Historia de las Dominicas de la Anunciata en Paterna

La historia de las Dominicas de la Anunciata en Paterna se entrelaza con la rica tradición de la Orden de Predicadores y el legado de figuras como Carmen Sallés y Francisco Coll. Su labor educativa y espiritual ha dejado una huella imborrable en la Comunidad Valenciana.

Visita Canónica del Maestro de la Orden

Los días 23 y 24 de septiembre, Valencia celebró con alegría la visita canónica del Maestro de la Orden, fray Gerard Timoner, acompañado por fray Juan Manuel Hernández. Visitaron la nueva sede de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, que ha comenzado sus actividades tras varios años de remodelación. Allí fueron recibidos por el Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Auza, junto al arzobispo de Valencia, D. Enrique Benavent.

Por la tarde, la familia dominicana de Valencia fue convocada para celebrar la eucaristía junto al sucesor de Santo Domingo. A la celebración asistieron las monjas dominicas de los monasterios de Paterna y Xátiva, pertenecientes a la Federación de la Inmaculada, junto a la madre federal, sor Mª Teresa Vilanova; y los frailes dominicos de las cuatro comunidades en Valencia: El Pouet de Sant Vicent, el convento-colegio de San Vicente Ferrer, el convento de nuestro Padre Santo Domingo de Torrent y el Real Convento de Predicadores, que también es la casa provincial de formación.

Destacó la participación del laicado dominicano, representado por las fraternidades seglares de Torrent y de Valencia, contando con la presencia del presidente provincial, D. José Vicente Vila, además del equipo directivo y personal del colegio San Vicente Ferrer, parte de la Fundación Educativa Santo Domingo (FESD). Asimismo, asistieron jóvenes del Movimiento Juvenil Dominicano, del grupo Espiga de Sagunto, estudiantes universitarios y laicos vinculados a diversas asociaciones y apostolados de nuestras comunidades, incluyendo especialmente las asociaciones vicentinas, que preservan y actualizan la memoria de nuestro hermano san Vicente Ferrer. También se hicieron presentes algunos sacerdotes diocesanos de la Fraternidad Sacerdotal Dominicana.

El 24 de septiembre, tras celebrar la misa en la mañana con las monjas en Paterna, el Maestro de la Orden se reunió con los frailes del convento de San Vicente Ferrer para realizar entrevistas personales junto con su socio. El almuerzo se compartió en el Real Convento de Predicadores con los frailes del Pouet y del colegio. Al finalizar, el Maestro bendijo un cuadro de san Vicente Ferrer, obra de fray Félix Hernández Mariano.

Carmen Sallés: Fundadora y Educadora

Carmen Sallés y Barangueras nació el 9 de abril de 1848 en Vic, España. Sus padres, José Sallés y Vall y Francisca Barangueras y de Planell, le brindaron una sólida formación cristiana, marcada por un filial amor a la Virgen María. A través de su padre, heredó un sentido de honestidad y responsabilidad en el trabajo, amor a la justicia y una profunda sensibilidad. De su madre, recibió un fuerte sentido religioso para ver a Dios en la vida.

Fue la segunda de diez hermanos. Los primeros años de su vida estuvieron llenos de sacrificio, austeridad y renuncia, en tiempos difíciles de agitación social. En su numerosa familia, vio cómo sus padres se sacrificaban para dar una educación a sus hijos. Carmeta vivió intensamente la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854. Un año mariano clave en su vida fue 1858, cuando la Virgen se apareció en Lourdes a Bernadette.

En Montserrat, durante su Primera Comunión, le dijo a Jesús que sería todo para Él, manifestando su vocación religiosa. Prometida en matrimonio, luchó para seguir el camino que se había trazado y logró romper su compromiso, ingresando al noviciado de las Adoratrices, dedicadas a la recuperación de mujeres marginadas. Su inquietud la llevó a preguntarse cómo serían esas mujeres si la sociedad les hubiera dado otras oportunidades. Por ello, ingresó en la Congregación de Religiosas Dominicas de la Anunciata, fundada por el P. Coll, quien la recibió en el Noviciado.

Durante 22 años se dedicó a la educación en varios lugares. En Barcelona, dirigió una escuela para la clase media y abrió clases nocturnas para 300 trabajadores. En 1889, Carmen inició un profundo proceso de búsqueda, orando y consultando para escuchar la voz del Espíritu Santo. Nunca quiso dejar definitivamente la Congregación Dominicana, sino desplegar una rama de este mismo árbol. Ante la negativa, se vio obligada a iniciar un nuevo camino.

En Madrid, Don Celestino Pazos le ayudó a buscar la voluntad de Dios. Tras orar ante la Virgen del Buen Consejo, exclamó: “Es voluntad de Dios. Vamos a Burgos”. El 15 de octubre de 1892, llegó a Burgos con Candelaria Boleda, Emilia Horta y Remedios Pujals. Allí encontró protección en el Arzobispo D. Manuel Gómez-Salazar y Lucio Villegas, quienes el 7 de diciembre del mismo año concedieron la aprobación diocesana a la naciente Congregación y autorizaron la apertura del primer colegio Concepcionista. El 16 de abril de 1893, recibió el nombramiento de Superiora General.

