La lactancia materna (LM) es un hábito que desde la antigüedad ha estado íntimamente unido a la alimentación del niño durante los primeros años de su vida. Como mamífero que es, la cría humana precisa de la leche de su madre para su supervivencia, sin ella fallecería inexorablemente.
De este modo, el bebé para su pervivencia ha precisado la leche de mujer que mayoritariamente procedía de su madre o en otras ocasiones (por enfermedad o fallecimiento de la madre, por status social, ) de una nodriza. En el Antiguo Egipto, amamantar era un acto sagrado. La diosa Isis aparecía en relieves ofreciendo el pecho a su hijo Horus, símbolo de protección y vida.
Sin embargo, a finales del siglo XIX comienza la Revolución Industrial la cual permite la manufactura industrial de muchos productos que hasta entonces se realizaban artesanalmente. Con la Revolución Industrial se comienza a desarrollar la industria química y farmacéutica que comienza a elaborar industriosamente a mediados del pasado siglo XX un alimento sustitutivo de la leche humana: la leche maternizada.
Ya su denominación original que posteriormente fue abolida, expresa muy significativamente el objetivo del producto sintetizado: sustituir a la leche materna. En Grecia y Roma, las nodrizas, mujeres encargadas de alimentar a los hijos de las familias acomodadas, eran comunes.
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El Declive y Resurgimiento de la Lactancia Materna
Tras la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con el desarrollo de las fórmulas adaptadas, la LM fue abandonándose progresivamente alcanzando en Estados Unidos durante la década de los 60 cifras prácticamente indetectables. Esta moda se trasladó desde Estados Unidos (exponente máximo de la Revolución Industrial) a Europa Occidental y posteriormente a Europa Oriental.
Con un decalaje aproximado de quince o veinte años se exportó posteriormente a los países menos desarrollados, al denominado Tercer Mundo. Dentro de cada país fueron las clases económicamente más pudientes las que en primera instancia adaptaron la nueva moda alimenticia y posteriormente las clases inferiores las imitaron. Existe por tanto un doble decalaje: entre países ricos y pobres y dentro de un mismo país entre clases superiores e inferiores.
Y va a ser precisamente en los países más pobres y en las clases más deprimidas donde las consecuencias del abandono indiscriminado de la LM no se van a dejar esperar. En estos países rápidamente aumentó la morbimortalidad infantil: los bebés enfermaban y fallecían masivamente como consecuencia fundamentalmente de procesos infecciosos y de trastornos hidroelectrolíticos.
Estos procesos eran atribuibles a la incorrecta preparación de los biberones (preparación sin medidas higiénicas adecuadas y/o con una concentración incorrecta) conjuntamente a la pérdida de la principal defensa natural disponible, la leche materna. No nos olvidemos de las innumerables propiedades antiinfecciosas de la leche materna cuya máxima capacidad defensiva se expresa precisamente en los grupos más desfavorecidos (prematuros, bajos pesos, inmunodeprimidos, ).
A la vista de esta situación, se despertó una importante alarma sanitaria encabezada por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Rápidamente se puso de manifiesto la indudable asociación entre la pérdida de salud y el abandono indiscriminado de la LM y en los países más desarrollados, con EE.UU. y Escandinavia a la cabeza, a finales de los años 70 se comenzaron a realizar importantes campañas de promoción de la LM, que consiguieron destacados incrementos de su prevalencia.
Sin embargo estas campañas tuvieron poco predicamento en los países más deprimidos, a pesar de ser los más perjudicados, de ahí que persistieran en su adscripción a la nueva moda de la lactancia artificial (LA). El siglo XIX trajo consigo avances médicos que comenzaron a cuestionar prácticas tradicionales.
A finales del XIX y principios del XX, la leche en polvo empezó a promocionarse como moderna y más “segura” que la materna, un mensaje que caló en muchas ciudades. Hoy, tras décadas de dominio de la leche artificial, la lactancia materna vive un renacer. La historia de la lactancia materna no es lineal: ha estado llena de avances, retrocesos, influencias culturales y decisiones personales.
Como ya hemos comentado, a finales de los años 70 a la vista del gran aumento de la mortalidad y la morbilidad infantil, la Organización Mundial de la Salud activa la alarma sanitaria. Como consecuencia de la misma se van a iniciar varias investigaciones que ponen de manifiesto cómo se comportan los distintos grupos de población en función de su procedencia con respecto al fenómeno de la lactancia materna.
Además se estudia la calidad y la cantidad de la secreción láctea de las mujeres procedentes de distintos grupos sociales y con distintos estatus nutricionales. Los resultados de estos estudios, pioneros y fundamentales para los estudiosos del tema, se recogen en un par de volúmenes publicados por la OMS en el año 1981 y 1985.
En el primer volumen publicado en el año 1981 titulado Modalidades de la lactancia natural en la actualidad tras estudiar el comportamiento de unas 23.000 parejas de madre-bebé procedentes de distintos países del mundo (desarrollados-en vías de desarrollo), distintos estratos sociales (clases favorecidas-desfavorecidas) y diferentes ámbitos (rural-urbano) la OMS define la existencia de tres categorías de lactancia materna en los distintos países del mundo:
Categoría I. Propia de los países desarrollados. Se caracteriza por tener unas aceptables cifras de LM al inicio que disminuyen rápidamente durante el primer semestre, de tal modo que a los 6 meses menos del 50% de las madres continúan amamantando a sus hijos. En esta categoría también se incluyen las clases más favorecidas de los países en vías de desarrollo.
