Muchos padres se sienten preocupados por el comportamiento de sus hijos/as y no siempre saben qué hacer en cada momento. Los problemas de conducta en niños de 6 a 12 años hacen referencia a un conjunto de trastornos relacionados con el comportamiento problemático. Es crucial identificar y abordar estos problemas a tiempo para evitar que se conviertan en patrones arraigados.
Es posible que notes que tu hijo o hija está teniendo conductas que no son adecuadas, o que está teniendo un cambio de comportamiento notorio. Es posible que te hayan informado desde el colegio de un mal comportamiento. Estas son algunas señales que pueden indicar que puede ser beneficioso traer a su hijo o hija a terapia.
¿Cómo saber si un niño tiene problemas de conducta?
“Mi hijo no se porta bien” “No sé si tiene algún problema” “Mi hijo me contesta mal”… son algunas de las anotaciones que nos hacen los padres que contactan con nosotras.
Los problemas de conducta pueden clasificarse en varios trastornos, que aunque no cumplan todos los criterios, puedan necesitar ayuda profesional:
- Trastorno negativista desafiante: Característico de la edad infantil, marcado por un comportamiento desafiante, desobediente y provocador.
- Trastorno explosivo intermitente: De menor gravedad, se da por etapas.
- Trastorno de la conducta o trastorno disocial: Característico de la adolescencia, donde se da un patrón repetitivo y persistente de un comportamiento de no respeto por los demás y las normas sociales propias de la edad.
Hay que tener en cuenta lo que es normativo (típico de la edad), de lo que no, para poder enfocar bien el tratamiento. Por ejemplo, un adolescente que incumple una norma, puede ser algo característico de su etapa evolutiva y no por ello quiere decir que tenga algún tipo de problema. Por eso es importante que ante alguna sospecha, acuda a terapia para que sea el profesional que determine esta diferenciación, ya que muchas veces es una línea muy confusa.
Causas comunes de los problemas de conducta
Aquí os presentamos alguna serie de factores que aumentan la probabilidad de tener problemas de conducta, los llamados factores de riesgo:
- Impulsividad
- Inestabilidad afectiva
- Baja autoestima
- Dificultades en las habilidades sociales
- Bajo rendimiento escolar
Estos son algunos factores que se pueden tener en cuenta, para identificarlos y poder reducir su impacto al máximo. Una manera de compensar los factores de riesgo consiste en potenciar aquellos factores protectores que tiene el niño. Es decir, se trata de reforzar esas condiciones que protegen al niño de tener problemas de conducta. Algunos de estos pueden ser:
- Alta autoestima
- Actividades de ocio saludables
- Disponer de estrategias de solución de problemas
Es importante tener en cuenta que estos factores no son determinantes, sino que modulan la posible aparición o no. Cada persona dispone de unos diferentes, por eso es necesario individualizar la terapia para que el resultado sea lo más eficaz.
Uno de los factores que más influye son los estilos parentales. Es decir, los estilos educativos que tienen los padres sobre sus hijos. Esto va a ser una variable muy importante para determinar el actual y futuro comportamiento del niño.
Trastorno negativista desafiante. Abordaje de dos casos reales - Luis Torres
Estilos Parentales
Al hablar de estilos parentales estamos hablando de cómo se educa. Se pueden encontrar cuatro tipos de estilos que se mueven en dos ejes: afecto y exigencia.
- El estilo autoritario se caracteriza por no expresar el afecto a los hijos y establecen los límites sin explicar los motivos. De este estilo es característico los “porque lo digo yo” y los “porque sí”.
- El estilo permisivo consiste en no establecer ningún tipo de límite. Estos padres entienden que los niños deben aprender por sí mismos, por lo que no les dan ningún tipo de atención, ni a nivel de normas ni de afecto.
- El estilo sobreprotector se basa en cubrir todos los deseos y caprichos del niño. En este caso sí hay afecto pero sin ningún límite ni norma.
- El estilo democrático establece el equilibrio entre el afecto y las normas, que son claras y adecuadas a la etapa vital del niño. Con este estilo, se promueve una buena autoestima para el niño, son conscientes del valor del esfuerzo y saben tomar decisiones bajo su responsabilidad.
