El sueño infantil es uno de los temas que más preocupa a las familias con un recién nacido o un bebé más mayor. Es fundamental no dejar pasar mucho tiempo sin tomar medidas para controlar y mejorar estos despertares. Si los despertares nocturnos del bebé son muy frecuentes, afectan la salud o el bienestar de tu pequeño y de toda la familia, o si ya has probado varias soluciones sin éxito, es momento de contar con ayuda profesional. No esperes más para recuperar noches tranquilas y un descanso reparador para todos.
Dormir es tan importante como comer, de ahí que, ante la llegada de un bebé, sea clave procurarle una alimentación correcta en calidad y cantidad y un entorno idóneo para facilitarle el sueño. Como indica la Organización Mundial de la Salud, unos hábitos alimentarios saludables empiezan en los primeros años de vida. La lactancia materna favorece un crecimiento sano y mejora el desarrollo cognitivo, además de tener beneficios a largo plazo como podría ser la disminución del riesgo de sobrepeso o de enfermedades no transmisibles más adelante.
A partir de los 6 meses, el sueño de tu bebé empieza a madurar y su descanso comienza a estructurarse de forma más predecible. Sin embargo, es normal que aún tenga despertares nocturnos, le cueste conciliar el sueño o necesite ayuda para dormirse. En esta etapa, pequeños ajustes pueden marcar una gran diferencia en la calidad del descanso. Los hábitos que establezcas ahora influirán en su descanso a largo plazo.
¿Lactancia y Sueño Están Relacionados?
Sí, lo están. La lactancia materna además de alimento proporciona seguridad, tranquilidad y calma. Justamente lo que necesita el bebé para poder dormir tranquilo. Cierto es que, evidentemente, se crea una asociación teta-sueño, pero que si no es teta-sueño será pasillos-sueño / cochecito-sueño / biberón-sueño, etc.
Es posible que tengas dudas de por qué tu bebé no duerme mejor. La realidad es que un bebé debe despertarse. Es sano y es seguro que así lo haga. Pero no ocurre lo mismo para nosotras, para nuestros cuerpos, ya sea recién paridos o meses después del nacimiento: necesitamos dormir.
Más tarde, cuando el bebé ya no necesita estimular el pecho a nivel mecánico y seguramente no se desnutriría por no mamar cada dos por tres, aparecen las temidas fases del sueño. Gracias a ellas irá aprendiendo a adquirir otros patrones de sueño. Un viaje apasionante por las ondas de sueño que provocan picos de superficie y microdespertares que se convertirán en despertares si el bebé no se siente cómodo, seguro o saciado.
Más tarde, cuando las fases están establecidas, aparecen miedos, dentición, virus, calor, iniciación al movimiento y muchos otros toboganes de emociones, que le suponen otros periodos de adaptación. ¿Por qué? Porque las emociones son nuevas y debe aprender a gestionarlas y eso requiere tiempo… Pero, ¿cuánto tiempo? Seguramente nos hagamos esta pregunta con ojeras de agotamiento. Pues puede ser dentro de poco, o puede ser dentro de mucho. No, significa que el sueño es evolutivo y no llega a su punto álgido de evolución hasta esa edad.
Hay bebés que empiezan a andar a los 11 meses y otros a los 16 meses, bebés que a los 14 meses hablan y otros que no lo hacen hasta pasados los 2 años. Bebés que nacen con dientes y otros que hasta más allá del año no rompen encías. Pues todo y nada a la vez.
Evolución del Sueño Infantil
Cuando hablamos de sueño infantil debemos tener en especial consideración que se trata de un proceso continuamente cambiante por lo que evoluciona a medida que el niño madura. En los primeros 4 meses de vida únicamente distinguimos dos fases diferenciadas del sueño. A los 3 meses un 70% de los niños duerme hasta 5 horas seguidas y duermen una media de entre 14 y 20 horas diarias.
No es hasta el 4º mes de vida donde se pueden identificar las 5 (o 4 dependiendo de los autores) fases del sueño similares a las del adulto. En dicho periodo, aumentan los intervalos de sueño ligero y les cuesta mantenerse dormidos entre ciclo y ciclo de sueño por lo que vemos un cambio comportamental en el niño aumentando los despertares nocturnos. Las madres se sorprenden de que ahora duerman menos que antes y en muchos casos lo achacan a una ingesta inadecuada y a la lactancia.
De media a los 6 meses más de la mitad de los niños se despierta como mínimo 3 veces durante la noche. Es importante explicárselo a las madres puesto que en muchas situaciones pasamos de niños que incluso duermen practicamente toda la noche del tirón a volver a despertarse continuamente.
