2022 fue un año muy activo para Rita Payés, la talentosa cantante y trombonista. Gran parte de este período lo dedicó a la gira de su disco "Como la piel" (2021), culminando con una presentación en el Teatro Eslava el 11 de diciembre.
“Estoy muy agradecida por poder vivir de tocar”, afirma Rita, cuya carrera ha despegado en los últimos años, mostrando al mundo su habilidad para interpretar jazz, fado, bolero y bossa nova con tan solo 20 años. Rita desafía los estereotipos sobre los gustos musicales de los jóvenes: “Creo que es un poco tontería todo esto que dicen de que a la gente joven solo le gusta la música urbana. Hay una parte de eso, pero también muchos jóvenes con ganas de escuchar otras cosas. En esta gira vi a mucha gente de mi edad en el público. Tenemos que quitarnos un poco esos tabúes”.
Payés, quien recientemente se convirtió en madre, considera la música como un asunto familiar. Trabaja junto a su madre, guitarrista, y a su pareja, Pol Batlle. “Si los dos no nos dedicásemos a lo mismo, creo que no podríamos, sería imposible”, afirma. “Necesito que me acompañe para estar con la peque, tener esa piña es imprescindible. Por otra parte, estamos todo el rato trabajando, hablando de los conciertos, tocando, de las cosas que tenemos que hacer”.
Después de un año de consolidación, Payés planea un 2023 más tranquilo. “El plan es tocar menos, dejar de alguna manera respirar”.
Sin embargo, en 2024, Rita Payés emprendió la gira "De camino al camino", que comenzó el 12 de julio en Cáceres y culminará el 25 de abril en Montevideo, Uruguay. La artista expresa su gratitud por la oportunidad de tocar y ser recibida con cariño en diferentes lugares. "Me siento muy recogida por la gente con la que me subo al escenario. Algunos son mi familia; otros, como si lo fueran", explica Rita.
Con tantos elementos que reman contra las modas, podría parecer poco probable que Rita Payés triunfara en el mundo de la música y, sin embargo, en los dos últimos años su fama no ha hecho más que crecer y ya no da abasto para cumplir con todos los compromisos que tiene.
El éxito comenzó a crecer cuando grabó junto a su madre, Elisabeth Roma, el disco "Imagina", con versiones de clásicos de la bossa nova y de la tradición latina tales como "Drume negrita", "Alfonsina y el mar", "Algo conmigo" y "Eu seu que vou te amar".
«Eran canciones que habíamos interpretado siempre en casa mi madre y yo, y que grabamos porque se me ocurrió regalarle a mi madre una sesión en un estudio», recuerda la joven.
Después llegó el primer álbum con temas propios, Como la piel, y el nombre de Rita Payés empezó a correr como la pólvora en las redes sociales.
«No sé por qué gustó tanto, supongo que porque salió de un sitio poco pretencioso, sin buscarlo», reflexiona. «Aunque quizás estos discos gustan porque son fáciles de escuchar pero a la vez buscan cosas diferentes», añade esta artista que, a pesar de su juventud, tiene una sólida formación musical, que empezó en casa y siguió en la Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc).
Este impulso la ha llevado a vivir un verano muy ajetreado en el que ha tenido que combinar el tour del conocido artista con el que ha hecho con su madre por toda Europa y con los conciertos con su pareja, Pol Batlle, con quien también colabora artísticamente.
«Además, he tenido una niña que ahora tiene un año y poco y que ha venido con nosotros de gira. Todo muy intenso», reconoce.
«Han sido dos años muy bonitos en los que he hecho mogollón de conciertos, que es lo que más me gusta, pero ahora tengo ganas de bajar las revoluciones para estar tranquila y que de ahí florezca algo nuevo», confiesa.
Procura Rita Payés (Vilassar de Mar, Barcelona, 1999) tener muy presente que conseguir conciertos no es tan fácil.
Sobre el escenario, Payés cuenta con la incondicional presencia de su madre, la guitarrista Elisabeth Roma, junto a quien grabó su álbum debut, Imagina (2019), un trabajo pensado, de hecho, como un regalo hacia su progenitora y en el que ambas versionaban las canciones que habían configurado durante años la banda sonora de su intimidad doméstica. “Ella tiene formación clásica, pero ya desde el primer disco que hicimos nos encontramos en una especie de fusión bossa nova, bolerística y de influencia latinoamericana, que son músicas que las dos amamos mucho”, reflexiona y continúa, “la relación escénica que mantenemos es muy bonita porque nos ha permitido conocernos desde otro sitio, el vínculo maternofilial siempre ha sido bueno, pero ahora también dialogamos de tú a tú, de músico a músico. En ese sentido, estoy feliz”.
