Cuando pensamos en cómo dar lo mejor a nuestros hijos, pocas decisiones son tan fuertes, completas y sostenibles como amamantar. Lejos de ser solo una forma de alimentar, la lactancia materna es la forma natural en que las personas estamos diseñadas para crecer. Es salud, vínculo, nutrición… y también un regalo para el medio ambiente.
Salud para tu bebé, salud para ti
Amamantar y ser amamantado no es “lo ideal”: es la norma de salud. La leche materna no solo nutre por completo al bebé, sino que ayuda a prevenir infecciones respiratorias, diarreas, otitis, asma, obesidad y otras enfermedades. Y, además, en las madres disminuye el riesgo de cáncer de mama y ovario, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e incluso la depresión posparto.
Por otro lado, usar fórmulas artificiales implica mayor riesgo de enfermedad, más visitas al médico y por tanto más ingresos.
Dar el pecho también es una decisión social
Para muchas mujeres, la lactancia no siempre es fácil. Por eso es crucial que haya información clara, apoyo desde el sistema de salud, permisos por maternidad suficientes y espacios dignos donde dar el pecho en público y en el trabajo. Amamantar es un derecho, no un lujo. Todo el mundo merece poder elegirla sin problemas ni críticas.
La leche materna contiene innumerables beneficios tanto para el bebé como para la mamá, a lo que debemos sumar las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) que aconseja la lactancia materna mínimo hasta los 6 meses de edad del bebé, pudiendo alargarla hasta los 2 años, de manera complementaria con la alimentación sólida.
Leche materna como forma principal de nutrición sin impacto
Además de ser el mejor alimento para tu bebé, la leche materna es uno de los alimentos más ecológicos que hay. Se produce en el cuerpo de la madre, sin requerir fábricas, envases, transporte ni refrigeración. Tampoco requiere inversión en publicidad. Está siempre lista, a la temperatura perfecta, sin generar basura. Es el mejor producto local.
Por el contrario, la producción de fórmulas infantiles gasta grandes cantidades de agua, energía y recursos naturales. Casi todas las fórmulas infantiles se basan en la leche de vaca en polvo, y para fabricar solo un kilo de esta, se usan unos 4.700 litros de agua. La ganadería industrial (responsable del 14.5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero), es la base de esta cadena. Alimentar a un bebé con fórmula durante un año puede generar más de 4 toneladas de CO2, una huella de carbono que la lactancia no tiene.
En un contexto global de crisis climática y desgaste ambiental, la lactancia materna se revela como una acción muy ecológica; frente al modelo industrializado que sostiene la producción de fórmulas artificiales. La leche materna es un ejemplo de sostenibilidad viva. Cada toma es una acción silenciosa a favor del planeta.
Se estima que la lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses evita el uso de más de 1.5 millones de toneladas de fórmula infantil al año a nivel mundial. A esto se suma el uso de biberones, tetinas y accesorios que generan residuos plásticos difíciles de reciclar.
Y, además, quizás no te habías parado a pensarlo nunca, pero la leche materna es uno de los ‘productos’ más sostenibles que existen en el planeta. Se produce y suministra sin contaminación, no requiere envases ni residuos y es un alimento totalmente natural y renovable.
Según nos cuenta Laura Lázaro, responsable de marketing de Lansinoh España (www.lansinoh.es), marca especializada en soluciones y productos para la lactancia materna, concienciada con el medio ambiente y con el cambio climático mediante su apoyo a la actual campaña de Naciones Unidas: “La leche materna es capaz de mantenerse sin provocar ningún daño para nuestro planeta. Es también un alimento natural y renovable, sostenible desde el punto de vista medioambiental, sin utilizar ninguno de los escasos recursos naturales que tenemos. La lactancia materna proporciona seguridad alimentaria a los bebés sin depender de las condiciones económicas locales, los desastres naturales o los conflictos”.
Datos Curiosos sobre Sostenibilidad y Lactancia Materna
La experta en sostenibilidad nos da algunas ideas para promover el cuidado del medio ambiente en el mundo de la lactancia materna, para ello “se pueden hacer muchas cosas a nivel de transporte, moda, comida, energía o residuos. Ayuda mucho el dejar de utilizar plásticos por recipientes y bolsas reutilizables , ya que lo bueno es que la lactancia materna no necesita envases ni utiliza recursos naturales”, afirma. La leche materna es producida a nivel fisiológico por la madre por lo que es sana, sostenible y gratuita. No daña el medio ambiente ni produce emisiones de carbono, residuos ni contaminación. La leche materna es sostenible desde el punto de vista medioambiental y no necesita envases. No utiliza recursos adicionales de nuestro planeta, como el agua o la tierra.
