El instinto maternal es un concepto que a menudo escuchamos asociado a la maternidad. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Es algo que todas las mujeres poseen de manera innata o es una construcción social que nos han inculcado?
El instinto maternal se refiere a una inclinación natural que algunas personas creen que tienen las madres para cuidar, proteger y nutrir a sus hijos. Este término se ha popularizado tanto en la cultura como en la ciencia, pero no siempre se define de manera clara.
Para algunas mujeres que han sido madres, la llegada de su bebé puede generar una mezcla de angustia y miedo, dudas y temores, sentimientos que contrastan con la imagen idealizada de lo que ‘deberían’ estar viviendo: “¿Seré una buena madre? ¿Seré capaz de atender sus necesidades y cuidarle adecuadamente?”.
La idea de que sentirás una conexión automática y profunda desde el primer momento puede generar mucha presión. La maternidad es una experiencia que se construye paso a paso. No siempre llega como un torrente de emociones positivas desde el principio, y eso también está bien. Cada mujer vive este proceso de manera distinta, así que si no sientes que es el momento más maravilloso de tu vida, no te castigues por ello.
Es crucial desmentir esta creencia. Cada experiencia de maternidad es única, y no sentir un instinto maternal inmediato no te hace menos madre ni menos capaz de criar a tu bebé.
El instinto materno, ¿es una realidad o un mito? #mundotv
Mitos sobre el instinto maternal
Uno de los mitos más comunes es que todas las mujeres, al convertirse en madres, desarrollan automáticamente un instinto maternal que las capacita para criar y cuidar de manera perfecta a sus hijos. Nos encantaría que fuera cierto, pero lamentablemente no es así. El instinto maternal no es infalible. Aunque pueda ayudarte a tomar decisiones, criar a un hijo es un camino lleno de ensayo y error.
Este mito supone que solo las madres biológicas tienen instinto maternal, lo cual es totalmente falso.
Base biológica del instinto maternal
Es totalmente cierto que el instinto maternal tiene una base biológica. Durante el embarazo y el posparto, el cuerpo produce hormonas como la oxitocina, también conocida como “la hormona del amor”, que fomenta el apego y los cuidados hacia el bebé.
El instinto maternal no solo está relacionado con las hormonas; también se nutre del amor, la empatía y el compromiso que se construye día a día. Al igual que cualquier aspecto de la maternidad, el instinto maternal puede fluctuar. Hay días en los que te sentirás más segura de ti misma y días en los que tendrás dudas.
El instinto maternal, cuando se siente, puede ser una herramienta maravillosa en la crianza. Eso sí, siempre es bueno complementarlo con un poquito de lógica, información y adaptación a lo que realmente necesita tu peque.
¿Has oído alguna vez que las madres tienen un sexto sentido? Desde el nacimiento, la madre observa atentamente las expresiones del bebé: los diferentes tipos de llanto, los movimientos de sus manos, las sonrisas y también los berrinches. Este instinto, afinado con la experiencia del día a día, refuerza la confianza de la madre en su capacidad para proteger y cuidar a su hijo.
Un fuerte instinto maternal puede ayudar a las madres a responder rápidamente a las necesidades de sus hijos, creando un entorno seguro y acogedor. Aunque el instinto maternal puede ser una fuerza positiva, también puede llevar a la sobreprotección si no se maneja con cuidado.
Aunque el término está asociado a las madres, el instinto maternal puede manifestarse en cualquier persona que ejerza un rol de crianza, como padres - como hemos visto anteriormente-, pero también en abuelos o cuidadores.
El instinto maternal no es uniforme. Algunas mujeres sienten un fuerte impulso desde el principio, mientras que otras pueden tardar más en desarrollarlo. Aunque el instinto maternal puede no ser inmediato, suele desarrollarse con el tiempo y la práctica.
