El Niño Jesús y su Cuna: Historia y Significado en el Arte Cristiano

La representación del Niño Jesús en el pesebre es una tradición arraigada en la iconografía cristiana. Dentro de esta representación, la cuna juega un papel simbólico importante.

A continuación, exploraremos el significado de la cuna en el contexto del pesebre, su evolución a lo largo de la historia y su relevancia en el arte y la devoción.

La figura del Niño Jesús en el pesebre se presenta de diversas maneras, una de ellas es recostado, semisentado y desnudo, sin manto de pureza. Esta modalidad iconográfica permite presentar al Niño con vestidos al efecto, (“canastillas”) de dos maneras a lo largo del ciclo litúrgico: recostado sobre paja o en una humilde cuna, durante la celebración de la Navidad y semisentado en los brazos de estatuas de la Virgen o San José, en tiempo ordinario.

En ambos casos, está en actitud dar amor, busca el abrazo del observador, con brazos extendidos, manos abiertas, boca entreabierta en inicio de sonrisa y ojos con mirada al frente y distancia focal entre 50 cm y más allá de dos metros.

Representación de un pesebre tradicional.

Orígenes y Evolución de la Iconografía del Niño Jesús

Si San Francisco fue el iniciador y propulsor de la tradición del belén, Santa Teresa fue la principal impulsora de las figuras exentas del Niño Jesús en España, dando lugar durante el siglo XVII a todo un fenómeno iconográfico, de marcado sello español, que derivó en una producción masiva de tallas destinadas a iglesias y conventos, primero en Castilla y Andalucía y después propagando estas tallas devocionales por toda España.

A la talla de estas imágenes se dedicaron infinidad de escultores anónimos, pero también los grandes maestros de cada momento. Durante la apoteosis del Barroco, se fueron consolidando distintas modalidades iconográficas del Niño Jesús a partir de un desnudo infantil, configurándose una serie de modelos que permitían adaptar su aspecto a las necesidades del calendario litúrgico, fundamentalmente en las clausuras, de tal manera que a través de su indumentaria y de los múltiples accesorios que se incorporaban a las imágenes, cada figura del Niño Jesús adquiría un significado determinado.

Apareciendo así varias modalidades de presentación: como Rey de Reyes, Divino Maestro, Niño Durmiente, Niño Pasionario, Niño Eucaristico o Niño del Pesebre como en este caso. El Niño del Pesebre esta recostado , semisentado para apoyar sobre paja o cuna o bien para estar en brazos de la Virgen Maria o San Jose.

La cuna del niño Jesús: el pesebre - De ese lugar comía el buey y la vaca

Características Iconográficas del Niño del Pesebre

La anatomía recuerda al barroco, con el tronco estilizado y musculatura vigorosa. El musculo gran dorsal destaca bien marcado. La facies elongada, orbitas grandes y con mayor separación entre ellas en proporción a la longitud de los parpados. Su rostro es alegre y despierto, con mirada atenta. Grandes ojos almendrados, con cejas largas y perfiladas. Boca entreabierta con labios finos. Mejillas carnosas. De piel clara y cabello oscuro con bucles a ambos lados de la cabeza.

Las manos buscan el abrazo y los dedos de la mano derecha no hacen el signo de bendición, como en imagenes posteriores de finales del XIX y del XX. Las nalgas no son globulosas y redondeadas, sino más bien, musculosas y ovoides. Abdomen, brazos y piernas con relieve musculado.

Después del barroco y ya entrados en el siglo XIX, el canon estilistico está impregnado por las corrientes románticas y cambia hacia la estética neoclásica, con las influencias francesas e italianas que en Cataluña confluirian en un estilo propio de Ramon Amadeu y posterior escuela industria de Olot, y que en la escuela Valenciana artistas como Antonio Ruidavtes Ledó enlazarán el neoclasicismo con el estilo Salzillesco.

Ejemplo de un Niño Jesús en una cuna antigua.

La Sagrada Cuna en Roma

Muchos podrían pensar que la sagrada cuna del Niño Jesús se encuentra en Belén, sin embargo, se ubica en Roma en la Basílica Santa María la Mayor.

Según la tradición, la sagrada cuna se conserva en una reliquia en la Basílica Santa María la Mayor y ha sido objeto de oración y devoción durante siglos. Son los restos del “cunabulum”, de la “sagrada cuna”, del pesebre en el que, según los Evangelios, el Niño Jesús fue colocado recién nacido.

En el año 432 d.C. el Papa Sixto III decidió realizar al interior de la primitiva Basílica de Santa María la Mayor una “gruta de la Natividad” similar a Belén. La Basílica tomó entonces el nombre de "Santa Maria adpraesepem", que en latín significa “pesebre”.

Todo esto fue objeto de una devoción popular que empujó a muchos fieles, que regresaban de las peregrinaciones a Tierra Santa, a llevar como regalo los que eran considerado los valiosos fragmentos de la madera del famoso pesebre que acogió al Niño Jesús, aún hoy guardado en un relicario con el nombre de la sagrada cuna (cunabulum).

En Santa María la Mayor también se conserva otra reliquia relacionada con el pesebre: el “panniculum”, un pequeño trozo de tela, del tamaño de una mano, guardado en un estuche donado por Pío IX, según la tradición, una tira de las telas con las que María envolvió el Niño Jesús.

Reliquias del pesebre en la Basílica Santa María la Mayor.

¿Cómo eran las cunas en tiempos de Jesús?

Si San José era carpintero, es probable que la cuna tuviera la forma de una artesa de madera con sus patas. De un objeto o “pesebre” semejante, habla Orígenes (año 248). En Belén, desde el siglo V, la “cuna”, de oro y plata, quedaba iluminada con lámparas.

Los peregrinos tomaban tierra y polvo de la gruta como reliquias. Algunos tienen la hipótesis de que las reliquias de la cuna fueran enviadas por san Sofronio de Jerusalén, al Papa Teodoro I (642-649), de origen oriental, a consecuencia de las dificultades originadas por la invasión musulmana.

En 1606, la Reina de España Margarita de Austria, ofreció un relicario de plata, que desapareció en los disturbios de 1797. En esa urna, que es la actual, hay bajorrelieves del Pesebre, la adoración de los Magos, la Fuga a Egipto, la última cena. Sobre la urna, un niño Jesús, de oro puro, que bendice. La restauración se inauguró en 1864 y allí se trasladó la reliquia de la Cuna.

Actualmente en la urna de la Cuna se conservan cinco listones de madera, en posición horizontal (uno de los listones no es auténtico). También es importante constatar la piedad o devoción, la veneración a la imagen de la Virgen llamada de “San Lucas” y, más recientemente, Salus Populi Romani.

La basílica dedicada a Santa María es un “santuario”, que puede considerarse como la “catedral” de la catequesis mariana primitiva y medieval. En Antioquía y Constantinopla se subrayaba la humanidad. En Alejandría (Egipto), la divinidad (espiritualidad). El prodigio al que la tradición atribuye el origen de Santa María la Mayor tiene lugar la noche anterior al clamoroso descubrimiento.

Imaginen una nevada en Roma, a principios de agosto, pleno verano, hoy podría ser una broma del “clima-ficción”. En 1590, la llamada capilla “sixtina” suplantó a la capilla del Pesebre. En la cripta, bajo el tabernáculo, se colocó el pesebre de Arnolfo de Cambio que fue construido en 1198-1216 por orden de Inocencio III y debido a la desaparición en el siglo XVI de algunas figuras del pesebre primitivo.

El tabernáculo es monumental y reproduce la maqueta de la misma capilla.

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