Mucho sueño antes del parto: Causas y qué esperar

El embarazo es un proceso extraordinario, lleno de cambios físicos y emocionales que preparan el cuerpo para el parto. A medida que se acerca el momento del parto, muchas personas experimentan una clara sensación de fatiga, que puede ir desde un cansancio leve hasta un agotamiento profundo. Comprender las causas de este agotamiento previo al parto ayuda a las futuras madres a reconocerlo como una parte natural de la preparación de su cuerpo. Sin embargo, es igualmente importante identificar cuándo el cansancio puede indicar el inicio del parto, en particular cuando se combina con otros signos como contracciones leves o el "descenso" del bebé.

Es probable que, especialmente en los primeros meses de embarazo, te notes más cansada y con más sueño de lo habitual. En realidad no hay un solo motivo por el que tengas la necesidad de dormir más horas de lo que solías hacerlo antes de quedarte encinta. Se trata de una combinación de cambios hormonales, físicos y psicológicos que, en conjunto, pueden crearte una sensación de cansancio que te empuje a dormir más.

Causas del sueño excesivo durante el embarazo

La primera causa, al igual que ocurre con otras muchas transformaciones que se producen en el embarazo, tiene que ver con los cambios hormonales. En concreto, en el primer trimestre los niveles de la hormona sexual conocida como progesterona se elevan mucho para favorecer el crecimiento de la placenta y la mayor demanda de nutrientes del bebé. El consumo adicional de energías y calorías que provoca el desarrollo del bebé. Los cambios en el cuerpo y las molestias físicas también pueden provocar más cansancio. Otros motivos tienen que ver con el estrés y la carga emocional de la inminente maternidad.

Como hemos comentado, especialmente en el primer trimestre es totalmente normal tener mucho sueño. Solo deberías preocuparte si notas un cansancio tan extremo que te impide llevar una vida normal y realizar tus tareas habituales. Lo recomendable para todas las personas es dormir unas 8 horas. De cualquier modo, no hay ningún problema en que temporalmente duermas un par de horas más durante la noche, hasta llegar a las 10, e incluso te tomes alguna siesta.

La mejor forma de afrontar el embarazo es cuidarse a todos los niveles; llevar una dieta equilibrada, evitar disgustos innecesarios, eliminar las malas posturas o las actividades que puedan acarrear algún peligro, y también estar tranquila, relajada y ¿por qué no? Para que las horas de sueño sean de verdad reparadoras, es importante que duermas profundamente y con calidad.

Muchas mujeres consideran el exceso de sueño en el primer trimestre como una tregua, puesto que en ocasiones en los últimos tres meses de embarazo se da el efecto contrario, es decir, problemas para dormir por el malestar producido por algunos síntomas como calambres, náuseas, o digestiones complicadas: es lo que se conoce como insomnio del tercer trimestre.

En las últimas semanas de embarazo son un período exigente para el cuerpo, tanto física como emocionalmente. En los días o semanas previos al parto, el cuerpo aumenta la producción de oxitocina y relaxina. Si bien estas hormonas son esenciales para preparar el útero y el cuello uterino para el parto, también pueden alterar los patrones de sueño, lo que contribuye al agotamiento extremo antes del parto.

En el tercer trimestre, el tamaño y la posición del bebé pueden provocar un mayor malestar físico, como dolor de espalda y presión sobre los órganos internos. Muchas embarazadas se despiertan con frecuencia por la noche debido a la necesidad de orinar, a la dificultad para encontrar una posición cómoda para dormir o a la ansiedad por el parto inminente.

Si bien el cansancio es un síntoma común del embarazo, el agotamiento extremo que algunas mujeres experimentan antes del parto suele ser muy intenso. Puede resultar abrumador, ya que incluso las tareas más sencillas requieren un esfuerzo considerable.

