Estrategias Efectivas para Reducir la Mortalidad Materna: Un Enfoque Integral

La prevención de la mortalidad materna sigue siendo un desafío global persistente. El fallecimiento de una madre es más que una tragedia personal, puede tener graves consecuencias no sólo para su familia, sino también para la comunidad y la economía local. La mujer en los hogares de bajos ingresos desempeña no solamente un papel reproductivo, sino también productivo, participa en el trabajo agrícola, en la obtención de ingresos adicionales y provee a la comunidad de servicios básicos.

En el año 2005, la Organización Mundial de la Salud (OMS) llamó la atención de la comunidad médica internacional sobre la crisis sanitaria invisible que provocan las muertes maternas en los países más pobres del mundo. Tras el lema “Cada madre y cada niño contarán” del informe mundial de la salud, se reconoce la mortalidad materna como un gran problema de salud pública internacional y de derechos humanos.

El tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas compromete a los países a reducir su tasa de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100,000 nacidos vivos para 2030. Acabar con las muertes maternas evitables es asombrosamente difícil. Para empezar, en todas las fases del embarazo pueden darse muchas causas diferentes, lo que dificulta determinar el éxito de una intervención política y su capacidad para lograr un cambio duradero.

La tasa de mortalidad materna debe ser calculada por mil nacidos vivos. Las complicaciones relacionadas con el embarazo, parto y puerperio son la principal causa de muerte para las mujeres en los países en vías de desarrollo. Las mujeres que quedan embarazadas en países en desarrollo se enfrentan a un riesgo de muerte entre 80 y 600 veces superior al de las mujeres en países desarrollados.

Mientras que las estrategias de salud pública tienen en cuenta este problema, a menudo no es considerado como prioritario. La comunidad médica internacional ha estado lenta en identificar una aproximación de salud pública para las complicaciones relacionadas con el EPP. Hay que esperar hasta la década de los noventa del siglo XX para encontrar declaraciones de compromisos concretas que intentan llamar la atención de la comunidad internacional hacia la mortalidad materna y sus causas, así como para considerarla como una prioridad de salud pública.

A pesar de las declaraciones y de los compromisos de acción, el 64% de la población mundial estimada de adultos analfabetos son mujeres. Y cada año siguen muriendo 700,000 mujeres como consecuencia directa del EPP. En el Africa Sub-Sahariana la posibilidad de que una mujer muera a lo largo de su EPP es de 1 sobre 13 partos, mientras que en los países de la Organisation for Economic Co-opertion and Development (OCDE), es de 1 sobre 4.085 partos.

Los problemas de salud de las mujeres y la mortalidad materna han sido descuidados o considerados como una fatalidad, y por lo tanto no han sido puestos en relieve para ser abordados como un problema prioritario en las políticas de desarrollo de las grandes agencias internacionales. En el informe sobre la salud en el mundo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2005, se evidencia la crisis sanitaria invisible que provocan las muertes maternas.

La mortalidad materna depende del nivel de riqueza o pobreza que un determinado país pueda alcanzar y de determinantes socio-culturales. En numerosas culturas la morbi-mortalidad ligada al EPP, es interpretada como un hecho natural asociado al rol de las mujeres en la sociedad, y no como un problema de salud que necesite una atención particular.

Intervenciones Comunitarias y Cooperación Internacional

Intervenciones sencillas centradas en dar respuesta a los problemas tal y como los perciben las mujeres, pueden aumentar el número de partos institucionalizado en regiones receptoras de ayuda humanitaria como en Pweto.

Los proyectos de cooperación internacional en salud deberían considerar la mortalidad materna como un problema transversal al que dar solución. La adecuación sociocultural de un proyecto de intervención es una variable crucial que suele tener una incidencia directa sobre su éxito. Los políticos y la sociedad en general se deben convencer de que la mortalidad materna se puede y se debe prevenir. Y para llegar a adquirir este compromiso político, las sociedades deben de reconocer que la solución a la mortalidad materna pasa por comprender que en su génesis, son causa fundamental la pobreza y la desigualdad de género.

