Placenta Previa: Prevención, Diagnóstico y Tratamiento

La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo. Esta estructura se encuentra en el útero y se encarga de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: la respiración, la alimentación y la excreción. Algunos problemas durante el embarazo pueden surgir como consecuencia de alteraciones en la placenta.

Uno de estos casos es la placenta previa, que se produce cuando ésta crece en la parte más baja del útero y cubre toda la abertura del cuello uterino o parte de ella. Hablamos de placenta previa cuando ésta se encuentra cerca del cuello del útero. La placenta previa es la implantación de la placenta en el segmento uterino inferior, recubriendo el cérvix o cerca de él, pudiendo llegar a anteponerse totalmente a la presentación fetal.

La placenta previa es una complicación que afecta a 1 de cada 200 embarazadas. La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones.

Tipos de Placenta Previa. Fuente: Reproducción Asistida ORG

Tipos de Placenta Previa

En un embarazo normal la placenta se desplaza en el útero a medida que éste crece. A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior. Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.

Se establece la distancia de 2 cm desde el borde de la placenta hasta el orificio cervical interno para clasificarla de inserción baja. Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:

  • Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino. Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.
  • Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm. Según progresa el embarazo, suele ascender, permitiendo habitualmente el parto por vía vaginal.
  • Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical. Placenta suboclusiva: se cubre parte del cuello uterino. En esta situación, la forma de terminación depende especialmente si aparece hemorragia, finalizando entonces con cesárea.
  • Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva. Placenta oclusiva: en la que la placenta cubre por completo el cuello. La placenta oclusiva total es una contraindicación para el parto vaginal.

Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.

Causas y Factores de Riesgo

La causa de la placenta previa se desconoce. Se desconocen las causas concretas por las que aparece la placenta previa, pero la principal hipótesis la relaciona con una vascularización alterada de la capa interna del útero (endometrio), estando asociados una serie de factores de riesgo que podrían aumentar las posibilidades de padecerla. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.

Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización. No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación:

  • Causas uterinas: La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.
  • Causas placentarias.
  • Malformaciones uterinas.
  • La multiparidad, cuantos más hijos previos más riesgo de placenta previa.
  • Edad de la madre, es más frecuente en mujeres a partir de 35 años.
  • Cicatrices uterinas previas: el riesgo de presentar placenta previa aumenta con el número de cesáreas previas. Las alteraciones del endometrio por legrados anteriores vigorosos también aumentan el riesgo de placenta previa.
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
  • Haber tenido varios embarazos previamente.
  • Poco tiempo entre dos partos.
  • Haber tenido un parto previo por cesárea.
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
  • Edad materna avanzada.
  • Tabaquismo: las mujeres fumadoras tienen un riesgo aumentado de placenta previa.
  • Tabaco y abuso de cocaína.
  • Raza: es más frecuente en mujeres de raza negra o asiática que en mujeres de raza blanca.
  • Edad gestacional: la incidencia de placenta previa se modifica con el tiempo de embarazo. La placenta previa de inserción baja es más frecuente cuanto menor es la edad gestacional, al avanzar la gestación en la mayoría de casos se resuelve.

La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.

Síntomas

Los síntomas de una placenta previa pueden variar desde la ausencia total al sangrado. La placenta previa solo sangra si se desprende. Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas.

El síntoma más típico de la placenta previa es el sangrado indoloro de sangre roja y brillante que puede ser escaso o abundante. Suelen repetirse los episodios de sangrado y pueden ir aumentando en intensidad según avanza la gestación. Los episodios de sangrado no suelen tener repercusiones fetales a no ser que el sangrado sea tan abundante que produzca un shock hipovolémico en la madre.

Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos. En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.

La recomendación principal ante el diagnóstico de placenta previa, es el reposo y observación constante, con un seguimiento de la implantación uterina mediante ecografía. Se ha de limitar toda actividad física, abstinencia sexual y evitar los tactos vaginales. Si se presenta un sangrado súbito e intenso, ingreso hospitalario inmediato, y dependiendo de la intensidad de la hemorragia, incluso con intervención urgente, con finalización del embarazo.

Se debe sospechar placenta previa en cualquier mujer que presente sangrado vaginal más allá de las 20 semanas. Ante un sangrado durante el embarazo es importantísimo acudir a tu ginecólogo para hacer un diagnóstico y en caso de ser necesario, realizar un seguimiento más exhaustivo y tomar las decisiones oportunas para garantizar la seguridad del embarazo, de la madre y del feto.

Diagnóstico

El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. La placenta previa se diagnostica mediante una ecografía. Por lo tanto el diagnóstico de la placenta previa se realiza mediante una ecografía en la que se observa que la posición de la placenta no es la adecuada. El diagnóstico se realiza siempre mediante ecografía, siendo muy frecuente al inicio del embarazo: si así ocurre, no es una situación alarmante, pues con el transcurso de las semanas, el útero crece y la placenta asciende, normalizándose en la mayoría de casos la situación.

Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias. Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Es conveniente tener un control ecográfico exhaustivo en estos casos con el fin de evitar el parto prematuro. El diagnóstico se realiza por ecografía que puede ser abdominal pero la transvaginal es más segura y fiable en su diagnóstico.

PLACENTA PREVIA en el embarazo, placenta baja ¿Qué es? ¿Cómo afecta al parto la placenta previa?

Tratamiento

El tratamiento de la placenta previa depende de varios factores. El principal es el tiempo de embarazo ya que en caso de embarazo a término el tratamiento es la finalización del embarazo. En embarazos pretérmino, la actitud debe ser conservadora y expectante mientras la madre y el feto no corran riesgo. Se procede entonces a la maduración pulmonar fetal con tratamiento intramuscular con corticoides. Si se produce un deterioro en el estado materno o fetal a pesar de ser un parto prematuro debe procederse a la extracción fetal.

En este sentido, si el sangrado es leve y la placenta está situada más baja de lo normal pero no obstruye el cuello del útero, el ginecólogo puede retrasar la cesárea y proponer una conducta expectante con reposo absoluto, un seguimiento intensivo y tratamiento para evitar un parto muy prematuro. Si, por el contrario, existen factores de riesgo de complicaciones para la madre y el feto, como sangrado abundante o la placenta obstruye totalmente el cuello del útero, puede ser necesario ingresar a la mujer embarazada para controlar el proceso y realizar una cesárea de urgencia.

Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia. Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto.

La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas. Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales.

Es importantísimo que usted asista a sus citas prenatales cuando su médico lo indique. Sólo así puede asegurarse de que su embarazo esté marchando bien y sin complicaciones.

Parto con Placenta Previa

La vía del parto depende del tipo de placenta previa y de varias consideraciones clínicas. Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial. La placenta oclusiva total es una contraindicación para el parto vaginal. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm. En los otros casos depende de la evolución y el especialista es quien decide cual es el tipo de parto más adecuado a cada caso.

La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad. En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.

Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.

En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.

En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto. Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.

Complicaciones

La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.

El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.

Además de la placenta previa, existen otras posibles complicaciones como:

  • Implantación anormal de la placenta o placenta accreta. La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).
  • Mala presentación del feto. La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
  • Retraso del crecimiento intrauterino.
  • Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
  • Anomalías congénitas.

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