Nena, No Me Llores: Comprendiendo el Significado Detrás del Llanto Postparto

Muchas veces, las mujeres llegamos al día del parto con una ilusión inmensa y unas ganas increíbles de abrazar a nuestro hijo. Sin embargo, hay como un miedo subyacente en aquellos silencios y en aquellas frases que se te clavan como puñales en el pecho: el miedo a que piensen que no amas a tu hijo porque lloras o porque no saltas de alegría encima de la cama.

Infografía sobre la depresión maternal. Fuente: CDC

Que estés en shock, que estés partida por la barriga o el perineo y te duela como ni podías imaginar, no significa que no ames a ese bebé que tienes encima o que yace en la cuna. Que llores y no puedas parar, no quiere decir que seas una mala madre y que no cuidarás de tu hijo. Y todo esto la mujer lo lleva grabado en la piel casi a fuego cuando empieza a desfilar la familia por la habitación y ella, lo único que puede hacer es llorar. Porque acaba de pasar, porque es lo que necesita.

Muy a menudo, más de lo que muchos piensan, vulneran nuestros derechos y no se nos trata con la delicadeza que requiere nuestro estado emocional y físico, haciéndonos sentir abusadas. Y aquellas personas que de todo lo desagradable no tienen ganas de hablar, empiezan con frases como:

  • «No llores mujer, ¿no ves qué guapo es?»
  • «¡Tantas ganas que tenías de tenerlo y ahora mira cómo estás!»
  • «¿Pero se puede saber qué te pasa?... ¡Para de llorar que lo vas a poner triste!»
  • «¡Mira cómo te mira… no debe entender por qué su madre no está contenta!»
  • «Él está sano y tú también, ¿verdad?»

Cuando te las dicen, no tienes ni fuerzas ni ganas de justificar tu estado de ánimo, de explicar qué demonios te hacen sentir con estos comentarios. No puedes. Cuando estás herida por dentro y por fuera, simplemente, no puedes hacer frente a estas frases que se te quedan grabadas y que podrás recordar toda tu vida. Y lo único que sientes es incomprensión, dolor, y soledad.

La Importancia de Acompañar el Llanto

Cuando una mujer llora después de parir, lo peor que se puede hacer es hacerla parar. Si realmente queremos ayudar, si queremos que esa madre empiece a ser feliz de verdad y esté más contenta, lo que tenemos que hacer es atender su llanto.

Infografía sobre la salud mental materna. Fuente: UNICEF

No hace falta decir nada, la mayoría de las veces, sólo escuchar, si es que nos quiere decir algo. Acompañarla en su dolor. Estar para que pueda expresarse con palabras o sólo con lágrimas y pueda vaciar. La madre debe llorar, enfadarse, sacar todo el miedo o todo el sufrimiento que ha vivido para poder, después, acoger el llanto de su hijo.

Si esto no ocurre, si el llanto es cortado, bloqueado, a esa mujer le costará mucho más acompañar a su bebé cuando llore o tenga algún malestar. Una madre y un hijo están conectados. El bebé sabe perfectamente que ella lo ama y lo que no llore ella, lo que no saque ella, lo hará él. O sea que si queremos una madre feliz con un bebé feliz, que no nos dé miedo escuchar qué pasó mientras lo paría. Que no nos dé miedo ver una madre rota, una madre que no puede parar de llorar.

Esto no es una depresión post-parto. A veces es sólo cuestión de un rato, de sacar el primer impacto, y con unos momentos de acompañamiento íntimo la madre se siente mucho más reconfortada y empieza ya a sonreír y a estar tranquila y más contenta. Pero con una familia y amigos que saben estar a la altura de las circunstancias, esto pasa. En mis dos partos, el personal médico del hospital me dijo que no llorara. En los dos partos he notado como les incomodaban mis emociones. Y en el primero, sobre todo, recuerdo haberme enfurecido y haber gritado “¡dejadme llorar!”.

La Incomprensión y la Necesidad de Tribu

Y cuando todo esto sucede, te das cuenta que sólo podrás hablar de esto con tu compañero (en el mejor de los casos), o con otras mujeres que hayan vivido algo parecido. Ellas te entenderán y no tendrás que decir que claro que amas a tu hijo a pesar de que el día del parto haya sido un día horroroso.

Tengamos presente que esta mujer, si pudiera elegir, estoy segurísima que escogería no sentirse así. Y tú… ¿tenías ganas de llorar después de parir? ¿Qué sentías? ¿Te permitieron llorar tranquila? ¿Te sentías culpable si lo hacías?

Salud emocional en el embarazo y postparto: ¿Cuándo pido ayuda? | Clínica Alemana

Es decir, que sintiéndonos entendidos y acompañados somos capaces de superarlo todo, pero cuando nos sentimos solos… ¡eso sí es dolor del duro…!

La violencia obstétrica está tan extendida por todo el mundo que pone los pelos de punta. Que esas lágrimas ayuden a digerir todo lo sucedido.

Publicaciones populares: