Este viernes, los cinéfilos se enfrentan a una elección difícil con el estreno de un documental desgarrador centrado en la historia de tres trillizos que fueron separados al nacer y se reencontraron 19 años después. El director británico Tim Wardle presenta un relato potente que revela el siniestro experimento del que fueron víctimas Bobby Shafran, Eddy Galland y David Kellman.
La genética jugó un papel crucial en el estudio de los trillizos.
El Inicio Inesperado
“Cuando cuento mi historia, la gente no me cree”, dice a cámara Bobby. A sus 56 años recuerda con detalle cómo comenzó todo.
Era 1980 y con su destartalado Volvo de color borgoña acudía a su primer día de clase en la universidad de Sullivan County, a unos 170 km de donde se había criado. De repente, todo el mundo se giraba para saludarle e incluso una chica le dio un beso. “¿Qué tal el verano Eddy?”, le preguntaban. Bobby estaba alucinando con el recibimiento hasta que un amigo de Eddy le preguntó si era adoptado. La respuesta era afirmativa. Luego vinieron los nervios, la llamada telefónica y la carrera nocturna para la esperada cita entre los dos hermanos.
“Sus ojos eran mis ojos y mis ojos sus ojos. Fue como si el mundo se desvaneciera”, recuerda Bobby. Sobraban las presentaciones. Todo era fascinante. Los tres eran idénticos en todo: el mismo gusto para las mujeres, la misma marca de cigarrillos, los mismos gestos...
Se armó un circo mediático a su alrededor y aparecieron en todos los programas de televisión. Incluso tuvieron un cameo en la película "Buscando a Susan desesperadamente", protagonizada por Madonna. Abrieron un restaurante que se llenaba cada noche de gente fascinada por conocerlos de cerca.
El Secreto Detrás de la Separación
Bobby, Eddy y David se habían criado en familias de diferente clase social. Sin embargo, tenían tanto en común. A partir de ahora ya nada ni nadie les podría separar.
Wardle construye su película a base de imágenes de archivo, testimonios y recreaciones ficticias que enganchan de inmediato al espectador. Dosifica los ingredientes de suspense en una trama que tiene mucho de thriller y de inesperados giros de guión.
“Oí hablar de la historia de los trillizos hace 6 años y me impactó muchísimo. Me sorprendió que no se hubiera hecho antes una película sobre ellos y supe que tenía que hacer algo”, cuenta el director a La Vanguardia.
Wardle, que estudió psicología y no entiende cómo nadie mencionó este caso, asegura que al final se enteró de que es un tema que otros profesionales habían querido trasladar a la gran pantalla pero que nunca se llevó a cabo.
“Creo que ha habido mucha paranoia y teorías de conspiración al respecto. A mi me dijeron que no podría hacerla, que me obligarían a dejarlo estar, pero no ha sido así.
Al realizador le costó cinco años sacar adelante un filme que plantea dilemas éticos y reflexiona en voz alta sobre todo lo que hubo detrás de la separación de los hermanos, un experimento científico llevado a cabo por el Dr. Neubauer, un reputado psiquiatra judío refugiado del Holocausto para más señas, durante una época, los 50 y los 60, que fue algo así como el Salvaje Oeste de los ensayos psicológicos.
El estudio buscaba determinar el peso de la naturaleza frente a la crianza en el desarrollo humano.
Una investigación a cargo del periodista Lawrence Wright destapó un enrevesado plan formado por un equipo de Neubauer que estudió durante años el comportamiento de los niños para un estudio que tenía como fin descubrir hasta qué punto pesaba en ellos la educación y la genética.
Los resultados no se han publicado nunca, lo que hace más intrigante la cuestión. A los padres de los trillizos les dijeron que hacerles pruebas era algo normal en niños adoptados. Pero todo ello acabó pesando finalmente en las vidas de Bobby, Eddy y David.
LA TRISTE HISTORIA DE LOS TRILLIZOS SEPARADOS EN LA INFANCIA POR UN EXPERIMENTO CIENTÍFICO
El Experimento Secreto
Esta historia empieza con otro personaje, Michael Domnitz, matriculado en el Sullivan County Community College de Nueva York. En la residencia de estudiantes le asignan a un compañero de habitación, Eddy Galland. Empieza el nuevo curso y Michael recibe a un nuevo compañero de cuarto. Y lo flipa bastante.
El nuevo, Robert Shafrand, no es que se parezca a Eddy, es que son clavados. Robert también lo flipa un poco: acaba de llegar y otros estudiantes lo saludan como si lo conocieran. Para Michael Domnitz eso no era normal.
