Virgen de las Embarazadas: Historia, Significado y Representaciones Artísticas

La representación de la Virgen María embarazada es un tema que ha evolucionado a lo largo de la historia del arte y la religión, reflejando diversas interpretaciones y sensibilidades culturales. Aunque no es tan común como otras representaciones marianas, la imagen de María grávida tiene una rica historia y un profundo significado teológico.

Madonna del Parto de Piero della Francesca, un ejemplo icónico de la Virgen María embarazada en el arte.

Orígenes y Significado Teológico

En Oriente, la iconografía de la Expectación del Parto se centra en la llamada Virgen del Signo, cuya denominación procede del oráculo de Isaías VII, 14: “El Señor mismo os dará por eso un signo: he aquí que la Virgen grávida da a luz un niño y le llama Emmanuel”. También recibe en Rusia el título de Nuestra Señora de la Anunciación.

Como nos dice un teólogo ortodoxo: “ante el icono de la Virgen Orante o Virgen del Signo (Is. VII, 13-14), Aquélla que es más vasta que los Cielos porque contiene a Aquél que los ha creado, nosotros vemos lo que todos nosotros estamos llamados a realizar”. Muy repetida especialmente en Rusia, cuya fiesta se celebra entre los eslavos el veintisiete de noviembre: se representa a María como Virgen Orante, con las manos abiertas elevadas al cielo en actitud de plegaria, llevando en Su pecho al Divino Fruto de Sus entrañas, generalmente encerrado en un círculo u óvalo, símbolo de eternidad.

Las tres estrellas del manto (sobre la frente y los hombros), simboliza su virginidad: antes, en y después del parto. A la intercesión mariana por la oración del pueblo ante un icono de esta advocación se atribuyó el milagro de la salvación de sus enemigos, el ejército de Suzdal, de la rusa Nóvgorod en el 1169, que se encuentra actualmente en la Catedral de Sofía de esta ciudad; desde entonces se convirtió este icono en el escudo protector de la ciudad.

Según el Evangelio de Lucas, el arcángel Gabriel, al anunciar a María que ella será la madre del Hijo de Dios, le dice también que su prima Isabel estaba embarazada de seis meses a pesar de su avanzada edad; es una clara prueba de que para Dios no hay nada imposible. Por eso María decide ir a visitar a su prima, y así lo narra el Evangelio de San Lucas: "En aquellos días partió María apresuradamente a las montañas de Judea, a una ciudad de la tribu de Judá. Y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Y sucedió que al oír Isabel la salutación de María, la criatura dio saltos en su vientre e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo a María: “Bendita tú entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues lo mismo fue penetrar la voz de tu salutación en mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi vientre.

María dio a luz a Jesús, que había sido concebido sin la intervención de ningún hombre, ni siquiera su padre terrenal José, que se abstuvo de mantener relaciones sexuales con su esposa durante el embarazo.

Argumentaban que la Palabra Divina, al ser oída por María, la hacía digna de transmitirla, permitiendo la materialización de Cristo y su adquisición de la naturaleza humana. A partir del siglo VI, la palabra dejó de pasar materialmente por el oído en forma de hálito divino, como se interpretaban originalmente los ángeles y sus mensajes, para hacerlo inmaterialmente. Así, durante la Edad Media, la conceptio per aurem sería defendida tanto desde la iglesia católica y el islam como en los textos apócrifos como una concepción espiritual.

Iconografías incómodas: Virgen María.

Representaciones Artísticas

La representación iconográfica de la Virgen embarazada entró en Occidente al representar en los ciclos marianos a Nuestra Señora en la escena de la Visitación en Ein-Karim, en la que Su prima, Santa Isabel, aparece también en avanzado estado de gestación. En solitario, aparece en el siglo XIII, difundiéndose este tema sobre todo a finales de la Edad Media.

Imágenes muy curiosas de esta iconografía son las que presentan una cavidad abierta en el seno de la Madre que alberga una pequeña imagen del Hijo. A veces, es un ostensorio en forma de o el que alberga la imagen del Verbo encarnado, y que se coloca en el vientre de la Santísima Virgen.

