Ramoncín: Biografía de un Icono del Rock Español

La vida de José Ramón Julio Márquez Martínez (Madrid, 1955), más conocido como Ramoncín, no ha transcurrido, precisamente, sin polémicas de por medio.

Ramoncín en 2013

El documental «Una vida en el filo», un repaso por la biografía del artista, ahonda en muchas de ellas. Durante una conversación telefónica, ABC tuvo la oportunidad de recordarlas con un cantante que hoy, con 61 años, echa la vista atrás para volver a sus orígenes y hacer balance de un carrera en la que nunca aceptó, fuera bueno o malo, morderse la lengua.

Inicios y Orígenes

Chico de barrio, controvertido, polémico, amante del rock y del punk... así es Ramón Martínez Márquez, más conocido como Ramoncín. El hijo adoptivo de Vallecas, aunque curiosamente nunca ha vivido nunca allí, conversa con Ariel Rot, presentador de 'Un país para escucharlo', sobre su trayectoria. Y no lo hace en Vallecas, sino en el barrio madrileño Las Delicias.

“Yo nunca he vivido en Vallecas, me hicieron hijo adoptivo porque montamos un local de ensayos en un pesebre de una antigua vaquería allí”, dice entre risas el madrileño. Allí nació el cantante, que vivió con su abuelo y su tía, que hizo de madre porque la suya, que lo tuvo soltera, se marchó cuando tenía dos años y medio.

“Las Delicias era un barrio de gente trabajadora, con inquietudes culturales,” apunta Ramoncín. Sin embargo, al artista siempre se le ha relacionado con el barrio madrileño de Vallecas porque es donde inició su carrera.

Ascenso a la Fama

La irrupción del punk le aproximó a la música de verdad. En 1978, poco después de haber debutado en el Ateneo de Madrid, apareció su primer álbum, titulado 'Ramoncín & WC', y llegó su primer éxito: 'Rock and roll Duduá'.

El cantante recuerda que la clave del éxito fue decirle a los chicos de su barrio: “Yo sé lo que hay que hacer. Hay que escribir canciones en castellano y escribir como hablamos en el barrio”.

Ramoncín era un joven punk con un rombo pintado en el ojo, que tiraba huevos al público y al que conocían como ‘el rey del pollo frito’. Era un provocador.

Solo tenía 17 años cuando escribió ‘Marica de terciopelo’, pero había leído lo suficiente como para escribir aquellas letras. En una sociedad española en plena Transición, fue difícil que este tipo de temas se colasen en la mayoría de emisoras, pero se convirtieron en himnos juveniles gracias a los conciertos en directo.

“Recuerdo que tocamos en el teatro Barceló y luego tocamos en París en un club. A la vuelta, paramos en una estación de carretera. Cuando vi mi cara en todas las portadas de las revistas, no me lo podía creer. Ese concierto, la aparición con el rombo en el ojo cantando ‘Marica de terciopelo’, fue algo muy grande”, confiesa el cantante. Fue precisamente esa canción, la que llamó la atención a grandes escritores como Gonzalo Torrente Ballester o Francisco Umbral, quien llamaba al cantante ‘poeta de la calle' y llegó a convertirse en su amigo. De hecho, en 1979 le escribió el prólogo de un libro de poemas que hizo el artista titulado 'Animal de ojos caídos'. Ramoncín amaba la poesía.

En 1979 vio la luz ‘Barriobajero’, continuación perfecta de su trabajo de debut, con ventas casi similares al primero. Y en 1981 salió al mercado ‘Arañando la ciudad’, en el que su propuesta punk inicial iba dando paso a un rock más clásico. Sin embargo, sencillos como 'Hormigón, mujeres y alcohol' y 'Putney Bridge' se vendieron muy bien. Entretanto, las nuevas formaciones de principios de los ochenta como ‘Radio Futura’, ‘La Mode’ o ‘Golpes Bajos’ se mostraban en general más preocupadas por la estética e interpretaban letras menos comprometidas. Así, en plena eclosión del pop español, los planteamientos de Ramoncín comenzaron a quedar un tanto desfasados.