Además de su progenitora, la trombonista reúne junto a ella ante el público al cantante y guitarrista Pol Batlle, su pareja y padre de sus hijas. “Nos hemos organizado así para poder ejercer una crianza en la que los dos pudiéramos estar muy presentes. Esta fórmula de dejar a las niñas e irnos nosotros de concierto era algo que no nos funcionaba”, concede la barcelonesa, que en octubre de 2024 protagonizó el popular formato Tiny Desk de NPR Music. Su núcleo de confianza lo completan el bajista Horacio Fumero y el percusionista Juan Rodríguez Berbín.
Rita Payés en concierto. Fuente: lafonoteca.net
Este enfoque instrumental del tour, que se termina de armar con la presencia de una banda más extensa, cuenta además con una escenografía inspirada en un ‘bosque mágico’ ideada por Andreu Fàbregas, creador de espectáculos como Sin Cantar Ni Afinar, la aclamada gira de C.Tangana de la que también formó parte la trombonista en 2022 -de hecho, ambos actuaron juntos en la ceremonia de los Goya de aquel año-.
Así, todos estos mimbres le sirven a Payés para presentar en directo su tercer disco, De camino al camino, el primero compuesto íntegramente por ella. Un trabajo indisoluble, en el plano narrativo, del aterrizaje de la catalana en la maternidad.
“Ser madre lo ha cambiado todo. Es una revolución muy loca”, reflexiona. “Claramente, es mi máxima inspiración en esta etapa. Es imposible que no lo sea. Es que no sé cómo decirlo. Es una realidad que te atraviesa las entrañas. No hay nada que sea más trascendental. Se puede experimentar de muchas maneras, pero yo he querido que todo esto me removiera. Para mí, es muy difícil ver la vida sin pasarla por este filtro. Y, por lo tanto, es muy difícil hacer música sin pasarla por este filtro. Las canciones que he estado haciendo hablan de una belleza cotidiana que puede tener una dimensión profunda, pero que es, ante todo, real. Todo esto es lo que me conecta con ellas”, ahonda la artista, que en su tercer disco cuenta con la colaboración de La Tania y el guitarrista Yerai Cortés en el tema Por qué será y de su gran amiga pianista Lucia Fumero en Juna -las dos preparan un álbum conjunto con canciones originales, que previsiblemente verá la luz en 2026-.
Aunque suponga para ella un fortísimo motor creativo, Payés es también muy consciente de los conflictos que alberga la maternidad. Muchas veces, en su opinión, agravados por la escasez de ayudas y redes de apoyo públicas. “Insisto en que yo puedo estar tan presente en la crianza de mis hijas porque ser autónoma me da cierta flexibilidad, me he apañado lo mejor he sabido y tengo el privilegio de poder pagarles un billete de avión y, a veces, me puedo llevar a una canguro o acudir a un equipo sensible que lo facilita todo cuando los recursos no son los óptimos. Pero es una vergüenza cómo está todo montado. Se supone que las madres tienen que dejar en la guardería a sus bebés con cinco o seis meses para irse a hacer sus jornadas de ocho horas. Todo, a la vez que reciben el mensaje de que sus hijos tienen que mamar y recibir una nutrición complementaria estupenda y dormir perfectamente por las noches, como si fuéramos superheroínas. Y esto no funciona así. Me parece muy fuerte que no se pongan más facilidades desde fuera, por ejemplo, en materia de excedencias pagadas y becas para la conciliación”, profundiza la de Vilassar de Mar, que también expresa una visión crítica en relación a cómo ha evolucionado el papel del artista en un mundo tan fuertemente condicionado por la exposición digital.
“Cada vez está pasando más que se nos pide hacer más cosas de las que teóricamente nos gustaría. Ahora, de alguna forma, estamos obligados a hacer nuestra propia promoción. Ya no es solo la música, sino también la imagen y los seguidores que tienes en redes sociales, los estilismos que te pones cuando sales a actuar, la escenografía, las luces de turno y lo maja y simpática que puedas ser tú, más allá de tu talento para tocar o cantar. A veces, parece que la gente se engancha más a esa especie de Gran Hermano del artista que les gusta que a la discografía en sí. Esa presión es fuerte y no puede no sentirse, lo que pasa es que cada uno lo transita como puede”, dice Payés, que, aun así, reivindica esperanzada: “Al margen de tantos stories, no nos olvidemos de que la música tiene una finalidad cultural muy necesaria: es una herramienta de comunión y, sobre todo, una cura”.
