El flamenco es un arte que tiene sus raíces en Andalucía, una región del sur de España. Su origen es el resultado de una rica mezcla de culturas que incluye influencias gitanas, árabes, judías y cristianas. El flamenco no es solo un género musical, sino una expresión cultural que refleja la historia y las luchas de las comunidades que lo han cultivado.
Bailaora de flamenco en Marsella.
Orígenes y Evolución del Flamenco
La cuna del flamenco es Andalucía, surgió de la cultura de aquí y a lo largo de los siglos se ha ido consolidando hasta como lo conocemos en la actualidad. Este arte, que fusiona música, baile y cante, ha evolucionado desde sus raíces en los hogares andaluces hasta llegar a los grandes escenarios de todo el mundo. La geografía de Andalucía ha jugado un papel importante.
El flamenco es una expresión artística que nace de la mezcla de muchas culturas: la árabe, la judía, la de los gitanos (que llegaron a España en el siglo XV y muchos se quedaron en Andalucía) y con la cultura andaluza. De esa mezcolanza cultural en Andalucía surgió el Flamenco.
Aunque el flamenco se percibe hoy como una expresión artística consolidada, sus raíces están profundamente conectadas con una historia compleja de influencias diversas. Con el paso de los años, el flamenco se desarrolló y se transformó, pasando de ser una manifestación popular a un fenómeno reconocido Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
A partir del siglo XI, y posiblemente debido a conflictos bélicos o persecuciones sociales, los gitanos iniciaron una extensa migración hacia Europa. La mayor población de gitanos en España se encontraba en las provincias de Sevilla, Jerez, Córdoba, Granada, Málaga, Huelva, Jaén y Almería. Esta concentración se debió a factores como el clima favorable y, sobre todo, a la buena acogida que recibieron por parte de la población local.
A pesar de que los gitanos no fueron los creadores exclusivos del flamenco, jugaron un papel fundamental en su evolución al integrar sus propias influencias musicales con las tradiciones ya presentes en la región. Andalucía, como crisol de diversas culturas por las invasiones sufridas en los siglos anteriores, proporcionó el contexto ideal para que surgiera esta manifestación artística. Los gitanos se unieron al pueblo andaluz en un ambiente de marginalidad y pobreza, y fue esa experiencia compartida la que se reflejó en la música. El flamenco nació, por tanto, como una forma de expresión del sufrimiento y la desesperación de las clases bajas. En sus primeras formas, el cante flamenco era la manera de liberar los sentimientos de angustia acumulada.
Primeras Referencias Escritas
En 1613 Cervantes en su obra “La Gitanilla” ya hablaba del flamenco, independientemente de su origen. Lo que sí está claro es que el flamenco nada del pueblo y su raíz es folclórica, convirtiéndose en un arte indiscutible.
Sin embargo, tras una lectura profunda de la obra “La Gitanilla”, de Cervantes, se puede observar que, a menos que el célebre escritor hubiera contado una historia fruto de su imaginación, que no es de extrañar, la primera disciplina flamenca fue el baile, como lo ratifica el personaje de Preciosa, una joven bailaora que se ganaba la vida haciendo danzas de corte andaluz a la que se subyugaban tanto el acompañamiento musical como el vocal, ambos enlazados para realizar los llamados corridos gitanos.
A comienzos de esta Novela Ejemplar cervantina se puede leer: “Salió la tal Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre los gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama”. La obra, escrita a principios del siglo XVII, crea el primer precedente no oral en el estudio de los orígenes flamencos. Pero no se pueden lanzar las campanas al vuelo: el carácter novelesco de la historia le resta realismo, por lo que el dato no puede ser considerado en modo alguno como empírico.
Esta misma diatriba surge con la lectura de las “Cartas marruecas” de José Cadalso, en 1773. En esta obra el escritor describe una juerga gitana en un cortijo de la Serranía de Ronda, dato que, tras “La gitanilla”, confirma la existencia de una música peculiar y diferenciadora en Andalucía. Y, finalmente, el “Baile en Triana” que describe Serafín Estébanez Calderón en sus “Escenas Andaluzas” (1862), en el que se encuentran los célebres cantaores El Planeta y su alumno El Fillo, cierra el círculo en torno a las conjeturas sobre el origen del flamenco.
Mujer vestida de rojo bailando flamenco.
