Rosa Rosado Martín nació junto a su hermana gemela Carmen, en El Puerto el 8 de marzo de 1960. Sus padres, Domingo y María Josefa, emigraron a Madrid buscando mejores oportunidades de trabajo a los pocos meses.
Hija de jerezano y sevillana y nieta por parte de madre de un granadino que se vino a vivir a El Puerto en cuya casa de la calle San Sebastián nació nuestra Rosa.
Rosa y Carmen estudiaron en el Colegio Santo Ángel de la Guarda en Madrid. A los 12 años la familia regresa a El Puerto, cursando estudios en el Colegio Luisa de Marillac, en la calle Cielos y luego en el I.N.B. Pedro Muñoz Seca, donde compatibiliza el último curso de bachillerato -que pasa a estudiarlo nocturno- con su primer trabajo en la Casa Citroen -donde hoy está Vulcanizados Ricardo, junto al Bar “El Chino”-, a los 18 años, como secretaria y vendedora.
Rosa se dio cuenta de que necesitaba avanzar, aprender idiomas. Entonces El Puerto se le quedaba pequeño, necesitaba conocer mundo y los estudios fueron la excusa para marcharse a Irlanda a aprender el idioma.
Desde luego poco inglés aprendería como “au pair” en Dublín, todo el día cuidando de un niño de pocos meses sin posibilidad de hablar ni relacionarse con nadie, así que le plantea a sus caseros -poseedores de una granja- irse al campo a sembrar y recoger patatas.
Ello le propiciaría relacionarse con los operarios y practicar el idioma, que era lo que Rosa pretendía, a pesar de lo duro del trabajo; un poco más adelante los propietarios de la granja montan una frutería y allí se fue Rosa a trabajar, ayudándoles en la cadena de tiendas que más adelante implementarían.
Ello le permite independizarse, tener casa propia, profesor de inglés privado y recibir clases en el Trinity College de Dublín.
Rosa reflexiona: «Sin la etapa irlandesa no sería la que soy hoy. Fueron tiempos duros pero enriquecedores en los que me desarrollé como persona y ante el mundo del trabajo».
En 1984 regresa a España y empieza a trabajar con Gaspar Perea España en la Agencia Inmobiliaria Bahía, en Valdelagrana, «cuando --recuerda Rosa-- Santiago Cobo y Teófila Martínez llegaron a El Puerto a regentar el Hotel Puertobahía y luego abrirían las tiendas de comida rápida “La Cabaña”.
En la inmobiliaria permanecería durante cinco años, hasta 1989, año en el que el canadiense Roger Cross y el porteño de adopción Miguel Acosta, director y segundo de a bordo, respectivamente, del Parque Acuático Acuasherry le ofrecen trabajar a media jornada con el joven equipo que ponía en marcha el Parque de Atracciones de agua.
Ella no acepta la oferta, por lo reducido del horario, y declina el ofrecimiento.
Conoce al que sería su marido por siete años, Mark, de nacionalidad norteamericana, con el que tendría un hijo: Michael Maximilliam quien nacería en 1991 en San Diego (California. EEUU). Pero antes, se casan y viven en Barcelona y Holanda.
Con su marido, experto en programas informáticos, buscan nuevas oportunidades de negocio en Norteamérica y viajan y viven en las mejores ciudades del país: San Francisco, Boston, Seattle, Washintong, Chicago y San Diego donde, como hemos dicho nace el hijo de ambos.
A finales de 1998 vuelve a España y se instala en Madrid, pensando en las mejore oportunidades para el trabajo.
Hablamos con Rosa, ganadora del bote más alto de la historia de 'Pasapalabra'
El destino profesional le sonríe y es nombrada Jefa del Departamento Comercial del mayor Parque Acuático de España: Acuópolis, perteneciente al Grupo Parques Reunidos, donde vive un año de exitoso trabajo profesional que le absorbe tanto que le impide conciliar su vida familiar, su hijo, con la actividad laboral y decide buscar algo menos comprometido en el tiempo para poder ver crecer y educar a Michael Maximillian.
