La dinámica familiar puede ser compleja, especialmente cuando se incorporan nuevas parejas. Es crucial estar atento a las señales que indican si la relación entre tu pareja y tu hijo es saludable. Este artículo te ayudará a identificar posibles problemas y te ofrecerá consejos para abordarlos.
¿Está tu pareja intentando controlarte?
Si tienes alguna duda, por pequeña que sea, de que algo falla en vuestra relación, y no te sientes emocional o físicamente segura, lo más probable es que tengas razón. Si tu pareja te maltrata, pero sin levantarte la mano, el maltrato puede ser difícil de detectar y puedes estar en un mar de dudas. El maltrato a veces se disfraza de diversas cosas.
El control coercitivo es una forma de maltrato psicológico en el que el maltratador sigue conductas tendentes a la manipulación y al control dentro de una relación, y ejerce cierta forma de poder sobre la víctima, a veces mediante la humillación o la intimidación. Dicho de otro modo, el control coercitivo es el control del comportamiento; ya sea mediante un acto único o mediante una pauta de actuación del maltratador, priva a la víctima de su libertad y de su capacidad de juzgarse positivamente.
Si estás constantemente preguntándote si tus miedos son reales o es solo tu imaginación, que no te preocupe pedir ayuda. Hemos resaltado 14 signos de que tu pareja puede estar usando técnicas de maltrato para intentar controlarte. Si alguno de ellos te resulta familiar, podría haber llegado el momento de evaluar la relación con tu pareja y pensar en terminarla.
¿Quién ELIGE tu PAREJA? ¿Tú o tu herida de infancia? ❤️ - Stephanie Essenfeld y Marco Antonio Regil
Aislamiento y Control
El primer paso para ganar en control es “divide y vencerás”, de modo que el maltratador trata normalmente de aislarte de cualquiera que suponga ayuda para ti: familia, amigos o cualquier otro que pueda servirte de ayuda y así lograr el poder absoluto sobre ti. El maltratador suele empezar dificultando la relación entre ti y tu familia y amigos. Hacen comentarios cáusticos sobre ellos y ponen problemas cada vez que surge verse con ellos.
La razón es que el maltratador te quiere sola, quiere que su víctima esté sola. Es como un león cazando: cuando ya ha logrado separar a su presa del resto de la manada para él es mucho más fácil, puesto que la víctima está sola, es vulnerable y está asustada. El maltratador quiere confundir a su víctima haciéndola creer que todos están contra vosotros, con lo que la víctima decide distanciarse de la “perversa” relación con tu familia o con tus amigos.
Al maltratador le gusta estar al mando en todo momento y el control de lo que hace su víctima es una forma de lograrlo. Querrá saber dónde vas, con quién vas, cuánto tiempo vas a estar fuera y con quién hablas por teléfono. La razón es tratar de aislarte y asegurarse de que no tienes a nadie más que a él. Cuando el maltratador empieza a controlarte coartando tu libertad, en realidad trata de quebrar tu identidad.
Las relaciones tóxicas pueden manifestarse en el rechazo hacia los hijos.
Manipulación y Pérdida de Identidad
¿Has comenzado a dudar de ti misma? El maltratador tratará de que su víctima piense que todo es culpa suya -como que está medio loca, por ejemplo. Esa crítica constante provoca que la víctima se venga abajo, pierda la seguridad en sí misma y esté pendiente del maltratador tratando de obtener su satisfacción, la validación de la conducta de la víctima.
Un paso obvio es hacerte cerrar tu cuenta corriente y que pases tus ingresos a una cuenta común. Y, como no te sientes segura de ti misma, agradecerás que él tome el mando, con lo que habrá logrado controlar tu dinero. ¿La razón? Puedes acabar por tener miedo de que pongas el rollo de papel en su colgador en el sentido incorrecto, o que pongas la leche del café demasiado poco caliente en la jarrita. Miedo de su reacción, claro.
Los maltratadores lo quieren todo a su manera, y de ninguna otra forma. Hasta puede parecer que se preocupa por tu bienestar cuando muestra interés por tus preferencias en materia de moda o por saber dónde estás en cada momento. La víctima de un maltratador puede acabar siendo un robot, que come, se viste y duerme, como y cuando él manda. La víctima pierde su identidad y la capacidad de tomar decisiones.
