"Si bebes, no conduzcas": La campaña que marcó un antes y un después en la seguridad vial en España

Desde inicios de los años 1980, España sufrió una escalada en la siniestralidad en carretera, hasta alcanzar la cifra récord de 6.500 muertos en 1989. Ante esta alarmante situación, la Dirección General de Tráfico (DGT) se propuso concienciar a los conductores sobre los peligros del alcohol al volante. La solución a este problema de conductores bajo los efectos del alcohol no podía venir solamente desde el control y castigo. Era necesario concienciar y el resultado fue una campaña, el Si bebes no conduzcas, que sin duda es la más recordada casi cuatro décadas de su lanzamiento.

Sin duda, la campaña televisiva Si bebes no conduzcas, de 1985, protagonizada por el cantante Stevie Wonder, fue un éxito rotundo. Pero su campaña más recordada era amable, simpática y, por usar lenguaje de 1985, año en que se estrenó, incluso marchosa. Su objetivo era alertar del peligro de conducir bajo los efectos del alcohol y tuvo al músico estadounidense Stevie Wonder como protagonista.

Stevie Wonder en la campaña "Si bebes, no conduzcas" (Fuente: Autobild)

El contexto de la campaña

Mezclar bebidas alcohólicas y conducción sigue provocando alarma, pero en la década de los ochenta era un drama acuciante. Los hábitos festivos de los españoles, pueblo sociable donde los haya, estaban en su apogeo. No faltaban el vino en la mesa ni la copa de después. La ley era más permisiva: solo a partir de una tasa de 0,8 gr/l a un conductor se le podía sancionar (en 1989 se rebajó a 0,5 gr/l).

En 1981, el diario El País publicó que 2.000 personas morían al año en España en accidentes de tráfico relacionados con el consumo de alcohol, causante de 36.000 accidentes. “Era un problema muy grave”, dice José Luis Martín Palacín, director general de Tráfico entre 1982 y 1986. “Sigue siéndolo. En definitiva, casi todo accidente viene provocado por una distracción o un fallo humano. Y detrás de muchos errores humanos está la bebida.

El origen de la idea

A sus 25 años, el zamorano Jesús Pozo era ya en 1985 un profesional respetado en la industria de la música. Ocupaba el puesto de director del departamento internacional de RCA, la compañía discográfica que editaba en España, entre otros, los discos del sello Motown. Acababa de recibir la banda sonora de la película La mujer de rojo (Gene Wilder, 1984), compuesta por Stevie Wonder, quien grababa para el eximio sello de Detroit. El tema estaba inspirado en una experiencia personal del cantante y compositor invidente.

Cuando tenía quince años, el coche en el que viajaba con su madre y sus hermanos de camino a la peluquería fue embestido por otro, pilotado por un conductor borracho. A causa del impacto, el vehículo de la familia de Wonder salió despedido y quedó a medio metro de un poste eléctrico. De haber chocado con él, podría haberse originado una explosión. Cuando escuchó la canción, a Pozo se le encendió una bombilla: utilizarla como base para una campaña de seguridad vial. El plan aunaba sus dos grandes pasiones: la música y los coches.

Con la propuesta en mente, y ataviado como solía en aquellos tiempos (camisa vaquera, sombrero tejano, botas con puntera de plata), llamó a la puerta de la DGT. Lo recibió el jefe de Divulgación y Relaciones Internacionales de Tráfico, Joaquín Díaz Pardo, quien recuerda así el encuentro: “Un día de mucho trabajo me dice la secretaria que hay fuera un señor que quiere verme. A través del cristal del despacho distingo a un tipo vestido de vaquero, con placa de sheriff y maletín de aluminio. Lo recibí, y a los dos minutos me cayó bien. Me contó que la banda sonora de La mujer de rojo, de Stevie Wonder, incluía una canción titulada Don’t drive drunk. Y me propuso imprimir en el disco nuestro icono de entonces, que era una copa, un signo de ‘+’, un coche, un signo de ‘=’ y una ambulancia. La idea me gustó. Y hablando, hablando, le digo: ‘¿Y por qué no hacer un spot?’. Y cogió el teléfono y llamó a Los Ángeles. No localizó a Wonder, pero se comprometió a contactar con él.