El impacto emocional del cansancio extremo

El impacto emocional del cansancio extremo antes del parto suele subestimarse, pero puede ser tan agotador como el agotamiento físico. A medida que se acerca el parto, muchas futuras madres sienten una mezcla de emoción, anticipación y ansiedad. El instinto de anidación, por ejemplo, puede llevar a las personas a esforzarse demasiado durante este momento crítico, lo que crea un conflicto entre la necesidad de descanso del cuerpo y la urgencia de la mente de "preparar todo".

Esta desconexión puede amplificar los sentimientos de culpa o decepción por no lograr todo lo que esperaban. Es fundamental normalizar estas emociones. Reconocer que el cansancio extremo antes del parto es una parte natural de la preparación del cuerpo puede ayudar a aliviar los sentimientos de frustración. Buscar el apoyo de los seres queridos, un consejero o una comunidad de partos brinda tranquilidad y consejos prácticos, lo que reduce el estrés.

Este cansancio previo al parto suele ser el resultado de una combinación de cambios hormonales, tensión física y anticipación emocional. A medida que se acerca el parto, experimentar una mayor fatiga es una respuesta natural a los extensos preparativos del cuerpo para el nacimiento. El cuerpo trabaja incansablemente durante esta fase, liberando hormonas como la oxitocina y la relaxina para preparar el cuello uterino y el útero para el parto, al mismo tiempo que gestiona los desafíos físicos de llevar un bebé a término.

La fatiga y el cansancio durante el embarazo: Aprende cuando es riesgoso y cuando no | Maternar.co

Preparación del cuerpo para el parto

A medida que van pasando los meses, y se acerca el parto, el cuerpo femenino se va preparando para este momento, y en la última fase del embarazo experimenta cambios y señales que es importante saber reconocer.

Las contracciones de Braxton Hicks

Son contracciones en las que el útero se ejercita preparándose para las verdaderas contracciones del parto. Suelen aparecer habitualmente en algún momento tras la semana 28, y aumentan de frecuencia e intensidad a medida que se acerca el parto. Estas contracciones pueden ser incómodas, pero no dolorosas, y no afectan al cuello del útero (no lo acortan). La aparición de estas contracciones es más frecuente en las mujeres que ya han tenido embarazos anteriores.

El encajamiento del bebé en el canal del parto

Se produce cuando el bebé desciende hacia la parte inferior del abdomen para ir situando su cabeza en la pelvis de la madre. Decimos que un bebé está encajado cuando en la palpación externa, la parte más ancha de la cabeza -que usualmente mide unos 9,5 centímetros- ha superado el estrecho superior de la pelvis. En la mujer que espera su primer hijo el encajamiento suele suceder no antes de la semana 33 ó 34 de embarazo, mientras que si ha habido partos anteriores puede producirse directamente con el comienzo el parto.

Como consecuencia del encajamiento del bebé, la mujer suele experimentar dos cosas: por un lado, alivio porque la tripa “baja” y deja de haber presión del útero sobre el diafragma, por lo que respiran mejor. Sin embargo, como contrapartida, aumenta la presión en la vejiga (lo que provoca ganas de orinar con más frecuencia), en las articulaciones de la pelvis y en la zona perineal. Como consecuencia, se pueden sentir punzadas agudas o calambres en la zona de las ingles cuando la cabeza del feto presiona sobre la base de la pelvis.

El síndrome del nido

En las últimas semanas de embarazo, muchas mujeres experimentan la necesidad emocional de preparar “el nido”, y bajo una gran vitalidad, preparan, ordenan, limpian la casa y las cosas del bebé.

Desprendimiento del tapón mucoso

Es el tapón cervical mucoso que durante el embarazo mantiene sellado el cuello del útero, protegiendo al bebé de posibles infecciones. Conforme el cuello del útero empieza a “madurar” -adquiere una consistencia más blanda y se va acortando-, se va dilatando, y es entonces cuando es posible que se empiece a desprender el tapón mucoso. La mujer suele notarlo como un flujo mucoso, viscoso y espeso. Se puede perder de una sola vez, o de forma parcial durante varios días. El tapón tiene una consistencia gelatinosa y suele ser de color transparente o amarillento. A veces aparece teñido de sangre, con tonos rosáceos o rojizos, lo cual suele deberse a una rotura de capilares que se produce con el borramiento o la dilatación del cuello del útero. El desprendimiento del tapón mucoso no es sinónimo de parto inminente, ya que, en ocasiones, ocurre días o semanas antes del parto.

