¿Para qué sirve la placenta en el embarazo? Funciones y desarrollo

La placenta es un órgano que se desarrolla en el útero durante el embarazo y que actúa como la interfase entre la madre y el feto. En latín, se le llama “coca o pastel plano”. Su función principal es sustentar el desarrollo del feto, transportando nutrientes y oxígeno desde la madre y eliminando el dióxido de carbono y los productos de deshecho. Además, actúa como barrera contra patógenos y exposiciones químicas, y genera hormonas, factores inmunológicos y factores de crecimiento esenciales para mantener el embarazo.

La placenta es un órgano materno-fetal efímero que desempeña un papel fundamental en el desarrollo del embarazo. Se forma en el interior del útero y está unida a la pared uterina, brindando oxígeno y nutrientes al feto en crecimiento y eliminando los productos de desecho de su sangre.

Desarrollo y ubicación de la placenta

La placenta comienza a formarse desde el momento en que el trofoblasto entra en contacto con el endometrio, aproximadamente a partir del quinto o sexto día después de la fecundación. La placenta deriva del embrión y se implanta en la decidua, recubrimiento externo del útero materno, dos semanas después de la concepción y se acaba de formar la semana 18-20, a pesar de que sigue creciendo durante todo el embarazo.

Por lo general, se sitúa en la cara anterior o posterior del útero, dejando libre la cérvix, que conforma el canal del parto. La placenta suele ubicarse en la parte superior del útero. La placenta previa indica la relación de la posición de la placenta con el orificio interno del cuello uterino y una zona llamada segmento uterino inferior, y este último no inicia su formación hasta la semana 28, por lo que no se puede establecer esa relación antes de dicha semana. Antes de esa fecha es imposible determinar si es una placenta previa.

El 80 % de las placentas de inserción baja al final de la gestación no serán placentas previas, debido a la "migración placentaria", que es el desplazamiento de la placenta a la porción superior del útero por la elongación del segmento uterino inferior que de una longitud de 0,5 cm en la semana 20 pasa a más de 5 cms al final de la gestación.

La placenta crece con el feto hasta las semanas previas al parto, momento en el que llega a pesar aproximadamente 500 gramos y alcanzar los 20-25 centímetros de diámetro y 2-3 centímetros de grosor.

Funciones esenciales de la placenta

¿Para qué sirve la placenta? La placenta tiene múltiples funciones vitales durante el embarazo. Se trata de un órgano esencial para el correcto desarrollo del embrión, ya que a través de ella y del cordón umbilical, el feto mantiene la conexión con la madre, de la que recibe todos los nutrientes, sangre y oxígeno necesarios para su crecimiento y desarrollo.

Además de su papel en la nutrición, la placenta también se encarga de eliminar los catabolitos procedentes del feto, como dióxido de carbono, urea y bilirrubina.

El intercambio de sustancias entre madre y feto ocurre mediante las vellosidades coriales, que son parte de la placenta y están en contacto con la sangre materna alojada en las lagunas o espacios intervellosos.

Otra importante función de la placenta es la secreción de hormonas que afectan tanto a la madre como al feto. A nivel endocrino, la placenta elabora dos tipos de hormonas, las hormonas polipeptídicas y las hormonas esteroideas.

  • Hormonas polipeptídicas:
    • Gonadotropina coriónica humana: la madre elimina por orina, y que se produce desde la formación del corion hasta que en la 12.ª semana decrece la producción (se emplea en pruebas de embarazo a partir de la tercera semana).
    • Lactógeno placentario humano: cuyos efectos son los cambios somáticos del cuerpo, como el aumento del tamaño de las mamas.
  • Hormonas esteroideas:
    • Progesterona: al principio es secretada por el cuerpo lúteo del ovario, y a partir del segundo mes por la placenta, y cuya producción aumenta durante todo el embarazo.
    • Estrógenos: cuya producción también aumenta durante el embarazo.

Estas hormonas desempeñan un papel crucial en el mantenimiento del embarazo y en la preparación del cuerpo materno para el parto.

La placenta también actúa como una barrera protectora, impidiendo el paso de moléculas de gran tamaño, como proteínas, virus y bacterias. Esto contribuye a mantener el ambiente intrauterino libre de infecciones, aunque, en casos excepcionales, si el virus o bacteria logra dañar atravesar la barrera placentaria podría provocar una infección en el feto.

Otras funciones importantes:

  • Acción inmunológica: La placenta impide que el sistema inmunológico de la madre identifique al embrión como un cuerpo extraño y lo ataque como tal.
  • Actividad endócrina: En la placenta se sintetizan una serie de hormonas y factores de crecimiento esenciales tanto para el metabolismo del feto como de la madre.