La versión de Pozo difiere de la de Díaz Pardo. “Para poner una pegatina nunca habría ido allí”, dice. “Yo lo que quería era que sonara la canción en la radio, que se conociera a mi artista… Stevie Wonder no era aún muy popular para el público español. Cuando me personé en Tráfico ya había hablado con Stevie. Ya tenía su ok. Si no, no hubiese ido. Puede que lo llamase desde el despacho de Díaz Pardo para confirmarlo. No sé cómo en la DGT me hicieron caso. Sea como fuere, hubo entendimiento entre ambos, pero Díaz Pardo necesitaba la aprobación de sus superiores.

Habló primero con el subdirector de la DGT, Miguel Muñoz Molina (“un hombre muy abierto que acogió la idea muy bien”), y, después, con el director general, Martín Palacín (“también moderno, progresista…”). A Martín Palacín le encantó. “Tenía un mensaje que calaba y podía llegar a la gente”, dice. “Yo era más partidario de este tipo de anuncios que de otros que se centran en atemorizar a la gente. Algunos me parecen demasiado alarmantes. Pienso que la gente tiende incluso a rechazar ese tipo de mensajes, cuando van por lo negativo.

Pero el planteamiento difería enormemente de las campañas habituales de Tráfico, y debía recibir luz verde de las altas instancias del Ministerio del Interior, encabezado por José Barrionuevo. “Era una idea un poco frívola para un anuncio de la administración”, reconoce Díaz Pardo. “Hubo resistencia: había que rodar un spot, hacerlo en Los Ángeles, con un cantante a quien la mayoría de la gente de aquí no conocía…”.

El rodaje en Los Ángeles

En aquel tiempo, Stevie Wonder estaba hipercotizado: ese 25 de marzo (pocos días antes del rodaje del anuncio de la DGT) había recibido el Oscar a la Mejor Canción por I just called to say I love you, el single principal de la banda sonora de La mujer de rojo. Por si servía para allanar el camino, Pozo comentó que Wonder era presidente de honor de una asociación de madres de víctimas de accidentes de tráfico por consumo de alcohol. Díaz Pardo y el resto de funcionarios de la DGT vieron el cielo abierto. Además, ese 1985 era el Año Europeo de la Seguridad Vial, concepto en el que se podía enmarcar el proyecto.

Ofrecieron estos argumentos a los representantes de Stevie Wonder, “que nos dice que lo hará gratis, pero yo no me fío”, señala Díaz Pardo. “Es todo por teléfono… Era ir un poco de farol, aunque con una jugada que no era mala”.

Simultáneamente, en la DGT empezaron a buscar un realizador para spot. En primer lugar se pensó en el equipo de Paco Costas, divulgador de temas de motor. Después se barajó contratar a José Luis Garci, quien estaba en la cresta de la ola pues solo dos años antes, en 1983, había ganado el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa por Volver a empezar. “Pero dijo que no”, revela Jesús Pozo. Martín Palacín puso sobre la mesa el nombre del iconoclasta Tino Calabuig.

Nacido en la localidad madrileña de Colmenar de Oreja en 1939, Calabuig es un pintor, fotógrafo, escultor, creador de instalaciones y artista audiovisual que hoy, a sus 83 años, sigue considerándose un outsider. Sus obras, algunas de las cuales integran los catálogos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y el MACBA de Barcelona, tienen un marcado tono de denuncia social. “Yo propuse a Tino”, admite Palacín.

Palacín sabía que Calabuig había vivido en Los Ángeles, que su esposa es de allí, y consideró que esa conexión con Estados Unidos facilitaría la contratación de cámaras y operadores en California. El realizador dice que llamó a Ira Tucker Jr., factótum de Wonder (además de cantante e hijo de Ira Tucker, afamado intérprete de góspel). “Tucker me confirmó que Stevie Wonder participaría, así que le dije que nos interesaría saber sus honorarios. ‘No, Stevie Wonder no va a cobrar ni un céntimo, porque piensa que es un anuncio de servicio público”. Calabuig asegura que él no cobró por la dirección ni el guion.