Y en esas está cuando a los tres años de su nueva etapa profesional en el mundo del láser, en el 2002, recibe una llamada de la recordada y desaparecida Rosa Mayo, a la sazón directora propietaria de una Agencia Mayorista de Viajes, radicada en nuestra Ciudad pero que trabajaba para toda Andalucía: CCI Turismo Activo.
Rosa imaginaba, detrás de las montañas de Madrid, el mar de El Puerto, a sabiendas que estaba a 600 kilómetros de donde ella y Michael Maximillian vivían...
Así que, en una semana se decide y en poco mas de un mes y medio, el 14 de enero de 2003, regresa a la Ciudad que la vió nacer.
En 2005 entra a trabajar en un departamento de Golf de una Agencia de Viajes Mayorista, instalada en El Puerto, con sede también en Londres: Resourceful Travel Company (RTC), en Cadigolf, dedicada a atraer mayoritariamente a Turismo inglés a España y en especial a esta zona de la Costa de la Luz.
En el año 2007 se independiza laboralmente y monta su propia empresa de promoción de Golf. “Play Golf Andalucía” de la que es propietaria y directora.
Su empresa gestiona la gerencia comercial de Atlantee Golf, una sociedad que aglutina a 11 campos de golf de la provincia de Cádiz, promocionando los circuitos y el destino de la provincia de Cádiz.
En estos dos últimos años ha estado en Berlin, Munich, Zurich, Ginebra, Londres, Dublin y Cancún.
Rosa Rosado no recuerda ningún verano en especial. Recuerda los veranos de adolescencia con la pandilla, en el club, donde se juntaban para escuchar música, hablar… También recuerda coger las bicis por la noche y preocuparse solo de la hora a la que quedaban para ir a la piscina municipal.
Sin embargo, el verano de 1991 fue muy especial para ella, aquel en el que apareció la radio en su vida por primera vez. Se ofreció para hacer prácticas y aprender el oficio en una pequeña radio que pertenecía a un periódico, en un programa por la tarde en el que había espacio para todo.
Los 90 fueron una década ilusionante en música en la que sonaba el ‘Losing my religion’ de REM, ‘Come as you are’ de Nirvana o el ‘Chiquilla’ de Seguridad Social. Pero Rosa Rosado solo tenía ojos para Hombres G, el grupo al que no dudaba ver en concierto si surgía la oportunidad y se encontraban cerca de su pueblo, Pedro Muñoz, en Castilla La Mancha.
Esos veranos, en la época de adolescente de Rosa, le fascinó ‘Luces de Bohemia’ de Valle-Inclán. Incluso reconoce de recitar en su club con sus amigas pasajes de la obra.
Pero también recuerda el cine de su pueblo, donde vio películas muy divertidas junto a su pandilla con títulos como E.T.
Rosa Rodríguez: La Concursante Histórica de Pasapalabra
Rosa Rodríguez es la gran protagonista de Pasapalabra, ya que esta misma noche se enfrenta al programa decisivo para ganar el mayor bote de la historia del concurso: 2.716.000 euros.
Es la primera mujer en la historia del formato que alcanza los 307 programas de forma ininterrumpida. Superó la barrera de los 300 el pasado 27 de enero, convirtiéndose en la mujer más longeva del concurso.
Nació en Quilmes (Argentina) en 1993, pero reside en La Coruña desde los 7 años, por lo que se define como gallega de adopción. Es profesora de español para extranjeros en la universidad.
Posee una formación académica brillante: licenciada en Filología Inglesa y con tres másteres -Lingüística, Educación y Neurociencia aplicada a la educación-.
Se incorporó al concurso el 19 de noviembre de 2024, tras superar la silla azul. Mantiene con Manu Pascual uno de los duelos más largos y seguidos de la televisión, sumando ya más de 300 enfrentamientos directos.