Composición de la placenta

¿De qué está compuesta la placenta? La placenta está compuesta por dos componentes principales: la parte fetal y la parte materna. La parte fetal, conocida como corion frondoso, está formada por una multitud de vellosidades coriales y es responsable de la nutrición y el intercambio de sustancias con la sangre materna. La parte materna, denominada decidua basal, procede de la transformación de la mucosa uterina y es responsable de proporcionar un sitio de implantación para la vesícula gestacional y el desarrollo de la placenta.

La placenta alcanza su máximo desarrollo cuando tiene una forma de disco con aproximadamente 15 cm de diámetro y un peso de alrededor de 500 g. Está dividida en cotiledones por tabiques placentarios y contiene unos 150 ml de sangre. La superficie de contacto entre la sangre materna y las vellosidades coriales es considerable, lo que favorece el intercambio de sustancias entre madre y feto.

Anomalías y patologías placentarias

Pueden existir distintas anomalías en la placenta que pueden tener distintas consecuencias para el desarrollo del embarazo, la madre o el feto.

Una mala formación, implantación, o funcionamiento de la placenta puede comprometer el crecimiento fetal. Patologías como la preeclampsia (caracterizada por presión arterial alta y proteinuria en la madre y problemas de crecimiento en el feto), o la prematuridad (nacer antes de la semana 37 del embarazo) son algunas de las condiciones médicas en las que desde hace tiempo se sabe que la placenta juega un papel importante. No obstante, cada vez hay más evidencias relacionando las complicaciones durante el embarazo y, por tanto, el funcionamiento de la placenta con el desarrollo del cerebro fetal y el riesgo de sufrir enfermedades psiquiátricas en el futuro , como por ejemplo trastornos de espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), o esquizofrenia.

Entre las anomalías y patologías placentarias más comunes se encuentran:

  • Placenta previa: Cuando la placenta se implanta en la parte inferior del útero y cubre parcial o totalmente el cuello uterino.
  • Placenta accreta: Cuando la placenta se adhiere demasiado profundamente a la pared uterina. De la misma manera, la placenta increta y percreta son placentas que penetran aun más en el músculo uterino o en la pared uterina y que, a veces, se extienden a estructuras próximas como la vejiga. En estos trastornos, la placenta no se separa totalmente del útero como debería hacerlo cuando la mujer da a luz al bebé, lo cual puede producir una hemorragia peligrosa después del parto vaginal.
  • Desprendimiento prematuro de placenta: Se produce cuando la placenta se separa del útero antes del parto, lo que pone en riesgo al feto y a la persona gestante.
  • Placenta retenida: Cuando no se expulsa completamente tras el nacimiento.

En el caso de que el embarazo se prolongue más allá de las 41 semanas existe un claro riesgo de que deje de cumplir con su función; tanto es así que se la denomina placenta envejecida. Por eso a medida que se acerca la fecha del parto es normal que la placenta comience a envejecer, ésto no quiere decir que deje de funcionar, hay placentas perfectamente funcionales en la semana 41 y en la semana 42, pero sí es cierto que a partir de la semana 40 hay que hacer controles más exhaustivos para asegurarse del buen funcionamiento de la placenta.

La correcta función de la placenta se puede valorar a través de medidas fisiológicas, como por ejemplo analizando el flujo sanguíneo entre la madre y el feto usando ultrasonidos, o de medidas anatómicas, histológicas o moleculares en el momento del parto.

PLACENTA PREVIA: CLASIFICACIÓN, DIAGNÓSTICO, 🩸SÍNTOMAS🩸, MANEJO... - Ginecología y Obstetricia -

Expulsión de la placenta (Alumbramiento)

Una vez que el bebé ha nacido, comienza el periodo de alumbramiento. Después del nacimiento del niño, el útero sigue contrayéndose para que la placenta se desprenda de la pared uterina y sea expulsada junto con lo que fue la bolsa amniótica.

La placenta se expulsa después del nacimiento del bebé, en el periodo llamado 'alumbramiento'. La placenta se desprende de la pared uterina y es expulsada junto con las membranas amnióticas. Este proceso puede ocurrir entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque en algunos casos puede tardar hasta una hora o más.

Para facilitar la expulsión de la placenta se hace un alumbramiento dirigido, que consiste en la administración de oxitocina una vez se ha desprendido el hombro anterior del feto. Posteriormente a la expulsión fetal, el ginecólogo realiza una suave tracción del cordón umbilical para comprobar el desprendimiento de la placenta. Es fundamental asegurar que la placenta se expulse completamente para evitar posibles complicaciones.

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