Carmona e Hijos Blanes: Historia y Evolución de la Industria Textil en Castilla y León

Este artículo analiza el proceso de desindustrialización del sector textil castellano-leonés en la primera mitad del siglo XX. El estudio se centra en los cambios realizados en el sector con el fin de adaptarse a las condiciones del mercado en las diferentes situaciones coyunturales del período.

Se realiza un recorrido temporal en dos etapas: el primer tercio del siglo XX y desde la Guerra Civil hasta la liberalización del sector textil en 1952 y sus inmediatas consecuencias.

La principal conclusión es que, a pesar de los cambios en la localización del sector dentro de la región, en el tipo de fibras y tejidos a elaborar, y en la organización empresarial, así como de las ventajas políticas generadas tras la Guerra Civil, el sector textil en Castilla y León no consiguió transformar ni modernizar su estructura industrial lo suficiente para acceder al mercado en condiciones competitivas. Esta desventaja competitiva en el mercado fue la causa de la tendencia a la desindustrialización del sector.

Los factores que limitaron la competitividad de la industria textil castellano-leonesa se pusieron de manifiesto en el período objeto de estudio. El objetivo de este trabajo es tratar de esclarecer dichos factores a través del análisis de los cambios llevados a cabo en los principales núcleos textiles dedicados al hilado y tejido de la lana, el algodón y las fibras artificiales, para adaptarse a las condiciones del mercado en las diferentes situaciones coyunturales.

El trabajo se divide en 2 partes. La primera abarca el primer tercio del siglo XX y es una síntesis de la bibliografía existente. La segunda se dedica al período de tiempo que comprende desde la Guerra Civil hasta la liberalización del sector textil en 1952 y sus inmediatas consecuencias. Para la realización de esta segunda parte se emplean fuentes documentales de carácter oficial que proporcionan información sobre las principales empresas y la estructura del sector textil castellano-leonés durante la Guerra Civil y la posguerra.

Hay que tener en cuenta que la documentación oficial no contabilizaba en muchos casos las pequeñas empresas e incluso existían empresas que funcionaban sin los permisos oficiales. La existencia del mercado negro en el que se comercializaba una parte sustancial de los inputs que no pasaban por los cauces oficiales confluye también al falseamiento de las cifras. Por ello, la fiabilidad de dicha información es relativa, pero hay que tener en cuenta que en muchos casos las fuentes oficiales son las únicas de las que se dispone.

Los núcleos textiles de Castilla y León no llegaron a caracterizarse como protoindustriales. A pesar de ello, la presencia del sector textil tradicional era destacada en la región atendiendo al número de personas empleadas, su incidencia en la vida social o al grado de comercialización de sus productos.

En la segunda mitad del siglo XIX, la industria textil castellana experimenta un proceso de industrialización atendiendo a la aparición de empresarios, la inversión de capital, la incorporación de innovaciones técnicas y la tendencia a la especialización de las distintas zonas, a pesar de lo cual el retraso en la modernización de sus estructuras productivas afectará negativamente a su capacidad para competir con el núcleo catalán, más avanzado tecnológicamente y con una importante organización empresarial.

La existencia de modernos establecimientos fabriles que dejarán en desuso el sistema tradicional a finales del siglo XIX, y la definitiva implantación del sistema fabril en unos pocos núcleos textiles castellanos en el primer tercio del siglo XX, no fue suficiente para que el proceso de industrialización del sector en la región se adaptara a las condiciones del mercado. La consecuencia fue el carácter residual de esta industria. Pero, tanto los sectores que logran la industrialización como las industrias residuales, suelen ser el resultado de una actividad manufacturera anterior que puede evolucionar en función de complejos factores y estímulos, en una u otra dirección.

La dictadura franquista podía haber contribuido a la recuperación del sector textil regional, pero las condiciones en las que se trataron de poner en marcha los cambios y las mejoras no fueron las más adecuadas para conseguir transformar y modernizar la estructura industrial para acceder al mercado en condiciones competitivas.

La Industria Textil Castellano-Leonesa en el Primer Tercio del Siglo XX

En 1930, la industria textil tenía un peso relativamente importante en Castilla y León. Ocupaba un cuarto puesto entre los sectores industriales de la región atendiendo al número de contribuyentes de la tarifa tercera de la Contribución Industrial, y el tercero atendiendo al número de cuotas, por detrás de los sectores de alimentación y bebidas, y madera y muebles.

