Santo Tomás, conocido también como el Mellizo, es una figura prominente en los Evangelios, especialmente en el Evangelio de Juan. Su historia es una de fe, duda y, finalmente, de profunda convicción. Este artículo explora la vida de este apóstol, desde sus primeras interacciones con Jesús hasta su misión evangelizadora en tierras lejanas.
Los evangelios sinópticos nos transmiten el nombre de este miembro del grupo de los Doce. En cambio, el cuarto Evangelio nos proporciona una serie de datos de interés sobre este seguidor de Jesús. Es “uno de los Doce”, como precisa San Juan. El nombre Tomás en arameo significa "mellizo" y el apodo con el que se conocía al apóstol - Dídimo - en griego tiene el mismo significado.
Aunque no resulta del todo claro, es probable que su nombre sea la helenización de las palabras hebreas y arameas que significan «gemelo» o «mellizo», de modo que la expresión Tomás el mellizo, tal como se le denomina en los Evangelios, «sería tanto el nombre como su traducción», dice el experto. No sabemos, sin embargo, si Santo Tomás, quizás un pescador y uno de los primeros en dejarlo todo para seguir a Jesús, tenía un hermano.
A nombre de Tomás se compuso muy temprano un evangelio apócrifo de corte doceta, con algunas acepciones bastante cercanas a las de los evangelios canónicos. Sánchez Navarro explica que existe, por ejemplo, un apócrifo copto muy conocido, el Evangelio de Tomás, compuesto en el siglo II, que consta de más de un centenar de dichos atribuidos a Jesús de modo general, adaptados a partir de los Evangelios canónicos.
SANTO TOMÁS APÓSTOL: De la Duda a la Fe Verdadera. Historia Bíblica Impactante
Momentos Clave en los Evangelios
En su primera aparición, Tomás se muestra dispuesto a dar su vida acompañando al Maestro a Jerusalén, con el riesgo que eso suponía en un momento en que las autoridades judías lo buscaban para matarlo. Cuando Jesús decide ir a Judea para resucitar a Lázaro, los otros discípulos se oponen por miedo a la muerte del Maestro; en cambio Tomás exclama decididamente: «vayamos también nosotros y muramos con él» (Jn 11,16).
En el discurso de despedida de Jesús, ante sus enigmáticas palabras acerca del camino, Tomás pide claridad: «Si no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14,4). Primero, cuando le pregunta a Cristo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" y Jesús le responde: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí". Ya en la Última Cena, cuando Cristo nos dice que preparemos un lugar para todos en la Casa del Padre, Tomás se desorienta, le pregunta al Señor: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5) y cómo se puede conocer ese camino y entonces Jesús le responde: "Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida".
Al mismo tiempo, sugirió, «su pregunta también nos da el derecho, por así decir, de pedir explicaciones a Jesús». «Con frecuencia no le comprendemos --reconoció--.
La Incredulidad de Tomás
En las narraciones de aparición del Resucitado, Tomás se muestra reacio a creer en el testimonio de los discípulos, de que han visto al Señor, y exige una verificación física personal (cf. Jn 20,25). «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero y no meto mi mano en su costado, no creeré», dice a sus compañeros que afirmaban haber visto al Señor vivo. Esta perplejidad se transformará en «dura incredulidad» después de la Resurrección, en el episodio más conocido del apóstol. Toda la comunidad de los apóstoles se estremece por la pérdida de Jesús y la violencia de su muerte, pero Jesús resucitó y se aparece inmediatamente a los suyos para tranquilizarlos. Tomás no está allí y no cree en la historia de los demás: tal vez por su terquedad innata, tal vez porque lamenta no haber estado presente, pero exige tocar con sus propias manos las heridas de los clavos y las de su costado. Es un hombre, después de todo.
Cuando una semana después se le conceda, Tomás responderá con el perfecto acto de fe: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28). Segundo, cuando respondió a favor de Jesús, dispuesto a ir a Jerusalén a pesar de saber que los fariseos planeaban su muerte. Santo Tomás dijo: "Vamos también nosotros para morir con él". «Tomás reacciona con la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento --aseguró el sucesor de Pedro--: “Señor mío y Dios mío”». Dicha confesión no es rechazada por Jesús, pero manifiesta su deseo de asentimiento al anuncio sin exigencia de pruebas.
Jesús lo satisface, regresando ocho días después. Tomás le creyó inmediatamente, hasta el punto de que le llamó "Señor mío y Dios mío", como nadie lo había hecho antes. Jesús, finalmente, hace una promesa que es para toda la humanidad, hasta el fin de los tiempos: "Bienaventurados los que, aunque no hayan visto, creen". «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído», le respondió Jesús, enunciando «un principio fundamental para los cristianos que vendrán después de Tomás, es decir, para todos nosotros», indicó.
Caravaggio mostró la escena clave de su vida en La incredulidad de santo Tomás.
