Rafael Antonio Salazar Motos, más conocido como Rafael Farina, es una figura emblemática del flamenco y la copla española. Su voz y su arte lo consagraron como uno de los grandes cantaores de su tiempo. Pero, ¿dónde comenzó la historia de este artista? Acompáñanos a descubrir sus orígenes y cómo estos influyeron en su trayectoria musical.
Nacimiento y Orígenes Humildes
Rafael Antonio Salazar Motos nació el 2 de junio de 1923 en la localidad salmantina de Martinamor. El escritor y crítico taurino Pedro María Azofra cuenta en su libro, “Mi Salamanca”, que el pajar de la pequeña localidad de Martinamor donde nació el más ilustre cantante de Salamanca, Rafael Antonio Salazar Motos, era conocido como el pajar de los pobres.
Su familia, de origen gitano, se dedicaba al comercio de ganado. Allá acudieron 'El Bolera', Antonio Salazar, gitano nacido en Salamanca y bien considerado, y su mujer Jesusa Motos Jiménez, aunque nacida en Zamora, criada en Salamanca. Se trataba de un cobertizo sin uso en el que paraban los gitanos nómadas, que en época estival viajaban de feria en feria ofreciendo su trabajo.
El niño Rafael Antonio (para no confundir con su hermano mayor Rafael), hijo de los gitanos 'El Bolera' y la Jesusa, no tuvo una niñez fácil creciendo en el ambiente más pobre y deprimido de la ciudad del Tormes.
Su familia era humilde, el padre era tratante. Desde muy niño trabajó como cantante en bares y fiestas.
Además de su importancia musical como cantante de copla y flamenco, Rafael Farina gestó una familia de artistas. Su nieta es la cantante melódica Tamara y su sobrino el cantaor Diego el Cigala.
Primeros Pasos en la Música
Su carrera musical comenzó muy temprano, a los 6 años, cantando por los bares del Barrio Chino de Salamanca, siempre de la mano de su hermano Rafael. No quedaba más remedio que aprender alguna gracia, algún cante o baile para pedir 'una voluntad' a las puertas de las iglesias, catedrales, hoteles o restaurantes de señoritos.
Allá por 1936, con 13 años y espigado, el gitano Farina, a la sombra de los altos militares de alcurnia, de los ricos mineros o los señoritos aristócratas, que llegaban a la ciudad con el nuevo régimen, tuvo su primer contacto con el Barrio Chino, quien lo formaría, acogería y del que nunca más se despegó.
Farina creció en el Barrio Chino, al amparo de La Margot, una mujer que regentaba una casa de citas entre los humildes inmuebles de Tahonas Viejas, pero que también, según Azofra, “quitó mucha hambre y alivió calamidades en los años más duros de la posguerra a los más desfavorecidos”.
Influenza de La Margot
La ilustre 'La Margot', Manuela de la Rosa y Ponce de León, natural de Sevilla y llegada a Salamanca para ser la 'madama' de una casa de lenocinio, 'lumís' o prostitución, con su 'Casa La Margot' en Tahonas Viejas. "En Salamanca había mucha miseria antes y después de la guerra. La tenían miles de familias que vivían en los barrios antiguos y pobres, la tenían en zonas extraradio como Los Pizarrales, la tenían miles de payos con antecedentes de casa y tal, conque ya te puedes imaginar en las condiciones que vivíamos las familias gitanas que en los meses de buen clima solíamos dedicarnos a ejercer de errantes de pueblo en pueblo. Yo utilicé por vez primera un váter, una ducha y un mantel en casa de Margot. Me enseñó a vestir y me quiso con ternura, admiración y hasta compasión. Porque entonces yo era digno de compasión a pesar de que ya empezaba a destacar cantando. También ayudó a otros de mi familia. Pero ya eran distintos tiempos. Iba yo por delante".