Quince días antes del rodaje, en abril de 1985, Jesús Pozo y Joaquín Díaz Pardo aterrizaron en Los Ángeles y se establecieron en un modesto Holiday Inn de la parte alta de Hollywood (“un hotel de medio pelo en la zona mala, la cutre, bastante insegura”, dice Díaz Pardo). Desde allí, Pozo empezó a coordinarlo todo. “Conozco a Stevie”, dice. “Había trabajado antes con él, y es un tipo a quien hay que atar muy en corto. Hasta el último minuto no sabes qué va a hacer ni qué va a pasar”. En su modesta habitación de hotel, a Díaz Pardo le costaba conciliar el sueño por las noches.

Es comprensible: que una delegación de funcionarios viajase a Estados Unidos e incurriera en unas serie de gastos elevados para nada (el acuerdo no se había plasmado por escrito) auguraba un desastre de incalculables proporciones y quizá un escándalo mayúsculo. “Aunque nos ahorrásemos un millón de dólares, que era muchísimo dinero, habíamos pagado el viaje, la estancia, la producción…”, dice. Por fin llegó el día de verse cara a cara con los representantes del cantante.

“Hube de entrevistarme con cinco abogados de Stevie Wonder -dice Díaz Pardo-, quien tiene a su cargo como veinte o treinta asistentes, algunos de los cuales no se sabe lo que hacen, pero los tiene allí en plan solidario; es un espectáculo verlo. Les dije que era el Año Europeo de la Seguridad Vial, que no era un spot comercial, sino de carácter institucional… Y esa fue la clave: que comprendieran que no era un commercial. Tocar su fibra sensible. Eso fue lo determinante”.

“Yo me presenté en Los Ángeles en pelota brava”, dice Calabuig. Al poco de aterrizar, Ira Tucker lo citó en Wonderland, el estudio de Stevie Wonder, a la una de la mañana. “Le pregunté: ‘¿Cómo es que me citáis a estas horas?’. Y me respondió: ‘Ya sabes que Stevie Wonder es ciego y para él no hay días ni noches. Se despierta y dice: ‘Todo el mundo a ensayar’. A la hora que sea’. Me presentó a Stevie Wonder, le expliqué la idea y el guion que había elaborado. Como Wonder no puede conducir, se me ocurrió que podía ser interesante que pudiera ir en la parte de atrás de un coche descapotable, cantando la canción.

El spot se divide en dos partes, cada una en una localización. En la primera, Stevie Wonder se pasea por las calles de Beverly Hills a bordo de un Packard de 1954 conducido por un orondo chófer (un conductor profesional que también trabajaba de extra en películas). La estética es de videoclip musical. En la segunda, rodada en un estudio de grabación, el músico recita la célebre frase: “Hola, soy Stevie Wonder. Recuerda mi canción: si bebes, no conduzcas.

Pero nadie dijo que fuese a resultar fácil. La víspera de la grabación, Ira Tucker telefoneó a Jesús Pozo y le comunicó que Stevie, indispuesto, no podría acudir al rodaje. “Llamé a la DGT”, recuerda el ejecutivo discográfico. “Crisis total.

Sin embargo, cuando parecía que todo estaba ya bajo control, el clima jugó una mala pasada. “A pesar de lo que dice la canción de Albert Hammond Nunca llueve al sur de california, el día elegido llovió”, señala Martín Palacín. “Las cámaras y los técnicos los habíamos alquilado en Los Ángeles, y ese día hubo que pagarlo aunque no se pudo rodar.

“Sabía que tenía que rodar en una jornada”, dice Calabuig. “Además, no quería abusar sabiendo que no iba a cobrar. Quedamos un martes o un miércoles para el rodaje, montamos el set, sacamos los permisos; dos policías en sus Harleys nos escoltaban. Y ese día amaneció lluvioso. Compungido, avisé de que no podíamos rodar. Pensé que se había fastidiado el asunto: el equipo ya estaba pagado y emplearlo un segundo día implicaba duplicar los gastos. Les propuse pasar el rodaje al día siguiente”.