De todas las fórmulas posibles en las que pude cristalizar esa ‘cura’, la de Payés -pausada, con fuerte arraigo y de gran densidad sentimental- es una de las más singulares en el panorama actual. “Nunca he escuchado reguetón a conciencia. No es que tenga nada en contra, es solo que no he sido educada musicalmente de esa manera. Al final, lo que queremos cada uno con nuestras canciones es el poder de transmisión, hacer sentir, y considero que es bonito que cada persona sienta diferente con diferentes cosas. Empatizo más con la riqueza armónica, con la capacidad de salirnos de los cuatro acordes que hemos escuchado durante toda la santísima vida. Ojo, que estoy convencida de que esos cuatro acordes son los mejores porque, al final, son los que hacen bailar a todo el mundo y es imposible no emocionarse con ellos, pero no existe solamente eso.
Llegué a la música de Rita Payés, como a la música de Andrea Motis, gracias a Joan Chamorro, músico de jazz multiinstrumentista y director de la Sant Andreu Jazz Band, allá por 2014. Diez años son muchos y más si tenemos en cuenta la juventud de Rita Payés, que en aquel momento era una adolescente quinceañera. Podríamos decir que la música fluye por las venas de la cantante, trombonista y compositora catalana, ya que siempre estuvo presente en su casa gracias a su madre, la virtuosa guitarrista clásica Elisabeth Roma, que ahora forma parte de su tribu musical y junto a la que firma sus dos primeros discos, Imagina (2019) y Como la piel (2021); y a su padre, Pere Payés, profesor de la Escola Municipal de Música de Premià de Mar. Su hermano, Eduald Payés, también es compositor, productor, trompetista y pianista, y firma alguna que otra canción junto a ella, como “Alma en Vilo”, incluido en su último trabajo, De camino al camino (2024).
A pesar de su juventud, su voz, curtida de vida, parece sacada de otra época y nos traslada a historias necesarias, que a veces son bálsamo, como “Nana per les mamas”, una nana dedicada a todas las madres.
“A veces mientras estoy durmiendo a mi hija tengo ganas de que me canten y me acunen a mí, y mientras lucho para no quedarme dormida pienso en la cantidad de madres que estarán haciendo eso mismo en ese mismo momento, y me quedo ahí en bucle alucinando con lo de la existencia”, escribió Rita en su Instagram cuando la compuso.
Otras, agradecimiento, como “El Panadero”, que canta junto a la gran Silvia Pérez Cruz, y es un canto a la generosidad a todas esas personas que te abren la puerta, como Juan Riera, la persona a la que le dedicaron esta canción, que nace de otra de Cuchi Leguizamón, Zamba para Juan Panadero, y a la que llegó gracias a su amiga, la también compositora, cantante y pianista, Lucía Fumero.
Otras son celebración, como “Benvingudes”, canción con la que suele abrir sus conciertos para dar la bienvenida, y que compuso cuando nació el bebé de una amiga.
Y otras, reivindicación, como “Por qué será”, que hace junto a La Tania y Yerai Cortés, y que contrariamente a lo que algunos piensan, no es una canción de amor, sino una canción que reivindica que esta vida rápida de móviles nos está dejando sin lo que verdaderamente conecta a los seres humanos: mirarnos a los ojos, saludarnos por la calle, parar un poco y tomarnos un café mientras compartimos y sonreímos.
La música va en el ADN de Rita Payés, siempre cuentas que en tu familia la música ha estado presente desde bien pequeña pero, ¿cómo se configura en ti tu faceta musical a nivel profesional?
Ha pasado todo de una manera muy orgánica y muy natural. Nadie me forzó a ser músico, pero de alguna forma me fui encontrando en ella. Empecé con la música desde que nací porque la tenía en casa, pero así como estudiarla más en serio, a los siete años me puse a tocar el piano, a los 8 el trombón, y a los 12 o 13 me lancé a cantar. No sé, de a poquito, como todo.
En tus facetas de compositora, cantante y trombonista, ¿hay algo que sea más importante para ti a la hora de crear música o las tres son importantes?
Es verdad que ha tenido un orden. Yo pensaba que era trombonista primero porque era lo que siempre había estudiado con más conciencia, pero después sí que me he dado cuenta de que al final soy más cantante. Bueno, más cantante que trombonista no sé, pero que canto, eso está claro. Con el tema de la composición me tiré a la piscina más tarde, con el disco anterior, Como la piel (2021). Obviamente ya había compuesto antes muchas cosas pero, ahora pienso que se alimentan las unas con las otras. Puedo componer de una manera porque sé tocar el instrumento y vivo la voz de una forma; y de la misma manera, canto así porque toco el trombón, y toco el trombón así porque canto… Todo va ligado al final, de eso no tengo duda. Se ha dado así, de una manera orgánica.