Antes de dar el salto a Madrid, Farina pasó por Valladolid, donde hizo buen ambiente en algunas ventas, como la de 'Los Morales', cuyo dueño, Ángel Prieto, era gran aficionado al cante. De la ciudad del Pisuerga viajó a Barcelona, donde no tuvo buena suerte, aunque formó un grupo con Manolo Bulerías y Niño de Cartagena, cumpliendo numerosas galas en locales del Paralelo y el teatro Tívoli.
Ascenso a la Fama
Y llegó el arranque definitivo. Fue por su participación en el homenaje a Juanito Mojama en 1949 en el Cine Alcalá de Madrid. Allí lo vio el matador de toros Antonio Márquez, marido de la estrella de la copla española, y lo contrató, dicen, por 150 pesetas cada actuación en la compañía de doña Concha Piquer y, así, debutó en el Lope de Vega de Madrid. Recorrió durante un año España y después diversos países de América.
Ingresó en la compañía de Concha Piquer con la que fue de gira por España y América. En 1956 logró estrenar su propio espectáculo y en 1968 trabajó con Lola Flores en Arte Español.
Farina cantaba desde niño por las calles y bares de Salamanca, hasta que marchó a Madrid y en 1949 tomó parte en una función-homenaje al veterano cantaor Juanito Mojama. En la capital española llamó la atención por su estilo de fandangos y le contrató Antonio Márquez, matador de toros y representante de Conchita Piquer, su esposa.
Fue el torero Antonio Márquez, marido de Concha Piquer, quien le propuso trabajar en la compañía de la artista valenciana. El artista estuvo dos temporadas en la compañía, viajando a Hispanoamérica, cuenta Manuel Román Fernández en el Diccionario Biográfico. Aunque era un cantaor puro, la Piquer le exigió que cantara “con orquesta y aligerando el genio”.
De ahí surgió su noviazgo y su boda oficial con la granaína María Amaya 'La Pillina', sobrina de la célebre cantaora 'La Gazpacha'.
En 1952, ya con compañía propia, se presentó en el madrileño Teatro Pavón, donde repuso “La copla andaluza”, espectáculo de Quintero y Guillén, que tanto éxito había tenido cuando se estrenó en 1929. En 1953 presentó “Bronce y oro” en el Circo de Price y al año siguiente estrenó “Luces de feria” en el madrileño Teatro Calderón, escrita por Quintero, León y Quiroga.
En Madrid cantó en el "Colmao Los Gabrieles" y tuvo su oportunidad a los 26 años cuando triunfó en el homenaje a Juanito Mojama en el Cine Alcalá, pasando a la compañía de Conchita Piquer y recorriendo en un año los teatros españoles y después los de varios países de América.
A partir de 1952 montó sus propios espectáculos haciéndose acompañar por los mejores cantantes y músicos del momento entre los que podemos destacar a Paco de Lucía. Recorrería año tras año toda España y de vez en cuando giras por otros países.
Tanto los musicólogos como sus compañeros de profesión, con los que compartió escenario, decían que Farina tenía una voz privilegiada y fuera de lo común.
Éxitos y Reconocimientos
“Las campanas de Linares” fue uno de los títulos más conocidos de su repertorio, en recuerdo del matador de toros Manuel Rodríguez Manolete.
“Rafael Farina cantó mucho a otros toreros: a Joselito, a Juan Belmonte y, sobre todo, a su paisano, Santiago Martín El Viti. Las décadas de 1950 y de 1960 fueron las que encumbraron a Rafael Farina como una gran figura del cante.
“Dominaba varios palos flamencos, pero su popularidad la logró aflamencando canciones de corte popular, entre las que destacaron: “Vino amargo”, “Mi Salamanca”, “Mi perro amigo”, o, “Por Dios, que me vuelvo loco”.
Farina ha cantado a su tierra Salamanca y ha llevado a gala su origen castellano. 'Mi Salamanca' es bandera de sus cantares y buque insignia de sus coplas.
En todas sus galas, una o dos veces cantaba 'Mi Salamanca'. Y, como dice Azofra en su libro, "Farina, hasta el último suspiro de su vida tuvo presente a Salamanca.