Misión y Legado
Después de la Ascensión y el envío a evangelizar, su rastro desparecerá hasta que la tradición lo sitúe de nuevo en la India, donde se cree que fue martirizado el 3 de julio del año 72. «Así pudo cumplir su primera palabra evangélica: “Vayamos también nosotros a morir con Él”», apunta Sánchez Navarro. De esta manera culminó el recorrido de fe en Tomás, «que pasó del entusiasmo a la perplejidad y la desilusión, para luego ser resucitado de nuevo por Cristo y convertirse en testigo del Evangelio hasta el don de la vida».
Se entiende que Tomás no era muy culto, pero ciertamente lo compensó con el inmenso amor que sentía por Jesús. Según la tradición, le tocó a él evangelizar Siria y luego la ciudad de Edesa, desde donde se trasladó para fundar la primera comunidad cristiana de Babilonia, en Mesopotamia, donde permaneció durante siete años, cuando se embarcó para la India y desde Muziris, donde ya existe una próspera comunidad judía que en poco tiempo se hizo cristiana, viajó por todo el país hasta llegar a China, impulsado siempre y sólo por amor al Evangelio.
En su labor apostólica, Santo Tomás, habría predicado en Persia y sus alrededores, y también en Etiopía e India. Se cree que Santo Tomás sufrió el martirio en la costa de Coromandel, India, donde su cuerpo fue descubierto con ciertas marcas de que fue muerto con lanzas y ese tipo de muerte es tradición en Occidente. La iglesia católica siro-malabar se considera a sí misma descendiente del apostolado del santo, y lo mismo otros cristianos de diferente rito.
Existe una tradición muy antigua que atribuye al apóstol Tomás los comienzos del cristianismo en China, una historia que parece corroborar el hallazgo en los años 80 del siglo pasado de unos antiguos relieves en la colina de Kong Wang Shan, al nordeste del país. Un friso de 20 metros de ancho, en origen policromado, que data de los años 69-71 de nuestra era, representa una fotografía en piedra de la llegada del apóstol a China y la formación de la primera comunidad cristiana, con su catequesis, su liturgia y sus miembros, entre los que destacan sobre todo las mujeres.
A pesar de las pequeñas variaciones la identificación del nombre con el Gundafor del «Acta Thomae» es inequívoca y apenas se discute. Más aún, tenemos la evidencia de la inscripción Takht-i-Bahi, que está fechada y qué los mejores especialistas aceptan para establecer que el rey Gunduphara probablemente empezó a reinar sobre el 20 d.C.
Por otro lado, la tradición de que Sto. Tomás predicó en «India» se extendió ampliamente por Oriente y Occidente y aparece en escritores como Efraim, Siro, Ambrosio, Paulino, Jerónimo y más tarde en Gregorio de Tours y otros, es difícil todavía descubrir algún fundamento adecuado para la creencia, largamente aceptada, de que Sto. Tomás predicó en América (American Eccles ., 1899, pp.1-18) está basada en una interpretación equivocada del texto de los Hechos de los Apóstoles (1, 8; cf.
En esta región todavía se encuentra una cruz en un bajorrelieve de granito con una inscripción en pahlavi (persa antiguo) datada en el siglo séptimo, y la tradición de que fue allí donde Sto. Tomás entregó su vida es localmente muy fuerte. Es cierto también que en el Malabar o costa oeste del sur de la India, todavía existe un grupo de cristianos que aún usan un tipo de siríaco como lengua litúrgica.
Celebración Litúrgica
En el santoral de este viernes 3 de julio, celebramos Santo Tomás, uno de los doce discípulos que formaba el pequeño grupo elegido por Jesús en los primeros días de su vida pública, para que fueran sus apóstoles. Venerado como santo por católicos, ortodoxos y coptos, sus restos se encuentran en la iglesia de Ortona dedicada a él.
Santo Tomás tenía antiguamente dos fiestas en nuestra Iglesia romana: el martirio, a 21 de diciembre, y la traslación de sus reliquias a Edesa por la emperatriz Santa Helena (13 y 18 de agosto), a 3 de julio. Hay otra traslación a 20 de junio, celebrada sólo por la Iglesia de Constantinopla. En la revisión del calendario litúrgico en 1969 se quedó solamente la del 3 de julio, como fiesta de Santo Tomás, sin hacer mención a dicha traslación. Lo mismo pasó con Santo Tomás de Aquino, cuya memoria hoy a 28 de enero es la antigua memoria de La Traslación de Santo Tomás.
Tabla resumen de fechas importantes en la vida de Santo Tomás
| Fecha | Evento |
|---|---|
| 3 de julio | Fiesta de Santo Tomás |
| 21 de diciembre | Antigua fiesta del martirio de Santo Tomás |
| Siglo I | Se cree que fue martirizado en la India |
