Síndrome del Bebé Zarandeado: Consecuencias y Prevención

Bien por un simple ataque de tos, porque se atraganta, porque llora desconsoladamente o incluso en un gesto cariñoso, podemos zarandear al bebé. Zarandear a un bebé solo unos segundos puede dejarlo ciego o provocarle secuelas neurológicas irreversibles o incluso la muerte.

El síndrome del bebé zarandeado puede tener lugar cuando este es agitado bruscamente. Es relativamente frecuente (20/25 casos por cada 100.000 niños menores de 2 años), produciéndose en la mayoría de los casos antes del año de vida. Este problema, fruto unas veces de un maltrato y otras por negligencia, es más frecuente de lo que se podría pensar.

Este artículo detalla los efectos de este síndrome, en qué ocasiones es más común que los adultos zarandeen a los niños y cuáles son los síntomas que permiten reconocer este problema y los modos de prevenirlo.

¿Qué es el síndrome del bebé zarandeado y cómo afecta a los niños?🛑BEBÉ ZARANDEADO🛑

¿Qué es el Síndrome del Niño Zarandeado?

Se conoce como síndrome del niño sacudido -también llamado del bebé sacudido o del niño zarandeado o agitado- a una serie de lesiones cerebrales que se producen cuando se agita con fuerza a un bebé. Se trata del conjunto de lesiones cerebrales que se producen en un niño al sacudirle vigorosamente.

El niño de síndrome zarandeado se engloba dentro de lo considerado como maltrato físico, cuya definición engloba cualquier acción realizada de forma voluntaria que provoque o pueda provocar lesiones (no siempre intencionadas, en ocasiones, el origen del síndrome está relacionado con la ignorancia sobre las consecuencias de este tipo de maltrato).

Es relativamente frecuente (20/25 casos por cada 100.000 niños menores de 2 años), produciéndose en la mayoría de los casos antes del año de vida. Es en este periodo cuando los niños tienden a llorar más, y es más frecuente en aquellos que sufren cólicos.

¿Cómo se produce?

Al zarandear al bebé, la cabeza sufre movimientos de aceleración y desaceleración rápidos, haciendo que el cerebro golpee contra las paredes del cráneo produciendo inflamación o sangrado en el cerebro y sus envolturas, sangrado en la retina (parte posterior del ojo) y lesiones en la médula espinal a nivel del cuello.

El riesgo es mayor hasta los dos años de edad, aunque pueden padecer este síndrome incluso hasta los cinco. En concreto, lo que ocurre cuando se le zarandea es que su cerebro golpea contra las paredes del cráneo. Sus tejidos son más blandos y sus vasos sanguíneos más débiles que los de un adulto, por lo cual se producen contusiones, inflamaciones y sangrados en el cerebro y en la parte posterior del ojo.

Además, como la cabeza supone una cuarta parte del peso corporal del bebé y los músculos del cuello todavía no están desarrollados, suelen darse también lesiones en la médula espinal.

¿Por qué se produce?

La cabeza de los bebés es mucho más grande en proporción a su cuerpo que la de los niños mayores y los adultos. Además, los músculos del cuello son débiles e incapaces de sujetar bien la cabeza; su cerebro es más bando y con vasos sanguíneos más frágiles, siendo más vulnerable.

¿Cuánto tiempo se necesita para producir síntomas?

Con menos de cinco segundos de zarandeo se pueden provocar daños de un gravedad importante, que será mayor si termina con un golpe contra el colchón de la cuna o el sofá.

Los riesgos son todavía mayores cuando la sacudida termina con un golpe contra algo. Como explica a este respecto la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (BNM), «incluso un objeto suave, como un colchón o una almohada, puede ser suficiente para lesionar a los recién nacidos o a los bebés pequeños».

¿Por qué los adultos sacuden a los bebés?

La AEP explica que «el motivo más frecuente es un llanto inconsolable y prolongado que provoca la frustración y el enfado del cuidador, que finalmente zarandea al niño". Por ello, el síndrome del niño sacudido se considera en general una forma grave de maltrato infantil.

Se debe tener en cuenta que el síndrome puede presentarse incluso con una sacudida de apenas cinco segundos. Es decir, perder los nervios durante un lapso casi mínimo puede causar un daño que se lamente durante toda la vida.

Otra causa es el intento de reanimarlo cuando el cuidador entiende que el bebé se está “quedando sin respiración”. Ante tales situaciones, se debe mantener al menor inclinado hacia delante o boca abajo, sujetarle la cabeza y dar palmaditas en la espalda. Nunca, por ningún motivo, agitarlo. Momentos en los que se considere que la vida del bebé está en peligro también son desencadenantes.

El síndrome del niño sacudido, en cambio, no se produce por jugar con el pequeño, dar saltos suaves o trotar con él, balancearlo o levantarlo en el aire (salvo que el juego sea demasiado violento). También es muy poco probable, indica la BNM, que el menor lo padezca por accidentes, como caerse de una silla, de los brazos de alguien e incluso por escaleras.

¿Qué síntomas presentan los niños zarandeados?

Secundario al traumatismo craneal abusivo aparecen síntomas derivados de hemorragias cerebrales y retinianas, fracturas óseas y secuelas neurológicas. Por lo general, el síndrome del niño sacudido no ofrece señales externas visibles de lesión traumática.

A los pocos días e incluso horas de haberse producido la sacudida, empezarán a aparecer los primeros síntomas. El pequeño estará más irritable, puede que le cueste respirar y comenzará a tener problemas para mantenerse despierto.

