Sergio García Fernández, conocido como «El Niño», nació en Borriol, Castellón, el 9 de enero de 1980. Desde muy pequeño, ha estado en contacto con el mundo del golf, hasta tal punto que existen fotografías suyas a los tres años practicando con una madera entre las manos. Su trayectoria es un testimonio de talento, dedicación y pasión por el golf.
Este viernes, 29 de noviembre, el pabellón Vicente Trueba albergará el combate de despedida de Sergio García ‘El Niño’. «Sergio no solo ha llevado el nombre de Torrelavega a lo más alto en el mundo del boxeo, sino que también ha sido un ejemplo de esfuerzo, dedicación y superación para todos nosotros. Por su parte, el concejal de Deportes, Nacho González, ha subrayado la relevancia del evento y ha animado a los aficionados al boxeo y al deporte en general a acudir este viernes al Trueba para acompañar a ‘El Niño’ en este último combate. El cartel incluye cinco combates profesionales y varios amateurs. En el combate principal, Sergio García ‘El Niño’ se enfrentará al argentino Francisco Rafael Pucheta.
Inicios y Ascenso en el Golf
Sergio se hizo jugador profesional en abril de 1999, después de haber cubierto uno de los mejores expedientes de la historia como amateur, lo que le supuso ser considerado el mejor jugador amateur del mundo. Ya con sólo doce años se proclamó campeón de su club el «Club de Golf del Mediterraneo» y al año siguiente consiguió alcanzar el handicap 0. Su primera gran victoria la conseguiría al cumplir los quince años, al convertirse en el jugador más joven de la historia en proclamarse Campeón Amateur de Europa.
No es el único récord que ha batido antes de hacerse profesional: en el Circuito Nike de Estados Unidos ha conseguido el mejor resultado amateur, en dos ocasiones. Hasta ahora Sergio compaginaba el deporte con los estudios, tras hacerse profesional ha aparcado los libros para dedicarse en cuerpo y alma a lo que más le gusta: el golf.
En su, por ahora, corta vida dentro del circuito profesional no nos ha defraudado. Además de los títulos conseguidos de forma individual, participó activamente en la victoria conseguida por España en la Copa Alfred Dunhill y se ha convertido en el jugador más joven de la historia en participar en una Ryder Cup.
Datos Personales
- Nombre completo: Sergio García Fernández
- Nacimiento: 9 de enero de 1980 (45 años)
- Altura: 1.78 m (5′ 10″)
- Peso: 82 kg (180 lb)
- Nacionalidad: Española
Carrera Profesional
García ha tenido un impacto significativo en el golf mundial, alcanzando el puesto número 2 en el Ranking Mundial Oficial de Golf durante 18 semanas. A pesar de no haber llegado al primer lugar, ha permanecido entre los diez primeros durante un total de 353 semanas.
Victorias Destacadas
- PGA Tour: 11 victorias, incluyendo The Players Championship en 2008.
- European Tour: 16 victorias, incluyendo el WGC-HSBC Champions en 2009.
- Major: Campeón del Masters de Augusta en 2017, donde ganó en un desempate contra Justin Rose.
Datos de la carrera deportiva de Sergio García:
| Torneo | Número de Victorias | Año Destacado |
|---|---|---|
| PGA Tour | 11 | 2008 (The Players Championship) |
| European Tour | 16 | 2009 (WGC-HSBC Champions) |
| Major | 1 | 2017 (Masters de Augusta) |
Participación en la Ryder Cup
García ha sido un jugador clave en la Ryder Cup, participando en nueve ediciones y acumulando un récord impresionante de 22 victorias, 7 empates y 12 derrotas. Su desempeño más notable se produjo en la edición de 2018, donde se convirtió en el jugador con más puntos ganados en la historia del torneo.
Los mejores momentos de Sergio García en la Liga BBVA
Estilo de Juego
A lo largo de su carrera, García ha sido reconocido por su habilidad excepcional, desde el tee hasta el green, aunque ha enfrentado críticas por su rendimiento con el putter. Esta dualidad ha contribuido a su éxito y a la vez a sus frustraciones en torneos importantes.