Origen de la Palabra “Flamenco”
Otro de los aspectos que hacen que este arte sea un verdadero misterio radica en definir cuál es la procedencia exacta del término “flamenco”. Existen múltiples teorías acerca de la génesis de este vocablo, aunque quizás la más difundida es la defendida por Blas Infante en su libro “Orígenes de lo flamenco”. Según el padre de la Autonomía andaluza, la palabra “flamenco” deriva de los términos árabes “Felah-Mengus”, que juntos significan “campesino errante”.
También llegó a tener muchos adeptos la curiosa teoría que afirmaba que flamenco era el nombre de un cuchillo o navaja. No en vano, en el sainete “El Soldado Fanfarrón”, escrito por González del Castillo en el siglo XVIII, se puede leer: “El melitar, que sacó para mi esposo, un flamenco”. En otra copla recogida por Rodríguez Marín dice: “Si me s’ajuma er pescao / y desenvaino er flamenco / con cuarenta puñalás / se iba a rematar el cuento”.
Sin embargo, esta hipótesis no ha llegado a trascender, como tampoco lo hizo en su día la que sentenciaba que el nombre se le había dado al género por el ave llamada flamenco. La autoría de este precepto se debe también a Rodríguez Marín, que justificó la idea argumentando que los cantaores practicaban el cante vestidos con chaqueta corta, eran altos y quebrados de cintura, por lo que se parecía al ave zancuda del mismo nombre.
Como las anteriores, tampoco sigue sin corroborarse la teoría liderada por expertos como Hipólito Rossy o Carlos Almendro en la que se afirma que la palabra flamenco se debe a que la música polifónica de España en el siglo XVI se acrecentó con los Países Bajos, es decir, con la antigua Flandes. Esta teoría fue también defendida, aunque con matices, por el viajero romántico George Borrow y por Hugo Schuchard, entre otros. Según estos escritores, antiguamente se creía que los gitanos eran de procedencia germana, lo que explica que se les pudiera llamar flamencos.
Finalmente, existen dos hipótesis menos comprometidas, pero bastante interesantes. Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, dice que “los gitanos llaman gachós a los andaluces y estos a los gitanos los llaman flamencos, sin que sepamos cuál sea la causa de esta denominación”.
Evolución: Etapa Hermética y Primeros Cantaores
Al margen de las claves que la historia de la literatura ha aportado para el estudio del origen del flamenco, existen datos, muchos de ellos aún sin demostrar, que hablan de antiquísimos flamencos. No se puede dejar en el tintero la referencia a dos figuras que durante mucho tiempo se ha pensado que fueron los primeros cantaores de la historia: el jerezano Tío Luis de la Juliana y Junquito de Comares, dos nombres que han creado muchos conflictos entre los flamencólogos de antaño, pues nunca se llegó a un acuerdo sobre cuál de los dos fue anterior al otro. Hoy esa discusión no tiene trascendecia, ya que sigue sin poderse demostrar siquiera que existieron.
Ahora bien, de quienes sí se tiene referencia de su existencia es de los primeros artistas del siglo XVIII en Triana, que junto con Jerez y Cádiz es el enclave en el que el flamenco deja de ser una expresión folclórica para convertirse en un género artístico. Hay que citar, por ejemplo, a cantaores como El Planeta, que aunque parece ser que nació en la zona de la Bahía de Cádiz -se cree que en Puerto Real-, desarrolló todo su arte en el arrabal sevillano cantando por seguiriyas -de su propia creación- y por tonás. Su principal alumno fue El Fillo, gitano también procedente de tierras gaditanas que mantuvo una relación amorosa con la Andonda, a la que llevaba muchos años de diferencia. Probablemente fuera esta mujer la primera en cantar por soleá, aunque también existían otras familias cantaoras en Triana como los Pelaos y los Cagancho a las que se les puede atribuir este palo. En un principio la soleá surgió como cante bailable, hasta que los alfareros del barrio sevillano comenzaron a hacer estilos sin acompañamiento no sujetos a compás. En aquella época también se cantaba por romances y por martinetes, estilos estos entroncados con la toná.
