Aproximadamente un mes antes de finalizar la etapa gestacional, el cuerpo de la mujer empieza a prepararse para el parto. Normalmente, el parto ocurre entre la semana 38 y la semana 40 de gestación. Sin embargo, hay veces que el momento del parto se adelanta y es lo que se conoce como parto prematuro. No es necesario que todas las embarazadas experimenten todos los síntomas de parto, pero sí notarán alguno de ellos.
En la fase final de la gestación, la mayoría de las mujeres experimentarán pródromos de parto, que son una serie de signos y síntomas que pueden aparecer semanas o días antes del comienzo del trabajo de parto. Todas ellas significan que el cuerpo se está preparando para el parto, pero el trabajo activo aún no se ha iniciado.
Además, también existe una fase previa al proceso de parto, llamada fase latente, o también conocida en términos técnicos como pródromos de parto. En esta fase, el parto no se ha iniciado de forma estricta, ya que médicamente, el parto comienza cuando se dan tres circunstancias:
- Acortamiento de un 50% del cuello del útero (cuello de útero “borrado”).
- Dilatación del cuello del útero de 3 cm.
- Al menos tres contracciones cada 10 minutos.
Esta etapa varía mucho en cuanto a duración, pudiendo ir desde 72 horas antes del parto a no notarse en algunas mujeres.
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¿Cómo saber si el parto está acercándose?
Una vez que comienza el tercer trimestre de embarazo, las mujeres pueden sentir contracciones. Sin embargo, estas contracciones no siempre indican que el parto va a comenzar. Lo más habitual es que al inicio del tercer trimestre sucedan contracciones de Braxton Hicks. Se trata de contracciones irregulares y de menor intensidad en comparación con las contracciones de parto.
Además, las molestias del final del embarazo, en ocasiones, se pueden confundir con el parto. Por ello, es importante conocer cuáles son los síntomas que se producen antes del parto. A continuación, se detallan algunos de ellos.
Descenso del bebé
Unas semanas antes de que se produzca el parto, la embarazada puede sentir unas molestias en la pelvis o la vagina. Al mismo tiempo, se aliviará la tensión en la caja torácica, por lo que la mujer podrá respirar mejor. Esto es debido a que el bebé desciende y se encaja en la pelvis, preparándose para nacer en el canal del parto. Este descenso y acomodamiento del bebé también se conoce como aligeramiento.
Médicamente, el bebé estará encajado en la pelvis cuando la parte más grande y ancha de su cabeza se haya introducido en la pelvis. Si cuando comienza el trabajo de parto, el bebé ya está encajado en la pelvis, todo será más fácil y el parto sucederá más rápido que si no estuviera encajado.
Contracciones de Braxton Hicks
Antes de que comience el parto propiamente dicho, hay una etapa en la que la mujer puede tener contracciones leves e irregulares que desaparecen al descansar o cambiar de posición. Son las denominadas Contracciones de Braxton Hicks. Estas contracciones no son de parto, pero van preparando al cuerpo de la mujer para el mismo.
Estas contracciones empiezan a partir del tercer mes de embarazo, pero la futura mamá no podrá sentirlas hasta que estás en un estado más avanzado. A diferencia de las contracciones verdaderas de parto, las de Braxton Hicks son contracciones esporádicas del útero. Hacia las últimas semanas de gestación, las contracciones de Braxton Hicks se pueden confundir con las contracciones propias del parto y producirse una "falsa alarma". Por ello, es importante saber que las contracciones del parto van aumentando en intensidad y más progresivamente, mientras que las de Braxton Hicks, aunque pueden ser dolorosas, duran un instante.
El cuello del útero madura
La maduración cervical o del cuello uterino es una etapa donde se producen cambios en la forma, en la posición y en la consistencia del cérvix. El ginecólogo determina el momento del parto a través de la dilatación uterina. Si no es el primer parto para la mujer, es posible que el útero haya dilatado un centímetro antes de que se inicie el trabajo de parto.
