Francisco Umbral: Biografía de un Escritor Doloroso y su Hijo Pincho

El 27 de agosto de 2007, Madrid despedía a Francisco Umbral, uno de los creadores españoles más influyentes de los últimos cincuenta años. Umbral, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en 1996 y el Cervantes en el año 2000, dedicó sesenta años a la escritura ininterrumpida. Él mismo confesó que escribir era el eje de su vida, la literatura y el periodismo, las actividades que le permitían seguir adelante. «Soy un escritor doloroso que se cura escribiendo», escribió en su Diario político y sentimental, o bien: «Toda mi vida no he hecho otra cosa que autorretratos. Me he pasado la vida escribiendo memorias».

La obra de Umbral ha sido objeto de numerosos estudios, tesis y ensayos. Sin embargo, su vida personal permaneció durante años envuelta en misterio. Desde el inicio de su reconocimiento como escritor, Umbral se esforzó por mantener en la sombra ciertos aspectos de su pasado. Durante años, se decía que había crecido «huérfano de padre» y que había perdido a su madre a los veintiún años. Sobre todo, se mencionaba que, tras la muerte de su hijo Pincho a los siete años en 1974, su vida había sufrido un vuelco radical, transformándolo en un hombre de trato difícil, soberbio y poco tolerante.

En 2004, Anna Caballé publicó una biografía sobre Francisco Umbral, aportando pruebas que aclaraban algunas de estas incógnitas. El libro de Anna Caballé se tituló El frío de una vida y supone, con el texto de Martínez-Rico (2001), la aproximación biográfica más trabajada sobre el escritor vallisoletano. En 2015, ocho años tras la muerte de Umbral, el periodista Manuel Jabois publica un artículo donde informa sobre la identidad del padre de Umbral. Por fin quedaban desvelados los secretos que Caballé quería poner sobre el tapete para su análisis motivacional de los escritos umbralianos.

Francisco Umbral, 1964.

Documental Paco Umbral "Anatomía de un dandy"

Primeros Años y Carrera Periodística

Francisco Pérez Martínez nació en Madrid el 11 de mayo de 1932. Hijo natural de Ana María Pérez Martínez, pasó su infancia en León, Palencia y Valladolid. Debido a su delicada salud y carácter rebelde, su escolarización fue breve, aunque desde temprana edad fue un lector voraz. Logró una formación autodidacta que le permitió empezar a trabajar a los catorce años y colaborar en revistas universitarias.

Animado por Miguel Delibes, en 1958 comenzó en Norte de Castilla su carrera periodística. Más tarde, trabajó en varios medios de León, incluyendo la emisora La Voz de León, donde usó por primera vez su apellido Umbral, y los diarios Proa y El Diario de León. Umbral, el apellido que le hará famoso, nace en León el 29 de mayo de 1958. Aquel día, el joven locutor que hizo una sentida crónica de la muerte de Juan Ramón Jiménez pocas horas antes se despidió de los oyentes como «Francisco Umbral».

Desde mayo de 1958 hasta febrero de 1961 el joven vallisoletano se trasladó a la ciudad leonesa para trabajar en la emisora La Voz de León. Posteriormente se incorporaría a la prensa local. Diario de León y Proa son los primeros periódicos donde Francisco Pérez pasa a firmar como Francisco Umbral. Así, con el título de Diario de un noctámbulo y bien prologado por Luis Mateo Díez, también veía la luz la obra de los primeros años de Francisco Umbral como periodista. Desde 1958, desde sus inicios, sus colaboraciones radiofónicas llaman la atención de oyentes y compañeros.

En 1959 se casó con la fotógrafa María España Suárez Garrido. En 1961 va a Madrid como corresponsal y frecuenta la tertulia del café Gijón, donde traba amistad con Camilo José Cela, que le ayuda a publicar sus primeros libros.

El Dolor de la Pérdida: Pincho

En 1959 se casa con la fotógrafa María España Suárez Garrido, con quien tiene un hijo, Pincho, que fallece de leucemia con seis años. De este doloroso hecho nace su libro más lírico y personal, Mortal y rosa (1975), considerado por algunos su obra maestra. Esta pérdida, unida al distanciamiento de su madre y su dura infancia, marca profundamente su carácter.

El día en que Francisco Umbral entró en una de las aulas del Colegio Estilo de Madrid (dirigido por Josefina Aldecoa) y tomó al hijo de la mano para dar vueltas juntos al parque del Retiro sabía lo que llegaba. La leucemia del chico no remitía. Jesús Hermida, corresponsal de TVE en Nueva York, enviaba puntual por la valija la medicación necesaria para completar la pauta que le administraban en la Fundación Jiménez Díaz. Hermida estuvo facturando remedios hasta el último día, hasta la mañana de 1974 en que murió Francisco Pérez Suárez, Pincho. Seis años de edad. Hijo de Francisco Umbral -Francisco Pérez Martínez- y María España Suárez. El entierro fue en el cementerio de La Almudena.