Estudia unas 5 horas diarias y ha revelado que utiliza una aplicación de tarjetas de memoria (Anki) para repasar definiciones mientras da largas caminatas de 15 km por la montaña.
Le encanta la gastronomía, especialmente la repostería -su plato estrella es el bizcocho de limón-. En su infancia destacó como jugadora de fútbol.
Se define como una «introvertida sociable», admitiendo ser algo tímida pero muy curiosa y apasionada por aprender.
O Porriño: El Pueblo Gallego en el Corazón de Rosa
A pesar de haber nacido en Argentina, lo cierto es que la aldea gallega de O Porriño forma parte de su recuerdo más especial. Es allí donde creció, fue al colegio y pasó toda su adolescencia antes de mudarse a la ciudad para estudiar sus carreras y másteres.
Rosa ha mencionado a O Porriño en numerosas ocasiones durante sus más de 300 programas. Ha enviado saludos constantes a sus vecinos, amigos de la infancia y a su familia que sigue residiendo allí.
Presume de la gastronomía local, haciendo mención especial al famoso pan de O Porriño, que suele recomendar a los invitados que pasan por el programa.
A medida que Rosa ha ido batiendo récords en el concurso -superando los 300 programas en enero de 2026-, el pueblo se ha volcado con ella.
O Porriño es mucho más que el pueblo de Rosa de Pasapalabra; es un punto neurálgico de Galicia, conocido como la «encrucijada del sur» de la provincia de Pontevedra.
Situado en el Valle de la Louriña, es un lugar donde la industria, el arte y la naturaleza conviven de una forma muy particular.
O Porriño ha sido históricamente un lugar de paso. Su nombre deriva de «pueblo de paso» hacia Portugal y el interior de Galicia.
En el siglo XIX y principios del XX, el descubrimiento de las canteras de granito rosa transformó el pueblo.
O Porriño es una de las aldeas más bonitas de Pontevedra. Gracias a su ubicación estratégica, se convirtió en uno de los motores económicos de Galicia, acogiendo grandes polígonos industriales y empresas del sector automotriz y logístico.
Es imposible hablar de O Porriño sin mencionar a su hijo más ilustre: Antonio Palacios, el arquitecto que diseñó el Palacio de Comunicaciones (Cibeles) y el Metro de Madrid. La Casa del Ayuntamiento es una de sus obras más espectaculares. Un edificio de piedra que parece sacado de un cuento gótico, con torreones y detalles minuciosos.
O Porriño tiene una doble personalidad que lo hace muy interesante. Por aquí pasa el Camino de Santiago Portugués. Todos los días verás a cientos de caminantes cruzando sus calles, lo que le da un aire cosmopolita y acogedor.
Es famoso por el Pan de O Porriño, un pan artesano de corteza crujiente y miga esponjosa que tiene su propia fiesta oficial. También destaca la Festa dos Callos, que atrae a miles de personas cada año.
Aunque es industrial, está rodeado de naturaleza. Las Gándaras de Budiño son un espacio natural protegido, un humedal ideal para observar aves y caminar -precisamente donde Rosa suele pasear para estudiar-.
Los porriñeses son conocidos por su carácter trabajador y festivo. Es un pueblo con mucha vida asociativa, bandas de música y una gran afición al deporte -especialmente al balonmano y al ciclismo-.
Si paseas por el centro, verás que casi todo está construido con el famoso granito rosa.
Luis Eduardo Aute y Maritchu: Un Amor Duradero
Pocos artistas, en tan diversas disciplinas, han sabido plasmar la sensualidad como Luis Eduardo Aute. Sus canciones, en especial, parecían dictadas por una suerte de Eros veleidoso, por algún sabio versado en temáticas amorosas; cantó al erotismo, a la fidelidad, a la infidelidad, incluso a la masturbación femenina. ¿Era Aute un frívolo? Su biografía sentimental nos dice que no. Más de 50 años estuvo casado con la misma mujer: María del Carmen Rosado, Maritchu. El amor, según Aute, era eso.
