La sensación constante de preocupación es intrínseca a la condición de madre o padre. Nuestras preocupaciones comienzan ya desde el embarazo: ¿irá todo bien?, ¿tendrá algún problema? Es un clásico que los padres, sobre todo los primerizos, nos agobiemos pensando en si lo estamos haciendo bien, si le estimulamos lo suficiente, si tiene el peso y la talla correctos, pero sobre todo, si está teniendo un desarrollo infantil adecuado. No obstante, no toda la preocupación que sentimos está justificada. No todos los niños tienen un mismo ritmo, ni desarrollan sus habilidades en un momento específico.
La gastroenteritis es una de las infecciones más comunes entre los niños. Pero, ¿qué síntomas causa y qué podemos hacer para tratarla? Este artículo te proporcionará información detallada sobre las causas, síntomas, y tratamientos de la gastroenteritis en bebés y niños pequeños, así como cuándo es crucial buscar atención médica urgente.
¿Qué es la Gastroenteritis?
La gastroenteritis es el trastorno digestivo más frecuente en niños y consiste en la inflamación de la pared del estómago y de los intestinos a causa, en la mayoría de las ocasiones, de una infección. La gastroenteritis aguda (GEA) se define como una disminución de la consistencia de las deposiciones o un aumento en el número de las mismas (3 o más en 24 horas), que puede ir acompañada de vómitos, dolor abdominal y/o fiebre. Su duración suele ser menor de 7 días y para considerarla como aguda, siempre menor de 2 semanas. Es más significativo para su diagnóstico el cambio en la consistencia de las deposiciones respecto a las habituales del niño, que el número de estas, sobre todo en los lactantes que suelen tener un número elevado de deposiciones de manera habitual.
Otro rasgo de esta patología en la población infantil es que se propaga con gran facilidad, como explica el doctor Julio Maset, experto médico de Cinfa: “Los niños son más proclives a contagiarse entre ellos, debido a su manera relacionarse y de jugar, en la que hay mucho contacto físico.
La principal causa de GEA son las infecciones entéricas, aunque se pueden considerar otras causas. En los estudios realizados en Europa, el agente causal más frecuente es el rotavirus, seguido por noravirus y adenovirus. Los agentes bacterianos que se aíslan con más frecuencia son Campylobacter jejuni y Salmonella spp.
En España, los estudios realizados también demuestran que los virus producen el 80% de los casos de GEA, siendo el rotavirus el agente etiológico más frecuente, seguido por adenovirus, calicivirus (noravirus) y astrovirus. Los parásitos son una causa infrecuente de GEA en nuestro medio, siendo los más hallados Cryptosporidium y Giardia, que tienden además a producir episodios más prolongados de diarrea.
Síntomas de la Gastroenteritis en Niños
Éste es el caso típico de inicio de una gastroenteritis. En la fase inicial lo habitual que los niños empiecen a vomitar de forma repetida, como le ha ocurrido a Javier, hasta que tengan el estómago vacío, eliminando ya la bilis o el jugo gástrico del estómago. Es común que se quejen de dolor abdominal, llevándose las manos a la barriga, casi siempre en la zona del ombligo o alrededores.
Acompañando a la diarrea, pueden aparecer fiebre, vómitos, dolor abdominal, inapetencia, síntomas respiratorios y signos de afectación del sistema nervioso central (SNC). Los vómitos y los síntomas respiratorios asociados sugieren etiología viral. La fiebre por encima de 40ºC, la aparición de sangre en las heces, el dolor abdominal intenso y los signos de afectación del SNC (irritabilidad, decaimiento, convulsiones) son signos sugestivos de etiología bacteriana.
La consecuencia más importante, y que condiciona el tratamiento y el diagnóstico de la GEA, es la aparición de deshidratación.
¿Cuándo Preocuparse? Signos de Alarma y Cuándo Acudir a Urgencias
Es fundamental que los padres estén atentos a los síntomas que pueden indicar que un bebé necesita atención médica urgente. Algunos de los signos y síntomas más importantes incluyen:
- Fiebre alta: En bebés menores de 3 meses, una temperatura superior a 38 °C es motivo de consulta inmediata.