La muerte de Pincho devastó a María España y a Francisco Umbral. Después de enterrar a Pincho algo ocurrió. Aquel Umbral dispuesto a desplegar en la literatura un inventario palpitante de crónicas del tiempo se detuvo. Estudió su daño. Lo palpó por dentro. Se arrancó vida y decidió que ese filón propio del hombre destruido debía ser literatura de otro modo. No desde el llanto, sino desde el estupor. Y se sentó, cuentan que cebado de whisky y optalidones, a contar el luto por el hijo muerto, a levantar el íntimo diario de la devastación del padre.

Mortal y Rosa: Un Parteaguas Literario

Mortal y rosa es el libro. Lo publicó la colección Áncora y Delfín. El título viene del poeta Pedro Salinas: "...esta corporeidad mortal y rosa/ donde el amor inventa su infinito". Porque la poesía es el pistón de Umbral y de ahí viene todo lo demás, de la poesía y de Valle-Inclán. Mortal y rosa es el parteaguas de la escritura de Umbral, de la literatura de Umbral, el relente y la tristeza del hombre lobo. Su kilómetro cero.

En este momento devastado, con una escalera de incendios que le va del corazón a la cabeza y desde lo alto se arroja una y otra vez, Umbral hace el relato lírico -dietario, memorias, autobiografía- del infierno desbordante de su orfandad de padre. El procesamiento artístico de estas páginas pasa por echarse a los hombros las palabras y llegar con ellas a la confabulación de la poesía y a un desafío de la prosa como no se había hecho. El daño va a compás de la pasión inconsumible. Quién dice que no podría ser el mejor libro de Umbral. Es el mejor libro de Umbral porque sus efectos expresivos están fundando, de otro modo, otra lengua propia y literaria.

En ese año de 1975 se publican en España otras novelas principales: La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza; Juan sin tierra, de Juan Goytisolo; Cerbero son las sombras, de Juan José Millás; El libro de arena, de Borges; El otoño del patriarca, de García Márquez... Mortal y rosa es una pieza extraña. No está comprometida más que con el luto y el dolor. No tiene más chanchanes que un hombre que tira de los trapos y los cabos de las figuras retóricas, de las metáforas, de las imágenes, de los versos, para llevar el español hasta la extenuación, para sacarlo de quicio, para impulsarse en él hasta convertir el temblor en una dinámica textual hermosísima.

En Mortal y rosa no hay exhibicionismo sino un ciudadano escribiendo sobre el hijo muerto y sobre sí mismo con toda la carne fuera, sin disculparse un instante, sin mirar a los lados, sin preguntar qué hay más allá. Está trabajando para él, para el juramento de su desesperación.

Reconocimiento y Legado

Colaborador de prestigio en revistas y diarios, con la Transición se convierte en uno de los columnistas más cotizados: primero, en el diario El País (1976-1988), después en Diario 16, y desde su fundación en 1989 en El Mundo. Durante toda su vida alterna una prolífica labor periodística con una regular publicación de libros, no sólo recopilaciones de artículos y crónicas, sino novelas, ensayos, memorias autobiografías, biografías (sobre Larra, Byron, Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Cela, Delibes, Lola Flores…), diccionarios e incluso un solitario título de poesía: Crímenes y baladas (1981).

Personalidad controvertida y polémica, poseyó un estilo reconocible, heredero del barroco y las vanguardias, imitado en la prensa española, con abundancia de neologismos y metáforas, no exento de un lirismo descarnado y provocador. Fue considerado «uno de los primeros prosistas de la lengua española del siglo XX» (Lázaro Carreter) y «el escritor más renovador y original de la prosa hispánica actual» (Delibes).

Umbral recibió numerosos galardones a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio Nacional de Cuentos Gabriel Miró con Tamouré (1964), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1996) y el Premio Cervantes (2000). Su estilo único y su capacidad para fusionar géneros lo convirtieron en una figura clave de la literatura española del siglo XX.

Al decir de los críticos, Mortal y rosa pasa por ser la mejor obra de Umbral. Es un libro doloroso, íntimo, que escribió a poco de fallecer su hijo, de apenas cinco años. “Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido” .

Premios y Reconocimientos

PremioAño
Premio Nacional de Cuentos Gabriel Miró1964
Premio Príncipe de Asturias de las Letras1996
Premio Cervantes2000

El 28 de agosto, Francisco Umbral fallecía en una clínica madrileña. Con su desaparición, la literatura española pierde a uno de sus más grandes renovadores de los últimos años. Admirado y despreciado a partes iguales, Umbral ha sido un escritor de una pieza.

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