Nacido en Manila en 1943, hijo de español y filipina, Luis Eduardo recaló con once años primero en Barcelona, más tarde en Madrid. Contaba 19 cuando conoció a Maritchu -que había nacido en Ecuador- en la fiesta que las primas del cantautor habían organizado para celebrar la Nochevieja de 1962. Se hicieron novios. Ya por entonces, en el joven Aute se revelaban inquietudes artísticas.
Desde 1960, había militado fugazmente en el grupo Los Sónor (precuela de Los Bravos), había rodado un par de cortometrajes y había protagonizado dos exposiciones de obras pictóricas.
Fue Maritchu quien, en esos preámbulos de su relación, le presentó a una amiga llamada Massiel. También con aspiraciones musicales, Massiel arrojaría la primera luz sobre el talento de Aute, al convertir la grabación de su tema ¡Aleluya! (1967), producida por Juan Carlos Calderón, en un gran éxito (ese mismo año, el propio Aute había publicado su versión, titulada Aleluya Nº1, también con la ayuda de Calderón, pero de menor repercusión).
El 21 de marzo de 1968, el año revolucionario y del amor libre, Luis Eduardo y Maritchu se casaron. En una entrevista concedida en 2016 a Magazine, el músico explicó: "Me casé en el 68, el año en el que no se casaba nadie. Por eso lo hice".
Al poco tiempo, Aute abandonó temporalmente la música, desencantado de la industria; se centró en la poesía. Su vida en común con Maritchu influía en sus creaciones. Así, cuando en 1970 fallecieron en un corto intervalo de tiempo los padres de ella, su producción se teñiría de un tono lúgubre, palpable en el posterior poemario La matemática del espejo (1975).
Aquel 1970 le daría, sin embargo, una de sus mayores alegrías: el nacimiento de Pablo Antonio, su primer hijo. Le seguirían Laura (1981) y Miguel (1987). Luis Eduardo siempre ha sido muy celoso de su vida privada, y poco ha trascendido de sus hijos.
De ellos, fue el menor, Miki, operador de cámara -ha heredado la pasión por la imagen-, quien dedicó unas palabras a su padre a propósito del concierto de homenaje que en 2018 se le brindó en Madrid, y en el que participaron, entre otros, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat o José Mercé: "Él se considera pintor antes que otra cosa", dijo en la Cadena SER. "Siempre me pide que no pare de dar las gracias. No creo que se acostumbre nunca a los halagos".
En 2019, fue Miki quien acudió en nombre de Luis Eduado a recoger la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes que se le otorgó a su padre, quien había sufrido tres años antes un infarto que forzó su retirada.
Una foto tomada por Laura, que mostraba a Aute de espaldas en el malecón de La Habana, inspiró el proyecto El niño que miraba el mar (2012). Lo contaba así el propio cantautor a La Vanguardia: "Hace un par de años estuve en La Habana con mi familia y mi hija Laura me hizo una foto de espaldas, muy parecida a aquella [a una de Aute, de niño, tomada por su padre] y, ya de vuelta aquí, con su hermano Miguel, empezó a trabajar con ambas en el ordenador. Yo quería que aquellas dos imágenes, la del niño y la del hombre, se miraran frente a frente, por eso recurrí al dibujo, a la animación, y acabamos haciendo un mediometraje".
Probablemente, y de manera muy sutil, el amor y la admiración por su mujer inspiró parte de la obra de Aute. En 1972 pintó un retrato de su esposa titulado simplemente Maritchu, un dibujo realista, a bolígrafo, que realzaba la dulzura de su mirada.
Ninguna canción fue tan elocuente en ese sentido como Imán de mujer, incluida en Alevosía (1995). "Hoy tengo un día de esos en que mandaría todo a hacer puñetas, incluso firmaría con placer el acta de mi rendición. (…) Solo por ti sigo aquí, imán de mujer, imán de mujer. Me voy a perder pero sin salir de ti", reza su letra.
