La Orfandad y el Vínculo Paternofilial: Un Análisis del Poema y la Obra de Raúl Zurita

Si existe un sentimiento que recorre de principio a fin la escritura de Raúl Zurita, este es el de la orfandad. La imposibilidad (y el deseo) de aferrarse a una figura protectora -se llame «padre», «país», «pareja» o «Dios»- resulta clave para entender una creación marcada por el desamparo: de ahí su impronta existencial, intensificada desde la conclusión de La Vida Nueva.

Cuando leemos a Zurita experimentamos, en efecto, el sentimiento de orfandad y culpa inherentes a la obra de Rulfo, quien coincide con el chileno en su búsqueda del padre. No en vano, la revolucionaria Zurita homenajea a Pedro Páramo en «Sueño 57. A Kurosawa», texto escrito en la variante mexicana del español y protagonizado por el hijo -muerto- de un «espalda mojada» llamado Juan Preciado, tan ausente para su vástago como lo fue Pedro Páramo para Preciado. Además, ambos autores se muestran deudores del «cristianismo en ruinas», por el que el peso del pecado, inoculado en la infancia, impide asumir la idea de redención.

De ahí la frecuencia con que leemos en la obra del chileno la imprecación «Eli Eli lama sabachtani» -o, lo que es lo mismo, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»-, inicio del salmo 22 y una de las siete frases pronunciadas por Cristo en la cruz. Zurita, que quedó huérfano a los dos años (con dos días de diferencia entre la muerte de su padre y su abuelo), dedica El día más blanco a escarbar en los recuerdos de infancia. Las huellas del desvalimiento se repiten a lo largo de toda su obra.

El loco / Poema de Khalil Gibran

Así se aprecia, por ejemplo, en los versos que comienzan «Canto de amor a los países»: «¿Te acuerdas chileno del primer abandono cuando niño?/ Sí, dice/ ¿Te acuerdas del segundo ya a los veinte y tantos?/ Sí, dice/ ¿Sabes chileno y palomo que estamos muertos?/ Sí, dice […]» (2021a, p. 206); o en las palabras de la madre, a medio camino entre el italiano y el español, inscritas en el conmovedor «Ana Canessa rompe a llorar frente a su hijo»: «Bimbo mío te arrancabas porque querías ver de/ nuevo a tu padre que tan joven se me fue, río de/ mis estrellas, como tú ahora te has marchado, fli/fli, figlio mío. Volviste tras padre comido y llegó/ el aguacero» (2021a, p.

El libro se abre y se cierra con el reclamo del hablante a un padre ausente: «Mañana me marcho papá […]/ No me hablas papá» (2021a, p. 259); «Está amaneciendo y yo me marcho papá […] Nunca me dices nada papá» (2021a, p. 263). Incluidos ambos textos en la sección «Cielo abajo» -donde se revelan aspectos biográficos del escritor-, el ritornello recuerda la frase que inicia y concluye el Finnegans Wake joyceano, manifestando la imposibilidad de acabar con el desamparo. La violencia de la pregunta sin respuesta encuentra su mejor expresión en «¿Eras tú papá?» (2021a, p.

La orfandad se extiende a los tres hijos mayores del autor. En un ejercicio de radical sinceridad, Zurita recuerda con frecuencia su separación de la primera esposa a los veintitrés años, lo que supuso el abandono de Iván, Sileba y Gaspar, nacidos con apenas un año de diferencia. Así se aprecia en la pregunta que concluye «In Memoriam. Con más tipos llorando»: «¿Sabías que yo también dejé a mis hijos papá?» (2021a, p. 260). De ese modo, el título de Purgatorio asume, en una de sus más importantes acepciones, la necesidad de expiar la culpa por el abandono de los niños, como reconoce en una reveladora entrevista: «El año 74 lo viví como un zombie […] Pensaba que no es tan fuerte el sufrimiento que a ti te puedan ocasionar como el sufrimiento que tú puedas ocasionar en otros. En ese sentido yo batallaba con una vida dura que había significado abandono de hijos […], historias de las que yo nunca pude quedar en paz (2017, pp.

Algunos de los poemas más desoladores del autor están dedicados, de hecho, a Iván Zurita, su primogénito, al que se presenta perdido en «Retrato entre los témpanos» -«es algo infinitamente remoto,/ glacial, su cara ya abandonada entre los hielos» (2021a, p. 226)-; incapaz de comprender el inminente abandono paterno en «Zurita-Poema de amor» -«Él se/ríe sujetándome de los pantalones/ y es tan pequeño, es tan pequeñito» (2021a, p. 280)-; rabioso -junto a sus hermanos- en «In memoriam: tu nevada mejilla»: «Hijo de puta nos dejaste. Grandísimo hijo de puta nos dejaste/ -Iván, Sileba y Sebastián esfumándose sobre las/ nieves de los Andes (2021a, p. 272)». El lenguaje se hace especialmente violento para escarbar en la culpa. Pronto, el sentimiento de orfandad se amplía a los otros.

