Tipos de Implantación de la Placenta y sus Implicaciones en el Embarazo

La placenta es un órgano vital que se desarrolla durante el embarazo, proporcionando nutrientes y oxígeno al bebé en desarrollo. Además, secreta hormonas esenciales para el correcto desarrollo de la gestación. Su posición y correcto funcionamiento son cruciales, y los especialistas la observan y controlan en cada revisión prenatal.

Representación gráfica de la placenta previa.

En un embarazo normal, la placenta se desplaza en el útero a medida que éste crece. Sin embargo, existen diferentes tipos de implantación placentaria que pueden presentar complicaciones.

Clasificación de la Placenta según su Posición

Cuando se comienza a formar, la placenta se adhiere a la capa más interna del útero. Dependiendo de dónde se coloque, se puede clasificar en:

  • Placenta posterior: Se sitúa hacia la parte posterior del útero, pegada hacia la espalda de la madre.
  • Placenta anterior: Se ubica hacia la parte frontal del útero, más cerca del abdomen de la madre.
  • Placenta fúndica: Se localiza en la parte superior del útero.

Cualquiera de estas tres posiciones se considera normal y no implica riesgos específicos ni controles adicionales.

Tipos de placenta según su posición en el útero.

Placenta de Baja Implantación

La placenta de baja implantación se inserta cerca del orificio cervical (la salida del bebé). Esto puede causar complicaciones y no se puede prevenir. Se suele observar en las primeras ecografías y se monitorea su evolución en los controles sucesivos.

PLACENTA PREVIA en el embarazo, placenta baja ¿Qué es? ¿Cómo afecta al parto la placenta previa?

En estos casos, pueden aparecer complicaciones, “pero es algo que no se puede prevenir”. Se suele observar ya al principio de la gestación, con la primera ecografía incluso, y se ve cómo es su evolución en los sucesivos controles. Además, nos dice, “en ocasiones puede dar lugar a sangrados durante el embarazo, ya que los vasos sanguíneos que se deberían conectar con el útero pueden sangrar con mayor facilidad en esa zona, debido a que la inserción será subadecuada y habrá exceso de movimiento en esa zona”.

Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas. Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero.

Placenta Previa

La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones. Se define como la implantación de la placenta que cubre total o parcialmente el cuello del útero. Esta condición puede impedir un parto vaginal.

Representación gráfica de los tipos de placenta previa.

Tipos de Placenta Previa

  • Placenta previa total: La placenta cubre completamente el orificio cervical interno, obstruyendo la salida del útero. Esto implica necesariamente una cesárea el día del parto, ya que el bebé no puede atravesar su propia placenta para nacer.
  • Placenta previa parcial: La placenta se implanta parcialmente sobre el orificio cervical interno, obstruyendo parcialmente la salida del útero.
  • Placenta previa marginal: La placenta se encuentra cerca del borde del orificio cervical interno. En líneas generales, nos dice la matrona, “se puede intentar un parto vaginal con una placenta de inserción marginal, pero se debe realizar una monitorización más estrecha de la evolución del parto”.

Síntomas de la Placenta Previa

Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas. Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos. En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.

Factores de Riesgo para la Placenta Previa

Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen:

  • Traumatismos previos en el útero y en su vascularización.
  • Mujeres que ya han tenido un bebé.
  • Cicatrices en el útero.
  • Placenta previa en un embarazo anterior.
  • Gestación de más de un feto.
  • Embarazada y fumadora.
  • Consumo de drogas.

Diagnóstico de la Placenta Previa

El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias. Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Manejo y Tratamiento de la Placenta Previa

Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre. La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.

Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia. Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto. Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.

Complicaciones de la Placenta Previa

La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación. El compromiso fetal depende del materno.

Implantación Anormal de la Placenta o Placenta Accreta

La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).

Otras Anomalías Placentarias

También hay algunas placentas, nos explica la experta, “mucho más raras de ver y que presentan anomalías”.

  • Placenta acreta: un tipo de placenta que se inserta demasiado dentro, en la capa interna del útero y puede llegar a atravesarlo.
  • Placentas bilobuladas: “bastante curiosas”, que es cuando se encuentra dividida en dos.
  • Placentas circunvaladas: aún menos frecuentes, se caracterizan por la unión de las membranas y una depresión central con zona anular blanquecina engrosada.

Habitualmente, nos explica la matrona, “se inserta en el centro de la misma, pero hay veces que puede estar en un lateral (placenta con cordón de inserción marginal o placenta de raqueta) o en las membranas amnióticas (inserción velamentosa)”. No implica complicaciones, salvo en este último caso, “que puede suponer riesgos importantes, especialmente para el bebé”.

Tamaño y Madurez de la Placenta

Por último, como hemos visto, la placenta va aumentando en tamaño según avanza la gestación, sin embargo, su diámetro suele oscilar entre los 15 y los 25 centímetros (su tamaño medio es de 18,5 cm), con un espesor de 3 centímetros y un peso aproximado de unos 500 gramos.

  • Placenta grande: se da en aquellos casos de eritobastosis fetal (afección que hace que los glóbulos rojos de un bebé no sean los suficientes), sobrepasando el 50% del tamaño del feto.

Madurez de la Placenta

La placenta es un órgano con un ciclo de vida muy corto, ya que dura lo mismo que el embarazo. Por tanto, la madurez de la placenta es su edad, que nada tiene que ver con la edad de la mujer. El estado de madurez se mide en cuatro grados según va evolucionando. Para ello se tienen en cuenta las calcificaciones intraplacentarias.

Esto se puede ver en las ecografías:

  • Placenta en grado 0: la placa corial y la placa basal se ven homogéneas.
  • Placenta grado 1: Se aprecian zonas de color blanco en la ecografía.
  • Placenta grado 3: tiene grandes depósitos de calcio en todos los niveles.
Grado de la Placenta Características
Grado 0 Placa corial y basal homogéneas
Grado 1 Zonas blancas visibles en ecografía
Grado 3 Grandes depósitos de calcio en todos los niveles

Placenta Envejecida

Según avanza el embarazo la placenta va envejeciendo. Esto entra dentro de la normalidad. Lo que puede ser preocupante es que lo haga antes de tiempo, porque el bebé podría no recibir los nutrientes suficientes. Es entonces cuando se habla de una placenta envejecida o hipermadura.

Es importante recordar que, aunque esta información ha sido redactada por un especialista médico, su edición ha sido llevada a cabo por periodistas, por lo que es un contenido meramente orientativo y sin valor de indicación terapéutica ni diagnóstica. Siempre es crucial consultar con un profesional de la salud para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Publicaciones populares: