Un beso y una flor, América, América, Noelia, Libre... con tan solo escuchar estos títulos, muchos comenzarán a tararear instintivamente alguna de estas míticas canciones de Nino Bravo. El cantante valenciano sigue siendo una de las mayores estrellas de la música española.
Luis Manuel Ferri Llopis, su nombre real, nació en Ayelo de Malferit el 3 de agosto de 1944. Con apenas 16 años, comenzó a trabajar como lapidario en una joyería y, más tarde, fue bodeguero en un restaurante del Aeropuerto de Valencia, compaginando estos empleos con su pasión por cantar.
A los 17 años, en 1962, formó su primer grupo, Los Hispánicos, junto a varios amigos. Luego formó parte de Los Superson. Tras el servicio militar, se empleó en una oficina y realizó su presentación como cantante solista en el Festival de la Canción de La Vall d’Uixó en 1968, adoptando ya el nombre de Nino Bravo con 24 años recién cumplidos.
Aunque son muchas las leyendas que circulan sobre su bautismo artístico, según Darío Ledesma, autor de la biografía autorizada Nino Bravo: voz y corazón, "detrás de ese cambio de nombre estaría el que fue su primer representante, Miguel Siurán, un locutor de radio que, en aquel momento, quiso hacerse con las riendas de la carrera del cantante valenciano, aunque con bastantes altibajos".
El Éxito con "Te Quiero, Te Quiero"
El éxito le llegó en el verano de 1969 cuando Augusto Algueró le ofreció cantar Te quiero, te quiero, un tema que ya habían grabado, Carmen Sevilla y Raphael, pero que no triunfaría hasta la interpretación de Nino Bravo.
A este éxito siguieron muchos otros como Voy buscando (1969), Esa será mi casa, Puerta de amor, Perdona (1970), Mi gran amor (1971), Noelia, Mi querida mamá, Cartas amarillas, Un beso y una flor, Mi tierra, Carolina y Libre (1972), entre otras.
Hay personalidades que dignifican su tierra y tierras que dignifican a sus vástagos. Él es del primer grupo. Y es que, el de Luis Manuel Ferri Llopis, nombre con el que fue bautizado, es casi un triunfo publicitario. No sólo para él, que también, sino para la Valencia de sus amores. Del mismo modo en el que Paul McCartney es sinónimo de Liverpool y Elvis Presley de Las Vegas, Bravo es logotipo y ‘jingle’ de Valencia, un binomio imposible de separar.
Nino Bravo y Eurovisión
Además, Nino Bravo participó en la elección del representante español en el Festival de Eurovisión en dos ocasiones. En la primera, en 1970 se presentó con el tema Esa será mi casa. No consiguió llegar a la final, que ganó Julio Iglesias con Gwendolyne (con la que quedaría 4º en Eurovisión).
La segunda y más recordada fue en el programa Pasaporte a Dublín (1971), donde quedó en tercera posición.
Su Muerte y Legado
Rompiendo la norma de la mayoría de artistas que se trasladaron a la capital de Madrid para desarrollar su carrera musical, optó por quedarse en su Valencia natal. Esa decisión le mantuvo cerca de los suyos, pero le obligó a pasar media vida en la carretera. En un año, el cantante podía recorrerse cerca de 115.000 kilómetros. Siempre a borde de aquel BMW 2800 de segunda mano, el mismo coche en el que perdería la vida y en el que, sin saberlo, encendería la chispa de una melodía arrolladora que jamás se pudo escuchar y de su gran canción póstuma.
Ocurrió el 16 de abril de 1973. Junto a él, en su último trayecto Valencia-Madrid, viajaban los músicos Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, del dúo Humo, y su camarada musical Pepe Juesas. La idea era grabar algunos coros para el que iba a ser el quinto disco de estudio del valenciano. Un elepé del que ya se habían comenzado a grabar varios temas en Londres y en el que se incluían canciones como América, América, otro de sus grandes éxitos.
Esa canción formaba parte del disco en el que trabajaba entonces el cantante: ...Y volumen 5, que tuvo que ser terminado por su equipo con descartes de otros trabajos y grabaciones recuperadas. Entre los temas figuran ese América, América y Laura y Mona Lisa, versiones de los temas de Frank Sinatra y Nat King Cole. Pero entre todas hay una muy especial, Vivir, la única canción conocida en cuya composición participó el cantante y que quiso dedicar a su esposa, Mary. El tema lo tuvieron que terminar Vicente López y Pepe Juesas.
