La hepatitis B crónica es una infección hepática de larga duración causada por el virus de la hepatitis B que persiste más de seis meses y puede provocar problemas de salud graves si no se controla. El impacto global de esta infección es profundo y representa un desafío importante para la salud mundial.
La hepatitis B crónica se desarrolla cuando el organismo no puede eliminar el virus de la hepatitis B en los seis meses posteriores a la infección inicial. Cuando una persona se infecta por primera vez con el virus de la hepatitis B, esta fase inicial se denomina hepatitis B aguda, que es una enfermedad de corta duración que dura menos de seis meses. En algunas personas, el sistema inmunitario consigue combatir el virus durante esta fase aguda y se recuperan completamente.
El virus de la hepatitis B se propaga a través del contacto con fluidos corporales infectados. En regiones donde la hepatitis B es muy común, el virus se propaga con mayor frecuencia de madre a hijo durante el parto y el alumbramiento. Esto se denomina transmisión perinatal. El virus también puede propagarse a través de lo que se denomina transmisión horizontal, especialmente entre niños pequeños durante los primeros cinco años de vida.
Mapa mundial de la prevalencia de la Hepatitis B. Fuente: Wikipedia
Factores de Riesgo y Prevención
Cuanto más joven es una persona cuando contrae la hepatitis B aguda, mayor es el riesgo de desarrollar infección crónica. Aproximadamente el 90% de los lactantes que contraen el virus desarrollan hepatitis B crónica, mientras que entre el 25 y el 50% de los niños de 1 a 5 años que se infectan desarrollan la forma crónica. Ciertos grupos de personas enfrentan una mayor probabilidad de desarrollar hepatitis B crónica o estar expuestos al virus.
Las personas que nacieron en regiones donde la hepatitis B es común tienen un riesgo significativamente mayor. Las personas que se inyectan drogas y comparten agujas o jeringas tienen un alto riesgo de contraer hepatitis B. Los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres representan otro grupo de mayor riesgo para la infección por hepatitis B. Las personas con múltiples parejas sexuales o antecedentes de infecciones de transmisión sexual también tienen un mayor riesgo de exposición.
La prevención de la hepatitis B se centra principalmente en la vacunación, que representa la forma más eficaz de evitar la infección. Las recomendaciones actuales de vacunación son exhaustivas. Todos los lactantes deben recibir la vacuna contra la hepatitis B poco después del nacimiento, con dosis de refuerzo adicionales administradas unas semanas más tarde. Cualquier bebé o niño de 18 años o menos que no haya recibido la vacuna al nacer debe recibirla lo antes posible.
Más allá de la vacunación, varias medidas conductuales pueden ayudar a prevenir la transmisión de la hepatitis B. Las personas deben evitar compartir agujas, jeringas o cualquier equipo de inyección de drogas. El uso de protección de barrera como preservativos durante la actividad sexual puede reducir significativamente el riesgo de transmisión. Para los trabajadores de la salud y otros en riesgo de exposición ocupacional, seguir los procedimientos adecuados de control de infecciones es esencial. Esto incluye el uso de equipo de protección personal, la eliminación adecuada de objetos punzantes y la recepción del tratamiento posterior a la exposición apropiado si ocurre una exposición.
Impacto en el Hígado y Otros Órganos
La hepatitis B crónica causa inflamación continua en el hígado, que es el órgano interno más grande del cuerpo y realiza cientos de funciones vitales. El hígado filtra toxinas de la sangre, produce proteínas necesarias para la coagulación sanguínea, almacena energía, fabrica bilis para la digestión y procesa medicamentos.
Con el tiempo, los ciclos repetidos de inflamación y curación pueden conducir a la fibrosis, que es la formación de tejido cicatricial en el hígado. A medida que la fibrosis avanza, puede convertirse en cirrosis, donde la cicatrización extensa interfiere con la estructura y función del hígado. Sin tratamiento, entre el 8 y el 20% de las personas con hepatitis B crónica desarrollan cirrosis durante un período de cinco años. Una vez que se desarrolla la cirrosis, existe un riesgo significativo de que el hígado no pueda realizar sus funciones esenciales, una condición conocida como enfermedad hepática descompensada.