Lo mismo sucede aproximadamente a los 8 meses, que es cuando los niños empiezan a ser conscientes de que mamá y bebé son dos entes diferentes. Esto provoca una situación de miedo en el niño, sabiendo que en cualquier momento puede perder a su madre. Es la llamada angustia por separación. Además, empiezan a ser conscientes también que al quedarse dormidos la vida continua, que pueden dormirse en un lugar y despertarse en otro diferente.
Estos dos factores juntos provocan que sobre todo las noches sean momentos muy complicados. El bebé pasa de estar dormido plácidamente a despertarse con llantos desesperados. Hablamos de que a los 8 meses un 75% de los niños se despiertan al menos 3 veces durante la noche. Nada tiene que ver con que se queden con hambre, ni que tengan el ritmo cambiado, ni que tengan que aprender a dormir. Se trata de una situación angustiante para el niño que lo único que requiere es que mamá le reconforte y lo acompañe.
Es muy común que durante toda la noche lo único que quieran es mantenerse mamando del pecho ya que les da confort y seguridad, y a su vez, asegura la presencia materna, si no se separa del pecho, mamá tampoco podrá marcharse.
Melatonina y Lactancia Materna
La melatonina es la hormona producida por la glándula pineal que juega un papel importante en la regulación del sueño y el ritmo circadiano. En los adultos se secreta durante la noche, pero no pasa lo mismo en bebés, que inicialmente no son capaces de producirla. Su aporte viene dado a través de la leche materna.
Parece que los niveles disponibles de la misma varían durante el día aumentando en la noche y llegando a sus picos más elevados alrededor de las 3 de la madrugada. Recientemente, se ha reconocido que la administración de antioxidantes podría ser útil en pacientes sépticos. Entre todos los antioxidantes, la melatonina tiene un papel característico como agente antioxidante, antiinflamatorio y antiapoptótico. El estrés oxidativo, derivado de un desequilibrio entre los factores prooxidantes y antioxidantes, está involucrado en la patogenia de varias enfermedades neonatales, incluida la sepsis, y desempeña un papel particular en la insuficiencia orgánica sistémica. En combinación con otras intervenciones, la melatonina puede contribuir a mejorar la lesión de órganos sépticos.
Prolactina y Producción de Leche
La producción de leche viene íntimamente ligada a la respuesta hormonal. Durante la noche, a partir de las 20 h, los niveles de prolactina van elevándose hasta llegar a sus picos más altos de madrugada (entre las 2 y las 6 aproximadamente). Fisiológicamente, sobre todo en edades tempranas, la demanda de los niños aumenta durante este periodo, con el fin de incrementar aún más dichos niveles a través de la succión. Con ello se consiguen valores más altos de prolactina con el consecuente incremento de la producción de leche.
Además, la propia elevación de la prolactina en sangre parece estar asociada a una mejoría en el sueño materno, no específicamente en la duración de este, pero sí en la calidad de este. Las madres que amamantan reflejan un aumento de la duración de las fases de sueño de ondas lentas donde, entre otras cosas, se establece la recuperación del cerebro tras la actividad diaria y se consolida la memoria.
Si el bebé no mama durante la noche por el uso continuado de chupetes o la introducción de biberones, no solo no aprovechamos los picos de prolactina, sino que además dejamos que se vaya acumulando el FIL (factor inhibidor de la lactancia) en el pecho.
Colecho y Lactancia Materna
Existe cierta controversia respecto a la promoción del colecho con respecto a la lactancia materna en las etapas más tempranas. Por un lado, la Asociación Española de pediatría entre otras entidades no recomienda la práctica del colecho en menores de 3 meses. Por otra, nos encontramos que la realidad es otra muy diferente, la mayoría de las madres lactantes, aunque no hayan planificado previamente compartir la cama con su hijo, lo hace en algún momento, puesto que ofrece mayor comodidad para ofrecer las tomas nocturnas e incrementa los periodos de descanso maternos.
Esto se ve aún más acentuado en función del contexto sociocultural de las madres. La práctica del colecho se asocia a tasas mayores de lactancia materna al año y favorece un incremento de tomas nocturnas (tanto si la madre comparte la cama con el recién nacido como si se utiliza la cuna sidecar).
Pese a que son varios los estudios que afirman un aumento del riesgo de muerte súbita en lactantes que colechan, la metodología llevada a cabo parece ser poco robusta. La actuación primordial debería ir encaminada a fomentar el uso del colecho seguro. Por ello cabe remarcar que sería necesario incidir en mejorar las investigaciones con una metodología adecuada para profundizar en las tasas reales de muertes infantiles, prestando mucha atención a las definiciones de muertes, las circunstancias de las muertes y los factores de confusión. La mayoría de las revisiones llegan a esta misma conclusión.
