la totalidad de la aureola. Sin embargo, muchas veces los bebés succionan de la forma que lo hacen con un chupete. Uno de los problemas que pueden derivar en un mal agarre y, por tanto, en una lactancia dolorosa, es el frenillo lingual corto en los bebés, lo que les impide abrir bien la boca. Si sientes dolor es casi seguro que se produce un mal agarre, amamantar no duele.
- Mastitis: La mastitis es una inflamación de la mamá que, si no se trata, puede derivar en una infección. En los casos de mastitis, el bebé puede seguir succionando del pecho afectado. De hecho, se recomienda para facilitar el vaciado del mismo.
- Crisis de lactancia: La lactancia materna es a demanda. Por lo general, al principio los bebés demandan cada muy poco tiempo. Con el tiempo las tomas se van espaciando y la producción de leche se va regulando. Sin embargo, y coincidiendo por lo general con los brotes de crecimiento, los bebés experimentan lo que llamamos ‘crisis de lactancia’. Esto puede suponer una importante presión y frustración para la madre, además de generar dudas: “¿se queda con hambre?”, “¿no me sale suficiente leche?”… Por ello, lo más importante es ser conscientes de que existen estos periodos, que forman parte del crecimiento del bebé y, lo más importante, que pasan.
¿Qué hacer con las pezoneras?
Antes de intentar sacar las pezoneras nos toca valorar si nuestro bebé las necesita, si en su momento se recomendaron de manera arbitraria o si con ellas hemos conseguido un mejor agarre o mejorar la transferencia de leche del bebé.
- Estimular el pezón, en el caso de que sea plano, mediante un poco de masaje en el pezón. Cuando el pecho se prepara para amamantar, o cuando se produce excitación sexual, el tejido del pezón y la areola es eréctil y tiende a contraerse y elongarse. Otra opción es dejar al bebé encima del cuerpo de la madre y que vaya buscando solo el pecho, lo que llamamos agarre espontáneo. Muchos bebés cuando no son molestados ni presionados para mamar, consiguen hacerlo sin ayuda de ningún tipo.
- Agarrar la areola con la mano en formando, una C. Cuando el bebé abra la boca intentar que se agarre de esta manera. Al notar más cantidad de pecho en la boca les suele resultar más simple hacer el vacío y succionar.
- Se inicia la toma con las pezoneras y cuando el bebé succiona con ganas lo apartamos y sacamos la pezonera y volvemos a intentar que se agarre al pecho sin ellas. Normalmente hace unas succiones y se sueltan enfadados.
- Antes de empezar la toma y cuando el bebé empieza a mostrar señales de hambre, introducir nuestro dedo meñique en su boca (siempre limpio y con la uña bien cortada), buscar con la yema del dedo el punto de estimulación de succión del paladar (entre el paladar duro y el blando) masajear levemente sobre ese punto mientras el bebé succiona. Cuando succione de manera enérgica ponerlo al pecho de inmediato. En muchas ocasiones se agarran y succionan sin más dificultad.
- Esperar, no hacer nada es la última idea. La mayoría de los bebés se “despezoneran” solos entre los dos meses y medio y los cuatro.
Por otro lado, hay dos técnicas que no recomiendo para eliminar las pezoneras y creo que es importante hablar de ellas y explicar las razones por las que no son adecuadas. Cortar la pezonera por el capuchón es una medida que no recomiendo ya que puede causar lesiones orales al bebé. Las pezoneras cuando se cortan, y aunque se pase una lima de uñas, tiene bordes afilados que pueden causar pequeñas heridas en la boca del bebé. Y nunca, nunca, recomiendo dejar al bebé si comer: “no te las pongas y ya verás cuando tenga hambre seguro que mama”. No, en ningún caso intentar vencer al bebé por hambre es una idea acertada.
¿Te atreves con este experimento? La lactancia materna supone pasar muchas horas amamantando a tu bebé, y no sólo es importante conseguir un buen agarre, sino también que tú estés cómoda y relajada para que disfrutes del momento de las tomas sin que éstas se conviertan en un suplicio.
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