Categoría II. Representa una situación intermedia entre las dos descritas previamente. La prevalencia de la LM tiende a disminuir linealmente hasta pasados 18 meses del puerperio.
Categoría III. Propia de los países subdesarrollados. Se caracteriza por altísimas cifras iniciales de LM que se prolongan a lo largo del primer año de vida. De este modo a los 6 meses de vida más del 90% de las madres siguen amamantando a sus hijos y a los 12 meses de vida más del 75% siguen haciéndolo.
Estos dos interesantes estudios de investigación dieron en cierto modo el pistoletazo de salida a una multitud de estudios que sobre el fenómeno de la lactancia materna se han publicado en las últimas décadas y se siguen publicando en nuestros tiempos. Esta gran cantidad de estudios ponen de manifiesto la situación epidemiológica de la LM en grupos concretos y evidencian los innumerables riesgos que presenta la LA.
Además muestran la eficacia de las políticas de promoción de la lactancia materna que se están instaurando por una motivación indudablemente de salud ya que las ventajas que ofrece la LM no afectan únicamente al bebé sino también a su madre y no son sólo a corto plazo sino también a medio y largo plazo.
Algunas de las ventajas a corto plazo para el bebé, son fundamentalmente las enumeradas hasta este momento y se expresan principalmente en las zonas económicamente más deprimidas. Contrariamente a lo que podría pensarse, en nuestro medio (medio desarrollado) los niños también mueren por consumir leche artificial en vez de materna. Además presentan innumerables desventajas de salud a medio y largo plazo.
Desventajas que cada vez conocemos mejor con una evidencia científica cada vez más sólida y que afectan a la madre y al hijo.
La Lactancia Materna como Factor de Salud
No hay ninguna duda de que la calidad de las fórmulas adaptadas va mejorando día a día por los esfuerzos investigadores de las casas comerciales, pero sin embargo, todavía se está muy lejos de igualar a la leche materna. Aunque ambos tipos de leche nutricionalmente se aproximan, sin embargo la fórmula adaptada sigue estando muy lejos de la leche materna en muchos otros aspectos (inmunomoduladores, antiinfecciosos, afectivos,..) algunos de los cuales son imposibles de alcanzar.
Por ejemplo el efecto beneficioso que para la relación afectiva madre-hijo tiene la lactancia materna no se puede alcanzar mediante la administración de biberones. Tampoco podemos olvidar el papel protector que el amamantamiento tiene en el carcinoma de mama, el beneficio psicológico que parece producir en la madre así como los últimos hallazgos científicos que parecen relacionar el abandono paulatino de este hábito con el incremento de ciertas enfermedades como la enfermedad celiaca, diabetes mellitus insulindependiente, enfermedad inflamatoria intestinal o linfomas.
Además la LM parece desempeñar un papel protector frente a la atopia y tiene un importante efecto beneficioso sobre el desarrollo intelectual del niño. Por otra parte los conocimientos científicos disponibles en la actualidad acerca de la complejidad y el dinamismo de la composición de la leche de madre, nos permite afirmar que será imposible sintetizar una leche artificial equivalente a la leche materna.
No olvidemos que la leche de madre es un fluido vivo, es decir, su composición no es fija sino que se adecua idóneamente al momento de la mamada, al momento del día y a la edad gestacional y postconcepcional del niño. Son precisamente todas estas múltiples desventajas o pérdidas de salud las que han de reafirmarnos como sanitarios y científicos que somos, en el hecho de que la leche materna es algo más que una moda y en que es nuestra obligación la promoción de dicho hábito de salud como lo puede ser la lucha frente al tabaquismo, la realización de una dieta saludable o de ejercicio físico diario.
Por algo, el Profesor Nils Von Rosenstein en 1776 afirmaba en su clásico libro de Pediatría: para crecer bien, un niño debe recibir cantidad suficiente de un buen alimento. El mejor alimento de que dispone es la leche de su madre.
Reflexiones Finales
Por tanto, actualmente nos encontramos en la siguiente situación: cada día conocemos mejor las múltiples ventajas de la LM para la madre y el hijo y profundizamos en los inconvenientes que a corto, medio y largo plazo tiene el abandono de la misma. Como ocurre con frecuencia en Medicina, estos efectos los estamos comenzando a conocer "a posteriori".
Algunos autores consideran que la LA es sin duda alguna una de las actuaciones sanitarias no controladas y realizadas a gran escala más importantes que se ha llevado a cabo y se sigue realizando en la edad pediátrica. Posiblemente todavía hoy sólo conozcamos una parcela mínima de las consecuencias que su introducción indiscriminada va a tener en la salud de nuestros niños. Y... recordemos que los niños de hoy son los adultos del futuro.
También objetivamos en nuestro medio el retorno a dicho hábito, aunque no con la incidencia y duración deseada. Recordemos que todos los organismos competentes en la nutrición del niño (OMS, Asociación Americana de Pediatría, Asociación Española de Pediatría, ) recomiendan la lactancia materna exclusiva durante los 6 primeros meses de vida como modo idóneo de alimentación durante el primer año de vida.
Asimismo recomiendan el mantenimiento de la misma a partir del sexto mes de vida, conjuntamente a la introducción de la alimentación complementaria, hasta los dos años o más. La situación de España en general y de Navarra en particular se encuentra claramente alejada de esta recomendación. Se puede clasificar como un tipo I de la OMS pero con menores cifras a los 6 meses de vida a expensas fundamentalmente de un importante descenso a lo largo de primer trimestre.