Todas las intervenciones en el ámbito de la salud pública, la ayuda humanitaria y la antropología médica, destinadas a incentivar el parto institucionalizado a escala local en una población dada, generarán una disminución secundaria de la tasa de mortalidad materna. El proyecto tiene lugar en Pweto, República Democrática del Congo. Un país que ocupa el puesto 167 de 175 en el Indice de Desarrollo Humano, según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de 2005.

Nuestro proyecto se centró en analizar las razones del bajo número de mujeres que vinieron a parir a las estructuras de salud durante el año 2002, para generar las claves de compresión del fenómeno, y así, implementar una serie de actividades encaminadas a aumentar el número de partos institucionalizados. Posteriormente se evaluó el impacto de nuestra intervención.

El criterio para considerar la evaluación de la intervención como exitosa, consistió en alcanzar al menos un 25% del total de partos esperados en Pweto para el año 2003 y al menos un 50% para el año 2004.

El Rol del Anestesiólogo y la Simulación en la Reducción de la Mortalidad Materna

Adicionalmente, la práctica obstétrica genera en nuestro país y el mundo un alto número de procesos médico-legales y pago por mala praxis. En el componente asistencial se ha demostrado que, además de las competencias técnicas que se deben tener para la atención diaria de los pacientes, la adquisición en escenarios de simulación de competencias no técnicas, que incluyen herramientas efectivas para la comunicación, asumir y respetar el liderazgo, trabajar como equipo y resolver adecuadamente los conflictos del grupo de atención en situaciones de crisis, en este caso emergencias obstétricas, permiten disminuir desenlaces adversos del binomio madre-hijo.

La reducción de la morbimortalidad materna y perinatal es una prioridad de la salud en Colombia y el mundo y está enmarcada en las denominadas metas y objetivos del milenio (Objetivos del Milenio 4 y 5). La mortalidad materna se considera un indicador del desarrollo social de los países debido a que involucra aspectos relacionados con la organización, la calidad de los servicios de salud, la posibilidad de recibir atención oportuna y el nivel educativo de las gestantes y sus familias.

En los Estados Unidos, el 40% de los obstetras encuestados se retiraron de la práctica obstétrica por problemas médico-legales y los que continúan trabajando en obstetricia incrementaron la solicitud de test diagnósticos, monitorías fetales e intervenciones como cesáreas, con el fin de protegerse médico-legalmente. En otro estudio, el Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia documentó que el 90,5% de los obstetras en este país han sido demandados; se pagaron en el 2010 1.055.222 dólares por indemnizaciones debido al déficit del desarrollo neurológico en nacidos vivos y, a pesar del incremento en el número de cesáreas, la incidencia de parálisis cerebral infantil no ha disminuido.

La atención del parto es un evento interdisciplinario donde participan obstetras, enfermeras, comadronas, pediatras y anestesiólogos; desde el momento en que se inicia el trabajo de parto hasta la terminación del embarazo transcurre un periodo donde puede haber varios cambios de turno y se ha demostrado que los errores se pueden presentar, más que por fallas individuales, por fallas en el equipo de trabajo.

En el año 2004 un estudio de eventos adversos publicados por la Joint Commission reveló que los resultados desfavorables a la atención del parto, y en especial desenlaces adversos en el recién nacido, no corresponden a problemas en el conocimiento médico, sino a dificultades en la comunicación, el acompañamiento, el liderazgo, el trabajo en equipo y la resolución de conflictos, condiciones conocidas como competencias no técnicas; recomendó, además, que las instituciones capacitaran a sus grupos de trabajo en competencias no técnicas por medio de escenarios de simulación y ejercicios en grupo, enfrentándolos a situaciones de crisis en emergencias obstétricas con el objetivo de proporcionar atención segura y prevenir desenlaces adversos del binomio madre-hijo.