Calabuig preguntó a Díaz Pardo: “¿Tenemos seguro de lluvia?”. “Al día siguiente del rodaje -prosigue el realizador- me avisan en el hotel de que está en recepción Ira Tucker y quiere hablar conmigo. Naturalmente, le dije que subiera. Abro la puerta y venía con Stevie Wonder, que pasa primero. ¡Menuda impresión me llevé! Querían darme las gracias. Y Tucker añadió: ‘Stevie quiere pagar las pérdidas que tuvisteis por el día adicional de rodaje’. Yo por mi cuenta le dije que ni de coña. Ni me planteé llamar a Palacín, porque habría dicho lo mismo. Les expliqué: ‘Es una campaña del gobierno y estoy seguro de que no aceptaría jamás que pagáseis por algo que en realidad debía de ser al revés’.

Las imágenes del coche “se rodaron a la primera, no hubo ni que repetir”, afirma Tino Calabuig. Stevie estuvo “cariñosísimo con todo el mundo”, asegura Jesús Pozo. “Fue afable, encantador”, opina Díaz Pardo. En la segunda parte, Wonder declama el eslogan. Según Pozo, “hasta ese momento nadie había pensado qué tenía que decir Stevie Wonder. La frase se me ocurrió a mí en el motor home del rodaje”. No puede definirse como un prodigio de originalidad: se trataba de una traducción libre del título de la canción (“No conduzcas bebido” sería la literal) y Martín Palacín sostiene que, como claim preventivo, ya se había empleado en España y otros países.

“Si bebes, no conduzcas” es un enunciado sencillo, breve, claro, directo e imperativo. El preámbulo, en el que el propio Stevie Wonder pedía al espectador que recordase su canción, servía de potente anzuelo publicitario del disco. A lo largo de la jornada, en el motor home y en el estudio donde se rodó aquella secuencia, Pozo, Díaz Pardo y Calabuig enseñaron a Wonder, juntos y por turnos, a pronunciar la frase. Los tres protagonistas coinciden en que costó, pero tampoco demasiado.

“Estuvimos quizá media hora. Como no puede leer los labios, lo que es de gran ayuda para captar la pronunciación, Stevie llevaba consigo una especie de grabadora que registraba la frase y se la repetía por unos auriculares. Llegó un momento que pensé: ‘Mejor ya no va a salir’. Se convocó en el estudio a Rosa María Calaf, corresponsal de RTVE en Nueva York, quien se desplazó a Los Ángeles y entrevistó a Stevie Wonder.

Las declaraciones del músico están recogidas en el making of del anuncio que Tino Calabuig subió a YouTube en 2016. “Dada la lacra que hay con toda esa gente que pierde el control a causa de la bebida -dijo Wonder-, es muy importante para mí contribuir con todos los medios a mi alcance a ayudar a la gente a que no conduzca ebria y controle lo que bebe. Si matas a alguien, no es voluntad de Dios necesariamente, sino culpa tuya. Hay que tomarse la vida más seriamente. Muchas veces se pone la excusa de: ‘Esto tenía que ocurrir’. No es así. Es nuestra responsabilidad el decir: ‘He bebido de más’.

Stevie Wonder había sufrido otro accidente de tráfico, más grave y sonado si cabe -ya era un músico consagrado-, en 1973, aunque no medió consumo de alcohol. Viajaba por Carolina del Norte cuando su automóvil chocó contra un camión que transportaba madera. Un tronco atravesó el parabrisas y golpeó al cantante en la frente. Permaneció una semana inconsciente. Para agradecerle su participación, los delegados españoles decidieron hacerle un par de regalos. Jesús Pozo le llevó vino de la D.O. Toro, de su tierra.

El impacto de la campaña

Emitirse el spot en televisión y hacerse tremendamente popular fue todo uno. Sabiendo que tenía un tesoro en las manos, la DGT había preparado a conciencia el terreno. “Nos vinimos un poco arriba con el anuncio”, reconoce Martín Palacín. “Había salido bien. Pensamos que valía la pena darle realce al tema y promocionar su emisión”.