El proceso de maduración cervical se puede acelerar a través de distintos métodos:
- Tradicionales: tomar aceite de onagra, ya que puede provocar la liberación de oxitocina. Además, se puede recurrir a la acupuntura o a la estimulación del pezón.
- Mecánicos: utilizando dilatadores, la maniobra de Halmilton o haciendo una amniotomía, es decir, rompiendo la unión entre la bolsa amniótica y la decidua.
- Farmacológico: es el método de aceleración de la maduración cervical más habitual en la actualidad. Se trata de la administración de relaxina, oxitocina y protaglandinas.
En cualquier caso, la maduración del cuello uterino incrementa el porcentaje de parto vaginal, así como disminuye el de cesáreas.
Expulsión del tapón mucoso
Entre la semana 4º y 6º de embarazo, el cuello uterino comienza a segregar una mucosa muy densa que se denomina tapón mucoso. Esta sustancia gelatinosa sella la entrada al útero y actuará protegiendo al feto de infecciones. Además, el tapón mucoso permite que las relaciones sexuales puedan llevarse a cabo sin riesgo para el futuro bebé, siempre y cuando el embarazo tenga un desarrollo normal.
El desprendimiento del tapón mucoso es el reflejo de la cercanía al parto, aunque no tiene que ser una señal de parto inminente. El tapón mucoso se advierte como un flujo muy espeso y viscoso que puede tener una coloración transparente, amarillenta e incluso levemente sanguinolento, debido a que a su paso hacia la abertura vaginal puede romper algún capilar sanguíneo, pero no hay que preocuparse.
Tampoco debe confundirse con el flujo en general más denso que la embarazada experimenta durante toda la gestación. Si la eliminación del tapón mucoso no se acompaña de contracciones o de rotura de aguas no es preciso que la embarazada acuda hospital. En la recta final del embarazo en cuello uterino se hace un poco más fino y puede darse una leve dilatación, propiciado por algunas contracciones esporádicas, lo que facilita el desprendimiento del tapón, pero no significa que se desencadene el parto de inmediato. Si el tapón se acompaña de un sangrado abundante sí debe acudirse a urgencias de inmediato.
Contracciones regulares
Son el signo más claro de que el trabajo de parto ha comenzado y se diferencian claramente de las de Braxton Hicks (contracciones que pueden aparecer en el tercer trimestre, irregulares y preparatorias) ya que las del verdadero trabajo de parto se caracterizan por ser más regulares, fuertes y dolorosas y ocurren a intervalos cada vez más cortos. Al principio, pueden aparecer cada 10-20 minutos, pero a medida que avanzan, se convierten en más frecuentes (entre 5-7 minutos) y la duración de la intensidad de dicha contracción es de entre 30 y 70 segundos.
Al contrario de las de Braxton Hicks, las contracciones verdaderas de parto son siempre dolorosas y se producen cada vez con mayor frecuencia durante al menos una hora. Se debe ir al hospital cuando se produzcan contracciones uterinas cada 5 minutos durante más de una hora. Si se trata de un embarazo gemelar, se recomienda acudir al hospital cuando las contracciones uterinas se produzcan a intervalos de 10 minutos.
Rotura de membranas
La ruptura de la bolsa sucede cuando el saco amniótico se rompe, liberando el líquido que envuelve al bebé mediante un goteo suave o una descarga brusca e inodora. Es crucial recordar el aspecto y el color de este para comunicarse con el equipo médico. A pesar de que puede ser un indicativo de comienzo del parto, también puede comenzar el proceso de parto sin la ruptura espontánea y, al contrario, romper la bolsa sin que se produzcan contracciones inmediatamente.
El saco de líquido amniótico, el fluido que recubre al bebé y gracias al cual puede sobrevivir, se rompe en el momento del parto. Tras su ruptura, el líquido amniótico es eliminado por la vagina. Esto es lo que se conoce popularmente como romper aguas y es bastante notorio porque es una cantidad considerable que empapa a la futura madre.
Si la coloración del líquido amniótico expulsado es transparente, todo va bien. Sin embargo, habrá que acudir al hospital, aunque la mujer se podrá asear, puesto que el parto puede comenzar en cualquier momento. Si se trata de un primer embarazo, es posible que el parto tarde pese a haber roto aguas.