Además, es habitual que en este periodo se manifiesten o intensifiquen molestias propias del embarazo como la acidez, la retención de líquidos, el insomnio, los dolores lumbares o la ciática y los calambres en las piernas.

Cómo aliviar las molestias del final del embarazo

Todas estas situaciones implican ciertas incomodidades y molestias para la mujer embarazada. Igual de importante es conocer bien qué puede pasar en el preparto como saber de qué modo actuar en este momento y si se puede hacer algo para convertirlo en algo más llevadero. Así, estas son algunas recomendaciones para aliviar los típicos signos que hemos mencionado:

  • Las contracciones de Braxton-Hicks suelen disminuir al hacer reposo, dejar la actividad que se esté realizando y sentarse o tumbarse durante unos minutos. En general, es importante escuchar al cuerpo durante estas últimas semanas y bajar el ritmo de actividad.
  • Para aliviar ese aumento de presión en la zona pélvica debido al encajamiento del bebé, se recomienda el uso de un cinturón pélvico. Se trata de una banda ancha que proporciona ayuda para sostener el peso extra abdominal y brindar soporte lumbar. Se venden en tiendas para embarazadas. También la realización de ejercicios con un balón de pilates para movilizar la zona de la pelvis puede aliviar los dolores.
  • Prevención con ejercicio. Los ejercicios para fortalecer y estirar los músculos de la espalda ayudan a mejorar la postura y evitan dolores. La práctica de actividad física ayuda también a generar endorfinas, lo que contribuye a disminuir la sensación de dolor; hace que se descanse mejor (muchas mujeres tienen problemas de insomnio en esta última etapa del embarazo); y puede prevenir la aparición de varices (al mejorar el retorno venoso). Estudios recientes nos indican, además, que las mujeres que hacen ejercicio durante el embarazo tienen una mejor y más pronta recuperación postparto.
  • Los calambres en las piernas. Es sabido que muchas mujeres sufren esta incómoda molestia al final de su embarazo. Se puede ayudar a prevenirlos haciendo estiramientos miofasciales: tumbadas en el suelo, utilizaremos un rollito o una pelota de tenis y los haremos rodar despacio, desde de la parte superior de la pierna a la inferior, usando como presión el propio peso del cuerpo.
  • Acidez. Es posible reducir el malestar que causa la acidez evitando las bebidas con gas, la cafeína, los alimentos muy grasos, el chocolate y los alimentos ácidos, como la mostaza y el vinagre. En cambio, la leche o el yogur fríos, la manzana y las almendras crudas alivian en algunos casos. Siempre es recomendable comer en pequeñas cantidades cinco veces al día y masticando bien los alimentos, para evitar las digestiones pesadas, y tratar de no acostarse con el estómago lleno o nada más comer. Por último, mascar chicle después de la comida también puede ayudar porque estimula las glándulas salivales y la saliva ayuda a neutralizar el ácido.
  • Retención de líquidos. Los líquidos que tienden a retenerse durante el embarazo pueden provocar hinchazón en piernas y tobillos, e incrementar la sensación de piernas cansadas. Muchas mujeres creen que ingerir menos líquido va a ayudarles con este problema; pero sucede justamente lo contrario. Lo que debemos hacer es aumentar la ingesta de agua, caminar a diario, utilizar medias de compresión, realizarnos masajes con cremas o geles de efecto frío o darnos duchas de agua fría en sentido ascendente desde los pies a las rodillas, para favorecer el retorno venoso.
  • El insomnio. Los problemas de sueño durante el embarazo son múltiples: los «trastornos» hormonales propios del embarazo interfieren en el ritmo sueño-vigilia natural. Hacia el final del embarazo se añaden, además, factores físicos como la dificultad para encontrar postura para estar cómoda o la dificultad para respirar bien debido al peso del útero.Para ayudar a conciliar el sueño es bueno acostumbrarse a dormir sobre el lado izquierdo del cuerpo, colocando un almohadón debajo del abdomen o entre las piernas; evitar hacer cenas pesadas o muy cerca a la hora de acostarse; e intentar elevar un poco el cabecero de la cama para facilitar una mejor respiración. Si se conoce alguna técnica de relajación es un buen momento para aplicarla también.