La campaña televisiva fue acompañada por un cartel publicitario en el que, además del cantante aparecía una operación matemática: un coche más una copa es igual a una ambulancia. La publicidad nos evoca a tiempos del pasado. Uno de esos anuncios, cuyo eslogan todavía perdura, es de la Dirección General de Tráfico (DGT). El lema 'Si bebes... no conduzcas' sigue presente 37 años después.

En el cartel publicitario, además del cantante, decía: 'Conductor, recuerde', y aparecía la suma de un coche más una copa es igual a una ambulancia. Lo más sencillo de la producción de este anuncio de la DGT fue, aunque parezca imposible, la colaboración de Stevie Wonder.

Campaña Si bebes no conduzcas

La evolución de las campañas de la DGT

En el imaginario colectivo español, “Si bebes, no conduzcas” es mucho más que un simple eslogan. Lanzada en 1985, esta campaña de la Dirección General de Tráfico (DGT) utilizó la figura de Stevie Wonder para dar un giro a la comunicación vial en España. Pero este no fue el primer intento de la DGT por sensibilizar a los conductores. Desde su creación en 1959, sus campañas han buscado promover la seguridad vial, aunque con un enfoque más informativo en sus inicios.

En los años 60, mensajes como “Conduce con prudencia” o “Evita las imprudencias” eran frecuentes en las pocas televisiones y radios disponibles. Stevie Wonder protagonizó una de las campañas más recordadas de la DGT en 1985. En los años 60, el parque automovilístico español era de apenas 1,2 millones de vehículos, un dato muy lejano a los más de 25 millones actuales. Sin embargo, las cifras de mortalidad en carretera eran altísimas en proporción al número de vehículos. Este cambio de estrategia buscó apelar a las emociones de los conductores.

Mensajes como “Vivo o muerto”, lanzado en 2018, plantean dilemas morales que van más allá del simple acto de conducir. Aunque las campañas han sido fundamentales, el descenso de la siniestralidad en carretera también está vinculado a los avances tecnológicos. La tecnología, como el cinturón de seguridad, ha sido clave para reducir los accidentes. No obstante, las cifras aún son preocupantes. En 2019, antes de las restricciones de movilidad por la pandemia, 1.755 personas perdieron la vida en accidentes de tráfico en España. Aunque el número es mucho menor que décadas atrás, la DGT insiste en que el objetivo debe ser cero víctimas.

Si retrocedemos a los primeros años de la DGT, encontramos una España que apenas comenzaba a modernizarse. Las carreteras, llenas de Seat 600, eran un reflejo de un país en transformación. En los años 60, los mensajes de la DGT buscaban educar en una España en transformación. Estos mensajes, aunque ahora puedan parecer ingenuos, formaban parte de una estrategia adaptada a los recursos y valores de la época.

Pese a los avances tecnológicos y la mayor concienciación, algunos problemas persisten. El uso del cinturón de seguridad, por ejemplo, sigue siendo un tema recurrente. El uso del cinturón de seguridad sigue siendo un problema a día de hoy. Sorprendentemente, uno de cada cuatro fallecidos en accidente de tráfico no llevaba puesto el cinturón. Este dato evidencia que la educación vial debe mantenerse como una prioridad constante.

Aunque las estadísticas muestran avances significativos, la lucha por la seguridad vial no se detiene. En palabras de Pere Navarro, director general de Tráfico, “el objetivo es cero víctimas, pero la realidad es dura”. La DGT continúa su lucha por lograr el objetivo de cero víctimas en las carreteras. Desde el “Si bebes, no conduzcas” de Stevie Wonder hasta los mensajes más recientes sobre distracciones al volante, cada campaña ha contribuido a crear una cultura de mayor responsabilidad en las carreteras.

Como tal, la DGT se creó un 30 de julio de 1959 como Jefatura Central de Tráfico, cambiando su nombre a Dirección General de Tráfico allá por 1973. Ya desde un principio preocupaba la cantidad de accidentes que se producían en carretera, con 1.678 fallecidos en 27.079 accidentes en un 1959 en el que apenas había un millón de vehículos circulando. Esas cifras fueron aumentando hasta los 6.967 fallecidos en 1978, lo que llevó a grandes campañas sobre el uso del cinturón (aún en carretera, siendo obligatorio en ciudad a partir de 1992).