Entre los síntomas sí se pueden incluir: letargo, adormecimiento, ausencia de sonrisa, irritabilidad, pérdida de lucidez, de la visión o del conocimiento, vómitos, piel pálida o azulada, convulsiones y paro respiratorio.

Tradicionalmente la triada de alerta sobre un niño con posible síndrome del zarandeo consiste en la hemorragia subdural o subaracnoidea, hemorragia retiniana y ausencia de trauma cerebral externo.

El 40-70% debutan con crisis epilépticas. Puede presentarse como una manifestación súbita de convulsiones, deterioro neurológico agudo (somnolencia y/o irritabilidad marcada), problemas cardiorrespiratorios (apneas, bradicardias, etc.), que obligan al cuidador a buscar atención sanitaria.

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

Lo principal es realizar una correcta historia clínica del paciente y una correcta exploración, tras lo que sacaremos información muy valiosa. Ante un niño con la sintomatología descrita arriba, en el que sospechemos un síndrome de niño zarandeado, se procede a realizar pruebas complementarias de imagen (ecografía, TAC, RNM, RX) y pruebas oftalmológicas para la detección de hemorragias retinianas.

Miguel Rufo Campos, pediatra especializado en neurología infantil de la Universidad de Sevilla, explica en un artículo que «la sospecha diagnóstica de este síndrome siempre es muy desagradable tanto para los familiares como para los profesionales que reciben al paciente». Esto se debe, señala el especialista, a que los padres siempre recibirán esta sospecha como una acusación, ya de maltrato contra el niño, ya de negligencia por haber permitido un daño tan grave para el menor.

No obstante, hay que tener en cuenta las consecuencias emocionales y legales que un diagnóstico de maltrato equivocado puede suponer para la familia, por lo tanto, será imprescindible realizar un adecuado diagnóstico diferencial.

Tabla de Diagnóstico Diferencial

Diagnóstico Diferencial Consideraciones
Traumatismos accidentales Evaluar la congruencia entre la historia y las lesiones.
Trauma del parto Considerar en recién nacidos con hemorragias retinianas.
Trastornos de la coagulación Realizar pruebas de coagulación para descartar.
Trastornos metabólicos Realizar estudios metabólicos para descartar.

¿Se curan los niños zarandeados?

El síndrome del niño zarandeado produce con frecuencia secuelas a largo plazo. Uno de cada diez niños que sufren un zarandeo grave, fallece. De los supervivientes, la mitad queda con secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, discapacidad cognitiva, retraso mental, pérdida auditiva y/o visual, ceguera o epilepsia.

Así, las consecuencias más repetidas en estos casos incluyen ceguera y sordera, que pueden ser parciales o totales. No hay tratamiento, pues todo lo que puede ocurrirle al pequeño es irreversible.

Los niños que han sido sacudidos con menos intensidad, pero de manera repetida, pueden desarrollar dificultades para aprender a hablar, tener falta de coordinación motora o problemas de aprendizaje.

Todos estos niños deben recibir seguimiento continuado, ya que la recuperación del trauma inicial no exime de manifestaciones neurológicas a largo plazo.

¿Podemos prevenir el síndrome de niño zarandeado?

Sí, se puede prevenir en todos los casos: el motivo más frecuente que desencadena el zarandeo del bebé suele ser un llanto inconsolable y prolongado que provoca frustración y/o enfado en el cuidador, quien acaba zarandeando al niño.

Es importante recordar que, a aunque no haya intención de hacerle daño al bebé, la fuerza del adulto resulta más que suficiente para provocar lesiones graves en los bebés. Los riesgos de zarandear de forma brusca a un lactante todavía son poco conocidos o infravalorados por la población general y la información que reciben las futuras madres o las que han dado a luz recientemente es escasa. En nuestro país la forma más directa de llegar a la población podría encontrarse en las consultas prenatales o de preparación al parto, o en las primeras consultas postnatales en las revisiones del pediatra.

Los datos donde se debería realizar hincapié serían:

  • En caso de que el niño se quede “ sin respiración” (espasmo de sollozo, ataque de tos, etc) hay que cogerlo por los brazos colocándolo boca abajo o manteniéndolo sentado, inclinado hacia delante y sujetando la cabeza; se le puede frotar la espalda o darle golpes suaves con la mano
  • Los niños pueden llorar por muchas causas (hambre, cambio de pañales, cansancio, somnolencia, dolor, enfermedad, etc.) y los padres deben buscar la causa, y en cualquier caso, intentar tranquilizarlo cogiéndolo en brazos , acariciándolo, mimándolo,
  • En caso de llanto prolongado se pueden poner en práctica una serie de medidas que alivien al niño y que ayuden al cuidador a no agobiarse y no perder la paciencia.

Es muy importante que como adultos ajustemos nuestras expectativas y sepamos que los llantos forman parte de una etapa normal en el desarrollo de nuestros bebés y que hay una gran variabilidad entre bebés en su temperamento, patrón de llanto y niveles de actividad.

Dada la frecuencia de secuelas de carácter grave (discapacidades, retraso psicomotor, etc.) y la tasa de mortalidad (25 %), es imprescindible una adecuada estrategia de prevención, consistente en una adecuada formación de los padres. Las campañas de prevención en cualquier modalidad ayudarían a disminuir la incidencia de este síndrome en su totalidad prevenible.

Por ello, señala la importancia de implementar estrategias para prevenir el síndrome del niño sacudido, como «campañas de sensibilización en la población general» acerca de los peligros de zarandear a un bebé y las formas de actuar «durante las fases de llanto incoercible».

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