Puesto que el dolor es biyectivo, en la obra que comentamos los padres también quedan huérfanos de sus hijos. Así ocurre en la interpelación que abre Canto a su amor desaparecido, memorial del represaliado sin tumba escrito con palabras arrasadas: «Ahora Zurita -me largó- ya que de puro verso y desgarro pudiste entrar aquí, en nuestras pesadillas; ¿tú puedes decirme dónde está mi hijo?» (2021a, p. 199).

La tragedia de la orfandad adquiere especial relevancia cuando afecta a los niños. Es el caso de Yazuhiko, la pequeña víctima de la bomba atómica cuya historia ocupa bastantes fragmentos de Zurita. En el terreno del testimonio, sobresale la sección «Canto de los hijos solos» en La Vida Nueva, donde un puñado de huérfanos cuenta la historia de sus familiares desaparecidos. Entre ellos, resultan especialmente relevantes las palabras de Basilio Lienlaf, suprimidas de la primera edición de la obra y afortunadamente recuperadas para la publicada por Lumen en 2019.

Lienlaf, conocido como «el hombre que hablaba con su cintura», lleva la cabeza de su hijo colgada del cinturón como consecuencia del atroz castigo a que es sometido por los soldados que represalian su pueblo. A pesar de la dureza de la historia, vivida por un ancestro del poeta mapuche Leonel Lienlaf y narrada por este a Zurita, el texto se descubre como un excepcional canto al amor paternofilial, en el que el poeta termina identificando a Basilio Lienlaf con su progenitor para recalcar los indisolubles lazos que unen a un padre con su hijo. Este hecho explica que Sobre la noche el cielo y al final el mar, novela autobiográfica aparecida este mismo año y recuento de los años más duros -bajo dictadura- en la existencia de Zurita, comience con la línea «Padre, ¿usted sufre cargándome?» (2021b: 9) y concluya con «In Memoriam. Raúl Zurita Inostroza 1921-1952», donde leemos como respuesta a la pregunta formulada al inicio: «Sí -me respondió-, pero yo siempre estaré contigo, contigo que fuiste desmembrado» (2021b, p.

En la misma línea se encuentra Galip Kurdi, el sirio de cinco años protagonista de la instalación «El mar del dolor», que se mostró en la Bienal artística de Kochi (2016-2017). La obra presentó las siguientes preguntas en ocho grandes telas blancas colgadas de una pared: «¿No me escuchas? ¿No me miras? ¿No me oyes? ¿No me ves? ¿No me sientes? ¿No volverás nunca? ¿Nunca nuevamente? ¿Nunca? ¿Nunca? ¿Nunca?» (2021a, p. 305). Al fondo, una tela de iguales dimensiones recogía el poema «A Galip Kurdi».

Para comprender el sentido de la exposición, debemos recordar a Amin Kurdi, el niño de tres años que apareció ahogado en una playa turca, y cuya foto de bruces dio la vuelta al mundo. Galip, su hermano, era solo dos años mayor que Amin, pero al carecer de una imagen que testimoniara su muerte, se convirtió en una de las muchas víctimas anónimas de la tragedia del Mediterráneo, a las que Zurita, con su creación, pretendió devolver la dignidad. Leemos en el poema central de la instalación: «No hay fotografías de Galip Kurdi, él no puede oír, no puede ver, no puede sentir, y el silencio cae como inmensas telas blancas» (2021a, p. 306).

El poeta manifiesta su empatía con el padre, reconociendo que no puede ponerse en su lugar: «Cuando la barca repleta de emigrantes sirios se dio vuelta, el/ padre nadó de uno a otro niño tratando desesperadamente de/ salvarlos, pero solo pudo ver cómo desaparecían. Yo no estaba/ allí. Yo no soy su padre» (2021a, p. 306). Sin embargo, esto no impide que el texto concluya con una emocionante muestra de piedad, sin duda uno de los rasgos más memorables de la obra que comentamos: «Abajo del silencio se ve un trozo del mar, del mar del dolor./ Yo no soy su padre, pero Galip Kurdi es mi hijo» (2021a, p.