La Crisis de la Industria Textil Lanera y Algodonera

La creciente integración del mercado nacional desde mediados del siglo XIX, como consecuencia de la mejora de las comunicaciones y de la ampliación de la red ferroviaria, afectó negativamente a la industrial textil lanera y algodonera castellana.

La mejora constante de la industria textil algodonera catalana desde mediados del siglo XIX había traído consigo el abaratamiento de los tejidos, sustrayendo parte del consumo de los tejidos de lana más baratos cuyos consumidores principales se ubicaban en el ámbito rural. El principal enclave algodonero de Castilla y León, localizado en Valladolid, no pudo competir con la industria algodonera catalana.

La descapitalización de las empresas tras la crisis financiera de 1864 no permitió a las 5 instalaciones vallisoletanas la adquisición de nueva maquinaria, viéndose obligadas a especializarse en tejidos de baja calidad y con escaso valor añadido destinados fundamentalmente a confección de uniformes militares. En 1914, el que había sido el mayor núcleo algodonero de la España interior había quedado reducido a una sola instalación de modestas dimensiones.

En cuanto a la industria textil lanera, el crecimiento del distrito industrial lanero de Sabadell-Terrassa entre 1880 y 1913 puso de manifiesto la débil situación de la industria textil lanera castellano-leonesa. La hegemonía de la industria textil lanera catalana en el mercado español se asentó a partir de un proceso de modernización derivado del desarrollo de tejidos de estambre y de lanas regeneradas. Esta expansión coincidió con la política arancelaria proteccionista y de sustitución de importaciones promovida por el arancel de 1891 y reforzada por el de 1906. El mercado de esta industria pasó a ser básicamente el interior y se sustentó en una red comercial que se extendía por toda España y que consiguió consolidar la clientela.

El liderazgo de la industria textil catalana fue debido a la nueva empresa capitalista que realizó ampliaciones de capital destinadas a la mecanización gradual de la producción, la diversificación de la oferta productiva, la flexibilidad productiva para adaptarse a los cambios en los gustos de la clientela y a la creación de una red de comercialización y distribución de la producción.

En Cataluña se aprecian factores característicos de los distritos industriales en las áreas donde se concentraba la industria textil, como el Maresme, los márgenes fluviales del Ter y Llobregat, o el vallesano. La existencia de estos distritos que implicaban un mercado integral de trabajo, energía y de instalaciones, facilitaba la capacidad de respuesta a los cambios en las condiciones del mercado contribuyendo al mantenimiento de la competitividad. La operatividad del sector mejoró con la creación de un eje vertebrador de la comercialización y distribución en torno a la ciudad de Barcelona que reagrupaba la circulación de los inputs económicos (capital y trabajo), y los recursos tecnológicos, a menudo complementarios entre los diferentes distritos. De modo que todos estos factores confluyeron, dándose una clara correspondencia entre hegemonía tecnológica productiva y comercial.

El desarrollo del sector textil en Castilla y León se vio obstaculizado por la debilidad de la demanda ligada a la coyuntura económica agraria y la persistencia de la economía de subsistencia en muchas comarcas castellanas, lo que llevó a la especialización del sector en la producción de tejidos de escasa calidad y en las contratas del ejército.

Ante la situación de vulnerabilidad de la industria textil castellana frente a los fabricantes catalanes, la falta de competitividad se puso de manifiesto tras la crisis finisecular y la pérdida de las últimas colonias con la consiguiente caída de los pedidos militares. La fase de retroceso se agudiza en el período intersecular y en vísperas de la Primera Guerra Mundial la crisis de la pañería regional es un hecho. El retraso en la mecanización, la escasa inversión, los bajos niveles de enseñanza técnica y profesional, y la falta de una estructura comercial adecuada para dar salida a la producción eran los factores principales que limitaban su competitividad.

Los núcleos textiles de la región carecían de escuela industrial, salvo Béjar, por lo que el nivel de formación técnica y profesional era muy bajo. La Escuela de Artes y Oficios de Béjar fue creada en 1886 y sostenida por el Estado con el fin de instruir a los maestros de taller, contramaestres, maquinistas y artesanos. El principal rasgo de la Escuela de Béjar era su proyección al área industrial-textil, a la cualificación del trabajador textil. El problema era que sus alumnos encontraban sus enseñanzas excesivamente teóricas y carentes de utilidad práctica, por lo que el absentismo era una constante. En el primer tercio del siglo XX, lo habitual en la localidad era el aprendizaje por la práctica.