En cambio, si la coloración del líquido amniótico es oscura, puede haberse producido la primera defecación del niño, lo que se conoce por meconio. Esto puede suponer sufrimiento para el bebé, por lo que hay que dirigirse inmediatamente a urgencias.
Del mismo modo, si la rotura de la bolsa amniótica se produjese antes de salir de cuentas, también es inaplazable asistir a urgencias porque supone que el niño no está protegido del exterior y el riesgo de infección es muy alto. En estos casos, se pueden administrar antibióticos a la madre. Si la rotura de la bolsa amniótica ocurre antes de la semana 34, se administrarán esteroides para acelerar la maduración pulmonar y, así, preparar al niño para un posible parto prematuro.
Falsas alarmas de parto
Cuando la embarazada está llegando al final de esta etapa se encuentra pendiente de cualquier signo que le haga sospechar de que se está poniendo de parto. Sin embargo, muchas veces ocurren falsas alarmas. Por este motivo, es importante diferenciar entre el trabajo de parto verdadero y falso.
A continuación, se enumeran algunos puntos a tener en cuenta y que ayudarán a distinguir un posible parto de una falsa alarma:
- Contar los intervalos de tiempo en el que suceden contracciones para valorar la regularidad.
- Describir si hay un aumento en la fuerza de las contracciones.
- Si la embarazada no es capaz de caminar durante las contracciones, seguramente sea señal de parto.
- Sensación de presión en la espalda.
En cualquier caso, si la mujer no está segura de lo que está notando en ese momento, lo mejor es informar al especialista. Así podrá determinar si va a comenzar el trabajo de parto o si ha sido una falsa alarma.
¿Qué debe hacerse durante esta fase?
Durante este periodo puede ser difícil saber qué hacer. Las mujeres comienzan a notar molestias y contracciones que empiezan a ser dolorosas pero no lo suficientemente frecuentes como para ir al hospital, por lo que es normal que su estado se vea alterado por los nervios y la agitación.
Sin embargo, hay que intentar controlarse y no dejar que la adrenalina que esta situación produce dificulte el trabajo de la oxitocina, hormona que está empezando a regular las contracciones uterinas. Por ello, se recomienda:
- Ahorrar la mayor energía posible durante esta fase. Lo mejor es intentar descansar o incluso conciliar el sueño entre las contracciones, y recargar el depósito energético del cuerpo ingiriendo sólidos y líquidos.
- Practicar técnicas de alivio del dolor: paseos, cambios posturales, movimientos con la pelota de fitness, calor local (bolsas de semillas), masajes, duchas o baños calientes.
¿Qué señales hay que tener en cuenta?
Existen dos indicadores que nos advertirán de que ha llegado el momento de trasladarnos al centro hospitalario para que el parto tenga lugar:
- En primer lugar, lo más recomendable en cuanto a las contracciones es esperar en casa hasta que tengan una frecuencia de tres en diez minutos (es decir, una contracción cada 3 ó 4 minutos) durante dos horas en madres primerizas, o de dos en diez minutos en madres que vayan a tener a su segundo hijo.
- Y en segundo lugar, debemos prestar atención a la rotura de membranas (bolsa rota o romper aguas). En caso de que las aguas sean claras, hay que anotar la hora en la que se produjo. A continuación, debemos acudir al hospital, aunque sin apresurarse. Hay tiempo de prepararlo todo con calma, incluso de descansar y comer algo antes de ir. En cambio, si el líquido es teñido (amarillento, verdoso, o rosáceo), será necesaria una monitorización tocográfica del bebé para comprobar que todo esté bien (lo cual es así en la mayoría de los casos), por lo que se recomienda ir al hospital con más premura.
¿Cuándo podemos advertir que algo se sale de la normalidad?
Varios factores pueden señalar que algo no está transcurriendo como debería:
- Contracciones uterinas muy dolorosas e intensas (sensación cortante, como de apuñalamiento) mantenidas en el tiempo. La mujer suele referir que la tripa está muy dura y no se relaja, a l tiempo que el dolor es muy intenso.
