Lucian Freud: Hijos, Legado y la Sombra del Psicoanálisis

Lucian Freud (1922-2011), nieto de Sigmund Freud, fue un maestro del hiperrealismo, pero su vida personal fue tan compleja como sus obras. Con 14 hijos reconocidos de seis mujeres, su legado familiar es tan intrigante como su contribución al arte.

Lucian Freud en una fotografía de Bruce Weber.

La Progenie de un Genio

Con nombre, apellido y madre que los registrara como hijos del pintor de la carne trémula son 14 descendientes, desde la primera hija, Annie, de 64 años, hasta Frank Paul, de 28 años, nacido de la artista Celia Paul.

"Nosotros sabíamos que no era un padre, ni un marido normal, de los que acuden a la puerta de la escuela o de los que se sientan a comer alrededor de la mesa; él estaba encerrado en su mundo, que era el del arte y la pintura, y en él nos metía a alguno de nosotros de vez en cuando", revela Jane McAdam a La Otra Crónica. Jane es hija del pintor Lucian Freud (1922-2011), una de los 14 que tuvo procedentes de seis mujeres y que ahora esperan que les toque algo en el reparto de la herencia del nieto de Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis.

Entre los hijos de Lucian Freud, encontramos a:

  • Annie (64 años)
  • Frank Paul (28 años), hijo de la artista Celia Paul
  • Jane McAdam Freud (55 años), artista
  • Bella Freud (diseñadora de moda)
  • Esther Freud (escritora)
  • Francis Eliot (nacido en 1971)
  • Rose Pearce (hija de Suzy Boyt)

La muerte del pintor en julio del 2011 reunió por primera vez a los 14 hijos. Algunos se conocieron en la ceremonia del adiós.

Algunos de sus hermanos o medio hermanos le conocieron en su lecho de muerte. Jane, de 55 años y artista de profesión, retomó contacto esporádico con su padre a partir de los 30 años.

El pequeño de todos, Frank Paul, es un joven que se abre camino en el mundo del arte y que reside en un modesto piso de Harrow, al norte de Londres. "Nunca hablé con mi padre sobre arte, aunque sé que vio mis dibujos porque me enteré por terceras personas", reconoce el joven dibujante.

El más misterioso de la progenie es Francis Eliot, nacido en 1971.

Sigmund Freud, abuelo de Lucian Freud.

Relaciones y Vida Personal

Como pintor, Lucian Freud fue un maestro del hiperrealismo; como padre y/o compañero no se responsabilizó de nadie. Sólo una mujer le hizo daño al abandonarlo, su segunda esposa, con la que no tuvo hijos, Lady Caroline Blackwood, con quien se casó en 1953 y de la que se divorció en 1959.

Las especulaciones sobre el número de hijos que engendró Lucian Freud raya entre los 30 y 40, aunque son eso: puras especulaciones.

Avivan el mito sus incontables conquistas amorosas, su ansia de privacidad y su concepción poco convencional de la familia. El artista es un donjuán cuyo magnetismo con las mujeres no disminuye con la edad. A los 79 años mantenía una relación con una periodista de 27. Hoy, a los 87, se le atribuye una aventura con la modelo de 32 años que aparece en el autorretrato El pintor sorprendido por una admiradora desnuda.

El Legado Artístico

La única persona identificada como beneficiaria en el testamento es el ayudante del pintor, David Dawson, el hombre obeso al que pintó repetidamente y quien le asistió en los últimos 25 años. Como albaceas para ejecutar las voluntades del difunto, el artista nombró a dos mujeres; su abogada, Diana Rawstron, y su hija Rose (a la izquierda en la imagen), nacida de la alumna Suzy Boyt.

Fueron ignorados en vida y han sido ignorados en su testamento, aunque ellos esperan que algo les quede cuando se haya hecho la repartición de las voluntades de su padre. La ley les identifica como herederos y a todos les tocará algo, porque ellos han llegado al acuerdo de no obstaculizar la repartición de la herencia.

Estas dos son las encargadas de cumplir a rajatabla el testamento que les obliga a pagar el 40% de los bienes en impuestos de transmisión o herencia de una cifra total de 115 millones de euros. Tras adjudicar a David Dawson lo que le toca, repartirán el resto entre los familiares más próximos, que son sus 14 hijos, al margen del recuerdo que puedan tener de su padre.

Unos 46 millones en impuestos, los tres en metálico y otros tantos de la vivienda para David Dawson serán restados del legado total de 115. Las testamentarias han llegado a un acuerdo con el Gobierno británico para pagar los derechos de herencia en obras de arte. Una práctica frecuente entre descendientes de artistas famosos.