Elimine cualquier pensamiento que no sea seleccionar un objetivo, no necesariamente la bandera, y apunte directamente hacia él. Esto lo aprendió Sergio García antes que a sumar. La niñez todo lo destruye y el genio es una eterna pubertad y Sergio García supo pronto que había nacido para matar a un tigre, para que el globo de la tierra fue una bola a merced de swing*, en un juego que inventaron los honderos del rey y los pastores de Escocia. El juego de la meditación, el juego de la humildad y de la cortesía, el que tendrían que aprender los monjes para matar el orgullo del diablo, lo traía en el alma Sergio. No vino al mundo con un pan: traía un wedge*.
El golf, los idiomas, los oficios, hay que aprenderlos a la edad de gatear, cuando aún un niño no ha superado la edad de los porqués. Así aprendió el golf Sergio García. Cuando la primera lección le sonaba a los chicos como ir al colegio, para él resultaba apasionante. Enseguida vio su padre, un profesional, que su hijo estaba tocado por los hados.
"Yo he intentado enseñar al conjunto de mis alumnos que el golf y la vida son muy similares. En ninguno de los dos hay garantía alguna de obtener resultados justos. Es preciso aceptar las desilusiones y los triunfos por igual. Para algunos tal vez no parezca justo que Ben Crenshaw pueda llegar a un campo de golf y, de la forma más sencilla, jugar sensacionalmente al golf a los doce años, mientras otros pueden pasarse toda la vida practicando sin llegar a ser tan buenos". Lo dice Harvey Penick, maestro de campeones, coautor del El pequeño libro rojo del golf.
El genio adolescente de Castellón, en sólo dos meses, es conocido en todo el universo. Su swing no es perfecto, pero un buen swing no es el que queda bonito cuando lo vemos en vídeo, a cámara lenta, el buen swing es el que da resultados. "Aquel", dice un joven maestro, "con el que mandas la bola donde quieres. La característica peculiar de Sergio se produce en el momento de la bajada del palo, en la que sus manos entran dentro de la línea normal del swing, produciendo un efecto visual de latigazo". Eso no hay profesor que lo enseñe.
Los maestros insisten en que hace buen swing quien sujeta el palo como si tuviera un pájaro vivo en las manos, con la presión justa para que el pájaro no pueda echar a volar, pero no tan fuerte como para que no pudiera respirar. "Coja usted el palo de esta forma y no le saldrán callos". Sergio coge el palo con firmeza, tiene los hombros relajados y unos ojos como los cañones de un arma. Su sosiego aparente le ayuda a dar el latigazo mayor. El golf es un juego interior. La paciencia es fundamental en su ejecución. Sergio posee un gran juego corto.
Al hablar con él te das cuenta enseguida de que es un chico vivo; una de esas personas que saben cuándo llega el tren y lo cogen en marcha. Nadie sabe dónde tiene el límite. Puede llegar a ser uno de los personajes más deseados de principio de siglo. Tuvo comienzos esplendorosos. Con 16 años ganaba el campeonato de Europa Amateur, con 17 arrollaba en todo terreno amateur en el que participaba y con 18 se proclamaba vencedor del Open Británico Amateur.
"Conocí a Sergio en el año 1989. Entonces sí que era un niño. Mi padre y yo estábamos en la tienda del Club de Golf El Escorpión (Valencia) en busca de un nuevo putter*. Allí, entre bolas, palos, zapatos y bolsas, enredaba un chavalín que no levantaría un metro veinte del suelo. Era flaco, de pelo rizado y con muchas, muchas pecas. Mientras nosotros mirábamos los distintos palos, este mocoso tenía los ojos clavados en las nuevas maderas metálicas que por aquel entonces empezaban a usarse. Al mirarlas, este niño tenía un brillo en sus ojos como el que tiene cualquier otro niño al mirar ese juguete nuevo. Mi padre (Juan Diego Vizcaya) se dio cuenta y sin pensarlo, le dijo: `¿La quieres?'. Aquel canijo, atónito, no podía responder. No entendía, o no se creía que alguna de aquellas relucientes maderas podía ser suya. Acto seguido y sin mediar palabra, agarró la madera y salió corriendo por la puerta de la tienda".
