El vínculo materno filial es una de las conexiones más profundas que existen. Este lazo emocional es esencial en la vida de los niños, construyéndose a través de la unión y seguridad emocional que brindan sus figuras de contacto más cercanas.
Definición de Filiación
Según la Real Academia Española, la filiación se define como la «procedencia de los hijos respecto a los padres». Jurídicamente, es la relación paterno-filial existente entre el progenitor (padre o madre) y su hijo(a).
Este vínculo familiar puede ser biológico o provenir de un acto jurídico como la adopción. En el caso de la reproducción asistida, la filiación puede ser matrimonial (fecundación homóloga o heteróloga) o extramatrimonial (madre soltera con donante anónimo).
La paternidad y la maternidad no son simplemente hechos biológicos, sino acciones voluntarias que crean vínculos de justicia, responsabilidad, solidaridad y amor entre padres e hijos.
Importancia del Vínculo Materno Filial
En el primer año de vida, se establecen las bases psicoafectivas necesarias para el desarrollo del bebé, permitiéndole percibirse como un individuo diferenciado. El bebé, en un estado de vulnerabilidad y dependencia total, necesita un entorno que atienda sus necesidades con atención, afecto, reconocimiento y continuidad en los cuidados, para sentirse calmado, seguro y cuidado.
Esto implica que el cuidador debe estar atento a las señales del bebé, ofreciendo una mirada que procure la sintonía afectiva y responda a sus necesidades de regulación, hambre, sueño y juego, fortaleciendo así un vínculo de seguridad necesario para su crecimiento.
“Afortunadamente -explica la psicopedagoga Neus Marí-, en las últimas décadas ha habido un cambio en cuanto a la concepción de las capacidades del bebé en los primeros años de vida, valorando un mayor cuidado a sus necesidades, no solo fisiológicas sino también relacionales y de estimulación de sus sentidos y capacidades, favoreciendo su interacción con el entorno y una mayor atención a crear vínculos afectivos que promuevan seguridad y favorezcan su desarrollo integral”.
Cuando hablamos de vínculo materno o paterno filial nos referimos a la relación de seguridad necesaria que permita la interacción con el entorno y con los demás, de manera funcional y segura para el crecimiento y la autonomía.
“El bebé precisa de la estimulación necesaria para que pueda explorar y aprender de la experiencia compartida con los recursos de los que dispone para poder desarrollar cada vez de manera más compleja sus capacidades. Hablamos en los primeros años de la importancia del desarrollo sensorial y motriz donde el bebé, a través de todos los sentidos va explorando y conociendo el entorno, siendo a través del vínculo de afecto con sus cuidadores que podrá hacerlo de manera segura”, afirma Marí.
La mirada del cuidador es esencial para identificar las señales del bebé, otorgándole una identidad cada vez más diferenciada que le permita construir su identidad. El bebé se desarrolla gracias a esta mirada que busca el intercambio, ofreciendo la seguridad de que sus necesidades van a ser satisfechas. Esta seguridad es la que va a permitir al bebé explorar y relacionarse con el entorno, adquiriendo en cada fase evolutiva la autonomía necesaria para crecer y aprender de los demás y del contexto en el que se desarrolla.
Principales Nexos de Unión
Si bien se conocen los beneficios del amamantamiento, tanto para el bebé como para la madre, el nexo de unión no solo depende de la lactancia materna. Se valora la importancia de la alimentación (pecho, biberón) como medio para descubrir a su mamá o a su papá en una experiencia relacional que ofrece mucho más que una función de dar alimento.
Al succionar, el bebé satisface el hambre, pero también que es un momento de integración sensorial en la que el bebé mira, siente, huele, oye y se vincula con su cuidador ofreciendo calma, alimento y favoreciendo la interacción.
No poder amamantar al bebé no tiene por qué afectar al vínculo, ya que lo importante es la función de alimentar y relacionarnos con nuestro hijo/a de manera saludable. Es recomendable que cuando la madre no puede dar el pecho de manera adecuada (porque no tiene suficiente leche, por dolor, etc.) no lo viva de manera negativa, puesto que lo que más afecta al vínculo es nuestro estado psicoafectivo, debiendo ser conscientes de que su desarrollo no tiene por qué verse afectado por ser alimentado de otra manera. Es importante que cuando tengamos algún problema en este sentido, podemos buscar especialistas que puedan ayudar a poder realizar la lactancia materna, así como ofrecer consejos y soluciones adaptadas a cada caso.