En el mes de agosto, como cada año desde 1992, se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, bajo la supervisión de la Alianza Mundial Prolactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés). Este organismo promociona la lactancia materna en todos los países y ámbitos, para subrayar su importancia.
La lactancia materna se considera una solución universal que proporciona a todos un comienzo justo en la vida, asentando las bases para que mujeres y niños sobrevivan y se desarrollen, tanto física como psíquicamente, de manera óptima.
El objetivo de la Semana de la Lactancia Materna es concienciar a todas las personas sobre la importancia de propiciar un contexto social adecuado para que la madre y su entorno reciban información fiable y científicamente contrastada sobre la idoneidad de la alimentación de los bebés y niños pequeños a través del pecho materno.
La Lactancia Materna, la Ecología y el Cambio Climático
El cambio climático influye en la lactancia materna. Provoca un incremento en el número de desastres relacionados con el calentamiento global, eleva el riesgo de hambrunas y el colapso de sistemas alimentarios por la interrupción de la producción agrícola local. Y esto incide en que la alimentación de las madres que dan el pecho a sus hijos sea deficiente, poniendo en peligro la instauración y el mantenimiento de la lactancia materna.
Pero la lactancia materna también influye en el medio ambiente. No incrementa los residuos industriales que se generan en la producción de leches de fórmula, biberones y tetinas, y no contribuye a aumentar la contaminación del aire que se genera en la distribución de todos los sucedáneos de leche materna. En el hogar, la lactancia materna reduce el gasto de agua, gas, leña o electricidad, pues la leche sale del pecho materno con la temperatura y condiciones higiénicas óptimas. Por todo ello, podemos considerar a la leche materna como un recurso nutritivo sostenible, totalmente natural, ecológico y no contaminante.
Igualdad de género y apoyo social
Para favorecer la lactancia materna, otro de los aspectos a desarrollar es la igualdad de género, algo clave para su éxito. Una protección social parental equitativa en cuanto al género debe incluir medidas como la licencia remunerada de amplia duración para ambos progenitores, así como apoyo en el lugar de trabajo para desarrollar un ambiente favorable para la lactancia materna.
Sabemos ahora que el aumento de las licencias remuneradas y de estrategias que anulen las barreras culturales puede tener un gran efecto en la duración de la lactancia materna. Ya hay estudios en los que se demuestra que cuando se enseña a los padres a participar en la toma de decisiones y a ofrecer apoyo a la lactancia materna de la pareja, la proporción de niños alimentados exclusivamente con el pecho hasta los 6 meses sube hasta un 40 %.
Desde un punto de vista más general, anular las desigualdades entre agricultores del género masculino y del género femenino aumentaría la producción de alimentos entre un 2,5 % y un 4 % en países en desarrollo, lo cual podría reducir el hambre en la Tierra alrededor de un 15 %. Esto nos ayuda a comprender la necesidad de promover la igualdad de género, la cual involucra la provisión de alimentos a mujeres y hombres.
Hacer frente a la reducción de la lactancia
No existe un único y exclusivo modo de vivir la maternidad y, por tanto, no debemos concluir que las madres que optan por no dar el pecho son menos válidas y menos ‘perfectas’ que las que sí lo dan, porque es fácil crear jerarquías morales. Sin embargo, el hecho es que ha tenido lugar una reducción muy notable de las cifras de bebés alimentados con lactancia materna desde la aparición de las leches de fórmula debido a una falsa sensación de innovación y modernidad mal entendida.
De hecho, hubo que prohibir que la leche de fórmula se publicitase con las palabras «leche maternizada» o «humanizada» para evitar dar ese mensaje que intenta igualar las dos opciones. Esta medida y muchas otras se recogen en el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de Leche Materna, ideado en 1981 por la OMS y Unicef, con sus posteriores ampliaciones y actualizaciones, para proteger la lactancia materna de las técnicas de marketing de las casas que fabrican sucedáneos.
Muchos de estos productos (desde la leche de fórmula hasta los biberones) podrían sustituir o disminuir la duración de la lactancia materna, sobre todo cuando se ofrecen antes de los 6 o 7 meses de edad, momento a partir del cual se aconseja ofrecer alimentos complementarios, que no sustitutivos, como bien expresa aquí el dietista Julio Basulto. Se debe asegurar, asimismo, el uso correcto de los sucedáneos de la leche materna, cuando estos sean necesarios, sobre la base de una información adecuada mediante métodos apropiados de comercialización y distribución.
En las últimas décadas también disminuyó el tiempo en el que los bebés y niños pequeños obtenían el preciado ‘oro líquido’, y llegó a ser casi anecdótico a nivel estadístico el número de niños que recibían pecho más allá de los 4 meses. Aunque ha habido una mejoría en los últimos 10 años, sobre todo en el numero de madres que amamantan a sus hijos los 4 primeros meses, esto sigue sucediendo actualmente: solo el 38 % de los lactantes del mundo de 0 a 6 meses son alimentados exclusivamente con leche materna.