- Fiebre materna mayor de 38°C.
- Sangrado vaginal igual o mayor que una regla.
- Cuando la madre nota una disminución o ausencia en el patrón habitual de movimiento de su bebé. Aquí es importante confiar en el instinto de la futura mamá.
En todos estos casos, se requiere consulta en un servicio de Urgencias maternales.
Etapas del Parto
Como mencionábamos con anterioridad, todos los partos pasan por tres etapas: dilatación, expulsivo y alumbramiento. En todas ellas, el cuerpo de la mujer trabaja para que el bebé nazca exitosamente, y lo hace mediante contracciones que se reparten en distintas etapas, según su intensidad y fase del parto.
Fase de Dilatación
Gracias al trabajo realizado en casa durante la fase latente, se llega a la fase activa del parto, que comprende desde que el cuello del útero se ha dilatado 3-4cm hasta la dilatación completa, de 10cm. Durante esta fase, el bebé desciende también otros 10 cm por el canal del parto, que es la pelvis de la madre. Es tan importante durante esta fase la dilación del cuello del útero como lo es el descenso del bebé por el canal de parto.
Esta fase tiene una duración media de 1 cm de dilatación por hora (aunque la variabilidad es grande de mujer a mujer). La intensidad de las contracciones aumenta durante esta fase de moderada a fuerte y son más frecuentes.
Por su parte, el dolor proviene tanto de las terminaciones nerviosas del cuello del útero durante el proceso dilatación, como del paso del bebé por la pelvis, que causa una sensación de presión sobre el pubis y el sacro hacia los laterales, o incluso puede irradiarse hacia abajo, hacia las piernas.
Durante esta fase es normal que aparezcan:
- Náuseas y vómitos.
- Hiperventilación, cuando la respiración no se gestiona bien.
- Inquietud y estrés, ya que es una situación desconocida que no podemos controlar.
Fase del Expulsivo
El expulsivo se inicia cuando el cuello del útero está completamente dilatado (10 centímetros) y la cabeza del bebé se encuentra prácticamente a nivel del suelo pélvico La mujer, durante esta fase, empuja con cada contracción, ayudando a que el bebé nazca.
Esta es la fase que más reservas de energía consume, tanto en la madre como en el bebé. Por ello, es mejor no comenzar a empujar hasta que la cabeza del bebé esté a 1-2 cm del suelo pélvico; es decir, pese a que la dilatación del cérvix sea completa, no hay que empezar a empujar si la cabeza del bebé todavía está demasiado alta en la zona de la pelvis.
Las contracciones durante esta fase cambian de carácter y se hacen más largas. Así, la mujer siente un fuerte deseo de empujar, que ella identifica con ganas de defecar. En ese caso, se recomienda que la mujer puje de forma espontánea, cuando ella sienta el impulso durante la contracción. Si lo necesita, la matrona la guiará durante toda esta fase, para que el nacimiento de la cabeza del bebé ocurra de forma lenta y controlada, minimizando el riesgo y grado de un posible desgarro perineal.
Fase del Alumbramiento
La fase del alumbramiento es la tercera y última fase del parto. Tras empujar y haber parido al bebé, el útero de la mujer vuelve a contraerse para ayudar a la expulsión de la placenta. Normalmente, esto ocurre entre 15 minutos y una hora después del parto.
La matrona comprobará entonces varios aspectos importantes: examinará la placenta para certificar que ha sido expulsada de forma íntegra; chequeará que el útero se ha contraído bien y no sangra demasiado, y examinará el perineo y el suelo pélvico para evaluar si hay o no necesidad de suturar.
Por su parte, también es fundamental que nada más nacer, el bebé tenga contacto precoz con la madre, haciendo el ‘piel con piel’, a poder ser de forma ininterrumpida durante las dos primeras horas. De esta forma, se beneficia el establecimiento del vínculo entre madre y bebé, se favorece la lactancia, y se ayuda a que el bebé mantenga una temperatura más estable, entre otras ventajas.