Legado Educativo y Espiritual

Desde el primer momento, Carmen Sallés se dedicó a preparar adecuadamente a las futuras maestras religiosas. En una época en que las leyes no exigían el título de maestra para enseñar en escuelas privadas de la Iglesia, ella impulsó a las monjas a estudiar la carrera de Magisterio y Piano, e introdujo el dominio del idioma francés. Dos años después de la fundación del Instituto, sus estudiantes ya se preparaban para ser maestras.

Elevó la educación como un proyecto integral y equilibrado, donde la inteligencia y el corazón de la niña y la joven debían desarrollarse armoniosamente. Dedicó su vida al servicio de la educación de niños y jóvenes, fundando 13 "Casas de María Inmaculada". En 19 años de trabajo, desarrolló un amplio apostolado en escuelas de varias ciudades y pueblos de España. Su fe inquebrantable y su ardiente caridad fueron acompañadas de una gran sensibilidad por la formación cristiana de la mujer.

En todas sus fundaciones surgieron iniciativas para favorecer a las niñas más pobres. El Espíritu Santo le reveló la figura de María Inmaculada como modelo para formar a otras mujeres "a su imagen". Carmen explicó: “para lograr buenos fines, son necesarios buenos principios”. Su experiencia en las Dominicas la llevó a profundizar en la vida comunitaria y de oración, así como en la educación de la mujer. Comprendió la importancia de la cultura para que las mujeres pudieran ocupar un lugar digno en la familia y en la sociedad.

Siendo novicia, Carmen se dedicó a dar una educación completa a sus estudiantes: catecismo y cultura, “piedad y letras”. Su apostolado en Barcelona se caracterizó por su entrega, pero sus superiores no compartían su forma de llevar a cabo la actividad educativa y la organización, lo que la llevó a dejar las Dominicas con una búsqueda inquieta para responder fielmente a lo que Dios le pedía. Tras dejar las Dominicas, comenzó el proceso de la fundación Concepcionista. En Madrid, iluminada por la Virgen del Buen Consejo, exclamó: “Es voluntad de Dios, vamos a Burgos y allí lucharemos contra todo lo que se nos presente”.

Fundación de la Congregación Concepcionista

El 7 de diciembre de 1892, el arzobispo de Burgos, D. Manuel Gómez Salazar, concedió permiso para el establecimiento de la comunidad de Religiosas Concepcionistas de Santo Domingo, formada por M. Carmen Sallés, M. Remedios Pujols, M. Emilia Horta y M. Candelaria Boleda. Reunió a un grupo de jóvenes a quienes enseñó a ser “cisternas de agua, que se llenan con el estudio y la oración de la ciencia y la virtud, y luego las distribuyen”. Con esta esperanza, partieron hacia Segovia, El Escorial, Madrid y Pozoblanco. Luego llegaron a La Mancha y al norte de España.

Madre Carmen expresó que le quedaban tres deseos por cumplir antes de morir: la aprobación del Instituto por Su Santidad, tener su propia casa en Madrid y obtener el permiso necesario para tener allí el noviciado. En una carta a sus monjas, el 15 de octubre de 1900, las exhortó: “¡Humillémonos y obedezcamos, conformémonos a la voluntad de Dios, qué tres puntos de apoyo para subir la escala de la perfección!”.

Reconocimiento Eclesial

El reconocimiento del legado de Carmen Sallés se manifestó en varios hitos:

  • Decreto de alabanza por el Papa S. Pío X.
  • Curación de la Hermana Amelia, monja Concepcionista, de espondilitis tuberculosa avanzada.
  • Curación de María Isabel Gomes de Melo Gardelli, estudiante Concepcionista de Brasil, de isquemia cerebral aguda sin esperanza de curación.
  • El 8 de diciembre de 1954, Fiesta de la Inmaculada Concepción y Año Mariano, H.H. Pío XII la inscribió en el número de los beatos.
  • El 15 de marzo de 1998, H.H. Juan Pablo II proclamó SANTA a Carmen Sallés.
  • El 21 de octubre de 2012, H.H. Benedicto XVI canonizó a Madre Carmen Sallés.

Presencia Dominica en Valencia

La Orden de Predicadores, fundada por Santo Domingo de Guzmán en 1216, ha tenido una presencia significativa en Valencia a lo largo de la historia. El primer convento, el de Santo Domingo de Valencia, se levantó en 1239 sobre tierras donadas por el Rey Jaime I. Con los años, surgieron nuevas fundaciones en Xàtiva, San Mateo, Llutxent y Orihuela.

Figuras destacadas de la orden en Valencia incluyen a San Vicente Ferrer, San Luis Bertrán y San Jacinto Castañeda. En la actualidad, hay frailes dominicos en Valencia y Torrent, presentes en el colegio, la basílica de San Vicente y la Facultad de Teología. Los conventos de vida contemplativa en Paterna, Torrent, Xàtiva y Burriana, así como las Dominicas de la Anunciata en Villanueva de Castellón, Xàtiva y Sagunto, son ejemplos de la presencia y labor de la Orden en la Comunidad Valenciana.

Mártires y Testigos de la Fe

Durante la Guerra Civil Española, numerosos religiosos y religiosas sufrieron persecución y martirio. Entre ellos, se encuentran cinco Dominicas de la Anunciata asesinadas en Barcelona, así como claretianos y miembros de otras congregaciones. Estos mártires dieron testimonio de su fe y su entrega a Dios, prefiriendo la muerte a la traición.

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