Leyendo la «Obra poética escogida» de León Felipe a cargo de Gerardo Diego, en una edición que compré de segunda mano, con tapa roja dura y acolchada de Espasa-Calpe de 1975, encuentro un texto dedicado al poeta Andrés Eloy Blanco, poeta que no conocía y que nació en Venezuela (1896) y murió exiliado en México (1955), autor de la letra de la famosa canción de Antonio Machín «Píntame angelitos negros».

Andrés Eloy Blanco

Cuando se tiene un hijo,se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendigay al del coche que empuja la institutriz inglesay al niño gringo que carga la criollay al niño blanco que carga la negray al niño indio que carga la indiay al niño negro que carga la tierra.Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niñosque la calle se llenay la plaza y el puentey el mercado y la iglesiay es nuestro cualquier niño cuando cruza la calley el coche lo atropellay cuando se asoma al balcóny cuando se arrima a la alberca;y cuando un niño grita, no sabemossi lo nuestro es el grito o es el niño,y si le sangran y se queja,por el momento no sabríamossi el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niñoque acompaña a la ciegay las Meninas y la misma enanay el Príncipe de Francia y su Princesay el que tiene San Antonio en los brazosy el que tiene la Coromoto en las piernas.Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,todo llanto nos crispa, venga de donde venga.Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentroy el corazón afuera.Y cuando se tienen dos hijosse tienen todos los hijos de la tierra,los millones de hijos con que las tierras lloran,con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,los que Paul Fort quería con las manos unidaspara que el mundo fuera la canción de una rueda,los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,quiere con Dios adentro y las tripas afuera,los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshimaentreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,porque basta para que salga toda la luz de un niñouna rendija china o una mirada japonesa.Cuando se tienen dos hijosse tiene todo el miedo del planeta,todo el miedo a los hombres luminososque quieren asesinar la luz y arriar las velasy ensangrentar las pelotas de gomay zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.Cuando se tienen dos hijosse tiene la alegría y el ¡ay!

La maternidad y la paternidad son una experiencia que cada persona vive de forma única y personal. Sobre la maternidad y paternidad se han escrito un sinfín de libros, una temática asimismo abordada en películas y series y sobre la que actualmente versan diversos podcasts. Y también ha sido objeto de poesías.

Adela es una mujer de 94 años que acudió al programa “Mañaneros” de La 1 de TVE para hablar acerca de la soledad no deseada. Se confesó ávida lectora, pero ahora ha tenido que abandonar esta afición pues su vista le falla y tienen que operarla de cataratas. “La única solución para no sentirte sola es llenar tu mente con algo”, expuso, despertando la emoción de los colaboradores del programa. Además de emocionar a la audiencia del programa, la publicación del momento en que Adela recita la poesía en redes sociales se ha vuelto viral.

El tiempo es un animal extraño. Se parece a un gato, hace lo que le da la gana. Te mira astuto e indiferente, se marcha cuando le suplicas que se quede y se queda inmóvil cuando le pides por favor que se vaya. El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños. De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda. El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad.

El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiraciones rápidas. Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelará, poco a poco o de repente, la familiaridad de su piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. Como un río qué excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañía respecto a la de los demás ( ¡y ojo, esto tiene que suceder! Se difuminarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo.

Olvidarán, aunque yo no lo haré. Las cosquillas y los “corre corre” , los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo. Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Mis hijos olvidarán que les he amamantado, mecidos durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo también para ellos, con ternura y sin arrepentimiento, ¡gratuitamente!

Relación padres e hijos

La relación entre un padre y su hijo es un vínculo profundo que trasciende generaciones, cargado de amor, lecciones de vida y momentos inolvidables. En este contexto, los emotivos poemas de un padre a su hijo se convierten en una herramienta poderosa para expresar sentimientos y compartir sabiduría. Estos poemas no solo reflejan la esencia del amor paternal, sino que también transmiten valores y enseñanzas que acompañarán a los hijos a lo largo de su vida.

La Importancia de los Poemas en la Relación Paternofilial

Los poemas han sido una forma de expresión artística y emocional a lo largo de la historia. Para un padre, escribir un poema para su hijo es una manera única de comunicar sentimientos profundos que, a veces, pueden ser difíciles de expresar en palabras cotidianas. La poesía permite a los padres transmitir amor, esperanza y enseñanzas de una manera que puede resonar en el corazón de sus hijos por años. La poesía tiene el poder de evocar emociones intensas. Un poema bien escrito puede hacer que un hijo se sienta amado y valorado, incluso en momentos difíciles. La rima, el ritmo y la metáfora pueden transformar experiencias cotidianas en lecciones de vida memorables.