Paralelamente, en Jerez y Los Puertos también se desarrollan importantes núcleos flamencos. Para la historia queda el nombre de Paco la Luz, mítico seguiriyero del que descienden casi todos los grandes cantaores jerezanos, tanto como el del Loco Mateo, Manuel Molina, Diego el Marrurro, Joaquín Lacherna o Mercé la Serneta, que luego se trasladaría a Utrera. Y en la Bahía hacen historia el Ciego la Peña, Curro Durse, Enrique El Gordo o Enrique Jiménez Fernández, “El Mellizo”.
Sin embargo, aquella etapa, llamada “Hermética” por Ricardo Molina y Antonio Mairena en su libro “Mundo y formas del cante flamenco”, sigue siendo una incógnita para los estudiosos, pues hay pocos documentos escritos que aporten luz a los análisis.
La Edad de Oro y los Cafés Cantantes
A finales del siglo XIX el flamenco ya era un arte muy extendido por toda Andalucía. En Cádiz, madre del cante por cantiñas, surgen figuras como el Chiclanita, Dolores y Alonso del Cepillo, José de los Reyes y el Negro del Puerto y se certifican centros cantaores como los Puertos, San Fernando, Sanlúcar, Chiclana y Arcos.
Mención aparte merece Jerez de la Frontera, otro de los puntos matrices del flamenco, sobre todo a través de los barrios de Santiago y San Miguel. De allí son nada menos que Manuel Soto Loreto, El Torre, y don Antonio Chacón.
Sin embargo, un poco antes de que irrumpieran estos maestros, la historia del flamenco afronta un momento clave. En una misma época coinciden cantaores como Silverio Franconetti, Tomás El Nitri y Juan Breva. Entre ellos surge una competencia feroz, hasta el punto en que el Nitri se niega a cantar delante de Silverio para no quedar en un supuesto ridículo ante el maestro de ascendencia italiana. Pero, por contra, la primera Llave de Oro del Cante de la historia es para Tomás, que recibe el galardón como obsequio a su maestría durante una fiesta.
Todas estas circunstancias pudieron haber encendido la chispa en Silverio, que al ver las pasiones que levantaba este arte decidió montar un Café Cantante en el número 4 de la sevillana calle Rosario. En este momento, el flamenco se profesionaliza.
En esta época triunfan por los escenarios de toda España Las Coquineras, La Macarrona, don Antonio Chacón, Francisco Lema “Fosforito el Viejo” -principal adversario del maestrojerezano-, el Perote, El Mochuelo, El Macaca, El Diana, Cayetano Muriel el Niño de Cabra, El Canario, Fernando el Herrero, La Rubia de las Perlas o el Garrido de Jerez, entre otros muchos.
La Ópera Flamenca
En los años 20 los carteles que anunciaban los espectáculos comenzaron a sellarse con una polémica etiqueta: “Ópera flamenca”. El término no ha terminado aún de ser aceptado por muchos expertos, porque según ellos esta época supuso una adulteración de los estilos flamencos, ya que la mayoría de los cantaores dejó de lado palos tan fundamentales como la soleá, la seguiriya, la toná, el tango o la bulería, para dedicarse plenamente al fandango, a los estilos de ida y vuelta y a los cuplés.
Y ciertamente surgieron en estos años muchos “fandanguilleros”, pero no hay que olvidar que en este “boom” también se gestaron figuras como Juan Valderrama -grandísmo conocedor de todos los estilos-, Pepe Marchena -que pese a que en algunos sectores no gusta grabó todos los palos-, Caracol -idem de lo mismo- o, cómo no, Pastora Pavón Cruz, creadora de una escuela que aún hoy sigue siendo venerada, si bien también adquirieron relieve otros artistas como Porrina de Badajoz, Angelillo y José Cepero.
En realidad aquel título operístico no respondía más que a la necesidad de atraer público a los teatros y los cantaores no hicieron sino satisfacer las demandas del respetable, que prefería la sentencia de un fandango a la jondura de una seguiriya. En realidad la invención del título “Ópera flamenca” se debe al empresario más importante de la época, el señor Vedrines, que junto a su cuñado Alberto Montserrat se aprovechó de una disposición tributaria de 1926. Según la citada disposición, los espectáculos públicos, como las variedades y los cafés cantantes, tenían que pagar un 10 por ciento, mientras que los de conciertos instrumentales y la ópera sólo contribuían con un tres por ciento. Esta diferencia del 7 por ciento llevó al señor Vedrines a llamar a los espectáculos con el nombre de “Ópera flamenca”, en una inteligente triquiñuela comercial que abrió el flamenco a los grandes espacios: las plazas de toros estaban en auge.