¿ Qué origina la hepatitis B? | Noticias de Campeche
La hepatitis B crónica también aumenta sustancialmente el riesgo de desarrollar cáncer de hígado, específicamente carcinoma hepatocelular. El virus también puede afectar a otros órganos más allá del hígado. Las personas con hepatitis B crónica pueden desarrollar enfermedad renal, enfermedad ósea, diabetes y enfermedades cardíacas. Además, algunas personas con hepatitis B crónica también pueden infectarse con el virus de la hepatitis D, que solo puede infectar a personas que ya tienen hepatitis B.
Tratamiento y Monitoreo
El objetivo principal de tratar la hepatitis B crónica es proteger el hígado del daño continuo y reducir el riesgo de desarrollar complicaciones graves. Cuando alguien es diagnosticado con esta infección, el primer objetivo es prevenir que la enfermedad progrese a cirrosis, que significa cicatrización grave del hígado, o carcinoma hepatocelular, un tipo de cáncer de hígado.
No todas las personas que tienen hepatitis B crónica necesitan comenzar a tomar medicamentos de inmediato. La decisión de iniciar el tratamiento depende de varios factores, incluyendo cuán activo está el virus en el organismo, la salud del hígado, la edad de la persona y si tienen otras condiciones médicas. Algunas personas pueden ser vigiladas regularmente sin tomar medicamentos, mientras que otras requieren terapia antiviral para controlar el virus y frenar el daño hepático.
Los tratamientos estándar se centran en reducir la cantidad de virus en la sangre y disminuir la inflamación en el hígado. Los tratamientos que los médicos prescriben con mayor frecuencia para la hepatitis B crónica se dividen en dos categorías principales: comprimidos antivirales tomados diariamente y medicamentos inyectables llamados interferones.
La mayoría de las personas con hepatitis B crónica que necesitan tratamiento tomarán pastillas diarias conocidas como análogos de nucleós(t)idos. Estos medicamentos funcionan impidiendo que el virus de la hepatitis B haga copias de sí mismo dentro de las células hepáticas. Al reducir la cantidad de virus en la sangre, conocida como carga viral, estos medicamentos ayudan a disminuir la inflamación hepática y previenen una mayor cicatrización. Los medicamentos antivirales comunes aprobados para la hepatitis B crónica incluyen entecavir y tenofovir.
Otra opción de tratamiento es el interferón alfa pegilado, que se administra como una inyección subcutánea, generalmente una vez por semana. A diferencia de los antivirales orales que bloquean directamente el virus, los interferones funcionan estimulando el sistema inmunitario del organismo para combatir la infección de manera más eficaz.
Hepatitis C y Lactancia Materna
La hepatitis C es una enfermedad muy frecuente y supone la primera causa de enfermedad crónica del hígado en el mundo occidental y en España. Se estima que en el mundo existen entre 170 y 240 millones de portadores del virus de la hepatitis C y en España la prevalencia de la infección por el virus es del 1 al 2,7% de la población.
Según explica la 'Guía de información para las personas portadoras de la Hepatitis C' publicada por la Asociación Catalana de Pacientes de Hepatitis, la Hepatitis C es una inflamación del hígado producida por la infección del virus de la hepatitis C. Cuando esta infección perdura más de 6 meses y se confirma la presencia en sangre del ARN-VHC (material genético del virus), se habla de hepatitis crónica C.
El virus de la hepatitis C se transmite a través del contacto con la sangre de una persona infectada. La persona no infectada debe tener una herida abierta para que la infección se transmita. Existen dos vías conocidas a través de las que se ha podido infectar con el virus de la hepatitis C parenteral y no parenteral. La vía parenteral incluye transfusiones, cirugía, uso compartido de jeringuillas e instrumentos para inhalación de cocaína u otras drogas. Por la realización inadecuada de tatuajes, acupuntura, "piercings" y por la utilización de material no esterilizado o reutilización del de un solo uso. La vía no parenteral incluye la transmisión intrafamiliar, sexual y perinatal.