Vienes del jazz, pero te mueves cómoda en otros muchos géneros como el bolero o la bossa nova, y también cantas en variados idiomas como el catalán, castellano, inglés o portugués. ¿Es algo natural en ti?
Sí, no ha sido una cosa forzada, de hecho lo que se me hace extraño es, de golpe dejar… no dejar, pero sí hacer menos una cosa que había hecho toda mi vida, tocar estándar. Y al final como pasarla rodeada de jazz, todo el rato.
Es tan infinita la música, que al final no te la acabas Ahora también siento que es un momento de exploración muy importante, que ya hace mucho tiempo que se despertó en mí, pero que ahora estoy dejando más que me invada. Es que es tan infinita la música, que al final no te acabas.
Claro, y además, has hecho tantas cosas ya, siendo tan joven, ¿hacia dónde crees que vas?, ¿qué te apetece hacer ahora? Porque además de tus trabajos, también has hecho muchas colaboraciones súper chulas con Maro, Silvia Pérez Cruz, Lucía Fumero, Yerai Cortés, C. Tangana...
Lo de mirar el futuro últimamente no lo llevo muy bien. Prefiero poner un poco de presencia en lo que estoy viviendo ahora porque también siento que todo es muy rápido. El disco que estamos presentando ahora salió en julio, o sea, hace nada, ¿sabes? Y ya tengo la sensación de tener que estar otra cosa, sobre todo porque los medios siempre me hacen esta pregunta de “¿qué es lo siguiente?”. Y pienso, pero si hace tres meses y llevo no sé cuánto tiempo trabajando en este este álbum, déjame tocar un rato y disfrutar de esto, y ya te contaré lo que venga después. Como bajarlo un poco, no sé, todos pecamos de esto mucho. Total, creo que, en general, tenemos que estar más presentes en la vida porque estamos todo el rato mirando al futuro.
¿Qué te mueve a la hora de hacer música? Porque además de los estándares de jazz y de rescatar canciones populares (Algo contigo, Alfonsina y el mar, Eu seu que vou te amar…) creo que hay muchos valores que se repiten en lo que escribes.
Al final son como cositas que a mí me resuenan. Pueden ser solamente porque la belleza ya las hace bonitas, como una canción de amor, que ya es bella por sí misma. Otras cosas son como inquietudes, cosas más cotidianas o imágenes que me monto en mi cabeza y que acaban plasmadas así. Estoy en un momento en el que no siento esa necesidad de producir y estoy un poco incómoda con eso, porque este movimiento frenético de alrededor te hace sentir que deberías querer producir.
Nace como una especie de necesidad extraña. Justamente ahora estoy en un momento en el que no siento esa necesidad de producir y estoy un poco incómoda con eso, porque este movimiento frenético de alrededor te hace sentir que deberías querer producir. Pero bueno, ahí estoy dejándome sentir también.
A la hora de crear, tiene que ser estresante estar pensando todo el rato en producir. También hay que vivir y sentir para escribir o componer.
Claro, existe esa fina línea del artista. Haces lo que quieres pero al final también vives de eso. Entonces, encontrar el equilibrio de realmente hacer eso porque tú quieres y que no exista el factor externo de “tienes que sacar un disco porque necesitas dinero”... Encontrar ahí el caminito de cómo posicionarte.
No sé si hay un momento en el que identificas que algo te hizo clic con la conciencia feminista o ha sido algo natural en tu vida.
Siempre me cuesta ponerle palabra a todo esto, pero siento que, de alguna forma, no me he dado cuenta hasta hasta más tarde. Es verdad que me he movido en entornos desde muy pequeña con muchísimas gente, como las big bands, donde me veía ahí sola, o con alguna compañera más, y dieciséis tíos. Pero es verdad que también he vivido experiencias desde mis inicios en las que he tenido la suerte de rodearme con muchas mujeres a las que admiro mucho. Entonces, siento que hay mucho trabajo por hacer, pero también pienso que ya está pasando, que es una cosa a la que hay que dejarle tiempo. Siempre digo la misma tontería, pero si igual que a Miles Davis, le hubiesen puesto una trompeta en las manos a su hermana, habría tenido esa misma oportunidad, y las mujeres de hoy en día ya hubiesen tenido ese referente. Ni siquiera sé si Miles Davis tuvo hermanas, pero es por poner el ejemplo. Los referentes se están formando ahora... Mentira, porque siempre ha habido, pero es verdad que siempre ha habido pocas. Pienso que ahora se está viviendo un momento complicado.