Celos y Control Sexual
Los celos es un sentimiento que acompaña con frecuencia al amor y los celos del maltratador podrían tomarse como una muestra de eso, de amor. Es más, puede estar acusándote a ti de algo que, en realidad, es él quien lo hace. Si evita que pidas cualquier tipo de ayuda (puede hasta incluir ayuda médica) es un aviso rojo fundamental.
¿Te exige tener relaciones o durante ellas te exige que hagas cosas que no te gustan? El maltratador quiere controlar todos los aspectos de tu vida, y también el sexual. Será él quien diga cuándo, dónde y cómo. No pensará si estás consintiendo o no. ¿En algún momento tienes o has tenido miedo de que te haga daño a ti o a alguien de tu familia? La idea es intimidarte y que le tengas miedo, de modo que hagas todo lo necesario para sentirte segura; todo lo necesario… es hacer lo que él quiera, claro.
Si crees que algo no está bien, lo probable es que NO esté bien. Pero salir de una relación de maltrato puede ser difícil y lleva tiempo, requiere planificación y exige resiliencia. Si no te sientes con fuerzas para dejarle es que ha logrado controlarte.
Reacciones Comunes en Niños Ante una Nueva Pareja
Que el niño se sienta celoso con la aparición de una nueva pareja es normal y, en principio, que se reaccione ante esta nueva situación no es preocupante. Los celos son «el sentimiento receloso de quien teme que otro puede ser preferido». La forma en que se puede manifestar es muy diversa, pero generalmente aparecen rabietas, agresividad, volver a hacerse pis o caca cuando esta etapa ya se había superado, volver a usar un lenguaje infantil,…
También podemos encontrar que los niños busquen diferentes maneras de llamar la atención, o también que se muestren más tímidos, cerrados, inhibidos. Es habitual que los niños tengan miedo de dejar de ser queridos como antes. Miedo a que el padre o madre le presten menos atención, o incluso pueden llegar a tener miedo a ser abandonados.
Cómo Abordar los Celos Infantiles
Para empezar es muy importante no culpabilizar: Ayudar a quien lo padece a reconocer que lo que está sintiendo no es malo. También puede ayudar no considerar sus manifestaciones como algo a cambiar, sino entender que es un proceso normal y que ya pasará.
Por ejemplo, si un niño empieza a hacerse pis o a estar más nervioso, será mejor ayudarle a reconocer el sentimiento de celos y decirle «es normal que te dé rabia, estés enfadado. Pero aunque ahora el padre o la madre ame a otra persona, nunca te dejará de amar». No debemos pretender que estas manifestaciones de celos desaparezcan inmediatamente. Es importante respetar el tiempo del niño y la manera en que lo está expresando.
Será desde esta comprensión y desde el respeto que podrá ir haciendo su proceso y será a medida que vaya comprobando que el padre o la madre siguen queriéndolo tanto como antes, que la desazón irá disminuyendo. Esto no quiere decir que en determinados casos los adultos nos podamos sentir más tranquilos consultando a un profesional, ya que nos puede ayudar a buscar la manera de afrontar esta situación de la forma más adecuada, guiando ya sea a los padres como a los niños en este proceso.
Es importante que este paso se dé cuando el padre/madre también esté seguro. Hay que buscar un momento de tranquilidad, sin interferencias y poner mucho énfasis en que el amor y la dedicación hacia él/ella no disminuirá. En ningún caso se debe culpabilizar ni castigar.
El apoyo familiar es crucial para superar los celos infantiles.
Estrategias Prácticas para la Convivencia
Mi hijo se hace pipi, o caca, o tiene muchas rabietas desde que tengo pareja. Aunque consultar nunca está de más, se puede esperar un tiempo hasta que la nueva situación se haya estabilizado. Los niños y niñas tienen que dormir en su cama. Poner orden en casa es poner orden en su cabeza. Que cada uno duerma donde le toca, ayuda a clarificar las relaciones y les ayuda con los límites.
Cada vez que estoy con mi pareja mi hijo/a hace todo lo posible para separarnos y llamar la atención. Para empezar, no ceder, no complacerle en su demanda. Ser explicativo y comprensivo, no enfadarse ni castigarlo. No debemos forzar estos momentos. Debemos respetar su ritmo, sobre todo si se observan dificultades.