El 12 de septiembre de 1973, tan solo cinco meses después de la muerte de Nino Bravo, grandes artistas celebraron un concierto en la Plaza de Toros de Valencia en honor al cantante y cuya recaudación fue un regalo para su segunda hija, Eva María, a la que no pudo conocer, ya que nació el 27 de noviembre de 1973. En ese macroconcierto, al que asistieron más de 20.000 personas, actuaron, entre otros, Julio Iglesias, Dova, Los Puntos, Manolo Escobar y Los Superson Jaime Morey, Yaco Lara, Dúo Humo, Control, Basilio, Mari Trini, Víctor Manuel, Los Mismos, Daniel Velázquez, 5 Xics, Fórmula V, Bruno Lomas, Mocedades, Juan Pardo...
Su juventud no fue impedimento para dejar una herencia recordada y agradecida en su tierra. La Comunidad Valenciana ha llenado su agenda de homenajes en forma de exposiciones que recuerdan su trayectoria o la dan a conocer a quienes visitan Valencia. También ha declarado 2023 'Año Nino Bravo'.
En apenas 28 años consiguió dejar una huella perenne en la historia de la música hispana y creó un estilo propio que fue desde su Malferit natal hasta Latinoamérica. Sus canciones se convirtieron en himnos. Él se convirtió en leyenda.
Legado Musical
Paloma San Basilio (Te quiero, te quiero), El Consorcio (América, América), Francisco (Libre), Javier Andreu de La Frontera (Un beso y una flor), Sergio Dalma (Cartas amarillas) y Lolita (Esa será mi casa) interpretaron algunos de sus sencillos más famosos en un disco recopilatorio producido en 1995 por la discográfica del cantante valenciano.
Comparado con Tom Jones, con Engelbert Humperdinck, Frank Sinatra y otros monstruos de la interpretación, entendemos que igualó a los grandes y superó a muchos de ellos con su prodigiosa, potente, sólida, inconfundible e irrepetible voz.
Sus discos, aunque la comparación pueda parecer pretenciosa, se siguen vendiendo como los de “The Beatles” y lucen en las estanterías de las tiendas de discos como el primer día.
Salió a la venta un triple “CD” titulado “Todo Nino-La obra completa de Nino Bravo”, plástico que contenía 61 canciones y en el que se puede disfrutar de sus entrañables lanzamientos discográficos íntegramente.
Se hicieron “duetos” póstumos, con un gran despliegue tecnológico, inmortalizados en sendos “CD’s”, ambos dobles, en los que el fallecido intérprete registraba su voz acompañada por los más relevantes artistas del panorama musical español en cada una de sus diferentes canciones.
Más recientemente, se publicó otro disco denominado “En libertad & La casa azul”, en el que, en un trabajo de ingeniería de sonido, sus canciones cobran un ritmo más discotequero a través de una remasterización impecable que hacen sus canciones más frescas y, siendo las mismas, parecen otras y, ¡¡¡lo importante!!!, manteniendo la voz del fallecido artista.
Y la pasada semana, concretamente el viernes, día 7 de Octubre, salió a la venta “Nino Bravo: Discografía Completa”, un estuche especial, lujoso y muy terminado, con 5 “CD’s” a modo de facsímil de los vinilos originales que, en su momento, lanzó el intérprete. Y, además, conservando y respetando los títulos, diseños y demás detalles de los álbumes hasta dejarlos presentados como en su publicación inicial, en la década de los ’70.
El estuche se completa con un amplio libreto de 56 páginas con fotografías inéditas y minuciosos textos de Luis Troquel y Darío Ledesma.
Estos 5 “CD’s”, editados en policarbonato negro para conseguir su plena imitación al vinilo, los impulsa y distribuye Universal Music Spain que, por añadidura, lanza cada álbum en una edición especial muy limitada, en vinilo de colores.
Nino Bravo trabajó en la joyería “Casa Amat”, en la que se convirtió en lapidario. También lo hizo como bodeguero, en un restaurante del aeropuerto de Valencia. Comenzó a cantar en público a los nueve años, formando parte de un coro, lo que alternaba con su bachillerato.
En 1962 fundó el trío “Los Hispánicos”, pero con la mala fortuna de que a sus dos compañeros no les gustaba la música y le abandonaron después de amenizar muchos bailes, acontecimientos falleros, festivos y verbeneros. Se incorporó, entonces a “Los Supersón”, grupo que, a la postre, sería el que le acompañaría musicalmente a lo corto, pero muy ancho, de su brillante trayectoria artística.