El rol paterno y el instinto maternal
Por suerte, existen indicadores que hablan de una revolución en el rol paterno. Por ejemplo, un estudio reciente de la Universidad de Bar Ilan, en Israel, revela que ciertas áreas del cerebro de los padres altamente implicados en el cuidado de sus bebés muestran una activación similar a la de las madres durante el embarazo.
¿Qué hacer si no sientes el instinto maternal?
Si no sientes que el instinto maternal esté presente de manera inmediata, no te preocupes:
- Busca apoyo: Hablar con otras madres, familiares o profesionales puede ayudarte a sentirte más segura y apoyada en tu rol.
- Aprende sobre crianza: La información es poder.
- Confía en ti misma: La maternidad es un proceso de aprendizaje. Es normal cometer tener dudas.
¿Soy mala madre si no sé qué necesita mi hijo? ¿Qué quiere mi hijo de mí? Probablemente estas sean algunas de las preguntas que te atormentan cada día. Pero sin ir más lejos, no sentir instinto maternal no significa que seas una mala madre. Es posible que necesites más tiempo para adaptarte o que tu conexión con tu hijo se desarrolle de una manera diferente. E incluso en algunos casos, la falta de instinto maternal puede estar relacionada con condiciones como la depresión posparto (si sientes que esto podría ser tu situación, busca apoyo profesional.
Pero también hay que tener en cuenta que influyen otros factores como el deseo que se transmite y se aprende en relación con lo vivido como hijo y en conexión con una cultura y contexto determinado. Si te has declinado por esta opción debes saber dos cosas: la primera es que no eres rara. Y la segunda es que no eres la única ni lo serás. El papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de muchas mujeres a día de hoy - sobre todo de mujeres jóvenes- no es la de ser madres.
El instinto maternal y las investigaciones científicas
Precisamente el instinto maternal se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en objeto de investigación científica y, sobre todo, en un mayúsculo pararrayos en el que descargan evidencias, opiniones y debates de todo signo.
La neurociencia, gracias a la aportación de las neuroimágenes, sí valida la existencia del instinto materno. Sin embargo, no lo entiende como un deseo universal e irrefrenable de ser madre -cuestión en la que pesa la cultura-, sino como "una conexión, una intuición para detectar y reaccionar ante las necesidades de la criatura". Según la especialista, los cambios, que en las mujeres se ponen en marcha durante el embarazo, activan este "instinto que se pone a nuestro servicio y al de la supervivencia de la especie".
No siempre, sin embargo, esta conexión es automática ni "está afinada", ya que pueden influir el estrés, la adaptación e incluso el historial de apego de la madre. ¿Quieren dos curiosidades? La neurociencia -que también detecta diferencias en el cerebro entre las ratas vírgenes y las que se han reproducido- registra igualmente alteraciones en el cerebro de los hombres tras un primer periodo de crianza corresponsable.
El instinto maternal en otras especies
Ya se trate de bonobos o chimpancés, no es difícil observar en ellos algunos de los comportamientos de los que hacemos gala los seres humanos. La competición, la traición o la hostilidad, así como la cooperación, las alianzas o el altruismo, forman parte de la naturaleza de estos primates tanto como de la propia naturaleza humana. Uno de estos comportamientos es la adopción, entendida como el acto de tomar la descendencia de otro individuo y tratarla como propia.
Sin embargo lo que ahora ha observado un equipo de primatólogos de la Univeridad de Kyoto, ha sido la adopción de dos crías de bonobo ajenas al grupo social de las madres adoptivas, un comportamiento jamás estudiado hasta el momento en primates superiores.
El instinto maternal: ¿natural o cultural?
Es natural o cultural?Los científicos aseguran que no existen causas fisiológicas demostrables, y que este deseo no es algo innato que les obliga a querer ser madres. Hay mujeres que parece que sienten y entienden la maternidad como un impulso biológico y una llamada insistente, pero hay mujeres que no, por lo que se tiende a considerar que este sentimiento, viene condicionado más por la sociedad, la cultura, las creencias, el desarrollo personal y la estabilidad laboral.