La estructura empresarial de la industria textil castellano-leonesa era tradicional, predominaba el pequeño taller familiar, con débil inversión, escasas interrelaciones empresariales y una tipología del capital humano centrada en trabajadores del campo con escasa formación y en la mano de obra femenina. Las aportaciones de capital para la modernización de los negocios textiles laneros castellanos estuvieron más ligadas a las aportaciones matrimoniales que a las posibilidades de recurrir al crédito.

El cambio en los gustos de las clases populares y la caída del consumo de los tejidos tradicionales de las localidades castellanas pusieron de manifiesto la debilidad del sector ante la falta de flexibilidad para adaptarse a los cambios en el mercado. La supervivencia de muchas empresas quedó condicionada a las fluctuaciones del mercado nacional que en momentos de alza daba cabida a los productos castellanos. A su vez, el aislamiento del mercado dificultaba la salida de la producción, el acceso a las materias primas y la adquisición de maquinaria pesada. El proceso de sustitución de los telares manuales por los mecánicos, iniciado con el cambio de siglo, todavía no había terminado en 1930.

Salvo en la provincia de Palencia, en el textil lanero castellano el paso de la energía hidráulica a la eléctrica se realizó sin solución de continuidad. Los enfrentamientos por el aprovechamiento de los ríos entre agricultores y fabricantes dificultó la construcción de pantanos que regularizaran su caudal. La falta de pantanos, en épocas de temporales podía conllevar la destrucción de maquinaria y edificios, y en las de estiaje, la ralentización o paralización de la marcha de las empresas. El recurso a la energía hidráulica, aunque también era frecuente en los distritos laneros catalanes, en los centros textiles laneros castellanos pudo contribuir al atraso del sector al suponer un desincentivo a la inversión en nuevas técnicas de producción; mientras que, en Cataluña, el cambio tecnológico fue una de las tácticas empleadas por los empresarios para minimizar los efectos del coste laboral y mejorar la calidad, sobre todo en la hilatura. Esta apuesta tecnológica fue asociada a la capacidad de experimentar y diversificar la oferta productiva.

A lo largo del primer tercio del siglo XX, la pérdida de población de los principales núcleos laneros de la región fue continua. La industria textil regional perdía progresivamente vigor en los núcleos urbanos y estaba al borde de la desaparición en los rurales donde había tenido mayor tradición. Los centros laneros que pudieron sobrevivir y sortear en mejores condiciones la situación fueron aquellos que se especializaron en la fabricación de ropa para el ejército o en la producción de tejidos, como boinas, calcetines, medias de lana, mantas y paños bastos, destinados a satisfacer la demanda comarcal o regional.

En 1915, atendiendo al porcentaje de contribuyentes y cuotas de la industria textil lanera de la tarifa tercera de la Contribución Industrial, Barcelona contaba con más de un tercio de los contribuyentes y más de la mitad de las cuotas, con respecto al total nacional. Muy por detrás se encontraba Castilla y León, con el 19,2% de los contribuyentes y el 8,15% de las cuotas. Las provincias castellano-leonesas con un mayor porcentaje en el número de contribuyentes y cuotas eran Salamanca, Burgos y Palencia. Entre las 3 reunían el 73,13% de los contribuyentes y el 92,21% de las cuotas de la contribución regional del sector textil lanero. El núcleo de mayor relevancia en la región era Béjar (Salamanca), en Burgos destacaba Pradoluengo, y en Palencia, la capital.

La industria bejarana se limitaba casi exclusivamente a la fabricación de sus 2 producciones tradicionales, los paños lisos para capas y los uniformes del ejército. La especialización en la producción para el ejército determinó la estructura empresarial del sector y constituyó un desincentivo para la innovación técnica ante el riesgo de un exceso de capacidad. La consecuencia de las restricciones impuestas por el tipo de producto y de mercado y por el reducido tamaño del centro industrial fue el predominio de las pequeñas empresas de ciclo completo frente al predominio de la industria de fase en otros centros textiles coetáneos. Este tipo de estructura empresarial obstaculizó la realización de economías de escala y el cambio.

Ejemplo de una fábrica textil moderna.

LA FABRICA TEXTIL MÁS INNOVADORA: LA ESPAÑA INDUSTRIAL

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