Yo ahora estoy compaginando todo esto con la maternidad, que es un tema muy importante para las mujeres y, guau, me estoy dando cuenta de muchas cosas, de lo heavy que es, de la energía que hay que poner en eso. Realmente tienes que querer mucho una cosa para seguir con el ritmo y no parar. Se mezclan muchas cosas: de cómo tú quieres criar a tus hijos, de cómo te dejan cuidar a tus hijos, de las pocas ayudas que hay, del privilegio que yo a lo mejor puedo tener porque he sido autónoma y me lo he podido montar como yo he podido.
¿Cómo no hay un poco más de empatía [...] para que realmente las mujeres podamos estar tranquilas y podamos decidir si queremos volver a nuestros trabajos o no?
Pero si no lo fuera, a las 16 semanas hubiese tenido que estar ahí y mi lactancia se hubiera ido a la mierda. Pienso en todas estas cosas y, guau, ¡es increíble! ¿Cómo no hay un poco más de empatía, de empuje para que podamos hacer algo para que esto cambie y para que realmente las mujeres podamos estar tranquilas y podamos decidir si queremos volver a nuestros trabajos o no? Entonces, aparte de eso, yo sí que siento que he decidido seguir trabajando, porque es una cosa que me llena, pero no dejo de sentir que si hubiera como un acompañamiento y un cojín mucho más confortable de saber que si paro dos años no pasa nada, se viviría diferente. Todo el rato la presión del sistema que te dice que tienes que hacer cosas.
Hablando de la maternidad, creo que estás visibilizando que se puede ser madre joven y que se puede ser madre artista trabajadora.
Sí, pero también existe ese doble filo de que la gente te ve como si fueras una superheroína, ¿sabes? Y yo lo veo mucho eso, que me alaban que me vaya de bolo y me lleve a las niñas. Y pienso, sí, hago todo eso, pero luego llego a mi casa y estoy una semana muerta, que no quiero que nadie me hable. Y después me como yo las rabietas de mis hijas y no sé si lo estoy haciendo bien por llevármelas a no sé dónde, porque tampoco lo he visto hacer a nadie. Y tampoco sé si estoy siendo buena madre haciendo eso. O sea, hagas lo que hagas, siempre estás haciendo algo mal también. Hay mil millones de dudas. Desde fuera se romantiza todo eso y es verdad que es muy bonito, pero tener a mis hijas aquí en el camerino, que las pobres no saben ni dónde van a dormir, tampoco me hace sentir súper bien. Al final todas tenemos mil frentes y no sabes si lo estás haciendo bien nunca. En realidad lo de romantizar la maternidad es una cosa que hay que parar de hacerla y creo que muchas mujeres lo están haciendo ya.
Me gusta mucho la relación que tienes con tu madre. ¿Cómo es trabajar con ella? Porque empezaste a contar con ella en tus dos primeros discos y ahora sigue en tu banda.
Ha sido como una especie de sorpresa conocemos un poco desde ahí. Trabajar con ella ha sido como simple porque creo que nos entendemos y al final ha sido bonito porque nos estamos conociendo desde este otro lugar, que la verdad no pensaba que nunca pasaría y ella tampoco. Entonces, estamos como aprovechando eso. La admiro mucho musicalmente y aunque no fuera mi madre, me gustaría tocar con ella.
Ella es increíble. A mí el primer disco me encanta y me gustó mucho que fue como un enlace con mi padre, le envié Nunca vas a comprender y yo sabía que a él le iba a gustar. Pero creo que tu música tiene el poder de unir a muchas generaciones.
Esto es un poco así, la verdad. Y es que los músicos que me acompañan vamos desde los 75 a los 25 años que he hecho yo ahora. Hay como 50 años ahí de experiencias por el medio. A mí me encanta porque al final cuando tocas con gente que ha vivido más, gente que toca mejor que tú, al final tú aprendes, y esto es así y yo lo he vivido desde chica. Siempre he estado rodeada de gente mayor, pero es que al final es así como tú vas haciendo de esponja.
Rita Payés y su madre Elisabeth Roma. Fuente: YouTube
En resumen, Rita Payés es una artista completa cuya música trasciende géneros y generaciones. Su talento, combinado con su visión personal y su compromiso con la maternidad y el feminismo, la convierten en una figura inspiradora en el panorama musical actual.