El vínculo de Apego comienza durante el embarazo. Claves para reforzarlo
Pero, ¿Qué sucede si la madre no pueda estar con el bebé todo el día durante ese primer año de vida? La psicopedagoga Neus Marí indica que “lo más importante para el bebé es que se pueda dar continuidad a los cuidados, estableciendo rutinas y formas de interacción que permitan atender a sus necesidades. Cuando hablamos de las funciones parentales, madre, padre, no nos referimos a personas concretamente si no a las funciones de atención y cuidado que necesita el bebé para su supervivencia y desarrollo. Estas necesidades implican el cariño, la alimentación, el aseo, el sueño y, sin duda, el disfrutar y ofrecer el juego y la interacción que le permita relacionarse y desarrollarse de manera adecuada”.
Interferencias a Evitar
Uno de los principales aspectos para tener en cuenta y poder ofrecer la atención al bebé de manera adecuada, son los cuidados al propio cuidador para que éste tenga la disponibilidad necesaria para atenderle en ese primer año en el que muestra un alto grado de dependencia y vulnerabilidad. La madre, o cuidador, debe sentirse comprendida, estar lo más lejos posible de preocupaciones importantes, tener el soporte necesario para gestionar el día a día y llevar una vida saludable.
Estar al cuidado del bebé requiere de mucha flexibilidad para adaptarse a constantes cambios y atender a necesidades que implican mucha dedicación, con lo que es importante poder descansar, alimentarse y tener una salud física y mental que permita sostener este momento tan importante.
Por otro lado, el uso de pantallas está totalmente contraindicado durante los primeros años de vida del bebé, dado que no proporciona ningún beneficio a su desarrollo, sino todo lo contrario, puesto que lo aísla de la experiencia relacional, dando lugar a alteraciones en su comportamiento.
Vínculo Paterno Filial
En un principio, la función paterna implica el poder proporcionar el entorno de calma que permita que la relación madre (cuidador principal)-bebé no se vea comprometida o fragmentada con el fin de poder dar continuidad a los cuidados. A partir del cuarto mes, el bebé pasa de atender solo al rostro del cuidador a querer conocer su entorno, desviando su mirada hacia afuera, es decir, hacia el mundo exterior que hasta ahora parecía limitado a la díada madre (cuidador principal)-hijo.
La función paterna implica el descubrimiento del mundo social, ayudando al proceso de diferenciación y separación, así como a la integración de los límites que implican compartir la atención y la relación con los demás. En ningún momento nos referimos en esta función a una persona en concreto (madre o padre) si no a la función que realiza la persona(s) ante los cuidados del bebé.
Más Allá del Año
Un vínculo de seguridad implica un acompañamiento hacia la autonomía e independencia del niño. Cuando el bebé empieza a poder desplazarse y separarse físicamente de su cuidador podemos ver cómo esa seguridad le proporciona la motivación e iniciativa por descubrir su entorno.
A los 9 meses, el bebé empieza a diferenciarse, vemos cómo llora ante el extraño, pero a la vez se muestra curioso por conocer el mundo que le rodea, debiendo atender a su curiosidad y darle confianza para que explore y disfrute de sus descubrimientos. Mediante el gateo y al iniciar la deambulación, busca separarse físicamente de la madre, experimentando cambios que implican una mayor conciencia de sí mismo.
A los dos años empieza a tener interés por relacionarse con otros niños. Su juego evoluciona buscando una mayor funcionalidad de los objetos y adquiriendo capacidades importantes para su desarrollo cognitivo como son la representación, disfrutando del juego simbólico y haciendo un mayor uso del lenguaje.
Síndrome de la Madre Ausente
Cuando el vínculo materno filial se debilita o se pierde, puede surgir el síndrome de la madre ausente, que tiene un impacto negativo en el desarrollo emocional, cognitivo y social de los niños. Este síndrome se produce cuando un hijo siente que no recibe el apoyo emocional necesario de su madre, ya sea por falta de tiempo o situaciones personales difíciles.
Consecuencias del Síndrome de la Madre Ausente:
- Problemas de autoestima: Baja autoestima y percepción negativa de sí mismos.
- Dificultades al vincularse: Problemas para establecer relaciones íntimas y seguras en la vida adulta.
- Problemas de regulación emocional: Dificultad para manejar las emociones de manera saludable.
- Búsqueda de aprobación externa: Constante necesidad de aprobación de los demás.
Cómo Prevenir el Síndrome de la Madre Ausente:
- Tiempo de calidad: Pasar tiempo de calidad con los hijos, estar presente emocionalmente y escuchar sus preocupaciones.
- Comunicación abierta: Fomentar una comunicación abierta y honesta.
- Apego seguro: Responder de manera sensible a sus necesidades emocionales.
- Establecer rutinas: Proporcionar una sensación de seguridad y previsibilidad.
- Cuidar de sí misma: Mantener un equilibrio entre las responsabilidades y la maternidad.
En definitiva, es esencial tomar medidas para construir un vínculo sólido con los hijos, proporcionándoles tiempo de calidad, apoyo emocional y una comunicación basada en la confianza. Al hacerlo, se estará proporcionando la base afectiva necesaria para su bienestar.