- Dificultades respiratorias: Esto incluye respiración rápida, sibilancias, retracciones (hundir la piel entre las costillas o en el cuello al respirar) o labios y cara azulados.
- Letargo o falta de reacción: Si el bebé está inusualmente somnoliento, difícil de despertar, o no responde a estímulos.
- Problemas para alimentarse: Si el bebé rechaza alimentarse durante varias horas o muestra signos de deshidratación (como boca seca, sin lágrimas al llorar o disminución en la frecuencia de los pañales mojados).
- Vómitos persistentes: Vomitar repetidamente o vomita bilis (un líquido verde).
- Convulsiones: Cualquier episodio de convulsiones debe ser evaluado inmediatamente.
Signos de Deshidratación
Es importante estar atento a los signos de deshidratación o diarrea en un bebé, ya que estos pueden llevar rápidamente a complicaciones graves. Los signos de deshidratación incluyen boca seca, ojos hundidos, irritabilidad, y menos pañales mojados de lo habitual.
- Presenta uno o más síntomas de deshidratación, por ejemplo, si el pañal permanece seco durante más de 4-6 horas seguidas.
- Desasosiego, tendencia al sueño, irritabilidad.
- Piel fría o sudorosa.
- Tristeza, deja de jugar, debilidad o inestabilidad.
- Ausencia de lágrimas al llorar.
- Boca y/o lengua secas y pegajosas.
- Ojos hundidos, ojeroso.
- Si hace menos pipí de lo habitual y observas que en las últimas 8-12 horas no ha hecho.
En urgencias, le administrarán líquidos por vía endovenosa. Mientras, es necesario hacerle beber lo máximo posible una solución de rehidratación, cada 5-10 minutos.
¿Cómo Diferenciar una Afección Leve de una Grave?
Los padres pueden diferenciar entre una afección que se puede tratar en casa y una que requiere atención médica inmediata considerando varios factores:
- Síntomas Leves: Si los síntomas son leves y no afectan significativamente la actividad diaria del niño (por ejemplo, resfriado, dolor de garganta leve, o una pequeña herida que no sangra), es probable que se puedan manejar en casa.
- Síntomas Leve - moderado: tos con mocos sin dificultad respiratoria, manchas en la piel que desaparecen al presionar, dolor de oído leve por más de 2 días intermitente y ojo rojo o picor ocular pueden ser tratados en casa o solicitar consulta con su pediatra de cabecera.
- Síntomas Severos: Si los síntomas son graves, como dificultad para respirar, dolor intenso, fiebre alta persistente (especialmente en bebés < 3 meses), o cambios en el estado de conciencia, se debe buscar atención médica inmediata.
- Duración de los síntomas: Los síntomas que desaparecen en un corto período suelen ser menos preocupantes. Si los síntomas persisten más de 48 horas sin mejora y empeoramiento progresivo, es recomendable acudir a urgencias.
- Edad del niño: Los bebés, especialmente aquellos menores de 3 meses, y los niños con condiciones de salud preexistentes tienen mayor riesgo y deben ser llevados a la urgencia.
- Estado general del niño: Observar cómo se comporta el niño. Si está activo, comiendo y jugando normalmente, es una buena señal. Si está inusualmente letárgico, irritable o tiene cambios en el apetito, es momento de acudir a urgencias.
Tratamiento de la Gastroenteritis
No existe ningún tratamiento específico para la GEA, por lo que el objetivo es la prevención y el tratamiento de la deshidratación. Las soluciones de rehidratación oral (SRO) constituyen el principal tratamiento para los niños con GEA.
Se debe iniciar la rehidratación con SRO tan pronto como sea posible, recomendándose la administración de forma fraccionada, en pequeñas cantidades, cada 2-3 minutos. Las cantidades aproximadas que se deberían aconsejar son, si no hay deshidratación, de 10 ml/kg por cada deposición realizada y de 2 ml/kg por cada episodio de vómitos, con ingesta libre fraccionada entre episodios.