Su legado ya ha empezado a desmenuzarse. Con este fin, la National Gallery de Escocia ya ha recibido el cuadro Retrato de Laura Moubray, de John Constable, que el pintor guardaba en su casa. La escultura de Edgar Degas Caballo galopando sobre el pie derecho, perteneciente a la colección de Freud, ha sido adjudicada al Museo Nacional de Arte de Cardiff (Gales). A la National Gallery de Londres le han otorgado La italiana y Mujer con la manga amarilla, del francés Jean Baptiste-Camille Corot, comprada por Freud en 2001. Antes había pertenecido al actor Edward G. Robinson y al armador griego Stravos Niarchos.

El artista del realismo anatómico, como hizo Pablo Picasso, era de los pintores a los que le tenía sin cuidado la reproducción de sus obras, y nunca tomó medidas drásticas para cobrar derechos de autor. En el caso de Picasso fue su hijo, Claude, el que vigila con recelo los derechos de autor de su padre. Freud delegó antes de morir los derechos de reproducción de su obra en la Bridgeman Art Library, una compañía privada que es ahora la que se ocupa de administrar el copyright de su pinacoteca.

Y la que dará cuenta a sus descendientes de los ingresos que generará en el futuro la reproducción de sus obras.

La artista Jane McAdam Freud, de 56 años, hermana de Paul, manifestó a LOC con motivo de una exposición que "mi padre no era un padre convencional, eso lo sabíamos desde siempre, así y todo, de mayores logramos un buen entendimiento".

Hombre en una silla. Barón H. H. Thyssen-Bornemisza.

El Estilo Inconfundible de Freud

En la última gran exposición retrospectiva de Lucian Freud (1922-2011), presentada en Londres y Barcelona hace unos diez años, se llegaba fácilmente a la conclusión de que este artista casi no había cambiado en más de 60 años de trabajo. Sin embargo, en Lucian Freud Retratos, que acapara siete décadas de creación, el cambio es notable; de los retratos nítidos de línea pulcra y mirada precisa de los cuarenta a la carne sin piedad del hiperrealismo que le caracteriza a partir de los ochenta, pasando por una oscilante transición entre ambas formas de abordar la psicología humana.

"Siempre he querido crear drama en mis obras. Por eso, pinto personas". Así definió el pintor su elección de familiares, amigos o modelos para retratar, como la reina Isabel II, a la que plasmó en un lienzo de la medida de un folio A4, o al brigadier Andrew Parker Bowles, al que captó con uniforme bien surtido de medallas y galones, echado en un destartalado sillón. "Gente en mi vida", tildó a los que inmortalizó.

Una de las herramientas de las que se sirve Freud, nieto del padre del psicoanálisis, es del uso de los espejos para crear perspectivas desafiantes y reflejos a su ojo y al del observador de sus cuadros. William Feaver, biógrafo del pintor, dice que Freud ha acarreado el mismo espejo por las tres casas que ha habitado en Londres desde su llegada de Alemania en la década de 1930. El espejo es notorio en muchas obras, como Reflejo con dos niños (Autorretrato), de 1963, un préstamo del Museo Thyssen de Madrid en el que su imagen se reproduce desde un espejo en el suelo y los niños aparecen vistos de frente.

Psicología y óleos Con Hombre con una pluma, de 1943, arranca una exposición en la que la estructura cronológica constituye el hilo conductor que deshilvana la muestra de retratos y el modo de pintar durante 70 años. "Para mí, pintarse a uno mismo es más difícil que pintar a los demás, porque el elemento psicológico es más difícil de atrapar; no podría poner nada en el cuadro que no estuviese delante de mí", explicó Freud.

En el año 2003 tuvo lugar una gran exposición retrospectiva de Lucian Freud en la Sala de Exposiciones de La Caixa, en Barcelona, que reunía más de cien piezas del autor, mostrando un recorrido por toda su obra que sirvió para permitir al gran público conocer en detalle la contribución de Freud a la pintura universal.

Los retratos de Lucian Freud, sean de familiares, personajes de la nobleza, de la farándula local o internacional o del lumpen londinense ejercen un efecto magnético sobre el espectador. Algo en ellos nos obliga a mirar y a no apartar la vista. Nos preguntamos por la persona que aparece en el cuadro, su vida, su historia, sus emociones. De algún modo las pinturas de Freud son retratos de un desencuentro, o quizá son muestras de la imposibilidad radical del encuentro entre los humanos. El otro es siempre un desconocido y la obra de Freud es una forma de revelarnos esa radical dificultad de conocer.