Se puede reseñar también una iconografía popular relacionada con las Jornaditas antes señaladas: cada día se presenta a la Virgen en estado de buena esperanza, nunca mejor dicho, y a San José, componiendo escenas que recuerdan los últimos días antes del parto: viaje a Belén, estaciones en el camino, llegada a Belén, buscando posada… En las Posadas sudamericanas, también se disponía de imágenes procesionales de la Virgen embarazada y San José, a veces también un burro y un ángel conductor.

Algunas de las representaciones más destacadas incluyen:

  • La Virgen de la Esperanza de la Catedral de León (siglo XIII), esculpida en piedra con el niño en el vientre.
  • Esculturas policromadas del siglo XV con un vientre desgastado por la veneración.
  • La Virgen de la Esperanza que preside la capilla de su mismo nombre, representando a la Virgen apocalíptica con el niño Dios en su vientre.

Virgen de la Esperanza de la Catedral de León, un ejemplo notable de la representación de la Virgen María embarazada.

A este lado del Mediterráneo, sobre todo, la figura se extendió a través de paisajes relacionados con la Anunciación y la Visitación. En España, por ejemplo, unas de las tallas más emblemáticas es la Virgen de la Esperanza (s. XV) que conserva el Museo del Arte de Girona: se trata de una escultura dedicada a una María sentada en el trono mientras luce una avanzada tripa. En función de la zona, éstas han recibido nombres variopintos como Virgen de la Expectación, Virgen de la O, Virgen de la Esperanza, Virgen de la Cinta y Virgen de la Encarnación, algunas de las cuales se localizan en León, Zamora, Toledo, Tenerife, Burgos…

Como curiosidad, estas vírgenes no han ocupado espacios diferentes al de otras creaciones: suelen hallarse en catedrales, siendo escasa su presencia en monasterios. Además, mientras que en Castilla y León están situadas en el interior de los templos, en Galicia han optado por sus fachadas.

El Concilio de Trento y la Censura Velada

Sin embargo, hubo un instante en que su producción prácticamente desaparece: el Concilio de Trento, una asamblea liderada por el papa Pablo III para intentar resolver la crisis en la que estaba sumido el Vaticano tras la Reforma protestante.

En la sesión celebrada el 3 y el 4 de diciembre de 1563 se emitió un Decreto que recomendaba dotar de mayor honestidad y pudor a las representaciones de Dios, la Virgen y los Santos. En consecuencia, ciertas imágenes fueron destruidas por considerarse irrespetuosas”, sostiene Patricia Andrés, investigadora del grupo Arte, poder y sociedad en la Edad Moderna de la Universidad de Valladolid. Fue, en definitiva, un acto de censura velada que determinó que “no se pintaran ni adoraran con hermosura escandalosa”. Es decir, la Iglesia se preocupó por retirar aquellas interpretaciones carnales que pusieran en jaque el carácter divino de Jesús, sustituyéndolas por las secuencias de dolor, humillación y sufrimiento tan presentes hoy.

Esto, en definitiva, provocó la progresiva desaparición de las abrideras en el arte. “Aunque así sucedió, es verdad que se han descubierto casos posteriores en Tui, Valencia, San Juan de las Abadesas…”.

Detrás de este cambio de paradigma había también una razón didáctica: acercar estos personajes al pueblo. Y, por tanto, convertirlos en modelos a seguir. Un punto de vista que, tal y como subraya Tomás Ibáñez, historiador de la Universidad Complutense de Madrid responsable de la investigación Anunciación preñada, regresa en los siglos XVIII y XIX: “La presencia física del embarazo resultó demasiado cruda para la sensibilidad del clero de la época, lo que motivó la retirada de estas manifestaciones. Un ánimo que pudo generalizarse y prolongarse en el tiempo, pues varios estudiosos no ocultaron su rechazo. De hecho, en sus trabajos, podemos leer cómo se refieren a ellas de manera despectiva”.