Es importante reservar espacios para estar con el hijo sin la pareja y, poco a poco, ir introduciendo. Que sea progresiva. Que no lo sienta como una invasión de su espacio ni de la relación con el/la padre/madre.
Una madre consulta al servicio preocupada por las reacciones que su hijo está teniendo desde que su pareja a ido a vivir con ellos; se vuelve a despertar por las noches, quiere meterse en su cama, mantiene una actitud agresiva hacia ella y hacia la pareja. El terapeuta la tranquiliza diciendo que es una reacción normal, que seguramente durará un tiempo y poco a poco irá desapareciendo.
El Apego Excesivo y su Impacto
El apego excesivo al padre es una forma de vínculo en la que el niño depende emocionalmente de manera desproporcionada de su figura paterna. Aunque el apego es un componente esencial para el desarrollo emocional sano, cuando se convierte en exclusividad o dependencia, puede limitar la autonomía y afectar a otras relaciones importantes.
Un apego sano permite al niño explorar, confiar y volver a sus figuras de cuidado en busca de seguridad. Sí, en determinadas etapas del desarrollo es normal. Sin embargo, si esta preferencia se mantiene de forma exclusiva durante meses o años, puede convertirse en una forma de apego inseguro.
Este tipo de apego puede obstaculizar la socialización, provocar baja tolerancia a la frustración y dificultar la construcción de una identidad emocional autónoma. El apego excesivo suele tener un origen multifactorial. Papitis y mamitis son expresiones coloquiales que aluden a una fijación excesiva con el padre o la madre.
Alienación Parental
¿Alguna vez, en medio de una separación o conflicto con tu expareja, has hablado mal del otro progenitor delante de tu hijo? ¿Has sentido la tentación de pedirle que “elija”? No estás solo/a: muchos padres y madres actúan movidos por el dolor, el miedo o la rabia.
Sin embargo, cuando un adulto empuja a un menor a rechazar injustificadamente a su otro progenitor, el niño paga un precio alto en su bienestar emocional y en su salud mental. Es un conjunto de comportamientos que, gota a gota, van erosionando la relación del menor con su otro progenitor: descalificaciones, impedir o boicotear contactos, convertir al niño en confidente, interrogarle tras cada visita o premiar su rechazo. Estos actos no solo informan: modelan cómo mirar al otro y al propio mundo.
No debemos confundirlo con situaciones donde el rechazo del menor sí está justificado por maltrato, abuso o miedo real. Cuando hay riesgo, el foco debe ponerse en la seguridad y en el interés del niño por encima de todo. Además, asociaciones profesionales como APSAC advierten contra usar el histórico “síndrome” como etiqueta diagnóstica o como argumento que invisibilice denuncias de violencia.
La alienación se teje en lo cotidiano: una mueca, una ironía, un “ya te lo contará tu padre”, un “tú sabrás”. Para un niño, amar a dos personas en conflicto es como vivir con el corazón dividido. Los niños, niñas y adolescentes atrapados en lealtades imposibles suelen mostrar ansiedad, tristeza, culpa, rabia y confusión.
La buena noticia es que la reparación es posible. Cuando la familia adopta una mirada de “equipo de crianza” y se reduce la descalificación, los menores recuperan seguridad y disminuyen síntomas. Casi nunca nacen de la maldad: suelen brotar del duelo de la ruptura, del miedo a perder a los hijos o de heridas de pareja aún abiertas. Reconocerlo no te culpabiliza; te da poder para cambiar.
Ejemplo Práctico
Sofía tiene 9 años. Pasa semanas alternas con su padre. Hace unos meses él inició una relación con Marta. Marta cuida de Sofía con respeto: ayuda con los deberes, prepara su merienda favorita y, cuando hay normas distintas a las de casa de mamá, lo habla con calma. La convivencia funciona… hasta que el conflicto entre los adultos se reaviva.
Desde el dolor de la ruptura, la madre empieza a lanzar mensajes envenenados delante de la niña: “Ahora tu padre tiene otra familia”, “Ya verás cómo te deja de lado”, “A Marta le molesta que vengas”. Aquí el problema no es Marta (que trata bien a la niña), sino la narrativa que parte de la herida adulta y coloca a Sofía en un callejón sin salida: si disfruta con su padre y con Marta, traiciona a su madre; si se queda con su madre, pierde a su padre.
La comunicación respetuosa es clave en la crianza compartida.