Las emergencias obstétricas más frecuentes están dadas por las causas de morbimortalidad materno-perinatal, entre otras, la hemorragia posparto, la crisis hipertensiva, las infecciones severas, los fenómenos tromboembólicos, la pérdida del bienestar fetal durante el parto y el manejo del parto distócico. Dichas emergencias son inevitables y lo indispensable es capacitar al grupo de atención para responder de manera coordinada, oportuna, efectiva, ética y moral a estas situaciones.

Revisiones sistemáticas de la literatura concluyen: el entrenamiento asistido por simuladores en emergencias obstétricas del equipo interdisciplinario de trabajo puede prevenir errores y mejorar la seguridad en el manejo del binomio madre-hijo, pero antes de implementar esta estrategia a gran escala se deben realizar estudios de coste-efectividad. Los programas de entrenamiento en emergencias obstétricas podrían mejorar la calidad de la atención. Los que dictan las políticas nacionales en salud pública deben incluir, en los presupuestos de estos programas, la evaluación y el impacto de estos.

Avances y Desafíos Persistentes

A pesar de los avances en los sistemas de salud, las complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto continúan cobrando vidas, destacando la necesidad urgente de mejorar el acceso a cuidados médicos de calidad. Según el estudio de la OMS, «Muchas complicaciones relacionadas con el embarazo no se detectan ni se tratan», en 2020 se registraron aproximadamente 287,000 muertes maternas en el mundo, lo que equivale a una cada dos minutos.

Las principales causas de estas muertes incluyen hemorragias graves (27%), trastornos hipertensivos como la preeclampsia (16%), infecciones, sepsis y complicaciones derivadas de abortos. El informe también destaca que casi una cuarta parte de las muertes maternas están relacionadas con condiciones subyacentes como infecciones crónicas VIH/sida, malaria, anemia y diabetes.

Otro hallazgo preocupante es la falta de datos sobre suicidios maternos y muertes tardías (aquellas que ocurren más de 42 días después del parto). Ambos estudios coinciden en que la mortalidad materna es, en gran medida, un problema de equidad. Las mujeres en países de ingresos bajos y medianos enfrentan barreras significativas para acceder a atención médica de calidad, lo que exacerba las disparidades en los resultados de salud.

Para reducir la mortalidad materna, es fundamental mejorar el acceso a servicios de salud esenciales, garantizando atención prenatal, intraparto y posparto de alta calidad, además de fortalecer la capacitación del personal sanitario en el manejo de emergencias obstétricas como hemorragias y preeclampsia.

La lucha contra la mortalidad materna requiere un compromiso global para garantizar que todas las mujeres tengan acceso a cuidados médicos de calidad, independientemente de su ubicación o situación económica. Los hallazgos recientes subrayan la necesidad de priorizar la salud materna como un componente esencial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con el objetivo de reducir la mortalidad materna global a menos de 70 por cada 100,000 nacidos vivos para 2030.

La salud y nutrición durante el embarazo y la infancia son esenciales para prevenir complicaciones como hemorragias, preeclampsia y enfermedades crónicas. Amplía tus oportunidades profesionales en sanidad, industria alimentaria y salud pública, mientras contribuyes a reducir la mortalidad materna e infantil. ¡Sé parte del cambio!

Este enfoque debería ser uno de los ejes sobre los que pivote la política de cooperación en salud materna y de la mujer. Alrededor de un 80% de las mujeres en África subsahariana no acceden al mínimo de servicios esenciales de salud materna que pueden salvar sus vidas y las de sus recién nacidos, según un reciente estudio elaborado por ISGlobal y el Banco Mundial.

La salud materno-infantil es fundamental para el bienestar de las familias, y no se trata solo de tratamientos médicos, sino de ofrecer una atención integral que abarque la prevención, el diagnóstico temprano y un compromiso constante con la salud de las mujeres y sus familias. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que las complicaciones durante el embarazo y el parto siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en muchas regiones.

En Pfizer, estamos plenamente comprometidos con la causa de la salud materno-infantil a través de nuestra iniciativa Accord for a Healthier World, un programa que garantiza el acceso a medicamentos y vacunas en 45 países de bajos ingresos, proporcionando soluciones médicas esenciales para madres e hijos. Además, trabajamos para mejorar la calidad de vida de las comunidades vulnerables, colaborando estrechamente con autoridades sanitarias y desarrollando programas educativos que fomenten un mejor acceso a la atención sanitaria.