Investiga un poco y la cosa mejora. Descubre que nacieron el mismo día y que ambos, huérfanos, habían sido adoptados el mismo año, 1961, por sendas familias judías. Así que Michael los pone en contacto.
Una historia con tantas casualidades atrae a los medios de comunicación. Las fotos de los gemelos aparecen en la prensa y le llegan a David Kellman. Tiene la misma edad y es clavado a esos dos tipos. Además, fue adoptado en el mismo año por otra familia judía.
Si el caso de los dos desconocidos idénticos ya estaba maravillando a la prensa, ahora los medios tienen a tres desconocidos idénticos. Se descubre que son trillizos -en realidad había un cuarto hermano que murió en el parto- que habían nacido el 12 de julio de 1961 y que fueron entregados a la misma agencia de adopción, Louise Wise Services.
Desde el primer momento notan que hay un vínculo especial y conectan muy bien. Viven con excitación ese encuentro tan especial y deciden compartir piso de solteros. Pasan a ser los famosos Trillizos de Long Island.
Pero tras ese feliz encuentro se oculta un pasado bastante oscuro que se desveló años después. Con el tiempo se fueron dando cuenta de que no eran tan iguales. Aparte de algunos gustos superficiales -como la lucha, la pasta o la marca de cigarrillos- había diferencias importantes de carácter.
Tampoco ayudó conocer el lado siniestro de su historia. Cuando sus padres adoptivos empezaron a investigar a Louise Wise Services descubrieron que no habían sido adopciones normales. Ellos no lo sabían, pero todo había formado parte de un experimento.
El Rol del Dr. Neubauer
Al frente del experimento estaba el doctor Peter B. El doctor Peter B. Neubauer, austríaco de origen judío, emigró a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi. Antes había sido alumno de Anna Freud en Londres. No era un psiquiatra del montón.
Neubauer, por tanto, era un estudioso de la psicología infantil que durante 12 años -y a espaldas de las familias- estuvo observando a Eddy, Robert y David. Nunca les dijeron que tenían hermanos. Sus padres recibían las visitas de los investigadores, que luego reportaban a Neubauer.
De esta manera su niñez fue monitoreada para analizar su comportamiento y ver cómo crecían, cómo maduraban. Era esencial que nadie conociera la verdad y que los niños crecieran separados.
Se trataba de coger individuos con características genéticas idénticas y colocarlos en diferentes entornos para ver cómo eso influye en su desarrollo y personalidad. Se pretendía resolver la ya larga y -por lo que yo se- no resuelta cuestión de la “nature versus nurture” (naturaleza contra crianza).
¿Qué tiene más peso, la genética o tu educación y experiencias?
Robert Shafran, Eddy Galland y David Kellman tras su reencuentro.
Tragedia y Búsqueda de Respuestas
Eddy Galland se suicidó a los 33 años. Los motivos de un suicidio siempre son complejos y no voy a entrar aquí en ellos. Los otros dos, David y Robert, demandaron a la agencia de adopción, que dejó de existir en 2004 y fue absorbida por la Junta Judía de Servicios para Familias y Niños.
A partir del documental se ha reactivado el caso, pero la Junta Judía, que se negó a participar en el documental. David y Robert también reclaman que se hagan públicos los resultados del experimento. De momento lo único que tenemos es un artículo publicado por Neubauer en la revista de la Universidad de Yale en 1986.
En dicho artículo ni siquiera se les menciona a ellos sino el caso de otras mellizas, también separadas al nacer. El doctor Neubauer -que murió en 2008, con 94 años- alegaba que no lo hacía público para proteger a algunos participantes en el estudio.
Es importante aclarar que el estudio, aunque secreto, no era ilegal. Por un lado, en aquellos años las agencias de adopción separaban a los hermanos. Por otro, no había obligación de tener el consentimiento de los involucrados en una investigación de este tipo.
Deberíamos tener eso siempre presente. La de Bobby, Eddy y David es una historia única, uno de esos historiones que hacen soñar a los reporteros con el Pulitzer y a los directores de documentales con taquillazos y paseos por la alfombra roja. Lo difícil es clasificarlo.
El Impacto Duradero
Cuando saltó a los periódicos de EEUU, allá por los años 80, se consideró un cuento de hadas, la crónica de unos trillizos separados cuando eran bebés que se reencuentran tras casi 20 años por puro azar. Su historia es fascinante. E increíble.
Si hoy la conocemos es en gran medida gracias al reportero Lawrence Wright, quien publicó un artículo en The New Yorker en el que arrojaba luz sobre lo que realmente le había pasado a los trillizos: la suya no era una historia de reencuentros emocionantes, o esa no era al menos toda la verdad.