En ciertos aspectos, Luis Eduardo y Maritchu formaban un ente único. En 2008, el Ministerio de Cultura de Cuba les otorgó a ambos la Medalla de la Cultura Nacional, por décadas de amistad con el pueblo cubano.
En 2018, durante el concierto de homenaje en Madrid, Joaquín Sabina dedicó al cantautor unos versos en los que, cómo no, hacía mención a su infatigable esposa: "Su casa es el lugar de la osadía, decir Maritchu es lágrima y verbena y amor en carne viva, y ambrosía", eran algunos de sus versos.
Más de medio siglo juntos… Si ya es un récord llamativo en cualquiera, aún más lo es en la vida de un artista alérgico a las convenciones. Su historia común es todo un ejemplo de felicidad upper; el amor por encima del paso del tiempo.
Cuando en 2016 le preguntaron en Magazine por el secreto de su estabilidad conyugal, Aute respondió: "En ese matrimonio ha habido todo tipo de altibajos, separaciones y reencuentros. Pero con mi mujer es con la persona con la que mejor me peleo. Es importante tener una buena pelea, productiva. La mayoría de las peleas son inútiles, pero tener una persona con la que discutir bien y aprender de esas discusiones y de los errores propios me parece muy importante".
Va a ser que amor se escribe con "a" de Aute.
Paula Varona: Una Artista con Perspectiva Global
Paula Varona nació un 23 de junio de 1963, en la luminosa ciudad de Málaga. Por eso dice textualmente que le gusta pintar el mar, porque la vio nacer y forma parte de su retina.
Vivió en Tokio, Nueva York y ahora en Madrid, quizás por eso le atrae tanto la arquitectura, porque según ella dice, es donde se muestra de forma más evidente y rotunda las corrientes estéticas y conceptuales de cada época. Asegura que mira las ciudades y las ve repletas de ideas, sensaciones, juegos de proporciones y contrastes.
Según ella misma confiesa, “A mi padre le decía ‘estudiaré lo que quiero y me dedicaré a lo que pueda».
Paula Varona ha ido creciendo poco a poco, con esfuerzo, ganándose el lugar que ocupa en el mundo del arte contemporáneo. La primera se centró en los paisajes urbanos, que sigue haciendo con gran éxito, de ciudades que conoce como Londres, Nueva York o Madrid.
Ciudades donde ha realizado diversas exposiciones de gran éxito, como la última que llevó a cabo en Madrid, en la Casa de Vacas del Parque del Retiro que tan buena crítica cosechó.
La segunda etapa se ha centrado en los grandes espacios interiores de museos y galerías de arte. De esta forma, el Museo del Prado, la Tate Modern, la National Gallery de Singapur o el Guggenheim de Nueva York han sido sus localizaciones preferidas.
A este respecto, dice el poeta Luis Alberto de Cuenca que “Con fidelidad a la realidad fotográfica”, tiene mucho de onírico.
Creando nuevas perspectivas, imaginando puntos de vista sorprendentes, la gran pintora clásica que es Paula sigue impartiendo clases en sus lienzos de fresca, positiva y feliz modernidad, tan lejos de la mera fotografía como de la aburrida deconstrucción artística, inmersa en el misterio de lo real, en la magia que brota de lo cotidiano”.
Por su parte, el Doctor en Historia del Arte Javier Morales Vallejo, dice que su pintura es “fácil de ver y difícil de explicar.
Sobre el tratamiento de la luz señala el escritor, crítico literario y columnista Juan Manuel de Prada que “En la pintura de Paula Varona como en la oda de Fray Luis, el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada.
La luz que Paula Varona pinta es toda blanca. Traspasa el aire todo, envuelve las cosas despojándolas de su belleza caduca y engañadora.