Uno de los objetivos de estas organizaciones se concreta en subir las tasas de lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, hasta un 50 % para el año 2025. Por eso es necesario hacer campañas mundiales de concienciación.
Pero, también, es fundamental brindar cursos y talleres al personal sanitario que atiende bebés y madres gestantes para que los conocimientos estén actualizados al máximo, pues se siguen manteniendo mitos, aun hoy en día, en muchas consultas.
Tabla Comparativa: Lactancia Materna vs. Leche de Fórmula
| Característica | Lactancia Materna | Leche de Fórmula |
|---|---|---|
| Impacto Ambiental | Mínimo, sin residuos ni contaminación | Alto, requiere producción industrial, envases y transporte |
| Recursos Naturales | No utiliza recursos adicionales | Alto consumo de agua, energía y otros recursos |
| Beneficios para el Bebé | Previene infecciones, alergias y obesidad | Puede aumentar el riesgo de enfermedades |
| Beneficios para la Madre | Reduce riesgo de cáncer y enfermedades | Sin beneficios directos para la salud materna |
| Costo | Gratuita | Costosa |
La industria alimentaria genera aproximadamente el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La fabricación de productos comerciales de leche artificial tiene en ese porcentaje un gran peso: en 2018 se vendieron a nivel mundial más de 2 millones de toneladas de preparados para bebés y niños, generando entre 14-28 millones de toneladas emisiones de gases de efecto invernadero, y utilizando alrededor de 10 millones de metros cúbicos de agua.
Según un reciente artículo publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems, posibilitar que las mujeres amamanten reduciría las ventas de leche artificial y contribuiría a mitigar el cambio climático. En las conclusiones del artículo, sus autores proponen la utilidad de incluir políticas y programas nacionales de lactancia materna, probados como proyectos adecuados para compensar la huella de carbono en los programas de las Naciones Unidas.
Amamantar significa menos gases de efecto invernadero, menos degradación ambiental y menos contaminación. La lactancia materna ayuda a la transición de una economía basada en combustibles fósiles a una economía baja en carbono.
Por ello, es importante evitar ambientes contaminados donde se realizan trabajos como la industria química, plástica, agrícola, automovilística, de carpintería, etc. Pues en ellas se utilizan derivados del petróleo benceno, metales pesados como el cobre, plomo, arsénico, cadmio, níquel y mercurio, y derivados, pesticidas, herbicidas, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HPA), por lo que es necesario usar traje de protección y disponer con áreas ventiladas.
En tal sentido, es necesario mantener una alimentación adecuada durante la gestación y lactancia, Por ello se sugiere consumir alimentos frescos, no procesados, disminuir el consumo de grasa, principalmente de origen animal, pues contienen más contaminantes, evitar la ingesta de pescados de gran tamaño, como el pez espada o atún rojo, que pueden tener por bioacumulación mayores índices de contaminantes, como el mercurio y PCB. También se recomienda alimentos ecológicos, pues tienen grandes propiedades nutricionales y menores índices de compuestos químicos como los antibióticos y aditivos artificiales. Por último, se aconseja productos de temporada porque tienen pocos conservantes.
Por otro lado, el Comité de Lactancia materna de la Asociación Española de Pediatría enfatiza que la lactancia materna es una manera saludable para el bebé, porque sus beneficios actúan en la salud ante cualquier contaminante químico presente en la leche materna.
Beneficios para la madre, el bebé y el entorno
La lactancia materna puede ayudar a la madre a espaciar los embarazos, disminuir el riesgo de depresión posparto y de padecer cáncer de pecho, de ovario y de útero. También reduce el riesgo de hipertensión y de padecer en el futuro enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2, y ayuda a perder antes el peso ganado en el embarazo.
En los niños, la lactancia materna disminuye en un 44 % el riesgo de muerte prematura si se facilita en la primera hora del nacimiento; rebaja la frecuencia de enfermedades gastrointestinales (diarreas) y de infecciones respiratorias. Además, previene la caries dental y la maloclusión (alteraciones en la disposición espacial de los dientes y maxilares) y puede contribuir a un mejor desarrollo intelectual. La lactancia materna supone, a su vez, una seguridad alimentaria óptima para los bebés y niños pequeños.
Por último, está más que claro que la leche materna es muchísimo más económica y práctica que la leche de fórmula, algo que contribuye a no incrementar los niveles de pobreza en medios desfavorecidos o a mantener un nivel económico digno en nuestro medio.