Revalorización del Flamenco y la Tercera Llave de Oro
Con la “Ópera flamenca” como hilo conductor del género llegan los años 50. El arte flamenco es conocido en medio mundo gracias a las “troupes”, que habían restado densidad a los cantes para facilitar la comprensión por parte de todos los públicos. Sin embargo, como si hubiera permanecido en estado latente, una generación de cantaores reivindicó su sitio y siguió interpretando en núcleos más reducidos los estilos de siempre.
Toman en este momento especial relieve las figuras de Juan Talega, Fernanda y Bernarda de Utrera, Fosforito, El Chocolate, Agujetas, Rafael Romero El Gallina y Antonio Mairena, entre otros. Es la época de los tablaos. La casa Hispavox edita la primera “Antología del Arte Flamenco”, dirigida por el guitarrista jerezano Perico el del Lunar. En 1958 se crea la Cátedra de Flamencología de Jerez. Surgen las peñas La Platería de Granada, Juan Breva en Málaga y Los Cernícalos en Jerez.
En todo este contexto el género vuelve a sufrir otro punto de inflexión. Muerto Manuel Vallejo en 1960, los organizadores del concurso de Córdoba deciden poner en litigio de nuevo la Llave de Oro del Cante. De esta forma, la ciudad de la Mezquita acoge en 1962 un certamen histórico, en cuyo jurado estaban personalidades como Ricardo Molina o Juan Talega. El trofeo se lo disputaban Fosforito, El Chocolate, Juan Varea, Pericón, Platero de Alcalá y Antonio Mairena, que se alzó en ganador en una noche trascendental para el futuro de este arte.
Antonio Cruz García, que hasta entonces había dedicado su vida a cantar atrás para bailaores como Antonio Ruiz Soler, fundó, con la Llave en la mano, una escuela que perdura hasta nuestros días. Fue el albacea de una nueva generación de cantaores comprometidos con el mairenismo hasta la médula. Es el momento de la irrupción de El Lebrijano, Curro Malena, El Turronero, José Menese, Miguel Vargas, Diego Clavel, José de la Tomasa o Calixto Sánchez.
Los Festivales Flamencos
Los primeros festivales flamencos de la historia se crearon un poco antes de que Mairena consiguiera la tercera Llave, pero tomaron verdadera importancia a la lumbre de este acontecimiento, que dio un empuje trascendental a los nuevos valores. Así, en 1957 nace el Potaje Gitano de Utrera, el primero de los festivales flamencos. Le siguen la estela otros certámenes como el de Arcos de la Frontera (1961), el Festival de Canciones y Cante Flamenco de Mairena del Alcor (1962), el Gran Festival de Cante Grande de Écija (1962), El Gazpacho Andaluz de Morón de la Frontera (1963), la Caracolá de Lebrija (1966) o el Festival de la Guitarra de Marchena (1967).
El Flamenco Hoy
En 2010, el flamenco fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La fusión de voz, música y baile hacen único este arte andaluz. Si está claro donde nació, ocurre todo lo contrario si queremos saber cuando nació, porque no empezó en un año concreto, fue creándose poco a poco con todas esas mezclas de culturas y desde hace aproximadamente dos siglos es cuando se empieza a expresar como lo conocemos hoy día. Podemos decir que el flamenco es una música muy joven, porque dos siglos es muy poco tiempo dentro de la historia de la música.
La transmisión del flamenco ha seguido un recorrido apasionante desde sus raíces de aprendizaje oral hasta su integración en el sistema educativo. En sus inicios, el flamenco se enseñaba en contextos informales y familiares, donde los jóvenes absorbían el conocimiento directamente de los mayores a través de la observación y la práctica.
Hoy en día, el flamenco se enseña en distintos niveles educativos combinando la tradición oral con metodologías pedagógicas modernas. En esta evolución hacia la educación reglada, el flamenco ha ganado una gran visibilidad, permitiendo a estudiantes de todo el mundo conocerlo en profundidad y estudiar sus fundamentos.
Palos del Flamenco
Se conoce como palo a «cada una de las variedades tradicionales del cante flamenco». Algunos de los palos más importantes son:
- Tonás: La tona fue el primer palo flamenco, se originó en la zona de Jerez, Cádiz y Triana.