Su técnica es simple y difícil a la vez: la perseverancia, la constancia y la disciplina quizás británica: pintar una media de seis horas al día. Nunca deja a medias un cuadro. Se levanta muy temprano, las 5 o 6 de la mañana, y aprovecha esas horas de calma y placidez junto a sus inseparables Rothko y Pollock.
Artista comprometida con el público, intenta hacer que su obra sea accesible a todos los bolsillos, motivo por el que realiza reproducciones de sus obras en papel y lienzo, en posters de bajo coste asequibles a cualquier bolsillo.
Sus grandes obras son recuerdos de familia, como el de la sala de Las Meninas del Prado. «Aquí incorporo a buena parte de mi familia. Mi madre, a la que quise de alguna manera hacer inmortal, mis tres hijos, mi pareja y sus hijas… Y mis perros», explica.
También dentro de los cuadros que cuelgan de las paredes introduce elementos nuevos.
Su obra está en colecciones nacionales e internacionales como la Fundación Maxam, la Fundación BBVA, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Vodafone y en numerosísimas colecciones particulares, aunque confiesa «No aspiro a pasar a la posteridad.
Manifiesta también: “Pinto desde que tengo memoria. Es una vocación que me ha acompañado siempre y que vivo como un sentimiento. Siempre he necesitado pintar, aunque no soy autodidacta”.
“Cada cuadro comienza siempre del mismo modo, dibujando aquello que deseo pintar. Mi paleta es mi laboratorio de colores, el lugar donde mezclo y defino luces y sombras antes de llevarlas al lienzo.
De su obra, podemos añadir además que como los grandes pintores, sabe pintar la luz, una luz que después colorea. Un Madrid de tejados y azoteas, de cúpulas y esculturas que descubrimos gracias a la nueva mirada que nos presenta.
De expresión franca, fresca, jovial y tranquila, sus vivos ojos y su larga y fina nariz, desembocan en una boca besucona para su familia y sus perros y para sus amigos. Una boca con la que transmite siempre alegría.
Yo podría compararla con alguna artista de las grandes, pero además de que cualquier comparación es odiosa, es que no he sido capaz de identificarla con ninguna de ellas.
El arte es mucho más que una obra. Su reducción en el currículo escolar es devastadora. No podemos centrar la enseñanza del arte en la técnica sin haber pasado por una revisión de los clásicos, justo lo que se ha suprimido de las enseñanzas actuales.
Se aprenden convivencia y educación estudiando el pasado a través del arte, algo que ya hemos perdido porque se ha anulado el sentido de la trascendencia y la capacidad del arte para intervenir de manera consciente en la sociedad.
En el arte hay ausencia de crispación, esa que cada día más está presente en todas las facetas de nuestra vida, en nuestra sociedad, en el día a día de cualquier ciudadano.
El adoctrinamiento artístico que sufrimos nos ha llevado a creer que haciendo cosas pedantes, incomprensibles e impactantes se llega a ser un gran artista.
Es posible que en los tiempos en que vivimos, en los que la envidia se ha enseñoreado de las conciencias, no se estimen las altas cualidades que envuelven a nuestra artista Paula Varona.
Querida Paula, desde el momento en que te conocí me brindaste tu apoyo desinteresado y tu colaboración altruista, me abriste las puertas de tu corazón y te pusiste al servicio de esta casa común del artista. Siempre que te hemos llamado, has acudido a nosotros alegre y emocionada. Has respondido de forma espontánea y nos has brindado lo mejor de ti misma y de tu arte.
Ha sido un placer contar con tu consejo y tu criterio en los más importantes certámenes que organiza la AEPE: el Salón de Otoño y el Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura.
Como vengo diciendo siempre en estos actos tan emotivos, no hay Medalla que pueda hacerse de la aleación del cariño, la amistad y el agradecimiento, con la que simbólicamente está hecha la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores.
Rendir homenaje siempre ennoblece a quien lo recibe, pero engrandece también a quien lo otorga.
