Ácido Palmítico en la Leche Materna: Beneficios y Consideraciones

La alimentación durante los primeros meses de vida tiene una influencia decisiva no sólo en las fases tempranas del desarrollo del niño sino también en su salud a largo plazo. Dada la trascendencia de la alimentación para el óptimo desarrollo tanto físico como intelectual en las primeras etapas de la vida, la incorporación de nuevos ingredientes funcionales a las leches infantiles es hoy objeto de numerosos estudios, dando cada vez productos más novedosos y semejantes a la leche humana, patrón de oro, que los contiene en forma natural.

El aceite de palma viene causando mucho revuelo desde que se empezaron a conocer los efectos nocivos que conllevaba su consumo. Desde eses momento comenzamos a oír marcas de productos ultraprocesados que lo incorporaban en su composición. Pero, ¿qué es lo que pasa realmente con las leches infantiles? ¿Es necesario evitar su consumo durante esta etapa?

Como producir más LECHE MATERNA | Recetas para Mamás

¿Qué es el Aceite de Palma?

El aceite de palma es un aceite vegetal rico en grasas saturadas, fundamentalmente ácido palmítico, que se emplea frecuentemente en alimentación. Es muy estable, económico y versátil por ese motivo es ampliamente utilizado en la industria alimentaria.

En un primer momento se pensaba que al no ser una grasa hidrogenada (también conocida como grasa trans) no tendría efectos perjudiciales en el corazón. El problema es que el aceite de palma es muy rico en ácidos grasos saturados, los cuales producen efectos nocivos para la salud cardiovascular, incrementando los niveles de colesterol y triglicéridos.

En el adulto es necesario limitar el consumo de grasas saturadas a no mas del 10% del aporte calórico diario y siempre en un contexto de una dieta equilibrada pero, ¿qué es lo que ocurre en el caso de los lactantes?

Las leches infantiles tienen como principal objetivo ser lo más parecidas a la leche materna para garantizar la buena asimilación del bebé. Los lactantes tienen una necesidad muy alta de grasas, por lo que la leche materna (que tiene aproximadamente un 50% de grasa en su composición) aporta la cantidad necesaria para el bebé. Además, restringir este aporte de grasas en el lactante puede tener consecuencias negativas en su crecimiento y desarrollo.

De este 50% de grasas en la leche materna un 25% está constituido por ácido palmítico (ácido graso principal en el aceite de palma) pero uno en específico, el -palmitato, que favorece la absorción de otros ácidos grasos y el calcio, por lo que puede resultar muy beneficioso para el intestino tanto a nivel de la microbiota intestinal como de su mucosa.

Aunque un aporte muy alto de ácidos grasos saturados en un contexto de dieta desequilibrada produce efectos nocivos para el corazón, la realidad es que la leche materna contiene un 25% de ácido palmítico, con lo que las leches infantiles siempre intentaran respetar este porcentaje.

Si lo que nos preocupa es la salud del bebé, el aceite de palma que contenga la forma -palmitato será saludable para él. Si además de la salud del bebeé nos preocupa el impacto socioambiental que tiene consumir este aceite puedes acceder al siguiente enlace y observar que el consumo de aceite de palma provoca la deforestación de bosques del Sudeste asiático y de Centroamérica, además del desplazamiento masivo de campesinos que vivían en este lugar.

La actual norma Europea sobre etiquetado obliga a los fabricantes a especificar que tipo de aceites vegetales llevan en su composición. Además las leches infantiles que tenemos en la farmacia suelen llevar en la parte frontal del envase una etiqueta que indica que la leche no contiene aceite de palma.

El beta palmitato es un componente de la leche materna humana muy importante para el bebé, que no contiene la leche de vaca. Cuando no es posible amamantar, es interesante que la leche de fórmula esté adaptada al metabolismo del bebé y que contenga este tipo de grasa, así como otros componentes. En la nutrición de los adultos, esta información no tiene mucha relevancia.

El beta palmitato es un tipo de grasa presente en la leche materna humana que permite una mejor asimilación del calcio (alta biodisponibilidad). En cambio, en la leche de vaca, al no tener esta característica, su calcio es menos asimilable por el bebé. Este es uno de los motivos por los cuales la leche de fórmula es normalmente leche de vaca «adaptada» a las necesidades del niño lactante.

Se denomina «beta» palmitato porque este ácido graso se encuentra en la posición 2 (o «beta») de la molécula de grasa (triglicérido). Evidentemente, no son términos coloquiales o fáciles de comprender, pero si quieren entender el porqué resulta tan beneficioso este componente, es necesario explicar, brevemente, cómo está formada la molécula de grasa.

Las grasas son nutrientes formados por unas unidades, llamadas ácidos grasos. Cada molécula de grasa se llama triglicérido, que, como su propio nombre indica, es una molécula con tres ácidos grasos unidos. Además del tipo de ácido graso, también es importante saber cuál es su posición dentro de la molécula. El beta palmitato es la unión del ácido graso palmítico a la posición 2 («beta») de una molécula de grasa (llamada triglicérido).

Los tipos de ácidos grasos (o, de forma sencilla, el tipo de grasas) que contiene la leche humana, son los siguientes:

  • 60-70% ácido palmítico en la segunda posición del triglicérido
  • 80-90% ácido oleico en la primera y tercera posición del triglicérido
  • 80% ácido linoleico (= omega 6) en la tercera posición del triglicérido (mejor absorción)

Una característica importante de la leche materna es que el 60% de sus triglicéridos contienen el ácido palmítico en posición 2 (beta palmitato). Esto constituye una ventaja porque facilita la absorción del calcio de la leche.