- Soleás: Las soleás es uno de los palos más importantes del flamenco.
- Seguiriyas: La seguiriya es uno de los palos más antiguos del flamenco.
- Fandangos: Los fandangos son originarios de Huelva, aunque cada región cuenta con una versión de este estilo de flamenco.
- Alegrías: Las alegrías son de origen gaditano, destacan por un ritmo rápido y se suelen bailar en fiestas.
- Bulerías: Las bulerías tienen una gran importancia en las fiestas gitanas y en los espectáculos flamencos. Se distingue por ser un palo fiestero, con un ritmo rápido y redoblado y que se presta más que otros al jaleo y las palmas.
- Sevillanas: Las sevillanas son un cante y baile típico de Sevilla. El baile uno más populares y conocidos de España. Se caracterizan por ser alegres, conocidas y muy bailadas, sobre todo, en Andalucía. Aunque, también destacan por ser más folclóricas que flamencas.
El Cante Jondo
Según el diccionario de la RAE, el «cante jondo» es «el más genuino cante andaluz, de profundo sentimiento». Según García Matos e Hipólito Rossy, no todo cante flamenco es cante jondo. Se denomina «cante» a la «acción o efecto de cantar cualquier canto andaluz», definiendo «cante flamenco» como «el canto andaluz agitanado» y el cante jondo como «el canto más genuino andaluz, de profundo sentimiento».
De este modo surgieron los fandangos de Lucena, los zánganos de Puente Genil, las malagueñas primitivas, las rondeñas, las jaberas, los jabegotes, los verdiales, el chacarrá, la granaína, el taranto y la taranta. Asimismo, miles de campesinos andaluces, especialmente de las provincias de Andalucía Oriental, emigraron a los yacimientos mineros murcianos, donde los tarantos y las tarantas evolucionaron.
La Taranta de Linares, evolucionó hacia la minera de la Unión, la cartagenera y la levantica. En la época de los cafés cantantes, algunos de estos cantes, se desligaron del baile y se adquirieron un compás libre, que permitía el lucimiento de los intérpretes. La estilización del romance y de los pliegos de cordel dio lugar al corrido.
La Guitarra Flamenca
Los tocaores modernos suelen utilizar guitarras clásicas, aunque existe un instrumento específico para este género llamado guitarra flamenca. Por lo general suele hacerse de madera de ciprés, con el mango de cedro y la tapa de abeto. El ciprés le da una sonoridad brillante muy adecuada para las características del flamenco. Antiguamente también se usaba el palo santo de Río o de la India, siendo el primero de más calidad, pero actualmente está en desuso debido a su escasez. El palo santo otorgaba a las guitarras una amplitud de sonido especialmente adecuada para el toque solista.
Los principales guitarreros fueron Manuel Ramírez de Galarreta, el Gran Ramírez (Madrid, 1864-1920), y sus discípulos Santos Hernández (Madrid, 1873-1943), que construyó varias guitarras para el maestro Sabicas, Domingo Esteso y Modesto Borreguero.
Los tocaores usan la técnica del alzapúa, el picado, el rasgueo y el trémolo, entre otras. El empleo del pulgar es también característico en el toque flamenco. También se apoya el dedo medio en el golpeador de la guitarra para conseguir más precisión y fuerza a la hora de pulsar la cuerda. Asimismo el uso del golpeador como elemento de percusión dota de gran fuerza a la interpretación guitarrística flamenca.
Se denomina «falseta» a la frase melódica o floreo que se intercala entre las sucesiones de acordes destinadas a acompañar la copla. El acompañamiento y el toque solista de los guitarristas flamencos se basa tanto en el sistema armónico modal como en el tonal, aunque lo más frecuente es una combinación de ambos.
El Zapateado Flamenco
El zapateado flamenco es una parte esencial del baile flamenco. En el flamenco el bailaor se convierte en músico. Su instrumento musical son sus pies con sus zapatos de flamenco. El zapateado flamenco tiene una técnica de baile bien específica. La percusión del zapateado flamenco consiste de sonidos que se producen al golpear el suelo con los zapatos. Estos sonidos se logran con las diferentes partes de los zapatos flamencos: la planta, la punta y el tacón.