En casos de deshidratación leve, se deberían ofrecer de 30-50 ml/kg durante unas 4 horas, para recuperar el déficit, más 10 ml/kg por cada deposición líquida. Si hay signos de deshidratación moderada, 75-100 ml/kg para compensar el déficit más pérdidas. En caso de mala tolerancia por vía oral, es preferible la administración de SRO a través de sonda nasogástrica (reduce el número de complicaciones y el tiempo de estancia hospitalaria) que pasar a la vía intravenosa (IV).
La única medida disponible de prevención primaria es la vacuna para el rotavirus. En nuestro medio, el Comité de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría la recomienda para todos los lactantes, existiendo en la actualidad una sola vacuna comercializada, no financiada por el sistema sanitario público, (Rotateq®), de la que se administran 3 dosis por vía oral, que se pueden administrar hasta las 32 semanas de edad.
El Pediatra de Atención Primaria va a diagnosticar y tratar la mayoría de los casos de GEA en nuestro medio.
Alimentación Durante la Gastroenteritis
No existe ninguna evidencia científica que justifique la realización de cambios significativos en la dieta del niño para el tratamiento de una diarrea aguda. En los lactantes alimentados con lactancia materna, se debe continuar con esta de manera normal, ya que varios estudios han demostrado que la lactancia disminuye la intensidad y la duración de la GEA. En niños lactados con fórmula, no se deben hacer cambios en su fórmula normal, ni dar biberones con la fórmula más diluida. En los niños mayores, se debe hacer una dieta normal, apetecible, intentando evitar los alimentos muy ricos en azúcares refinados o alimentos muy grasos.
Para alimentarles podemos optar por cereales como arroz, pan, pasta de trigo. También podemos dar patata o tortilla. Carne y pescado cocinados a la plancha o al horno. Frutas como plátano o manzana suelen ser las más recomendables. Podemos seguir ofreciendo lácteos como yogur o leche y desde luego, en caso de dar leche materna, lo mejor es que el niño siga mamando a demanda.
Más que decir que deben comer, yo prefiero decir aquello que no es remendable como salsas, fritos o rebozados, chocolates, alimentos procesados, picantes…
Probióticos
Los probióticos pueden ser eficaces en el tratamiento de las diarreas. Se recomienda utilizar aquellos que han demostrado eficacia en los estudios realizados y a las dosis adecuadas. Hasta el momento, los dos probióticos que han demostrado su eficacia en los distintos metaanálisis son: Lactobacillus GG y Saccharomyces boulardii. Reducen la intensidad y la duración de la diarrea, más en los casos de diarreas secretoras o virales, que en el caso de patógenos enteroinvasivos.
Es importante que los padres den estos probióticos o bien solos, o con alimentos semifríos o fríos. Al contener elementos vivos, si los damos en caliente, por ejemplo, con una sopa o biberón, matamos estos microorganismos beneficiosos. Lo más recomendable es ofrecerlos solos, disueltos en agua o mezclados con yogur.
Medicamentos a Evitar
- Antieméticos: No se deben utilizar de forma rutinaria en los niños con vómitos en el contexto de una GEA.
- Antiperistálticos: Están contraindicados en niños.
- Antibióticos: El tratamiento con antibióticos no es necesario en la mayoría de los niños con GEA, dado que la mayor parte de los casos son producidos por infecciones víricas.
¿Qué Hacer Después de que el Bebé Vomita?
Cuando un bebé vomita, puede ser difícil saber cuál es el siguiente paso correcto. Después de un episodio de vómito, es recomendable esperar entre 30 y 60 minutos antes de intentar alimentar nuevamente a tu bebé. Es crucial que la alimentación después de un vómito sea gradual. Si tu bebé aún toma pecho o fórmula, comienza con pequeñas tomas.
Una vez que el bebé ha vomitado, es fundamental que lo coloques en una posición cómoda, como semi-incorporado, para ayudar a prevenir que vuelva a ocurrir. Si tu bebé toma leche materna o fórmula, generalmente es seguro volver a ofrecerle pequeñas tomas después de esperar un tiempo prudente.