Ramoncín durante el pregón de San Isidro 2023

Diversificación Artística

Acabada la etapa más creativa e innovadora de su carrera, los constantes cambios de sello discográfico acabaron perjudicando el resultado de trabajos como '¡Corta!' (1982), 'Ramoncinco' (1984) o 'La vida en el filo' (1986), entre otros. Cada vez más alejado de la música, comenzaron a ser frecuentes sus incursiones en la prensa o su presencia en diversos programas de televisión.

Ramoncín se ha interesado también por otras manifestaciones artísticas, aparte de por la poesía. Participó como actor en las películas 'Verano infernal' y 'Rossa del bar'. En 1986 actuó y llevó la dirección musical de 'Negro seco'. Ya en los 90 publicó un diccionario del lenguaje de la calle, 'El tocho cheli' (1993), del que preparó una segunda edición, 'El tocho cheli II' (1996). En 2001 lanzó un nuevo disco, 'Ángel de cuero', un recopilatorio en el que puede revisitarse su carrera musical a través de 25 canciones grabadas entre 1978 y 1990.

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Uno de sus últimos proyectos: un musical

El cantante encabeza el reparto de 'Los titanes', la producción musical sobre el origen de la humanidad según los griegos antiguos, que estrenó el pasado verano en el Teatro Romano de Mérida. “Yo había hecho teatro primero en la universidad y luego hice una obra en el 86, pero ya no había vuelto al teatro más”, comenta Ramoncín. Cuando le ofrecieron trabajar en esta obra dudó en aceptar la propuesta.

Madrid como Eje Central

Sin duda, uno de los pioneros del punk rock en España ha sido José Ramón Julio Márquez Martínez, más conocido como Ramoncín, un icono de la Movida Madrileña de los años ochenta. Una figura controvertida, amada por muchos y repudiada por otros, además de sus distintas polémicas.

En los últimos años, el artista se ha dedicado a participar en tertulias y a expresar su opinión sobre distintos temas, lo que le ha llevado a estar en el punto de mira de algunos.

El cantante confesó este año en el programa Y ahora Sonsoles su complicado origen familiar. "Mi madre siempre fue muy graciosa y decidió tenerme allí. Nadie sabía que estaba embarazada", comentaba Ramoncín, quien definió aquello como algo que le hizo "más madrileño imposible".

En su documento nacional de identidad, figura como José Ramón Julio Márquez Martínez, pero es conocido, a estas alturas muy a su pesar, como Ramoncín. El cantante y punta de lanza del primerizo punk español durante los últimos setenta pero también presentador, escritor, tertuliano, directivo de la SGAE y, sobre todo, polemista, cumple años.

Allá donde aparece el nombre del artista, fácilmente aparecerá asociada una bronca con alguien, algún momento de tensión o una denuncia por medio. Viene siendo así desde siempre, casi desde sus inicios como jovencísimo y desinhibido frontman y hasta hace dos días. Su aire altivo y su facilidad para meterse en líos o elegir muy mal sus batallas le ha convertido en uno de los malos favoritos de la cultura popular española.

Porque en el Ramón entrado en los sesenta sigue presente el aire chuleta y algo perdonavidas de aquel chaval que se plantó en un plató de la por entonces pacatísima Televisión Española para cantar Marica de terciopelo con traje chaqueta blanco de pimp y un rombo pintado en el ojo, para sofoco y escándalo de la mayor parte del público de la época. Y, a estas alturas, es muy posible que sea algo que se lleve consigo a la tumba.

Esa actuación es uno de los hitos que sirvieron para modelar la figura de un personaje que se erigió en referente de una cierta contracultura en un momento en el que el país era un auténtico erial en ese apartado. Sus inicios en el grupo rock W.C. pronto reclamarían un protagonismo para su figura que no tardaría en llegar.

El Ramoncín de finales de los setenta, el de sus dos primeros discos, buscaba más consolidar una actitud y un sello propio más que una identidad musical concreta, en un momento en el que resultaba casi más importante la voluntad de transgredir que los recursos musicales que se elegían para ello, porque viniendo de donde se venía, casi todo resultaba provocador y excitante.

La jerga cheli, los ambientes de barrio y los aires vacilones serían un punto de partida para un Ramoncín con las ideas algo más claras y que, casi desde los inicios, tenía sus más y sus menos con otros grupos del momento como Kaka Deluxe, practicantes de un punk mucho más ortodoxo que el suyo. La inmersión total en el rock urbano que supuso el exitoso Arañando la ciudad, con la infalible Hormigón, mujeres y alcohol como tarjeta de presentación haría el resto para separar de manera irreconciliable al cantante de la escena de la Movida que bullía en la capital.