Posee una larga discografía con multitud de canciones y premios. Tampoco el cine se le resistió actuando en varias películas.
En noviembre de 1995 y después de haber sido el pregonero de las fiestas de su querida Salamanca le falló su gran corazón y falleció en Madrid.
Era la España de la dictadura de Primo de Rivera, convulsa, allá por junio de 1923, cuando en esta provincia comenzaban a celebrarse las ferias ganaderas de Ciudad Rodrigo, Béjar, Ledesma, Vitigudino y... Alba de Tormes.
Fue protagonista de varias películas, pero por lo que realmente se le conoce es por temas tan populares como ‘Aurora’, ‘Caminito del olvido’, ‘Que doblen las campanas’.
Grabó cerca de medio millar, cifra que ni él mismo conocía con exactitud. Algunas estaban firmadas por el propio cantante. Lo anecdótico es que apenas sabía escribir. Alguien cercano transcribía sus improvisaciones hasta convertirlas en letras o bien, llegaba a un acuerdo con los autores para firmarlas a medias. Él después, las estrenaba y de ese modo los compositores se aseguraban un porcentaje en calidad de derechos de autor. Si no eran del todo suyas las letras, las hacía repetir a sus autores o a personas de su confianza, hasta lograr aprendérselas.
Cantando, era muy generoso con el público y, si le era posible, alargaba sus actuaciones más tiempo que el previsto en sus contratos. En tres ocasiones salió a hombros de sus admiradores, como si fuera un torero. Alternó con los más grandes de su género: Pepe Marchena, Juanito Valderrama, Antonio Molina, Pepe Pinto, La Paquera de Jerez o La Niña Antequera. Y rodó películas muy populares (en ocasiones protagonizadas por Imperio Argentina, Carmen Sevilla o Antonio Molina) como “La copla andaluza”, “Café de Chinitas”, o “Puente de coplas”.
Una de sus últimas actuaciones fue el 12 de septiembre de 1995, en Salamanca, después de haber sido ese año pregonero de las Ferias y Fiestas.
El día 8 de septiembre de 1995 Rafael Farina vivió, en su Salamanca, uno de los momentos "más felices" de su vida. El día de la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca, fue pregonero de las ferias desde el balcón del Ayuntamiento en la Plaza Mayor, ante miles de salmantinos que llenaban el ágora local. "Es para mí un honor y la mayor satisfacción de mi vida el poder realizar este acto a este gran hombre, el señor alcalde, que se ha encargado de que el pregón lo diera Farina. No puede contener la emoción y quiere empezar cantando 'Mi Salamanca', a la guitarra, para todos vosotros que os lo merecéis".
El domingo, 10 de septiembre, hizo el saque de honor en el estado Helmántico. Perdió la UDS con el Celta de Vigo (0-1), llevándose un mal rato. "En primera división / Salamanca está en primera / en primera división / y con mi copla sincera / yo me sumo a su afición.
Rafael Farina falleció en Madrid el 21 de noviembre de 1995 a los 72 años de edad, como consecuencia de un infarto de miocardio, tras haberle sido practicada una operación a corazón abierto en la Clínica de Nuestra Señora de América de la capital. Está enterrado en el cementerio de su ciudad natal, Salamanca.
En el entierro, se le dió, como quien dice, la 'vuelta al ruedo' de la Plaza Mayor antes de encaminarse a la iglesia de San Juan de Sahagún.
Legado Musical
Cuando Rafael Farina cantaba, el mundo se detenía por unos instantes, su voz profunda y su quejío, eran el maridaje perfecto para la música. En Las coplas de Radiolé, su recuerdo y su energía siguen presentes cada noche. El artista, acariciaba cualquier palo del flamenco, mientras coqueteaba con la copla, hasta llegar al éxito.
Los familiares de Rafael Farina tienen también su propia historia musical. Era hermano de Rafael Salazar Motos, Calderas de Salamanca y Juana Farina, (el hermano mayor es Rafael y Farina se llamó Rafael Antonio). Su sobrino Diego 'El Cigala' nacido en diciembre de 1968 en Madrid, es hijo de Juana Farina y Pedro Velasco Páez. Su hija Matilde Salazar Serrano (nacida el 9 de febrero de 1965 en Sevilla).