El estilo democrático es el más saludable, tanto para los padres como para el desarrollo del niño. Por eso, educar en esta línea confiere un factor protector de gran valía.
Técnicas y Actividades para Abordar los Problemas de Conducta
Se pueden trabajar las conductas disruptivas a través de la creatividad y el arte, pues los niños a través de esta actividad pueden proyectar sus emociones y pueden reducir su nivel de estrés, mejorar su nivel de atención, canalizar sus intereses y cultivar habilidades sociales.
Son técnicas que suelen funcionar muy bien para niños superdotados, que manifiestan problemas de conducta y que ante el aburrimiento que les provoca la asistencia a clase, tienden a comportarse mal para llamar la atención de sus profesores y del resto de alumnos.
Es muy importante no encasillar al niño puesto que esto es algo que puede conducir a la conducta no deseada. Es una manera de hacer que se cumplan las predicciones. Hay que tener mucho cuidado con el modo de transmitir lo que pensamos de ellos a los niños. A través de la conducta no verbal también transmitimos lo que creemos de él.
Normalmente, los niños con problemas de conducta son niños con conducta impulsiva, que no regulan bien las emociones, reaccionando de un modo automático e impulsivo ante una situación y que en general no es la respuesta más adecuada, originando problemas de convivencia tanto en casa como en la escuela.
Para aprender a mantener el autocontrol, hay diferentes técnicas para trabajar. El autocontrol nos proporciona sensación de control interno, es la capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a la edad.
A continuación, hay una serie de actividades para poder trabajar el autocontrol con niños. Estas pautas pueden servir para profesores que tienen en el aula niños con problemas de conducta.
Para desarrollar estas actividades nos debemos plantear una serie de objetivos que los niños deben alcanzar:
- Aprender a mantener el autocontrol
- Reflexionar sobre situaciones que nos producen malestar y llegar a reconocer los sentimientos que las provocan para poder controlarlos.
- Conocer las consecuencias de la alteración de la norma.
- Buscar alternativas de conducta adaptativa.
- Identificar las diferentes señales que el cuerpo nos da cuando nos empujan, nos cogen algo, no nos compran lo que queremos, nos niegan ir o quedarnos en algún sitio…
Si los niños aprenden a identificar estas señales, sabrán cuando deben implementar los trucos aprendidos para tratar de mantener la calma y poder relajarse y pensar en las consecuencias que pueda tener su conducta.
4 Actividades para Niños con Problemas de Conducta
- La técnica del semáforo para controlar la ira y el enfado
Los niños deben aprender que cuando no se puede controlar una emoción, sentimos mucha rabia, queremos agredir a alguien, nos ponemos muy nerviosos, explotamos y aparece el conflicto. Tenemos entonces que pararnos como cuando un coche se detiene en un semáforo delante de la luz roja de un semáforo. Después de detenerse es el momento de reflexionar y darse cuenta del problema que se está planteando y de lo que se está sintiendo, luz amarilla. Y si nos damos tiempo a pensar, pueden surgir alternativas o soluciones al conflicto. Es momento de elegir la mejor solución, luz verde.
- La técnica del volcán
Se trata de una de las actividades para niños con problemas de conducta más eficaces mejorar el autocontrol. Sobre todo en aquellos momentos en que el niño parece que está a punto de explotar. Básicamente, se trata de la técnica de utilización de imágenes para que tomen conciencia de su comportamiento. De esta manera, el niño será capaz de detectar cuando está a punto de comportarse de manera inadecuada y podrá detenerse a tiempo.
Para poner en práctica esta técnica, hay que pedirle que imagine su interior como si fuera un volcán que representa toda su fuerza y energía. Hay que explicarle que, como muchos otros volcanes, su volcán interior también se descontrola y entra en erupción, haciendo que explote todo lo que lleva dentro.
La idea es que el niño aprenda a identificar las señales de ira y enfado, asociándolas con la lava caliente y la erupción. De esta forma podrá detenerse antes de volver al punto de estallido en el que ya no hay vuelta a atrás.