Ramón recorrió los ochenta a su aire, sacando discos en los que no se plegaba a los caprichos de nadie que no fuese él mismo y permitiéndose colaborar con artistas tan dispares como Pepe Risi, de Burning, Manolo Tena o Brian May de Queen. También participó en varias películas e incluso publicó una autobiografía.

Los noventa comienzan con un adiós, en forma de disco en directo y recopilatorio. A partir de ahí, sorprendería con su reinvención como presentador del exitoso concurso de la 2 Lingo y publicaría su celebrado tocho cheli. No sería hasta finales de los noventa cuando volvería a los estudios de grabación para preparar el inevitable “disco de madurez”, Miedo a soñar, un trabajo de robusto rock más comedido vocalmente y en las letras que no parecía buscar ubicarle en un lugar específico del panorama musical y, desde luego, no lo lograba.

El presente siglo ha sido, casi sin excepción, una concatenación de recopilatorios, discos en directo y discos de versiones y rarezas. Hay que esperar hasta 2011 para que, con Cuando el diablo canta lleguen nuevas composiciones de Ramoncín. Su última referencia, Quemando el tiempo es una caja recopìlatoria que incluye el documental Una vida en el filo.

Mientras tanto, Ramoncín ha sido y es tertuliano en diversos programas de radio y televisión, fue parte de la directiva de la SGAE que encabezó el controvertido Teddy Bautista y ha protagonizado titulares por polémicas de todo tipo, desde rifirrafes con Joaquín Sabina a un juicio por supuestas irregularidades del que salió absuelto. Como viene siendo norma desde hace cuatro décadas, su última polémica es, en realidad, la penúltima.

Aproximadamente fue en 1982 cuando Basilio leyó en una revista unas declaraciones de Ramón en las que manifestaba su deseo de producir a algún grupo nacional, si este le gustaba lo suficiente. Metió en un sobre unas cuantas fotos de Garage junto a una cassette con temas del grupo y se lo envío. A partir de ahí mantuvieron un contacto regular y en algunos encuentros que tuvieron compartieron la que era (y es) una de sus debilidades: Bruce Springsteen.

Ramoncín ha insistido, en varias ocasiones, que es madrileño hasta la médula. El cantante ha llevado su vida alrededor de Madrid, de su vida cotidiana y, también, de los distintos momentos que han marcado su rutina. Es por eso que nunca se ha separado del barrio que le vio crecer y como curiosidad ha contado, en distintas veces, que nació por sorpresa en la Puerta de Alcalá cuando su madre y su abuelo se dirigían hasta el hospital. Además, en ese momento, nadie sabía que estaba «embarazada». «Mi madre me tuvo en un taxi en la Puerta de Alcalá», contó en La Sexta.

La relación con su madre, en sus primeros momentos de vida, vivió varios altibajos. Fue su madre quien se ocupó de él, como explicó en Y ahora Sonsoles, desde pequeño. «Me di cuenta de que tenía dos madres», contó y fue ella a quien llamó siempre «tita». «Me hizo el mayor favor del mundo. Me dejó en la calle Canarias, en el barrio de Delicias, rodeado de una familia maravillosa», apostilló en el programa de Sonsoles Ónega. Además de su tía, su abuelo también fue una de las personalidades que más influyó en esos primeros momentos de vida.

José Ramón Julio Márquez Martínez, su nombre completo, nació en noviembre de 1955 en la ciudad de Madrid. A los dos años y medio, su madre biológica lo dejó al cuidado de su abuelo y su tía Engracia, quienes se encargaron de criarlo.

Legado

En todos estos años, Ramoncín ha recibido varios homenajes de la ciudad de Madrid. Este galardón es un reconocimiento institucional a su trayectoria artística y a su contribución a la vida cultural madrileña, especialmente por su papel en impulsar el rock y la música contemporánea en España desde su propio barrio y desde la capital.

En 2023 fue invitado a leer el pregón de las fiestas de San Isidro desde el balcón de la Casa de la Villa, en un acto emblemático dentro del calendario festivo madrileño.

Ramoncín El Rey del Pollo Frito

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