Placenta Baja en la Semana 19: Causas, Riesgos y Qué Debes Saber

La situación de la placenta en el útero puede condicionar el parto, sobre todo cuando se trata de una placenta previa. Por eso, en consulta muchas veces me preguntan las pacientes, al informarles sobre la situación de la placenta dentro del útero, si se trata de algo normal o supone un riesgo para su embarazo y el parto.

La placenta es un órgano creado para alimentar a tu bebé. En la gran mayoría de los casos no hay problema: se trata de un embarazo único y la placenta suele insertarse de forma normal en una pared del útero. Y según sea su localización, hablamos de placenta de cara anterior, posterior o fúndica.

¿Qué significa esta clasificación?

  • La placenta anterior quiere decir que se encuentra insertada en la cara uterina más próxima al ombligo de la madre.
  • Cualquiera de estas tres posiciones de la placenta es considerada como normal durante el embarazo y no conlleva ningún control especial.
  • Tampoco riesgos específicos.

La única posible repercusión es que la placenta anterior puede hacer que las mujeres comiencen a percibir movimientos fetales de forma más tardía. En estos casos la placenta funcionaría como una especie de amortiguador de estos movimientos, como una almohada. En cuyo caso, hasta que estos no son más intensos, no son percibidos por la futura mamá.

Por otro lado, estarían lo que llamamos las placentas de localización baja. Estas placentas no se considerarían normales y precisan un seguimiento especial.

La placenta baja o placenta previa es una condición en la que la placenta se implanta cerca del cuello uterino en lugar de en la parte superior del útero, es una preocupación común durante el embarazo. Aunque no es inusual, puede dar lugar a complicaciones potencialmente graves tanto para la madre como para el feto.

Según el artículo Prevalencia de placenta praevia por región mundial: una revisión sistemática y un metanálisis publicado en la revista médica TMIH, la incidencia de placenta previa es de aproximadamente 5/1000 nacimientos.

Si la placenta previa se descubre durante la primera parte del embarazo, en general se resuelve para las 28 semanas a medida que el útero se agranda.

Tipos de placenta previa.

Tipos de Placenta Previa

A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior.

Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.

Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:

  • Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
  • Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
  • Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
  • Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.

Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.

Causas de la Placenta Previa

La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.

No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:

  • Malformaciones uterinas
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple
  • Haber tenido varios embarazos previamente
  • Poco tiempo entre dos partos
  • Haber tenido un parto previo por cesárea
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
  • Edad materna avanzada
  • Tabaco y abuso de cocaína

La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.

Diagnóstico de la Placenta Previa

La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no.

Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande.

Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.

Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema.

La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.

En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas. También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.

Síntomas de la Placenta Baja

Una placenta baja puede manifestarse con diversos síntomas, aunque en muchos casos no se presenta ningún signo evidente. Algunas mujeres pueden experimentar sangrado vaginal indoloro durante el segundo o tercer trimestre del embarazo. Este sangrado puede ser leve o abundante y puede ocurrir de forma intermitente. Es crucial que cualquier sangrado vaginal durante el embarazo se comunique de inmediato al médico, ya que podría indicar una placenta baja u otros problemas.

Riesgos para la Madre y el Bebé

La placenta baja puede aumentar el riesgo de complicaciones tanto para la madre como para el feto. Entre los riesgos potenciales se incluyen:

  • Hemorragia: La placenta baja aumenta el riesgo de hemorragia durante el embarazo y el parto. Esta hemorragia puede ser grave y poner en peligro la vida de la madre y el bebé.
  • Parto prematuro: La placenta baja a menudo se asocia con un mayor riesgo de parto prematuro, lo que puede tener consecuencias negativas para la salud del bebé.
  • Problemas de desarrollo fetal: Si la placenta cubre completamente el cuello uterino (placenta previa total), puede interferir con el crecimiento adecuado del bebé.
  • Cesárea: En muchos casos, las mujeres con placenta baja requerirán una cesárea programada en lugar de un parto vaginal para evitar el riesgo de hemorragia grave durante el parto.

Tipos de placenta previa.

Manejo y Tratamiento

El manejo de la placenta baja dependerá de su gravedad y de la etapa del embarazo. Algunas mujeres experimentarán un desplazamiento de la placenta a medida que el útero crece, lo que resuelve el problema de manera natural. Sin embargo, en otros casos, es necesario realizar un seguimiento cuidadoso y tomar medidas preventivas.

La mayoría de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas.

Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas. El principal síntomas es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable.

El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.

En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:

  • Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
  • Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.

A continuación, el médico tendrá que tomar una decisión sobre el tipo de parto, que en la mayoría de casos será programado.

Parto con Placenta Previa

La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad.

En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.

En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.

En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.

La placenta previa es una condición que requiere atención y seguimiento médico especializado durante el embarazo.

Recomendaciones

La recomendación principal ante el diagnóstico de placenta previa, es el reposo y observación constante, con un seguimiento de la implantación uterina mediante ecografía. Se ha de limitar toda actividad física, abstinencia sexual y evitar los tactos vaginales.

Si se presenta un sangrado súbito e intenso, ingreso hospitalario inmediato, y dependiendo de la intensidad de la hemorragia, incluso con intervención urgente, con finalización del embarazo.

Ante un sangrado durante el embarazo es importantísimo acudir a tu ginecólogo para hacer un diagnóstico y en caso de ser necesario, realizar un seguimiento más exhaustivo y tomar las decisiones oportunas para garantizar la seguridad del embarazo, de la madre y del feto.

La placenta previa es una complicación que afecta a 1 de cada 200 embarazadas.

La placenta baja es una condición que puede generar preocupación durante el embarazo, pero con el seguimiento adecuado y el cuidado médico, muchas mujeres pueden tener embarazos y partos seguros. El cuidado prenatal y la atención médica especializada son cruciales para garantizar la salud de la madre y el bebé en casos de placenta baja.

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