"Parecía cosa de nazis". La frase es de Bobby y resume sus sentimientos al enterarse del experimento que había protagonizado sin ser consciente junto a sus dos hermanos.
El objetivo de Neubauer era esclarecer hasta qué punto influye en nuestras vidas la genética y hasta qué punto la crianza, así que decidió realizar un experimento descabellado: separar gemelos y trillizos cuando eran pequeños para darlos en adopción a hogares en los que afrontarían educaciones y circunstancias distintas. Luego su equipo se encargaba de hacer un seguimiento de cada uno de aquellos "conejillos de indias" involuntarios.
El caso de Bobby, Eddy y David parecía preparado al dedillo. La agencia los entregó en adopción a tres hogares de diferente extracción social: uno de clase obrera, otro de clase media y un tercero acomodado. Cuando los investigadores acudían a sus domicilios a realizarles entrevistas lo hacían bajo el pretexto de que solo buscaban controlar el progreso de los niños. Pura formalidad. Nada más.
"Nos llamaban 'sujetos'. Somos víctimas. Hay una gran diferencia. Ahora no queremos sonar como personas heridas y como adultos tenemos familias, hijos y somos relativamente normales; pero nos trataron como ratas de laboratorio. Nada más.
Fantástico comienzo, trágico final. La de Bobby, Eddy y David es la crónica de una historia cambiante. Empezó como un cuento de hadas milagroso, no tardó en convertirse en la crónica de unos trillizos exultantes y acabó transformándose en la tragedia de tres jóvenes reducidos a cobayas humanas.
En su historia hubo sin embargo un giro más de guion. Con el paso de los años los hermanos emprendieron sus propios caminos. Se casaron y se distanciaron. El mayor mazazo llegó sin embargo en 1995, cuando uno de ellos, Eddy Galland, se suicidó tras luchar contra una enfermedad mental.
Jugar con vidas humanas. "No sé por qué decidieron hacer esto, no puedo verlo como algo humano. No podéis jugar con las vidas humanas. Teníamos que estar juntos y nos separaron por motivos científicos", confiesa Bobby.
A su cabreo contribuyen una serie de circunstancias: Neubauer falleció en 2008 y buena parte de su investigación acabó en la Universidad de Yale, donde permanecerá cerrada hasta 2065.
Del enfado a la resignación. "Se recopilaron los datos, pero los resultados nunca se publicaron y estamos llegando a un punto en el que estamos bastante seguros de que nunca se hizo nada con eso", lamenta Bobby, que acabó ejerciendo de abogado en Brooklyn, en declaraciones a Los Angeles Times: "Entonces… ¿Qué sentido tenía todo esto, verdad?
Recuerdo que un clásico de las clases de Psicología de la universidad era debatir sobre qué era más determinante, si la carga genética de un individuo o su entorno educativo y sociocultural, si lo innato o lo adquirido. El profesor contaba ejemplos y experimentos, siempre tan interesantes como inquietantes.
Esto es lo que vamos a encontrar en el documental británico Tres idénticos desconocidos, de Tim Wardle, que además de muchas importantes nominaciones en diferentes premios, obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance de 2018.
La historia deja de hacer gracia cuando sus respectivos padres adoptivos se dan cuenta de que ellos y sus hijos han sido víctimas de un maquiavélico y minucioso experimento científico por parte de Peter Neubauer, un psicólogo austriaco afincado en Estados Unidos tras la llegada de Hitler al poder, ayudado de Viola W. Bernard.
Para llevar a cabo sus planes contó con la colaboración de la agencia Louise Wise Services de Nueva York, dedicada a la adopción de niños judíos. Neubauer no tuvo escrúpulos en impedir que estos niños se criaran juntos y felices y en ocultarles -a ellos y a sus padres adoptivos- que tenían hermanos.
El que había huido del régimen en que Mengele justificaba cualquier barbaridad en nombre de la ciencia, se iba a Estados Unidos a hacer algo parecido.
La película es fresca y amena, sostenida por unos hermanos que son bastante folklóricos, y que hacen muy accesible la historia. Los testimonios de sus padres son a menudo conmovedores, y ciertas recreaciones de ficción, eficaces.
En 2007 se publicó un estudio sobre este aterrador caso, titulado Idénticos desconocidos, y escrito por Elyse Schein y Paula Bernstein. En 2017 ya hubo otro documental, The Twinning Reaction y en 2018 un episodio televisivo titulado Secret siblings.