Los emotivos poemas de un padre a su hijo también actúan como un legado. Las palabras pueden ser un refugio en momentos de duda o tristeza. Imagina que un hijo, al leer un poema de su padre, encuentra consuelo en las enseñanzas que este le dejó. Estos versos pueden ser una guía en la vida, recordándole valores como la perseverancia, la honestidad y la importancia de ser amable.

Cómo Escribir un Poema para tu Hijo

Antes de comenzar a escribir, tómate un momento para pensar en lo que realmente sientes por tu hijo. ¿Qué momentos especiales compartieron? ¿Qué lecciones te gustaría que aprendiera? Decide si quieres que tu poema sea más narrativo o lírico. ¿Te gustaría contar una historia o simplemente expresar tus emociones? No temas experimentar con rimas, ritmos y metáforas. La poesía es un arte, y cada palabra cuenta. Usa imágenes que evocan sentimientos y sensaciones. Una vez que hayas escrito tu poema, léelo en voz alta. Escucha el ritmo y la sonoridad de las palabras. No dudes en hacer ajustes para mejorar la fluidez y el impacto emocional.

El Impacto de la Poesía en el Desarrollo Emocional

La poesía no solo es una forma de arte, sino también una herramienta poderosa de comunicación. Para muchos padres, expresar sentimientos puede ser un desafío. Compartir un poema con tu hijo puede abrir la puerta a conversaciones significativas. Al leer un poema, un hijo puede sentirse motivado a compartir sus propios pensamientos y sentimientos. Además, la poesía puede inspirar a los hijos a explorar su propia creatividad. Al ver a su padre escribir y compartir sus sentimientos, pueden sentirse animados a hacer lo mismo.

Los emotivos poemas de un padre a su hijo no solo tienen un efecto inmediato, sino que también pueden influir en el desarrollo emocional a largo plazo del hijo. Leer poesía permite a los niños conectar con las emociones de los demás. Al escuchar o leer un poema de su padre, un hijo puede aprender a reconocer y validar sus propios sentimientos, así como los de los demás. La poesía también fomenta la autoexpresión. Un hijo que crece en un entorno donde se valoran las palabras y las emociones estará más inclinado a comunicarse abiertamente.

Escribir poemas permite a un padre expresar sus sentimientos y enseñanzas de una manera única y emocional. Los temas pueden variar ampliamente, incluyendo amor, protección, enseñanzas de vida, recuerdos compartidos y aspiraciones para el futuro. Los poemas pueden abrir líneas de comunicación, fomentar el diálogo emocional y crear un espacio seguro para la expresión de sentimientos.

No es necesario ser un experto en poesía. Lo más importante es que las palabras sean sinceras y reflejen tus verdaderos sentimientos. Por supuesto, leer poemas de otros autores puede servir como inspiración. Sin embargo, asegúrate de que tu poema sea único y refleje tu propia voz y sentimientos. Los niños pueden comenzar a apreciar la poesía desde una edad temprana. Adaptar el lenguaje y el contenido a su nivel de comprensión puede ayudar. Una forma hermosa de presentar un poema es leerlo en voz alta en un momento tranquilo y significativo. También puedes escribirlo en una tarjeta o un libro de recuerdos.

Libros sobre la Muerte y el Duelo Perinatal

En esta página, presentamos algunas recomendaciones de libros sobre la muerte y el duelo perinatal publicados en español, así como algunas traducciones de libros extranjeros. Cada libro ha sido revisado por nuestro equipo, seleccionándolos tanto por la perspectiva que ofrece como por el enfoque en diferentes tipos de pérdidas. Dado que existen casi 50 libros en el mercado, nuestro objetivo no es proporcionar una bibliografía exhaustiva del género.

Tabla de Libros Recomendados sobre Duelo Perinatal

Título Autor Descripción
El nadador en el mar secreto Historias de amor Relato autobiográfico que explora la experiencia ante la pérdida perinatal.
El alma en duelo de una madre vacía Lorena Marín García Comparte la historia de la muerte gestacional de su hija Vera.
Tienes que mirar Anna Staribonets Historia autobiográfica sobre el estigma y el silencio provocado por la interrupción del embarazo por motivos médicos.
Las ausencias que me habitan Marina Medina Poveda Novela que teje la conexión entre la muerte perinatal y la historia de vida de quien la atraviesa.
Para Luna, de mamá Cheli Blasco Escribe sobre su hija Luna, agradeciendo cada momento de vida y atravesando el duelo por su fallecimiento.
Madre en duelo Auri Lizundia Narra las dolorosas experiencias de perder cuatro embarazos, marcados por la violencia obstétrica e institucional.

Estos libros ofrecen consuelo, reflexión y apoyo para quienes han experimentado la pérdida de un hijo durante el embarazo, el parto o la primera infancia.

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