Preparación para el parto

La preparación al parto debe cubrir, evidentemente, la preparación puramente física, para optimizar las posibilidades de un parto óptimo y sin complicaciones. Pero no ha de quedarse ahí exclusivamente. Debe incluir también una preparación psicológica sobre el proceso de parto y una formación práctica conjunta de la pareja, para poder adquirir recursos y herramientas de forma que la mujer pueda recibir el apoyo que necesita durante el parto y su pareja sepa proporcionárselo.

Para la preparación física se recomienda especialmente la preparación en el agua, ya que permite la realización de una serie de ejercicios y una amplitud de movimientos que no serían posibles fuera de ella, y todo con un riesgo casi nulo de lesiones. Se trata de una práctica muy segura, siempre y cuando se busque un programa de ejercicios específico para el embarazo, a poder ser impartido por matronas, que trabaje los músculos, ligamentos y tendones que intervienen en los movimientos y posiciones que facilitan el parto.

La preparación práctica para el parto debe ser conjunta, entre la mujer embarazada y su pareja. Estudios científicos han demostrado la importancia que tiene un apoyo adecuado a la mujer durante el parto en la reducción del número de cesáreas y partos instrumentales. Esta preparación de las dos personas debe incluir ejercicios prácticos que les enseñen técnicas para mejorar su capacidad de apoyo, y técnicas de respiración y masaje para aliviar el dolor, que repercuten de forma muy positiva en la mujer, quien se encuentra más segura y tranquila durante el parto.

En cuanto a la preparación psicológica, un aspecto importante a recordar a la mujer y a su pareja es que ella tiene la capacidad inherente para dar a luz, lo único que hay que hacer es proteger esa capacidad de todo lo que puede bloquearla, como el desconocimiento, el miedo o el estrés. De ahí la importancia de entender la fisiología del parto y de verlo como un proceso fisiológico.

La evidencia científica en la actualidad es contundente al respecto, y nos demuestra que respetar el proceso fisiológico del parto, permitiendo que este se inicie de forma espontánea, que progrese sin el uso injustificado de oxitócicos, facilitando el movimiento libre y acompañando un expulsivo espontáneo sin la realización de episiotomía, repercute en una mayor seguridad para el bebé y la madre, disminuyendo la tasa de cesáreas, partos instrumentales, complicaciones en el postparto e ingresos neonatales.

Recomendaciones finales

En conclusión, si bien el cansancio extremo antes del inicio del trabajo de parto puede ser un desafío, a menudo es una señal temporal y normal de que el trabajo de parto es inminente. El descanso se convierte en una piedra angular durante este período, ya que conservar la energía es esencial para las exigencias físicas del parto. Junto con una nutrición e hidratación adecuadas, el descanso puede ayudar a reponer las reservas del cuerpo. Igualmente importante es abordar el bienestar emocional, ya que la ansiedad o el estrés pueden exacerbar la fatiga.

Escuche a su cuerpo y descanse siempre que sea posible. Comer comidas pequeñas y frecuentes ricas en proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos puede ayudar a mantener los niveles de energía. Pida ayuda a familiares o amigos para que se ocupen de las tareas domésticas o los recados. Si bien el agotamiento extremo antes del parto suele ser una parte natural de la última etapa del embarazo, es fundamental reconocer cuándo puede indicar un problema subyacente.

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