Siempre se dijo que Salamanca no había sido "graciosa" con su cantaor más grande, hasta los últimos años de su vida. Así, la ciudad lo recuerda con una estatua de Agustín Casillas en el que fue el Barrio Chino, donde se crió, creció, aprendió las vicisitudes de la vida y se hizo cantante.
Martinamor, su pueblo, también fue lugar que nunca olvidó. Una gran parte de las obras que se realizaron en el pueblo las costeó Rafael.
Tal era, que Rafael lo llamaba 'El Compadre', era hombre bueno y siempre buscó lo mejor para el gitano, al que aconsejaba en lo personal y en lo artístico.
Antonio Amaya 'El Pillín', un granaíno que fue mánager, cuñado y compañero, deja claro el amor de Rafael Farina por su Salamanca: "Personalmente creo que Salamanca nunca se portó con Farina como merecía. Montamos espectáculos cinco o seis años y sólo iban cuatro amigos. Recuerdo en una ocasión que llegó a la Plaza Mayor, después del espectáculo de la noche, y con un bastón que llevaba hizo una cruz diciendo: "Nunca volveré a Salamanca mientras no sea reclamado". Bastantes años después de ser figura se le aceptó en Salamanca mayoritariamente. Tras su muerte lo han acogido y le han dado un trocito de tierra. ¿Dónde mejor iban a guardar un tesoro? Tenía a Salamanca siempre en la boca. Desde que se levantaba hasta que se acostaba".
En aquellos tiempos de niñez, los gitanos, en su mayoría, estaban indocumentados y no cumplían el servicio militar, entre otras cuestiones. Eso le aconteció al niño Rafael Antonio, que, cuando necesitó papeles para cruzar el charco con Concha Piquer necesitaba pasaporte, pero no tenía documentación. El único que estaba documentado en su casa era su hermano Calderas, a cuyos papeles recurrieron.
Rafael cantiñeaba por los soportales de la Plaza Mayor y a las puertas de los cafés de los tratantes. "Por un real un fandango, señorito, que soy 'probe' y no tengo 'pa comé'. De ese barrio salió Modesto de la Alhambra que luego sería reina del Paralelo de Barcelona como 'Madame Artur'.
A Rafael se le quedó chica Salamanca y se fue por el mundo a desgranar sus coplas. Y Concha Piquer descubrió aquel torrente de voz templada, poderosa, flamenca y limpia que no necesitaba los artilugios del micrófono para llegar al corazón del público.
Pero ahora que se ha muerto debo proclamar que no le dieron el sitio que merecía. Rafael tenía voz de campaña con un poderío que pocos han logrado alcanzar. Gitano de Salamanca. Motos y Salazar como se apellidan casi todas las familias del bronce salmantino. Y tuvo brillantes como garbanzos en el anillo de sus dedos morenos. Su primo Emilio Motos, más listo que el hambre, se compró una finca y una ganadería cerca de Navalmoral y su hermano 'El Calderas' de Salamanca, le cantaba a esa escultura del baile que es María Albicín. Y todos estos gitanos con el nombre de Salamanca en la punta del corazón.
Ya casi no quedan gitanos que hagan tratos al compás de un fandango. Muchos han cubierto sus chabolas con fachadas de mármol y cambiaron el carro trashumante por el último modelo Mercedes. Muchos han dejado el bronce y se han ido con la 'nieve'.
Ahora que ya casi no quedan toros bravos en Salamanca, ahora que las campanas del toreo suenan a latón, Federico (García Lorca) se quedará asombrado de que en Salamanca hubiera un gitano de tan buena planta y tan buena voz. Y te dirá eso de "lo que en otros no envidiaban ya lo envidiaban en ti" o eso otro de "digno de una Emperatriz, acuérdate de la Virgen porque te vas a morir". Federico dijo que los gitanos eran "bronce y sueño". Tu bronce se quedó aquí en tu última copla desde el balcón del Ayuntamiento.