En cambio, la leche de vaca contiene el ácido palmítico en las posiciones 1 y 3, de modo que éstas, cuando son digeridas, forman un complejo con el calcio y dificultan su absorción.

Tal como explicamos en la comparación de la leche de vaca y humana, la leche materna humana tiene mucho menos calcio que la de vaca (28 mg y 125 mg de calcio por 100ml, respectivamente) pero, como sabemos ahora, el calcio de la leche humana es de alta biodisponibilidad para el bebé, a diferencia de la leche de vaca.

El aceite de palma se ha utilizado en las formulas infantiles para alcanzar niveles de ácido palmítico similares a la leche materna. La evidencia actual sobre los beneficios de beta palmitato y los posibles efectos adversos del aceite de palma sigue siendo inconsistente y no permite extraer conclusiones definitivas. Para algunos de los resultados (cólico infantil, microbiota fecal, metabolismo de los lípidos) el número de estudios es muy limitado y la evidencia no es concluyente. Igualmente los efectos óseos parecen ser de corta duración. Tampoco hay influencia sobre el crecimiento. Como conclusiones el Comité de nutrición de la ESPGHAN destaca que un alto contenido en beta palmitato puede tener efectos beneficiosos a corto plazo en la consistencia de las heces (más blandas), pero no puede considerarse como esencial.

Este es un aceite de origen vegetal, cuyo consumo y producción se ha multiplicado por cuatro en los últimos años, siendo, por detrás del aceite de soja, el de mayor producción mundial. Esta grasa no es tóxica, ni venenosa, ni está prohibida y no provoca síntomas a corto plazo, pero diversos estudios han advertido ya que su consumo en exceso favorece problemas cardiovasculares y metabólicos, aumentando el colesterol LDL (colesterol malo), que lleva al desarrollo de accidentes vasculares, como ictus e infartos.

Tenemos la gran suerte de que en los países del sur de Europa, como España, el aceite más utilizado para cocinar es el de oliva. La grasa aporta la mayor parte de las necesidades energéticas del lactante, que son muy altas. La leche materna contiene un 50% de grasa, entre la cual el ácido palmítico es un importante componente, representando un 25%. Los laboratorios, al tratar de imitar la leche materna en sus fórmulas en polvo, añaden ácido palmítico, que es un componente esencial como hemos visto.

Pero no es tan sencillo. Al incorporarlo a las leches de fórmula presenta un problema: existen dos ácidos palmíticos en función de su procedencia :alfa-palmitato o beta-palmitato. Estos dos compuestos tienen la misma composición pero la diferencia en su estructura hace que en nuestro organismo se comporte de manera diferente: el beta, el procedente de la leche materna, se absorbe mejor y puede realizar todas esas funciones tan importantes, además de producir energía. Sin embargo el alfa se rompe fácilmente y tiende a unirse al calcio, impidiendo que algunos nutrientes y el calcio se absorban correctamente.

En menores de dos años, se considera imprescindible el consumo de ácido palmítico. Por eso está presente en las leches y alimentos infantiles y no debemos tenerle miedo. Las leches infantiles cada vez tienen más betapalmitato y se asemejan más a la leche materna. En las marcas de leches que lo están retirando, hay que comprobar que el ácido palmítico lo añadan por otras vías, procedente de otros aceites que tengan un buen perfil de ácidos grasos insaturados.

Todas las leches de fórmula disponibles en el mercado español cumplen rigurosamente la legislación. En niños mayores y adultos, sin embargo, sí que es recomendable reducir su consumo. Los beneficios ya no compensan los efectos negativos que puede llegar a ocasionar: arteriosclerosis, enfermedades cardiovasculares, cáncer…

Sería relevante revisar el etiquetado de los productos que metemos habitualmente en nuestro carrito de la compra, Podemos identificarlo en el etiquetado de los alimentos, que desde 2011 obliga a identificar los tipos de aceites que se utilizan, según el Reglamento Europeo 1169/2011.

El problema de fondo es la confusión que generan las medias verdades que viajan por nuestras redes sociales. Desde Farmacia Quintalegre queremos ayudarte a separar el grano de la paja, por eso te invitamos a que leas el comunicado conjunto del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría y de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, que pone luz sobre la cuestión de por qué las fórmulas infantiles artificiales incluyen en algunos casos ácido palmítico.

Las necesidades de energía del lactante y del niño pequeño son elevadas. La grasa constituye aproximadamente el 50% del contenido energético de la leche materna y de las fórmulas infantiles. Esta grasa está en forma de triglicéridos, en los cuales los ácidos grasos saturados y no saturados se unen a una molécula de glicerol.

La leche materna es el alimento ideal en el lactante y el modelo sobre el que se elaboran y desarrollan los sustitutos de la leche materna. De todos los ácidos grasos saturados de la leche materna, el ácido palmítico es el más abundante; constituye entre el 20 y el 25% de los ácidos grasos de la leche, de los que una parte importante está colocada en la posición 2 del triglicérido (conocida también como beta).

Las fórmulas infantiles, sustitutos de la leche materna cuando no se dispone de ésta, tienen un contenido en ácido palmítico en cantidades similares a las de la leche materna, aunque en su mayor parte en la posición 1 y 3 del triglicérido. En los últimos años, la mayoría de las fórmulas infantiles han aumentado el contenido en β-palmitato, para acercarse a los valores presentes en la leche humana. Con esta disposición se favorece la absorción de ácidos grasos, pero también de calcio y se favorece el desarrollo de una microflora rica en bifidobacterias.

Composición de la Leche Materna

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