La imagen de una mujer amamantando a una serpiente evoca una mezcla de fascinación, temor y misterio. A lo largo de la historia, las serpientes han sido símbolos poderosos en diversas culturas, representando tanto la sabiduría y la curación como el peligro y la tentación. Exploraremos el significado de esta imagen en diferentes contextos, desde la mitología y la religión hasta el folclore y las leyendas populares.
La morfología de los ofidios, tan diferente a la de las aves y los mamíferos, siempre ha suscitado temor en el ser humano. Temor ante aquello que se desconoce. Pero no es exclusivo del ser humano la fobia congénita a estos reptiles. La primera reacción de los animales cazadores ante la aparición súbita de la culebra es un paso atrás e incluso un salto de sorpresa y pavor. Las culebras son las criaturas cazadoras más eficaces del reino animal.
¿Que es un cincuate? Aquí conocerás a dos especies de serpientes conocidas como cincuates.
La aversión, el miedo y el desconocimiento ancestral han desatado un verdadero pánico y un temor atávico en el medio rural hacia los ofidios. La interpretación de las Sagradas Escrituras, el vínculo bíblico de la serpiente y Satanás, el pecado original, la tentación, la astucia… El mal personificado en forma de culebra no han hecho sino intensificar los mitos y leyendas negras de estos animales.
La Serpiente en la Religión y la Cultura
En la Biblia, la serpiente es presentada como un ser astuto y malhechor, enemigo de Dios y del hombre, identificado con el demonio. Este simbolismo negativo se plasma en el relato donde la serpiente tienta y engaña a Eva (Génesis 3, 1-5), y Dios se presenta como juez que inquiere lo sucedido. Al hombre y a la mujer los castiga imponiéndoles penas correlativas a su misión y naturaleza. En la pena impuesta a la serpiente hay que distinguir la expresión externa tomada de las características de la serpiente y de la espontánea aversión que hacia ella se siente y el contenido metafórico que va directamente contra el demonio tentador (Gén. 3, 14).
Pero más allá del miedo sobre la serpiente existe una gran admiración, pues el hombre primitivo la consideraba como un ser poderoso, e incluso hoy, se la venera. Su verdadera naturaleza se ve deformada y disfrazada por la superstición. La presencia simbólica de la serpiente aparece en culturas primitivas actuales, en el Egipto antiguo, en la mitología griega y romana, en la Biblia, en la América Precolombina y en el folklore actual.
Las numerosas alusiones al símbolo de la serpiente en todas las culturas, hace pensar que este reptil constituye uno de los arquetipos fundamentales que la humanidad haya inscrito en su memoria. Pocos animales han alcanzado en las tradiciones míticas y religiosas un significado tan diverso y ambivalente como la serpiente. Según la opinión popular, la serpiente comía polvo (Gen 3,14, Miq 7,17 e Is 65,25). Es temida (Sab 17,9) por su astucia (Gén 3,1) y por su veneno (Sal 140,4) y como símbolo de falsedad (Gen 48,17), maledicencia y difamación (Sal 140,4) astuta malignidad (Mt 3,7; 23,33), peligro mortal (Eclo 21,2; Prov 23,32) pero también caracterizada por su sagacidad.
La Serpiente y la Fertilidad
A lo largo y ancho de Mesoamérica, la serpiente posee un sentido fertilizante y anuncia a las lluvias bienhechoras que producirán abundantes cosechas. En los muros de Bonampak (México) se ven pintadas algunas danzas de tipo ceremonial. Se ejecutaban para influir favorablemente en los resultados de la caza y para obtener buenas cosechas, y tenían un carácter religioso ya que los que participaban observaban periodos de continencia y de ayuno. Igualmente sobre los muros de los juegos de pelota, en Chichen-Itza, un bajorrelieve muestra la decapitación de un jugador; los chorros de sangre que brotan se transforman en otras tantas serpientes que vienen a fertilizar la Tierra. Era un juego religioso y es el capitán del equipo victorioso quien era decapitado, pues se consideraba un gran honor ser inmolado al dios sol contribuyendo a renovar la fertilidad de la Tierra.
Los tchokwé de Angola aseguran la fecundidad de sus mujeres colocando una serpiente de madera en la cama matrimonial. Los tupí - guaraníes del Brasil consideran que nada puede asegurar mejor la fecundidad de una mujer que los golpes en las nalgas utilizando una piel de serpiente. En el norte de Sudáfrica, la tribu Benda, todavía practica un antiguo rito de fertilidad basado en la veneración de las serpientes y simboliza a una pitón desenroscándose. Los Ashanti de Ghana creen que cada persona tiene un alma (ntoro). Cuentan que la primera pareja no podía tener hijos y que la pitón roció con agua los vientres del hombre y de la mujer, hizo un hechizo y les recomendó que regresasen a casa y yacieran juntos. A su debido tiempo nacieron los hijos y por esta razón los descendientes de sexo masculino mostraron su gratitud enterrando a toda pitón muerta que encontraban.