La conclusión es obvia: existen, pero sólo hay que aprender a buscarlas. Aunque la Iglesia marcó distancias con ellas, el arte ha sabido sacarlas del rincón oscuro donde han permanecido para devolverlas al imaginario colectivo. Puede que no deslumbren con tanto brillo como las Marías más clásicas. No es una cuestión de vestimenta ni de color de piel. Va más allá. Tal vez no coronen ningún paso esta Semana Santa. O, quizá, no sea consciente de que están ahí.

La explicación es compleja, pero Ibáñez intenta darle respuesta: “Porque no todas han llegado hasta la actualidad y, en parte, porque no esperamos encontrarlas. Hasta que no empecé a analizar este tipo de imágenes no me di cuenta de que había un número mucho mayor del que esperaba. Algunas están en entornos rurales, otras en pinacotecas. Están ahí, pero no somos consciente”.

La Fiesta de la Expectación del Parto

El 18 de diciembre se celebraba en España la fiesta mariana de la "espera del parto" (Expectatio Partus), establecida en esa fecha por el décimo Concilio de Toledo (656) y esa fecha del calendario mozárabe se mantiene. A esa fiesta se le llamaba "Santa María de la O" porque después de rezar la oración de la tarde el coro sostenía una larga "O", símbolo de la expectación del universo por la venida del Mesías.

Desde esa época (siglos VII y VIII) nos han llegado las antífonas que aún se cantan en esta semana de Adviento anterior a Nochebuena. Son 7 antífonas que se cantan con el Magnificat del Oficio de Vísperas cada día, desde el 17 hasta el 23 de diciembre. Se llaman "antífonas mayores" o "antífonas de la O", y son seguidas siempre de la petición: "¡ven!".

Cada antífona empieza por una exclamación, "Oh", seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento, pero entendidas desde el Nuevo Testamento. Virgen de la Esperanza de la catedral de León, del s.XIII: embarazada, e intercesora para embarazadas.

Nuestra Señora de la Expectación, otra representación de la Virgen María embarazada.

En España, en la diócesis de León, el 18 de diciembre se celebra la Virgen de la Esperanza o Santa María de la O con una misa por el rito hispano-mozárabe en la Basílica de San Isidoro, del siglo XI. Tanto en la Catedral de León como en la Basílica de la Real Colegiata de San Isidoro se encuentran sendas imágenes de la Virgen de la Esperanza.

Por eso dice el Concilio: "se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre". En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo.

De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que de Toledo pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. Fue llamada también "día de Santa María", y, como hoy, de Nuestra Señora de la O, por empezar en la víspera de esta fiesta las grandes antífonas de la O en las Vísperas.

Señala el estudioso benedictino Romualdo Mª Díaz Carbonell que el título concreto de "Expectación del Parto" para la fiesta se lo dio otro santo obispo de Toledo, san Ildefonso, famoso por su devoción mariana. La insistencia es siempre la misma: la expectación y asombro por la venida del Salvador.

El gusto popular llamó a la Doncella en espera "Virgen de la O", a partir de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida. María está de pie. Desafiante. Algo girada para marcar una barriga que, si no tiene nueve meses, poco le falta. Luce orgullosa un vestido azul desabotonado. Quizá, dada la posición de su mano derecha, porque así fulminaría toda duda sobre la naturaleza humana de Jesucristo. La virgen que Piero della Francesca pintó en 1460 convirtió a la iglesia de Santa María de Nomentana en lugar de peregrinación: la pequeña localidad de Monterchi (Italia), de repente, empezó a recibir a mujeres embarazadas que oraban por tener un buen parto. Una costumbre que se mantuvo hasta que, en 1785, un terremoto destruyó la ermita… dejando únicamente en pie este fresco.

La Ausencia de Representaciones del Parto

Aquí la respuesta es clara: no hay imágenes que muestren el parto de María. “Jamás. Las escenas reflejan el nacimiento en Belén, la adoración de los pastores, la llegada de los Reyes Magos…”, apunta Calero.

Comparación de Iconografías
Iconografía Descripción Región Predominante
Virgen del Signo María Orante con el Divino Fruto en su pecho. Oriente, especialmente Rusia
Virgen de la Expectación María embarazada, a menudo en la escena de la Visitación. Occidente

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