Rafael Farina nació en el año 1923 en Martinamor, un pequeño pueblo de Salamanca, en el seno de una familia gitana que se dedicaba a la agricultura, pues su padre era tratante de ganado. A pesar de su humilde ascendencia, el ambiente familiar era folclórico, siendo cuatro de sus once hermanos también cantaores. Rafael empezó a cantar acompañando a su hermano, el cantaor Calderas de Salamanca.
A partir de su participación en un homenaje a Juanito Mojama en 1949, Rafael Farina comienza a coger fama como artista y cantar por tablaos y teatros de todo el país. Ingresará en la compañía de Concha Piquer, haciendo giras por España y América. Posteriormente, en 1956, estrenará su propio espectáculo.
Rafael Farina también hizo carrera en el mundo cinematográfico.
Como cantante y actor, Rafael Farina participó en varias películas. Siete años más tarde, en 1958, comenzaría su andadura en el cine español. Con Antonio Molina, trabajaría en Café de chinitas (1960) y Puente de coplas (1965), y con Príncipe Gitano, en El milagro del cante (1967).
Rafael Farina cultivó los géneros de flamenco y copla, participando en el asentamiento de la llamada ‘copla flamenca’. Pero el género que más desarrolló fue el del fandango.
Rafael Farina (1923-1995), de raza gitana, vino al mundo en un pajar cuando sus padres, humildes tratantes de ganado de vida trashumante, viajaban por tierras salmantinas.
El pueblo natal del famoso cantaor Rafael Farina acogerá los actos programados con motivo del centenario de su nacimiento.
El talento de Rafael Farina, siempre fue como el buen vino, mejoró con los años y nos dejó un sabor inolvidable, a cante del bueno.
La Plaza Mayor acogerá una parte del homenaje que la ciudad quiere rendir a Rafael Farina. En este acto se unirán el flamenco y la tauromaquia, dos de las señas de identidad de nuestra provincia. Está prevista una exhibición de toreo de salón mientras se interpretan canciones como Salamanca, Tierra Mía, que Farina dedicó a su ciudad, o La campanas de Linares, uno de los títulos más conocidos de su repertorio, en recuerdo a Manolete.
Dalila Salazar, al cante, y Sergio Portales, a la guitarra flamenca, ofrecerán un espectáculo de flamenco puro para todos los públicos.
El guitarrista Rycardo Moreno ha participado en los mejores teatros y festivales del mundo. En esta ocasión estará acompañado de su musa musical, Celia Flores, y del guitarrista Juanjo Marchena.
Rafael Antonio Salazar Motos, conocido artísticamente como Rafael Farina, es uno de esos grandes cantaores flamencos cuyo nombre y memoria perdurará en la historia del género.
TOQUE Y VOZ. El Teatro Liceo acogerá un homenaje al cantaor salmantino Rafael Farina en una gala en la que participarán la cantaora flamenca Dalila Salazar, el guitarrista Sergio Portales y el percusionista Antonio del Pino.
También está prevista la actuación del productor musical, arreglista, compositor y guitarrista Rycardo Moreno con la colaboración de la cantante Celia Flores y el guitarrista de acompañamiento Juanjo Marchena.
En la gala también actuará Joni Jiménez, guitarrista solista de la saga Farina y ganador del Bordón Minero 2024, junto al cantaor Juan Motos, Moisés Ferreruela como percusionista y Willy Jiménez a la guitarra. Interrpetarán algunos de los cantes más emblemáticos de Rafael Farina, como Vino amargo, Dinero y riquezas, Mi Salamanca y sus míticos fandangos.
En este acto se unirán el flamenco y la tauromaquia, dos de las señas de identidad de nuestra provincia.
A las seis de la tarde, Dalila Salazar, al cante, y Sergio Portales, a la guitarra flamenca, ofrecerán un espectáculo de flamenco puro para todos los públicos.
