Si hay un hombre que ejemplifica el significado de la filosofía, ese es Sócrates. Elegido por el Oráculo de Delfos como el hombre más sabio de Grecia, la fama del pensador ateniense no tiene parangón en el mundo filosófico, siendo, probablemente, una de las figuras más veneradas y respetadas de la cultura universal.
Platón es tal vez el único filósofo notable de la antigüedad cuyos escritos han llegado íntegros hasta nosotros, lo cual ha contribuido a su celebridad y a que su doctrina sea mejor conocida.
El lugar de nacimiento de estos dos grandes filósofos ha sido objeto de debate y estudio a lo largo de la historia. A continuación, exploraremos los detalles conocidos sobre sus lugares de nacimiento y cómo estos pudieron haber influido en su desarrollo filosófico.
Sócrates: El Ateniense por Excelencia
Sócrates nació y vivió en Atenas, en el siglo V a. C. (470-399), época de mayor esplendor de la polis, en aquel momento centro cultural e intelectual donde se definieron algunas de las ideas que son hoy las piedras angulares de la cultura occidental. Allí abrió los ojos por primera vez, dentro de una familia de clase media formada por su padre, Sofronisco, cantero y escultor de profesión, y su madre, Fainarate, comadrona.
La vida de Sócrates en Atenas fue fundamental para su desarrollo como filósofo. Su participación en la Guerra del Peloponeso y su interacción con diversos ciudadanos atenienses influyeron en su pensamiento y en su método de enseñanza.
Platón: Atenas o Egina, un Origen Aristocrático
Platón nació en Atenas sobre el 428/27 a.C. en el seno de una influyente familia aristocrática. No se conoce con exactitud su lugar de nacimiento; es posible que fuera Atenas, o bien que fuera la ciudad de Egina, en la isla del mismo nombre.
Así Platón, según la mayoría, nació en Atenas, pero también hay quien afirma que nació en Egina, siguiendo a Favorino. Probablemente fue el año 428 ó 427 a. C.
Pertenecía a una familia aristocrática y adinerada, y sin duda disfrutó de las ventajas educativas que podía proporcionarle la época dorada en la que vivió. Su padre, Aristón, se proclamaba descendiente del rey Codro, el último rey de Atenas. Su madre Períctone, descendía de la familia de Solón, el antiguo legislador griego.
Su origen noble le permitió disfrutar de una educación integral (gramática, retórica, música, poesía, etc.) enfocada hacia una futura vida política, que, por aquel entonces, estuvo marcada tanto por la Guerra del Peloponeso y el declive de la democracia ateniense.
Posibles Razones para Egina
Favorino, en su Historia Universal, hace nacer a Platón en la casa de Fidíades, hijo de Tales, en Egina, donde su padre había recibido un lote de tierra, cuando los atenienses estaban decididos a expulsar a los habitantes de la isla y a enviar una colonia. La cronología no hace imposible esta tradición; solamente obliga a admitir que Platón nació en el mismo año en que ocurrió esta colonización.
La Academia de Platón
Hacia el año 387 o 384 antes de JC, si no antes, Platón fundó una escuela en un gimnasio de Atenas llamado la Academia y comenzó sus enseñanzas y la redacción de sus obras filosóficas escritas. En Atenas fundó la Academia, llamada así por encontrarse cerca del lugar donde estaba el santuario dedicado al héroe Academos, y era el lugar donde se enseñaban saberes como la astronomía, la física o las matemáticas, además de otros saberes más específicamente filosóficos.
La enseñanza gratuita que impartía en ella era en su mayor parte oral debido al valor incalculable que Platón le confería a la palabra y al contacto personal y al temor que le producía la facilidad con la que es posible malinterpretar el discurso escrito.
En poco tiempo, la Academia platónica -entre cuyos primeros alumnos estará Aristóteles- encontró su lugar en la vida educativa ateniense, ofreciendo un conjunto variado de disciplinas que iban de la dialéctica a las matemáticas, pasando por la música, la astronomía o la física.