Estrategias para Evitar la Alienación Parental
- Explica a su hija, con claridad y sin defensas: “Marta no sustituye a nadie. Tener pareja no cambia cuánto te quiero."
- Si la descalificación persiste, propone mediación o terapia familiar para bajar la tensión. Este tipo de intervención devuelve a la niña un mensaje esencial: no tiene que elegir.
- Si te reconoces en alguna, es buen momento para pedir ayuda psicológica.
- Delante de tus hijos, habla del otro progenitor con respeto.
- Facilita el contacto con el otro cuando es seguro.
- Evita convertir al menor en mensajero o confidente.
- “No tienes que elegir."
- Pacta horarios y transiciones previsibles.
La alienación no se resuelve con etiquetas, sino con responsabilidad adulta y una mirada centrada en los menores. Separarse duele; usar a los hijos como escudo o arma les hiere.
Impacto de la Llegada de los Hijos en la Pareja
La llegada de los hijos transforma por completo la vida de una pareja. De pronto, lo que antes giraba en torno al “nosotros” se llena de horarios, pañales, llantos, responsabilidades y una nueva identidad: ser madre y padre. En medio del cansancio, las noches sin dormir y las nuevas prioridades, es fácil perder algo esencial: la conexión emocional entre ambos.
La maternidad y la paternidad traen consigo un cambio profundo de roles y prioridades. Durante los primeros años, los hijos acaparan casi toda la atención, el tiempo y la energía. Esto es natural y necesario, pero si ese equilibrio no se recupera con el tiempo, la pareja puede empezar a resentirse.
A menudo escuchamos frases como: “Ya no tenemos tiempo para hablar”, “Solo discutimos por temas de los niños”, “Siento que somos compañeros de logística, no pareja”. Cuando esto sucede, la relación pasa a un segundo plano. No por falta de amor, sino porque la energía emocional está completamente volcada en la crianza.
Sin embargo, si no se cuida la conexión, la pareja corre el riesgo de vivir en paralelo, compartiendo casa, hijos y rutinas, pero no intimidad ni complicidad. Como un día escuché de un profesor, “no hay nada peor para la pareja que un lavavajillas sin recoger”. Criar juntos puede unir o separar. Depende, en gran medida, de cómo se gestione la comunicación y de cómo se afronten las diferencias. La exigencia de la tarea, evidentemente, genera momentos de desconexión y tensión. El objetivo no es hacer que esto no ocurra, sino que ocurra menos veces y seáis capaces de reconectar.
Desafíos Comunes en la Crianza
- Diferencias en los estilos de crianza: Uno puede ser más flexible y el otro más normativo, por ejemplo. Si no se identifica aquello que nos remueve, se dialogan, y se trabajan a nivel individual y de pareja, esas diferencias pueden convertirse en reproches o luchas de poder.
- Falta de tiempo compartido: Entre trabajo, tareas domésticas y cuidados, el tiempo a solas se vuelve casi inexistente. Y cuando llega, muchas veces solo apetece descansar, no conversar ni compartir.
- Cansancio y falta de deseo: El agotamiento físico y mental también afecta la vida sexual y emocional.
- Comunicación centrada en lo práctico: La mayoría de las conversaciones giran en torno a “¿quién lleva al peque?”, “¿qué cenamos?”, “¿has comprado pañales?”. Y se pierde la conversación sobre cómo se siente cada uno, qué necesita o qué le preocupa.
- Reparto desigual de tareas: Cuando uno de los dos asume más carga que el otro, aparece el resentimiento. Y ese malestar, si no se expresa, puede enfriar la relación.
- Tener la sensación de que tu pareja ha cambiado: Cuando nace un hijo, no solo nace un niño o una niña, sino un padre y una madre. Podemos tener una idea preconcebida sobre las expectativas acerca de cómo va a ser nuestra pareja ejerciendo de padre o madre y que, llegado el momento tengamos la sensación de que nos decepciona o no le reconocemos.
Todos estos retos son normales. Pero si se prolongan sin abordarlos, la pareja puede entrar en una dinámica de distancia emocional difícil de revertir. Esta sensación es totalmente normal. El distanciamiento no llega de golpe. Se infiltra poco a poco, en gestos cotidianos.
Señales de Alerta en la Pareja
- Ya no hay espacios de conversación profunda.
- El contacto físico (abrazos, besos, miradas) ha disminuido.