Actualmente, en la ciudad india de Silaba, todos los veranos se celebra una festividad para conmemorar su especial relación con las serpientes. Los días anteriores a la fiesta se da una cacería de serpientes en los campos y alrededores de la ciudad y con un desfile de serpientes comienza el festejo. Todo el gentío acude a admirar a las cobras y a presentar sus respetos, de esta forma los habitantes de la ciudad renuevan el pacto con el dios Shiva. Después de la fiesta se deja a la cobra donde fue encontrada y se las libera con gran gratitud y así las cobras no le harán daño en el resto del año. Las serpientes son consideradas como símbolo de la fertilidad en toda la India y las mujeres hindúes que desean ser fértiles adoptan a una cobra hembra.
En las tradiciones orales de los vascos se cuenta que una deidad masculina de serpiente, el Sugaar, protege los rebaños, aumenta la fertilidad de los animales domésticos, tiene poderes curativos y ahuyenta tanto a la muerte como a la enfermedad.
En A Pedra da Serpe de Penalba (Pontevedra), se efectuaba un rito de fecundidad, que consistía en que los casados sin hijos, debían ir de noche a la piedra del petroglifo y realizar allí el acto sexual. Para que la ceremonia tuviese éxito, debían llevar un cuartillo de leche sin hervir de vaca, que estuviese criando a un becerro, mientras la pareja yacía allí, la serpiente bebería la leche. En este mito la leche sirve para desencantar a la serpiente, conjurarla para recibir su favor y conseguir que la pareja estéril pueda procrear hijos.
En la portada de San Esteban encontramos esta representación de la lascivia en una de las piezas situadas entre las estatuas columnas de la zona derecha.
Volvemos a encontrarnos esta imagen en la dovela de arranque izquierdo de la arquivolta central, pero con un simbolismo distinto: es una crítica a las mujeres que abandonan a sus hijos y no los amamantan.
El que se represente así a las “malas madres” queda especialmente definido en la visión de San Alberico di Montecassino (1130 aprox.): Dos serpientes mordían las mamas de cada una de ellas… estas mujeres eran aquéllas que habían rehusado dar de beber de sus pechos a los huérfanos y bebés sin madre o que debiendo amamantarlos no lo hacían.
¿Y por qué en este caso el mensaje es distinto? Porque la mujer con serpiente en su pecho no está desnuda, lleva una capa abierta que deja visible su cuerpo. Y además, no está sola en la escena. A su derecha hay un animal indeterminado (¿mamífero, que amamanta a sus crías?)*, y a su izquierda, algo escondida y deteriorada, una mujer protegiendo a su hijo.
Y también parece que haría referencia a la idea de “buena madre” la primera dovela de la misma arquivolta, pero a la derecha (¡viva la simetría!). He de deciros que me he atascado rastreando, y lo lamento, pues seguro que las tres figuras que forman la escena esconden un mensaje más completo. Si alguien puede aportar algo más en los comentarios, ¡será fabuloso!
¿Qué tenemos en esa dovela? En el centro, un guerrero con cota de malla y escudo (no se conservan, pero imagino que además con espada y casco) que parece enfrentarse al león situado a su derecha para proteger a la mujer amamantando que está a su izquierda.
El trabajo de la cota, la melena del león, el detalle de la madre y el niño… está claro que la portada románica de la iglesia de San Esteban fue espectacular, una factura de primer orden. Lástima el deterioro provocado por el clima y paso del tiempo… pero no desisto, poco a poco seguiremos desentrañándola 😉
*Actualización a 2/05/2021. El mamífero creo que podría ser (al 90%) un leopardo, que en la simbología medieval es referente de unión negativa al considerarse fruto del emparejamiento de un león(a) y un pardo. El león se convierte en un símbolo positivo, en contraposición al leopardo.
Mitos y Leyendas sobre Serpientes y Lactancia
En todos los pueblos de España se conocen las leyendas de grandes culebras que maman leche materna, metiendo la punta de su cola en la boca del bebé para que este no llore y no despierte a la nodriza. Cuando no disponen de mujeres lactantes también se nutren de las hembras del ganado. Su mamar es una caricia tan suave y delicada que hasta resulta placentera para la madre. Mucho más que la de su propia cría e incluso les relaja tanto que caen sumidas en un profundo sueño casi hipnótico.
¿Quién no ha escuchado alguna vez alguna de las múltiples versiones de esta leyenda? Para empezar para que un animal pueda mamar es imprescindible reunir varias cualidades biológicas. La primera las hembras de esa especie han de estar provistas de mamás y de glándulas mamarias (la culebra no las tiene). Además, ha de tener labios que posibiliten la succión junto a una dentición que no lastime los pezones. Las culebras no tienen labios ni dentición "de leche". Son reptiles no mamíferos. Por lo tanto, no maman.
Es más, hay que añadir a lo descrito que para la correcta digestión de la leche se necesitan encimas que procesen adecuadamente la lactosa. Las culebras también carecen de ellas. No son sino símbolos y parábolas mal interpretadas. Es un mito muy extendido en toda la península la afición de las culebras a la leche y muchos dichos, sentencias y refranes populares lo atestiguan. "Como las culebras a la leche".