Si el vómito ocurre después de más de 30 minutos de haberle dado un medicamento, es posible que parte de la medicación ya se haya absorbido. Si el vómito persiste o tu bebé no logra retener la medicación, es importante consultar a un especialista.
Caídas y Golpes en la Cabeza
Si un bebé sufre una caída o golpe en la cabeza, es importante que los padres tomen medidas inmediatas y estén atentos a los signos de conmoción o lesiones graves (signos de alarma). Aquí hay una guía sobre qué hacer y cómo reconocer su gravedad:
- Mantén la calma: Intenta mantener la calma para no asustar al bebé ni a otros integrantes de la familia.
- Evalúa la situación: Revisa al bebé para ver si hay lesiones visibles, como cortes, hematomas o hinchazón en la cabeza.
- Examina el comportamiento: Observa si el bebé está consciente y alerta. Busca cambios en su nivel de conciencia o si llora de manera inconsolable.
Signos de Alarma Después de un Golpe en la Cabeza
Los siguientes síntomas pueden indicar que el bebé ha sufrido una conmoción cerebral o una lesión grave y requieren atención médica inmediata:
- Pérdida de conciencia: Si el bebé se desmaya o se queda inconsciente, aunque sea brevemente.
- Cambios en el comportamiento: Alteraciones notables en la forma en que el bebé actúa, como estar más irritable, menos activo o sin energía.
- Vómitos: Más de un episodio de vómitos tras el golpe.
- Dificultad para despertar: Si el bebé tiene dificultad para ser despertado o no responde.
- Convulsiones: Cualquier tipo de convulsión o movimientos incontrolados.
- Desorientación o confusión: Si parece desorientado o tiene problemas para mantener la atención.
- Dolor de cabeza persistente: Si el bebé parece tener dolor en la cabeza que no mejora.
- Hematomas: Hematomas visibles en la cabeza, especialmente si son grandes o aparecen en ambos lados.
- Fluidez en el líquido que sale de la nariz o los oídos: Especialmente si es claro o sanguinolento, lo que podría indicar una fractura de cráneo.
En resumen, si el niño presenta uno o más síntomas de alarma tras un traumatismo craneal debes acudir a un servicio de urgencias.
Síndrome del Niño Zarandeado
El síndrome del niño zarandeado es el conjunto de lesiones cerebrales que se producen al sacudir vigorosamente a un bebé. Es relativamente frecuente: se estima que su incidencia en el mundo es de 20-25 casos por cada 100 000 niños menores de dos años.
Al zarandear al bebé, el cerebro golpea contra las paredes del cráneo produciendo inflamación o sangrado en el cerebro y sus envolturas, sangrado en la retina (parte posterior del ojo) y lesiones en la médula espinal a nivel del cuello. Menos de cinco segundos de zarandeo son suficientes para provocar un daño de esta gravedad, que será mayor si termina con un golpe contra el colchón de la cuna o el sofá.
El motivo más frecuente es un llanto inconsolable y prolongado que provoca la frustración y el enfado del cuidador, que finalmente zarandea al niño. Lanzar al bebé al aire jugando no conlleva riesgo de daño cerebral, siempre y cuando el juego no sea muy violento (lanzar de manera repetida a alturas mayores de 20 cm).
El síndrome del niño zarandeado produce con frecuencia secuelas a largo plazo. Uno de cada diez niños que sufren un zarandeo grave, fallece. El síndrome del niño zarandeado se puede prevenir en todos los casos.
Tabla Resumen: Signos de Alarma y Cuándo Acudir a Urgencias
| Síntoma | Indicación |
|---|---|
| Fiebre alta (≥38°C en <3 meses) | Consulta inmediata |
| Dificultad respiratoria | Consulta inmediata |
| Letargo o falta de reacción | Consulta inmediata |
| Rechazo prolongado de alimentos/líquidos | Evaluar signos de deshidratación |
| Vómitos persistentes | Evaluar signos de deshidratación |
| Convulsiones | Consulta inmediata |
| Cambios en el comportamiento tras golpe en la cabeza | Evaluar signos de conmoción |