Una vez el niño sea capaz de distinguir la ira, el enfado, la irritabilidad o la frustración, le debemos enseñar estrategias para aprender a relajarse y ayudarle de esta manera a reducir la impulsividad. Este tipo de estrategias son aparentemente sencillas, pero para ellos, igual que para muchos adultos, suponen todo un reto. Entre estas estrategias están el aprender a respirar profundamente, utilizando el abdomen en lugar de retener el aire en el pecho. Mientras se realizan estas respiraciones se le pueden decir unas palabras tranquilizadoras al niño como por ejemplo: “calma, respira”. También se le puede enseñar a contar hasta 10 o más. Otra alternativa consiste en alejarse de la situación que le ha provocado el enfado, retirándose por ejemplo a su cuarto hasta que recupere la calma.
Estas técnicas son aplicables para niños de 4 a 6 años e incluso para aquellos que manifiesten problemas de conducta en Primaria, y no estaría de más que los adultos las aplicáramos una versión adaptada en nosotros mismos para poder manejar el enfado y la ira de una manera más adecuada.
- Los cuentos
Es una de las actividades más útiles para niños con problemas de conducta de 3 a 5 años. Los niños por lo general se muestran muy atentos ante las historias que les cuentan los adultos y se puede aprovechar esta circunstancia para contarles cuentos que les enseñen a controlar su conducta, a ser más obedientes y a anticipar las consecuencias negativas de una mala actuación.
Los cuentos se pueden narrar en diferentes momentos del día, el momento ideal parece ser el de antes de dormir, pero también puede ser después de la comida o en la merienda. Los horarios son sobre todo si pretendemos que estén muy atentos y lo queremos complementar con una actividad adicional que ayude a reforzar el mensaje del cuento, como puede ser un dibujo o la representación de la historia mediante guiñoles.
- Elaboración de una tabla de puntos
El uso de una tabla de puntos ayuda a llevar un registro de la conducta del niño y así valorar en qué medida obedece a sus padres, e incluso si merece o no algún tipo de recompensa por su conducta. Esta actividad para niños con problemas de conducta es recomendable de 6 a 12 años.
La tabla se colocará en un lugar visible para que el niño la pueda ver siempre que quiera y sería conveniente que tuviera un sentido y una apariencia lúdica en el caso de los más pequeños para que fuera motivadora y le incentivara a obedecer.
Pautas de Conducta para Padres
Cuando hablamos de niños, es importante tener en cuenta que los padres son un elemento clave. Sois los que estáis con ellos de forma continuada, por lo que podéis actuar de forma más directa. En este sentido, existe un programa diseñado para los problemas de comportamiento, destinado para los padres.
El Programa de Barkley (1995) es para niños de 2 a 11 años, que busca un cambio en el comportamiento de su hijo, a través de la modificación de la propia conducta de los padres. Con 8 pasos se ofrece una serie de indicaciones que puede utilizar con su hijo, con el fin de mejorar su comportamiento. Es importante entender que estas son unas pautas generales, las cuales son importante adaptar a cada caso individual. Cada persona es única, al igual que cada situación familiar.
Los 8 Pasos del Programa de Barkley
- Aprenda a prestar atención positiva a su hijo: Comparta tiempo exclusivo con su hijo, realizando una actividad en la que disfrute. Muestre interés, elogie, apruebe y ofrezca feedback positivo. No debe preguntar ni dar instrucciones. Si se porta mal, abandone la actividad momentáneamente o de forma definitiva si no cesa el mal comportamiento.
- Use el poder de su atención para conseguir la obediencia: Amplíe el paso 1 a situaciones en las que su hijo obedece o cumple con sus instrucciones. Demande peticiones de una en una y ofrezca feedback inmediato tras la realización de cada una.
- Dé órdenes más eficaces: Muestre seriedad en las órdenes. Realizarlas de forma simple, directa y con autoridad. Deben darse de una en una. Asegúrese de que está atendiendo, elimine cualquier elemento distractor. Pida que repita la orden y fije un plazo de tiempo.