La salud materno-infantil es un reto que requiere un enfoque integral, que respete la dignidad de las madres y sus hijos, y que considere tanto las necesidades médicas como el bienestar emocional y social de las familias. Este enfoque cobra aún más relevancia al alinearse con el lema del Día Mundial de la Salud 2025 de la OMS: «Comienzos saludables, futuros esperanzadores». Este mensaje destaca la importancia fundamental de la salud materna e infantil, no solo como una prioridad médica, sino como un pilar esencial para el bienestar de toda la sociedad. Nos enorgullece nuestra investigación en vacunas, que protege a madres y recién nacidos. Estamos desarrollando soluciones innovadoras que contribuyen a esos «comienzos saludables».

Para muchas intervenciones, la tasa de cobertura es apenas del 30-40%. No se pueden alcanzar objetivos globales sin llegar a todos aquellos que lo necesitan.

Bastaría brindar atención el día del parto para salvar unas 3 millones de vidas. Después del parto, amamantar y mantener calientes a los bebés. Ninguna de estas intervenciones requiere de gran inversión.

Tenemos que aprender a implementar lo que sabemos en diferentes contextos. Tenemos que aprender a implementar lo que sabemos en diferentes contextos.

Primero, necesitamos reconocer que el problema existe. Los sistemas de salud no atienden las necesidades de los adolescentes, que son frecuentemente considerados como niños grandes o jóvenes adultos. Segundo, necesitamos llegar a ellos.

No todos van la escuela. Muchos niños adolescentes están en el mundo del trabajo y muchas niñas en el hogar, casadas precozmente. Tenemos que garantizar la educación de las niñas como un derecho fundamental. Tercero, necesitamos un mejor conocimiento de sus problemas, que son diferentes de los de los niños pequeños e incluyen accidentes, suicidio, complicaciones de parto y abortos.

Existe ya una voluntad al más alto nivel para proteger la salud materno-infantil con el programa ‘Every Woman, Every Child’ que será ratificado en septiembre.

En España, según datos del INE, se produjeron alrededor de 1.800 muertes perinatales en 2022. Una tasa que, como recuerdan desde Umamanita, asociación nacional que apoya a las mujeres y sus familias tras la muerte perinatal, ha permanecido estancada durante más de diez años, e incluso ha aumentado en los últimos dos años.

«Las estrategias de reducción de la mortalidad perinatal centradas en las mujeres y sus entornos son muy efectivas, especialmente la información sobre la importancia de los movimientos del bebé y el dormir de lado durante el embarazo», explica Manuela Contreras, matrona del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Cantabria y docente del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal (IESMP).

Sin embargo, aún persisten problemas en el registro de estos casos. «Aunque se ha aprobado un documento en el BOE que permite inscribir a los bebés nacidos sin vida después de 180 días de gestación, la situación sigue sin resolverse por completo».

Existen dificultades con el sistema informático, falta de uniformidad en los registros-algunos permiten inscribir con nombre y apellidos, mientras que otros solo aceptan el nombre-, y confusión sobre cómo registrar a los bebés fallecidos antes de los 180 días de gestación. «Estas inconsistencias generan una pérdida de datos valiosos, lo que lleva a una subestimación de las muertes intrauterinas.

No solo es esencial promover la prevención y la concienciación para reducir la muerte perinatal, sino que también es importante que las familias puedan enfrentar el duelo de una manera menos traumática cuando esto ocurre.

Causa de Muerte Materna Porcentaje
Hemorragias Graves 27%
Trastornos Hipertensivos (Preeclampsia) 16%
Infecciones y Sepsis N/A
Complicaciones de Abortos N/A
Condiciones Subyacentes (VIH/SIDA, Malaria, Anemia, Diabetes) 25%

Los Hospitales de excelencia como una estrategia para reducir la mortalidad materna

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