- Se evitan los temas delicados por miedo a discutir.
- Hay más críticas que muestras de cariño.
- Se siente más conexión con los hijos que con la pareja.
- Las diferencias generan distancia, no diálogo.
- Las familias de origen están en el centro de la dinámica.
Detectarlo a tiempo es clave para evitar que la desconexión se normalice. A veces, el simple cambio de mirada puede transformar una relación. En lugar de ver al otro como “mi oponente” en las decisiones sobre los hijos, podemos recordar que somos un equipo con un objetivo común: cuidar, educar y acompañar desde el amor.
Criar juntos no significa estar siempre de acuerdo, sino respetar las diferencias y aprender a comunicarlas sin herir. Educar no es fácil, sino todo lo contrario. Me gusta o me sirve pensar que, por lo general, ambos estáis intentando hacerlo lo mejor que podéis y sabéis. Entrenar en el reproche no ayudara sino a distanciaros y a sentiros más incomprendidos.
La terapia de pareja puede ayudar a fortalecer el vínculo familiar.
Pautas para Fortalecer el Vínculo en la Pareja
- Comunicación emocional, no solo práctica: Reservad momentos (aunque sean breves) para hablar de cómo os sentís. No todo tiene que girar en torno a los niños. Preguntarse “¿cómo estás?” con genuino interés puede marcar una diferencia enorme.
- Cuidar los pequeños gestos: A veces no se necesita una gran cita romántica, sino un mensaje cariñoso, una mirada cómplice o un abrazo al final del día. Los pequeños gestos son el pegamento invisible que mantiene unida la relación.
- Priorizar el tiempo a solas: Aunque parezca imposible, buscad un rato semanal para vosotros. Una comida, un paseo, una serie juntos. Lo importante es reconectar sin interrupciones. Si tenéis apoyo familiar, aprovechadlo sin culpa.
- Aceptar que la pareja también cambia: La relación no volverá a ser exactamente igual que antes de tener hijos, pero puede transformarse en algo más profundo.
Hay etapas en las que los conflictos aumentan y parece que la comunicación se ha roto. Si las discusiones son constantes, si todo se convierte en motivo de reproche o si la distancia emocional crece, puede ser momento de buscar apoyo profesional.
Búsqueda de Ayuda Profesional
La terapia puede ayudar al niño a desarrollar confianza, regular sus emociones y construir vínculos más seguros. Si estás viviendo una situación similar, no dudes en contactarnos.
Para salir de una relación tóxica, existen grupos de ayuda que puedes encontrar en internet. Toma notas desde el primer momento que notas que algo no va bien. Pide a alguien cercano que te ayude, o bien llama al 016. Es crucial, pues debe hacerse con todo cuidado.
Reúne toda la documentación importante: pasaporte, datos bancarios, certificados de nacimiento… y escóndela, o dásela a quien te ayude para que la tenga a buen recaudo. No es necesario hacer hincapié en que, lamentablemente, el maltratador no suele dejar a su víctima “irse de rositas”. Puede volverse realmente violento, y será llegado el momento de llamar a la policía. El maltrato es un delito y está perseguido por la ley.
En la terapia de pareja trabajamos con las parejas para restaurar la comunicación, entender qué hay detrás de los conflictos y reconstruir el vínculo desde la empatía. No se trata de buscar culpables, sino de entender qué está ocurriendo entre ambos y cómo volver a conectar.
Muchos padres y madres que llegan a terapia nos dicen: “Venimos por nuestros hijos, pero nos hemos dado cuenta de que necesitábamos cuidarnos nosotros primero”. Y es que el bienestar de los hijos depende, en gran parte, del bienestar de sus padres.
La llegada de los hijos marca un antes y un después, y es normal que la relación necesite reajustarse. Lo importante es no dar por perdida la conexión, sino entender que es una etapa de adaptación. A veces, la distancia emocional no significa falta de amor, sino falta de espacio para ese amor. Mantener viva la conexión emocional, cuidar vuestra relación, no es solo una cuestión de pareja, sino también un acto de amor hacia los hijos.
Como psicóloga he repetido esta frase en bastantes ocasiones en procesos terapéuticos de distintos tipos. Quiero que tengas la libertad de dirigir tu vida, que recuperes tu tranquilidad interior para que vivas sin miedo al futuro y con energía para superar los problemas.