Freud no pinta cuerpos bellos; ni rostros hermosos. No al menos en el sentido tradicional. óleos comunes. las personas sospechan que tenían dentro. de carne viva que se pliega. decrépitos. Lucian Freud comienza con una paleta clásica y suave. los femeninos, aparecen deformes, enfáticos, flácidos, tamizados por cierta crueldad. donde comprobamos que no sólo la mente hace memoria, la hace también el cuerpo. silencio de sus cuerpos. nos cuenta. (reconocerse) para entonces convertirse en sí mismas. una representación de nuestra propia esencia humana. como iconos. impronta iconoclasta del racionalismo occidental. es una excepción. le revelen los «aspectos más básicos de sus instintos y sus deseos». salido una segunda piel». el frío y la lluvia como contra la mirada de los que van vestidos. para agradar. se basan en los cuerpos de sus amigos. se quitan las ropas, cambiando así un traje por otro. de Freud, o probablemente alguna combinación de confianza y temor. implícita en el espacio que trasciende la esfera esencialmente pública del estudio. el que no está contemplado que entre alguien. común. pintura. sano de jugar juntos desnudos. Bellini.

Para Freud «la pintura es la persona». cabo de casi dos años de trabajo, la pintura de 23 por 15 cm. viva polémica en la opinión pública británica. No es para menos. «Mis modelos me interesan en cuanto animales. rasgos particulares acerca de una persona determinada». el pequeño cuadro no es condescendiente con la augusta modelo. trata de una obra que impresiona por la compleja personalidad que consigue transmitir. edad y que muestra inequívocas señales de haber vivido. a nosotros, manteniendo un profundo diálogo consigo misma. los personajes de Holbein, de Velázquez y de otros grandes artistas.

Anécdotas y Curiosidades

En los 60, en pleno “Swinging London” y explosión del Pop, a Freud le resultaba imposible vender sus cuadros y solía ir a apostar y jugar al “Esmeralda Barn Night Club”, un pub de mala muerte regentado por los feroces Gemelos Kray, unos malotes de los de cobrar deudas y quebrar piernas a los que en algún momento debió hasta medio millón de libras.

Freud nunca dejó de jugar, (“Perder dinero es la solución más efectiva para mis problemas económicos”, decía) ni de apostar a las carreras. Le gustaban mucho las carreras de caballos pero sobre todo le gustaban los caballos. Montaban al amanecer, en Hyde Park, a la hora de la niebla y los cuervos, con Parker-Bowles siempre vestido de uniforme de brigadier.

Solían encontrarse en el estudio de Bacon en Reece Mews y venir a beber al Soho a mediodía, muy a menudo al Colony Room de tan negra fama y recién desaparecido, y también a este “French House”. La clientela del “French House” es de lo más variado; desde guapos ejecutas hasta el setentón con Barbour y gorra, a todos saluda Lizzie por su nombre. “Lucian siempre se sentaba solo, al fondo, en una mesa en la que no se sentaba nadie más”, dice mientras me sirve un Ribera del Duero (anunciado en la pizarra), señalando una mesa en lo más estrecho de la sala. “Se quedaba en esa esquina, mirando a la gente y bebiendo champán durante horas” (“Quiero ser anónimo como Harum al Raschid”, era una de sus frases).

Champán. Le gustaba el Louis Roederer, y los dulces: “a sweet tooth”, un amante de la pastelería. A esta Valerie estuvo trayendo Freud a su madre, cada día sin falta durante ocho años, antes de llevarla al estudio y pintar su retrato (varios) para evitar que volviera a intentar suicidarse como hizo al morir su marido, en abril de 1970. La traía aquí, se sentaba a su lado. Compartían su silencio de las cinco de la tarde. Y subían a que Lucian pintara esa expresión tremenda de indignación y dolor que tenía la buena de Lucie, siempre con la mirada desviada. Son contados los retratos de Freud en los que el retratado esté mirando de frente; muchos se tapan los ojos o directamente dan la espalda.

Al final de la última novela de Esther, Love falls, la joven protagonista pregunta a su padre sobre la única planta que tiene en su casa. Éste le responde que viene de una semilla que le mandó su hermana, la única cosa que “ha intentado criar en toda su vida”. Es evidente que Lucian Freud ha elegido la semilla de la pintura en lugar de la familiar. Su independencia es absolutamente radical. Y precisamente es por esta razón por la que los que tiene cerca le admiran.

¿Qué consejo ha recibido de su padre?, le pregunto a Bella Freud. “Siempre lo dice: nunca debes buscar la aprobación de los demás. Recuerdo que cuando era joven se pensaba que su trabajo era horrible. En los últimos 20 años ha sucedido todo lo contrario. Pero a él nunca le han afectado las críticas. Va por libre”, responde.

¿Qué hay detrás de Lucian Freud

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