Si eres como la mayoría de los padres, probablemente hayas experimentado la frustración de que tu hijo no te haga caso y no sepas qué hacer. Una de las inquietudes que tienen las familias es que los hijos/as no obedecen, no hacen caso. Puede ser muy duro cuando tu hijo no parece respetar tu autoridad. ¡Estás en el lugar indicado para solucionar este problema!
La gran queja que tienen los padres es “mi hijo no me escucha” y, si somos sinceros, lo que pasa es que tu hijo no hace lo que tú quieres. Eso no es que no escuche, simplemente no obedece. Si lo pensamos bien, son tantas cosas las que queremos que hagan cuando nosotros queremos, que no es de extrañar que unas veces sí y otras no obedezcan.
Aquí te presentamos estrategias y técnicas para poder educar a nuestros hijos manteniendo la autoridad y ganándonos su confianza y respeto. A continuación, exploraremos las causas detrás de este comportamiento y ofreceremos estrategias efectivas para afrontarlo.
¿Por Qué Mi Hijo de 2 Años No Obedece y Pega?
Lo que a veces llamamos “mal comportamiento”, en muchas ocasiones son “comportamientos molestos para los adultos“ e incluso son comportamientos lícitos del momento evolutivo del niño. Por eso, en Disciplina Positiva se equipara el “mal comportamiento” a un iceberg.
Donde en la parte de arriba, la punta encima del agua, es la conducta lo que se ve, lo que el niño/a hace. Pero debajo de esa punta, hay un trozo de hielo mucho mayor, lo que no vemos, y ahí se encuentran necesidades básicas no cubiertas, respuesta de nuestro cerebro primitivo, fases del desarrollo evolutivo, apego inseguro y, finalmente, si todo lo hemos descartado, podríamos hablar de la necesidad de pertenencia y contribución. Desde esta mirada, nos será más fácil encontrar la respuesta que ayude a reducir los “malos comportamientos”.
A esta edad se vuelven más independientes, usan algunas palabras, quizás comience a probar los límites, se oponga a veces a comer o dormir cuando debe hacerlo, y es probable que tenga rabietas. Los berrinches son naturales para los niños de esta edad.
La causa principal de las rabietas es que tu hijo esté probando sus límites para ver hasta dónde puede llegar. Si dices «no» a algunos de sus deseos, estallará en una rabieta.
Los niños/as a esa edad todavía no saben cómo gestionar y canalizar ciertas emociones. La causa viene porque es su forma de mostrar sus sentimientos y comunicarse. En estos casos, los padres tienen que tener paciencia y enseñarles poco a poco cómo gestionar esas emociones; cómo enseñarles a identificar y gestionar esas emociones.
Es importante que los padres y madres cuando un niño les pega o muerde sepan cómo reconducir esa conducta. Mantener la calma y tener paciencia es lo más importante y lo primero que tenemos que hacer cuando presenciamos un manotazo de nuestro hijo/a. Ponte en su lugar. Los niños a esa edad todavía no controlan sus emociones y cómo expresarlas.
Factores Comunes:
- Cansancio
- Hambre
- Sobreestimulación
- Celos
- Frustración
- Ansiedad
A veces, los niños golpean como una forma de experimentar causa y efecto: golpeo y veo qué pasa.
Berrinches y rabietas: 10 tips para controlarlos
Estrategias Efectivas para Abordar la Desobediencia y los Golpes
Si hemos descartado que el niño necesite intervención psicológica, y consideramos que se trata más bien de una cuestión relacionada con su temperamento y nuestro estilo de crianza, es el momento de ver qué podemos hacer. No se trata de buscar culpables, pero sí de asumir responsabilidades. Como padres tenemos que ser conscientes de esa responsabilidad.
Con amabilidad y firmeza a la vez. Para que los días no sean una lucha constante, una herramienta muy útil es establecer rutinas, involucrando al niño/a en su creación. Pregúntale, escucha, y llegar a límites razonables y respetuosos para ambos. La idea clave es primero conectar para luego corregir o educar.