El que me cuenta esta historia es otro de los grandes jóvenes del golf español, Juan Andrés Vizcaya, que fue Campeón de Europa por equipos en el año 1989 y Campeón de España con 17 años. "Sergio maravilla por su recuperación. Y tiene una imaginación poderosa. Uno de los prodigios de nuestro tiempo es que en seis meses, gracias a la televisión y a los contratos faraónicos, un joven puede hacerse famoso y millonario a los 19 años. Sergio García ya es famoso en el mundo entero y está a punto de convertirse en multimillonario.
Estamos ante un luchador que tiene una gran actitud para la paciencia y el sufrimiento. El jugador más joven de la historia de la Ryder Cup se hizo profesional a mediados de abril de este año. "Cuando decidí dar el salto me marqué cuatro objetivos", dijo Sergio. "Primero, conseguir tarjeta europea. Segundo, la americana. Tercero, que Mark James se fijara en mí. Y, por último, ganar un torneo europeo". Lo consiguió: el Open de Irlanda, y quedó segundo en la PGA. Fracasó en el infierno de Carnoustie, cuando el Open Británico. En ese campo, pegado al Mar del Norte firmó seis dobles bogeys*, cuatro bogeys*, cinco pares* y un sólo birdie*, su peor resultado desde hacía años. El fracaso le incendió. El fracaso banderillea al que tiene sangre de campeón.
"Sergio", me dice Juan Andrés Vizcaya, "ha pasado por ciertos puntos críticos, en los cuales ha sido capaz de saber utilizar su potencial y dar lo mejor de sí. Claro está que esto no le viene por inspiración divina. Las horas de trabajo en el campo de prácticas, en el gimnasio y en el campo de golf desde que tenía fuerza para levantar el palo no se las quita nadie". "Intento que no se me suba a la cabeza el éxito. Mi madre me ayuda.
"La genialidad, la imaginación, el control de sí mismo", me dice otro de los grandes jugadores que le ha tratado, "están en su cabeza, pero para poder ponerlos en juego hace falta tener capacidad física primero. Y se requiere después mucho sufrimiento". Antonio Soriano Juzgado, caddie-master*del Club de Campo de Madrid que, a sus 65 años, ha visto todo en el golf y que cada mañana dirige a los caddies y organiza los partidos como si fuera un general mientras juegan las ardillas con las piñas y los loros inician su concierto tropical, me dice: "A Sergio le conocí de niño. Su padre, Víctor García, había sido durante muchos años un gran profesional en este campo. Se hizo aquí como los Piñero y otros grandes jugadores. Después, Víctor se fue al Club de Campo de Castellón. De vez en cuando me enviaba al niño y decía: `Ahí te envío a Sergio'. Era un chaval despierto, muy natural, lo tomaba todo como un juego. Su padre lo formó para ser un verdadero campeón. Vimos desde el principio que tenía madera. Arrasaba. Hoy, su mano es un pat, su cabeza un green*. Su swing, irregular, su drive, demoledor. Sujeta los palos como si fueran violines. Sale del bunker* como una golondrina. Como los grandes campeones se ha crecido después del fracaso que tuvo en el Open Británico.
"No sabía cómo mover mis brazos, qué hacer con el palo", decía a Carlos E. Carbajosa, enviado especial de El Mundo. Con sus 19 años, sólo tiene un rival: Tiger Woods. Arrolló en la PGA (quedó segundo) y le tocó las rayas al tigre. Tiene mucho genio y mucho coraje. Cuando da un golpe de codorniz, llora. Le gusta jugar a las maquinitas y ver la televisión.