Influencias y Desarrollo Filosófico
Conoció a Sócrates a la edad de diecinueve o veinte años, y permaneció como discípulo suyo devoto hasta su muerte, a lo largo de un período de ocho o nueve años. Su relación con Sócrates tuvo que tener necesariamente como consecuencia la intensificación de un apetito intelectual ya existente, aparte de despertar en él una curiosidad nueva acerca de otros temas filosóficos y de derivar de sus enseñanzas su ideal de la humanidad; en resumen, sin duda esa relación desarrolló y fortaleció todas sus facultades.
Tras la muerte de Sócrates y con el objeto de escapar de los perseguidores de su maestro, Platón se refugió en Megara y allí se convirtió en discípulo o al menos en compañero de Euclides. No se sabe cuánto tiempo pasó en Megara, pero lo que sí es seguro es que no mucho después viajó a Cirene, en África, a Italia y a Sicilia. Es probable incluso que visitara Egipto.
Según parece Dionisio no era el tipo de gobernante capaz de ni de apreciar ni aplicar esas ideas, por mucho que las teorías de Platón pudieran llevarse a cabo en la práctica. Así que volvió a Atenas, y a excepción de un tercer viaje a Sicilia que realizó hacia el año 361 antes de JC con el objeto de reconciliar a Dionisio con su cuñado Dion, ferviente alumno suyo de la Academia, dedicó el resto de su vida a la enseñanza.
Sin perjuicio del sello de profunda originalidad que resplandece en los escritos y doctrina de Platón, no es difícil, ni raro, reconocer que sobre su genio y sus teorías ejercieron influencia más o menos decisiva, ciertas teorías, tradiciones e ideas de otras escuelas y otros filósofos. Al lado de las tradiciones egipcias y orientales; al lado de reminiscencias mitológicas, la doctrina de Platón presenta huellas más o menos sensibles y numerosas del paso por su espíritu de ideas procedentes de la escuela eleática, de la pitagórica y de la de Heráclito.
Platón nos ha legado una obra filosófica inmensa, concebida casi toda ella en forma de diálogos. Alrededor de 36 diálogos se han logrado transmitir de manera íntegra, reproduciéndose en ellos el mismo esquema y estrategia literarios, también un mismo lenguaje didáctico, donde el pensador ateniense no planteó tanto una sistematización ordenada de su pensamiento cuanto una conversación filosófica abierta cuyo protagonista era siempre Sócrates.
Por otro lado, en sus obras se intenta reproducir el espíritu indagador de la mayéutica socrática, aunque reforzada por una bello y original estilo expositivo.
Para elaborar un conocimiento que supere la simple opinión hay un camino cognoscitivo que se puede recorrer: el camino dialéctico, que permite remontarse al mundo de las ideas. Así pues, si la misión del filósofo posee también una vertiente educativa, lo es en la medida en que únicamente la dialéctica represente el método por el cual el pensamiento se eleva por encima de las meras opiniones, en un movimiento simultáneamente doble de ascenso hasta la intuición de la idea y de descenso crítico de esclarecimiento de esta.
Los 3 Grandes Filósofos Griegos - Sócrates - Platón - Aristóteles - Los Grandes Pensadores
Legado Filosófico
Ningún otro filósofo antiguo o moderno, salvo quizá su maestro Sócrates y su alumno Aristóteles, ha logrado jamás tan alta estima por parte de otros grandes pensadores. «Platón», dijo Hegel, «fue un individuo único en la historia; su filosofía ha sido uno de los hechos históricos que mayor influencia ha ejercido sobre la formación y el desarrollo de la mente humana tanto en la Antigüedad como en los tiempos modernos».
Sócrates se erige como el pilar fundamental de la filosofía occidental por una simple razón: fue el primero que dio a la filosofía su función principal, la búsqueda interior del ser humano. Creyó sinceramente que podíamos comprender objetivamente los conceptos de justicia, amor y virtud, defendiendo la idea de que todo ser humano debía y podía conocerse a sí mismo.