Aquí te mostramos una serie de estrategias que puedes seguir, aunque deberás tener mucha paciencia y perspectiva:
1. Mantén la Calma
Responde con serenidad. Gritar o castigar físicamente solo refuerza la conducta agresiva. El niño aprende con el ejemplo.
2. Establece Límites Claros
Es fundamental que el niño entienda que pegar no es aceptable. Puedes decir con firmeza, pero sin gritar: «No se pega. Eso duele. Si estás enojado, puedes decírmelo con palabras».
3. Identifica y Valida Emociones
Ayuda a tu hijo a poner nombre a lo que siente: «Veo que estás enojado porque no pudiste tener eso. Está bien enojarse, pero no está bien pegar».
4. Aplica Consecuencias Coherentes
Si el comportamiento persiste, aplica consecuencias acordes a su edad, como retirarlo de la situación por unos minutos (tiempo fuera), o quitarle un privilegio breve.
5. Refuerza las Conductas Positivas
Reconoce y elogia cuando tu hijo logra manejar su frustración sin recurrir a la agresión: «Estoy muy orgulloso de ti por usar tus palabras en lugar de pegar».
6. Observa Patrones
Lleva un registro mental (o físico) de cuándo ocurren los episodios. ¿Es siempre antes de dormir? ¿Después de la guardería? Identificar estos patrones puede ayudarte a prevenir futuras crisis.
7. No Tengas una Respuesta Negativa
Nunca, bajo ningún concepto, utilices la violencia para enseñarle que no se tiene que pegar. No tengas malas palabras hacia el menor. Recuerda que los niños/as a esa edad no son conscientes de lo que hacen. Evitar decirles «ya no te quiero» o «qué malo eres».
Del mismo modo, debe evitarse la exposición del niño a otro tipo de conductas agresivas, como tonos de voz amenazantes, gritos o insultos, en la medida de lo posible. Por ejemplo, en la televisión es muy común que aparezcan estas actitudes.
8. Masajeale, Sobre Todo en la Espalda
Nunca le toques si estés enfadada/o o fustrada/o. Practica la ternura: acaríciale la cara a menudo y háblale con suavidad.
¿Qué Hacer si Tu Hijo Te Pega? Consejos Prácticos
Cuando los padres se preguntan qué hacer si tu hijo te pega, es importante considerar:
- No personalices la conducta. Tu hijo no lo hace por maldad.
- No respondas con violencia.
- Usa estos episodios como oportunidades de aprendizaje emocional.
- Busca apoyo profesional si la agresividad persiste o se intensifica.
¿Cuándo Buscar Ayuda Profesional?
Las rabietas son comunes durante los dos y tres años, y suelen reducirse a mediados de los cuatro años. Sin embargo, hay algunas señales que sugieren que un niño puede necesitar la intervención de un médico. Si observas alguno de los siguientes problemas, consulta al pediatra:
- Las rabietas continúan o empeoran después de los cuatro años.
- Tu hijo intenta autolesionarse, hace daño a otras personas o rompe cosas en medio del episodio.
- Tiene pesadillas frecuentes o se vuelve muy desobediente.
- Da un paso atrás en el entrenamiento para ir al baño solo.
- Se niega a comer o dormir.
- Tiene dolor de estómago o cabeza.
- Muestra ansiedad, agresividad o apego extremo.
- Aguanta la respiración y se desmaya durante el episodio.
Si tu peque se desmaya durante las rabietas, el pediatra puede examinarle para ver si tiene convulsiones. También te dará recomendaciones sobre disciplina o te sugerirá un grupo de apoyo para padres, al que puedes asistir para recibir orientación. Si cree que las rabietas de tu hijo se deben a trastornos emocionales extremos, le derivará a un psiquiatra o psicólogo.
Recuerda que cada niño es único y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro. La clave está en la paciencia, la coherencia y el amor incondicional.