Pero no era suficiente en un parque automovilístico que ya estaba en baja forma en aquel entonces en comparación con otros países europeos. Así que, por un lado, se llevó a cabo una campaña de publicidad que aún perdura en las cabezas de todo el mundo a día de hoy: el ‘Si bebes, no conduzcas’ que tuvo como figura visible al genial Stevie Wonder.

Aunque se trataba de evitar los accidentes relacionados con el alcohol, las infracciones relativas al alcohol, así como a las drogas, no se consideraron muy graves hasta 1997 (además de rebajar la tasa de alcoholemia de 0,8 gr/l a 0,5 gr/l.

¿Por qué Stevie Wonder, además de su gran popularidad en los años ochenta? Por aquel entonces, había lanzado su tema ‘Don’t Drive Drunk’, cuya letra viene que ni pintado para campañas de seguridad vial. Cuenta la historia que la idea vino del encargado de relaciones internas de RCA Records en España, Jesús Pozo, lo que llevó a grabar el anuncio en Los Ángeles en el que Stevie Wonder se dirigía a los españoles.

El otro gran cambio para los españoles fue la obligación de tener que pasar una inspección técnica periódica: la ITV que conocemos a día de hoy, obligatorio vía Real Decreto 2344/1985. Fue entonces cuando, al crear las estaciones ITV repartidas por toda la geografía española, ya era posible controlar el estado de los vehículos en activo por parte del Ministerio de Industria. En aquel momento, todos los vehículos con más de cinco años de antigüedad debían pasar la ITV, revisando dispositivos de retención y seguridad.

Ya en 1981 se había hecho obligatorio el uso de casco para motoristas con motos de más de 125cc tanto en carretera como en ciudad, siéndolo también para motos por debajo de dicha cilindrada un año después.

Aún con el establecimiento de las ITV, los fallecidos seguían aumentando hasta el negro 1989, con 109.804 siniestros con 9.344 fallecidos, 52.418 heridos graves y 116.993 heridos leves. Esto llevó a las campañas duras de los años noventa, como «Las imprudencias se pagan» o las campañas contra el uso del móvil en carretera, las cuales comenzaron ya en 2001.

Lo que en 1985 fue una novedad en materia de seguridad se ha convertido en una rutina que realizamos todos los años. Pedir cita previa en la ITV, revisar todos los aspectos de seguridad del coche, por ejemplo en un taller certificado, antes de realizar las diferentes pruebas que se llevan a cabo a día de hoy en la inspección técnica. Como dato extra, también en 1985 comenzó a publicarse la revista ‘Tráfico‘.

Según la Dirección General de Tráfico este 2023 han fallecido 1145 personas en sinestros de tráfico en carreteras. Cada año se realizan campañas para concienciar a los conductores. Algunas son muy impactantes. Pero ¿dan resultado? Vamos a ver las más polémicas.

Barcelona ha amanecido con dos coches circulando en carretera, hasta ahí todo normal. Pero si nos fijamos bien, observaremos que son dos coches fúnebres. Se trata de un mensaje para concienciar a la población sobre los riesgos del alcohol y las drogas. Esto se debe a que una de cada tres muertes por accidente de tráfico se produce por el consumo de alguna de estas sustancias.

Los vecinos se han mostrado sorprendidos e impactados al verlos pasar: "Esto no lo he visto nunca, y es evidente que me ha llamado la atención". Aún así, este tipo de anuncios están concienciando más a los jóvenes para así poder reducir este tipo de accidentes. Hay que tener varias cosas claras a la hora de ponerse al volante, y este tipo de anuncios ayudan a concienciar a la población.

Año Fallecidos en accidentes de tráfico
1959 1.678
1978 6.967
1989 9.344
2019 1.755
2023 1.145

Evolución del número de fallecidos en accidentes de tráfico en España.

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