Es importante ofrecer información de manera sistemática sobre las condiciones que favorecen un colecho seguro para reducir al máximo posibles riesgos de la práctica y mejorar la calidad del sueño. Ya que se ha visto la existencia de una correlación entre la calidad del sueño materno con la autoeficacia respecto a la lactancia materna.
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Alimentación Complementaria y Sueño
No existe evidencia de que facilitar un biberón de fórmula artificial o uno mezclado con cereales mejore la calidad u horas de sueño del bebé. La administración rutinaria de biberones con cereales, ricos en azúcares, previos al acostarse se asocia con un incremento de caries y mayores tasas de obesidad infantil.
Lo mismo ocurre con los alimentos sólidos. En muchas situaciones las madres intentan propiciar un incremento de la ingesta de alimentos sólidos durante el trascurso del día para que duerman más por la noche. En la realidad, pese a que la demanda de alimento si parece reducirse durante la noche, el número de despertares nocturnos se mantiene igual por lo que no resulta una práctica efectiva.
Tras revisar varios estudios, no existe un consenso pleno referente a si el tipo de alimentación repercute con seguridad en las horas totales de sueño de la díada. Aun así, cabe remarcar que lo más importante es incidir en los padres que los patrones de sueño-vigilia de los bebés son diferentes a los de los adultos y deben tener expectativas realistas respecto a las horas de sueño nocturnas. Sus rutinas deberán reajustarse con el fin de poder manejar sus propias necesidades de descanso ya que los requisitos para la alimentación nocturna varían en cada caso.
Estudios sobre Lactancia Materna y Sueño Infantil
Por ejemplo, algunos estudios han observado una mayor duración del sueño nocturno en los lactantes que son amamantados, pero otros estudios no han observado una asociación significativa o incluso apuntan a una menor duración del sueño en los lactantes amamantados.
El nuevo estudio publicado tiene como objetivo examinar la asociación de la lactancia materna durante los 3 primeros meses con la duración del sueño infantil a los 3, 6, 12 y 24 meses. Para ello se han analizado los datos de un estudio de cohortes realizado en Wuhan, China. A pesar de que este estudio es relevante por su alto tamaño muestral, no se han incluido variables relacionadas con el sueño infantil como hábitos de la rutina del sueño, uso de programas de entrenamiento del sueño infantil o inicio y tipo de alimentación complementaria. Tampoco han incluido información de la lactancia más allá de los 3 primeros meses a pesar de evaluar el sueño infantil de los bebés participantes hasta los 24 meses.
En conclusión, este nuevo estudio proporciona nueva evidencia de que la lactancia materna exclusiva podría mejorar el sueño infantil nocturno durante los primeros meses de vida.
Despertares Nocturnos: ¿Qué Esperar?
Los despertares nocturnos del bebé son bastante comunes durante los primeros meses y años de vida. Los despertares nocturnos del bebé son una parte completamente normal del desarrollo durante los primeros meses y años. En general, hasta 2 despertares nocturnos por noche son normales hasta el primer año de vida. Cada bebé es diferente y puede mostrar variaciones en sus patrones de sueño.
Controla las siestas: Si duerme demasiado, es más probable que ocurran los despertares nocturnos; si no duerme nada, estará cansado, irritable y también es más propenso a despertarse a lo largo de la noche. Los despertares nocturnos del bebé suelen ir disminuyendo progresivamente entre los 6 y 12 meses de edad, cuando el sueño se va consolidando.
Beneficios de Amamantar por la Noche Después de los Seis Meses
- Aumenta la producción de leche: Durante la noche los niveles de prolactina alcanzan su pico más alto.
- Ayuda a conciliar el sueño: La leche materna cambia su composición durante el día, alcanzando su pico máximo de triptófano y melatonina alrededor de las 4 de la mañana.
- Previene la hipoglucemia: Amamantar por la noche ayuda a mantener equilibrados los niveles de glucosa del bebé.
Consideraciones Finales
Existen estudios que sugieren que los bebés alimentados con lactancia materna tienden a despertarse más durante la noche en comparación con los bebés alimentados con fórmula. No obstante, es muy importante entender que estos despertares no equivalen a un sueño de menor calidad.
Durante los primeros meses de vida, las tomas nocturnas son esenciales. No sólo promueven una producción de leche adecuada, sino que también son momentos de confort y seguridad para el bebé. Por otro lado, las tomas afectivas, aunque pueden reducirse durante la noche, son igualmente importantes.
En conclusión, la lactancia materna es mucho más que un medio de alimentación; es una expresión de amor y cuidado que satisface tanto las necesidades nutricionales como emocionales del bebé.
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