- Enseñe a su hijo a no interrumpir sus actividades: Antes de realizar sus actividades, ofrezca dos consignas a su hijo: No interrumpir y ofrecer una actividad a realizar. Pare sus quehaceres de forma frecuente, para elogiar el comportamiento de su hijo. Progresivamente, alargue los tiempos.
- Establezca un sistema de recompensas con fichas en casa: Cuantifique las conductas que debe realizar su hijo, diferenciando el valor de cada una. Ponga valor a cada privilegio: cotidiano y especial. Se puede elaborar una economía de fichas o sistema de puntos individualizado para su hijo.
- Aprenda a castigar el mal comportamiento de forma constructiva: Amplíe el programa anterior, incluyendo la pérdida de fichas o puntos por la desobediencia o mal comportamiento. Ofrece tres premios por cada castigo. Regla “tres por uno”. Técnica de “tiempo fuera” para las conductas graves.
- Amplíe el uso del tiempo: Amplíe a más conductas desadaptativas. Tras la advertencia, aisle a su hijo en una silla hasta que cumpla con una “sanción mínima”, se encuentre tranquilo y acceda a lo que se le pidió. En caso de ser conductas ya pasadas, que diga que no lo volverá a hacer.
- Aprenda a controlar a su hijo en lugares públicos: Generalice lo aprendido. Antes de acceder al lugar, revise las normas y pídele que las repita.
¿Es normal la desobediencia a ciertas edades?
La desobediencia es una conducta natural durante el desarrollo infanto-juvenil y empieza a darse como tal a partir de los dos años.
- Entre los 2 y 4 años: El niño busca afirmar su autonomía e identidad: ha descubierto que es un individuo distinto y que puede ejercer voluntad.
- Entre los 6 y los 8 años: El niño está explorando los límites, pues las estructuras claras le proporcionan seguridad emocional.
- Entre los 10 y los 12 años: El niño desarrolla un pensamiento más abstracto y crítico, de manera que necesita entender y participar en la toma de decisiones.
- Durante la adolescencia: El cuestionar las normas tiene como finalidad la autodefinición, el adolescente está explorando su identidad.
Trastornos Asociados a la Desobediencia
- Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH): La impulsividad, la dificultad para sostener la atención y recordar las normas pueden llevar a confundir la desobediencia voluntaria con una dificultad para autorregularse propia de los niños con TDAH.
- Trastorno del espectro autista (TEA): La desobediencia puede deberse a una resistencia al cambio, la dificultad para comprender las reglas sociales o procesar las instrucciones verbales, así como un fruto de la saturación sensorial.
- Síndrome del niño emperador: En este caso, la desobediencia es un patrón aprendido que ha sido reforzado por el entorno.
- Trastorno negativista desafiante (TND): La desobediencia es el síntoma central, refleja cómo es la relación del niño con la autoridad y su entorno. El niño muestra una actitud hostil y discute constantemente con los adultos. Su comportamiento es provocador y desafiante para con las figuras de autoridad (padres, profesores, etc.).
- Trastorno explosivo intermitente: La desobediencia no es sistemática, sino que se da durante episodios de descontrol emocional agudo, caracterizados por estallidos de ira ante las normas o límites que resultan intolerables para el niño en ese momento.
- Trastornos de conducta: En estos casos, la desobediencia adquiere una dimensión notablemente más grave, pues el niño viola normas importantes de forma deliberada, pudiendo haber conductas antisociales.
- Trastornos de ansiedad o depresión: Cuando un niño se siente inseguro o emocionalmente desbordado, puede reaccionar con irritabilidad, oposición o "bloqueo" conductual. La desobediencia realmente no sería tal, sino un reflejo del malestar interno. Aquí, más que etiquetar al niño como “desobediente”, es importante entender qué está tratando de decirnos su conducta y si existen otras señales de alarma emocionales o comportamentales.
La intervención psicológica no busca “apagar” la desobediencia sin más, sino transformar la relación, ayudar al niño a expresar de otra forma lo que siente y dotar a los padres de herramientas para sostener los límites con calma, coherencia y afecto.
Si sientes que la desobediencia de tu hijo está desbordando a la familia, pedir ayuda no significa que hayas fracasado como madre o como padre.