Sin embargo, parece que sí hay mecanismos biológicos y hereditarios por proteger, cuidar y alimentar hijo, así como un un vínculo especial entre la madre y el hijo. Por lo que el instinto maternal estaría más relacionado con la protección y cuidado de nuestros hijos una vez que han nacido.
Factores que influyen en el deseo de tener hijos
Situaciones en la vida, como el trabajo, el no encontrar a la pareja adecuada, la falta de tiempo, el tener metas y objetivos incompatibles con la maternidad, sus recuerdos de infancia, la relación con sus padres, etc. van a influir en la decisión de tener hijos y de cuándo tenerlos.
Es sabido que en la actualidad muchas mujeres no desean tener hijos. La socióloga británica Katherine Hakim -autora del estudio Sin hijos en Europa- asegura que sobre un 20% de las mujeres europeas no son madres y solo un 3% es debido a su infertilidad. La maternidad ya no es concebida por todas las mujeres como un plan vital.
Muchas mujeres que superan la treintena y aún no han sido madres escuchan con frecuencia estas frases; unas sentencias pronunciadas por personas de su entorno, desde familiares o amigos, hasta compañeros de trabajo o vecinos con quienes no se ha establecido ninguna confianza. Esta invasión de la intimidad forma parte de la presión social que las mujeres deben soportar en ocasiones cuando deciden postergar o eludir la maternidad. Esta insistencia puede provocar que se tomen decisiones inapropiadas, no basadas en una elección personal.
En el momento en que la mujer decide tener un hijo, los especialistas recomiendan que evalúe el sentimiento que le lleva a tomar esa decisión y valore si tiene más que ver con la presión social que ejercen sobre ella, que con su elección personal.
Consejos para tomar la decisión adecuada
- Aclarar la situación con la pareja: es necesario que la pareja afronte el tema de la maternidad con total sinceridad y claridad para evitar situaciones para las que no se esté preparado. Tanto si es una decisión común, como si es individual de una de las partes, es importante que exista un consenso real y meditado entre ambos.
- Ser sinceros: en ocasiones, cuando la mujer tiene una pareja y una situación estable, la presión de los familiares y los amigos se basa en la especulación sobre si hay o no algún problema para engendrar hijos, más que en el interés y el apremio. Para evitar que la presión se incremente, es recomendable ser sinceros y decir de forma clara y contundente el motivo por el que no se desea afrontar la maternidad, ya sea porque no se está preparado, porque se prefiere esperar o porque se ha decidido no ser madre.
- Imaginar la situación: el nacimiento de un bebé implica muchos cambios personales e incluso, en algunos casos, laborales. La mujer ha de evaluar e imaginar cómo podrá afectar la maternidad a su vida diaria para tomar una decisión basada en sus prioridades y no en las de los demás.
- Relacionarse con niños: en ocasiones, resulta de ayuda aprovechar los momentos que se pasan con familiares o amigos que ya tienen bebés para evaluar de forma práctica el sentimiento que despiertan los niños en uno. Estas situaciones permiten, además, imaginar cómo puede ser la situación después de ser madre.
Renunciar a la maternidad, como resultado de una opción personal, supone toparse con presión social, y tener que estar justificando a través de multitud de argumentos, por qué se ha asumido esa posición. Uno de los prejuicios a los que más se recurre es el fantasma de la infertilidad, el cual se asocia con minusvalía e inferioridad en comparación con las que si son madres, ya que no se entiende que haya mujeres que por decisión y no por imposibilidad, hayan optado por darle prioridad en sus vidas a otras facetas distintas de la maternidad.
El instinto maternal es un concepto complejo que puede ser diferente para cada mujer. No es una receta mágica que garantice una maternidad perfecta, ni debe ser una fuente de presión. Recuerda que ser madre no significa ser perfecta. Es un camino lleno de desafíos, aprendizajes y recompensas, y cada paso que das cuenta como un acto de amor hacia tu hijo.