Existen incluso multitud de recetas para librarse de las culebras mediante un tazón de leche envenenada como atrayente. Incluso considerando como culebras las tenias intestinales hay referencias de numerosas técnicas con la leche como ingrediente esencial para expulsar el parásito que se habría colado como huésped okupa y sin invitación, encubierto en una manzana (de nuevo simbología religiosa) o simplemente se colaba por la boca o la nariz mientras duermes.
Nuestro acervo cultural está lleno de leyendas al respecto. En ellas se narra cómo se utilizan diferentes amuletos para disuadir a las culebras que huelen la leche materna. Desde la cabeza del reptil previamente desecada, rezos, oraciones... Lagartos vivos que avisan de su presencia, envolver al bebé con una camisa de culebra... La riqueza de las tradiciones es inagotable.
"Una culebra llegó y de mil pechos mamó,pero la Virgen María mamando la sorprendió. Por beber de aquesta leche yo te condeno que por el día y en la noche andes arrastra por el terreno. Y para que así ande toda su vida recemos a Nuestro Dios un Padre Nuestro y un Ave María".
Ese halo de misterio, miedo atávico y simbología religiosa que envuelve a las culebras les ha empapado a lo largo de la historia de propiedades medicinales y curativas. Su carne, muy apreciada en el seno de la llamada "España Profunda" no sólo era consumida por sus propiedades culinarias. Se le atribuyen tanto a la carne como a las camisas de las mudas de su piel la capacidad de curar el acné, desinfectar y cicatrizar las mordeduras de alimañas en bestias y personas y la recuperación de enfermos anémicos.
El herpes zóster (popularmente "la culebrilla") se trataba también con agua de culebra. Las culebras, limpias y evisceradas se dejaban secar en adobo como la matanza para su utilización cuando fuera necesario. También se conservaban ahumadas y maceradas en alcohol de romero y aguardiente.
El sebo, previamente deshidratado con azúcar y sal se conservaba para desinfectar heridas, extraer espinas y estillas clavadas y en el tratamiento de diviesos y procesos gripales.
Otras Leyendas sobre Culebras
Así mismo se atribuyen a su piel propiedades de clarividencia mental y aumento de la sagacidad, astucia e inteligencia sibilina.
Quién no ha oído alguna vez a nuestros mayores referencias a cómo cantan las culebras... "Parecido al croar de una rana pero más seco", "Las culebras cuando cantan se parece mucho chasquido de la lengua en el paladar al arrear las caballerías ", "El canto de la culebra es igualito al ruido de hacer chocar la lengua entre los dientes y el carrillo para espantar a un perro"…
Al igual que para que un animal pueda mamar son necesarias ciertas cualidades biológicas, para que una especie cante, o emita algún sonido gutural, es imprescindible reunir al menos dos condiciones. La primera la capacidad física en su diseño biológico y la segunda el sentido del oído. Las culebras no cantan. No están facultadas para ello porque carecen de laringe fonadora. No pueden emitir más locuciones que los bufidos de intimidación y los silbidos de advertencia. Digamos que son mudas. Mudas y sordas. ¿Qué sentido tiene cantar si los congéneres no pueden oírlo?
Las aves se comunican entre sí mediante el canto y los gorjeos. Porque las aves se oyen y se escuchan. Las culebras ni se escuchan ni se oyen. Su canto sólo serviría para delatar su presencia a presas y predadores. Las salamanquesas sí emiten sonidos. A menudo ese croar que describen como cantos de culebra es el rechinar de esos "tira tiros" en sus épocas de celo. Otras veces son anfibios, sobre todo sapos, los autores del concierto. Y en las noches de verano, son los chotacabras los tenores de los chasquidos que atribuyen a las culebras.
Nuevamente los mitos, las leyendas, las historias… ¿Quién no ha oído hablar en los pueblos de enormes culebras con pelo? Culebras muy largas y con grosores descomunales con el dorso cubierto de pelos… Pese a que por definición las culebras tienen la piel cubierta de escamas y no de pelos, no mienten quienes afirmaron que vieron culebras con pelos porque cuentan su verdad.
A menudo, meloncillos en el sur de España y musarañas en toda la península han sido los verdaderos protagonistas de estas leyendas. Ambos tienen la costumbre de desplazarse en familia avanzando en fila india, y mordiendo cada individuo la punta de la cola del que tienen delante. La silueta en la lejanía o entre dos luces de estas estampas, es precisamente una culebra con pelos. En ejemplares de avanzada edad y buen tamaño, en el momento de la muda (sobre todo en las bastardas) quedan a veces largas escamas a medio desprender entre el cuello y la cabeza que tienen igualmente aspecto de pelos. Sumemos que la fobia, la imaginación y la superstición son un cóctel muy antojadizo, imaginativo y caprichoso... Y ya tenemos las culebras con pelo.
Esta que paso a describir no sólo la cuentan personas mayores así, generalizando, sino que la he oído desde muy niño en el seno de mi propia familia. Se decía que si de una bestia de tiro que se agacha para beber cae al agua un pelo con raíz, en ese charco de agua el pelo se convierte por generación espontánea en una culebra.