Infografía sobre la transmisión de la Hepatitis C. Fuente: CDC
Lactancia Materna y Hepatitis C
No hay evidencia de la transmisión del virus de la hepatitis C madre-hijo a través de la lactancia materna. De acuerdo con las directrices de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades y la Academia de Pediatría, la infección materna por el VHC no es una contraindicación para la lactancia materna.
La madre infectada por el VHC debe abstenerse de amamantar a su bebé si está bajo tratamiento de Interferón, Ribavirina e inhibidores de proteasa ya que existe contraindicación.
En resumen, la lactancia materna es generalmente segura para madres con hepatitis C que no están en tratamiento con antivirales específicos. Sin embargo, es crucial consultar con un médico para evaluar cada caso individualmente y tomar las precauciones necesarias.
Precauciones Generales para Madres con Hepatitis
- Vacunar al bebé contra la hepatitis B según las recomendaciones médicas.
- Evitar compartir objetos personales que puedan entrar en contacto con sangre.
- Informar a los profesionales de la salud sobre el estado de salud de la madre.
- Seguir las indicaciones médicas sobre el tratamiento y el monitoreo de la enfermedad.
¿Puedo amamantar a mi bebé si tengo una enfermedad?
Es importante saber que la lactancia materna esta formalmente contraindicada únicamente en tres situaciones debidas a enfermedad: dos enfermedades maternas, el VIH y el virus Leucemia/linfoma de células T (sumamente infrecuente), y una del recién nacido, la galactosemia.
Si la madre padece alguna enfermedad crónica, lo más probable es que pueda dar lactancia materna a su bebé, ya que puede hacerse con la mayoría de ellas. Su médico deberá valorar si precisa alguna medicación durante este periodo, y si así fuese, también valorar el medicamento a pautar, para intentar que sea compatible con la lactancia materna. Diremos más, el hecho de dar lactancia materna al bebé de manera prolongada disminuirá su riesgo de sufrir enfermedades crónicas en un futuro.
En determinados casos, la lactancia materna no será posible, por precisar medicamentos citotóxicos o que presenten riesgo para la salud del recién nacido, como en el caso de padecer un cáncer que precise tratamiento quimioterápico, o una enfermedad grave que precise un medicamento no compatible con la lactancia, o que la propia situación materna no lo permita.
Hay algunas situaciones concretas en las que la lactancia materna debe individualizarse, y tener en cuenta ciertas consideraciones, como el caso de las hepatitis A y B, en la que con la profilaxis adecuada para evitar la transmisión de la infección podrá lactar sin miedo al contagio, o ciertos errores del metabolismo del recién nacido en los que deben recibir una leche especial, aunque en ocasiones pueden dar lactancia mixta.
Ante una enfermedad vírica, como la gripe, o el coronavirus, la madre debe continuar amamantando al bebé, a no ser que su propia situación física no se lo permita. Eso sí, con algunas precauciones especiales, como hacerlo en un lugar ventilado, utilizar una mascarilla, adecuada higiene de manos y no acercarse demasiado al bebé para minimizar la posibilidad de contagio del niño.
Tampoco hay ningún problema para seguir amamantando al bebé con normalidad si se tiene fiebre. Si padeces mastitis, también debes continuar dando lactancia materna, ya que no hay peligro por el germen que la produce, ni por el antibiótico que te hayan pautado (ya que tu médico antes de pautarlo lo ha tenido en cuenta). Y además, tu bebé es el que más eficazmente va a extraer la leche del pecho, lo que es sumamente importante para tu curación.
La mayoría de los medicamentos utilizados habitualmente para el dolor y la fiebre, como paracetamol o ibuprofeno, son compatibles con la lactancia materna. Por lo tanto, si comienzas con fiebre o con síntomas habituales de enfermedad (fiebre, tos, congestión nasal, diarrea, dolor de cabeza...), lo recomendable es que continúes amamantando a tu bebé con normalidad y te pongas en contacto con tu médico lo antes posible para que pueda valorarte.
