Gestos Raros en Bebés con la Boca: Causas y Qué Hacer

Desde el nacimiento de un recién nacido, los padres se esfuerzan por comprender sus necesidades para cuidarlo de la mejor manera posible. Es crucial estar preparados para interpretar el llanto o cualquier otra forma en que el bebé manifieste hambre, frío o malestar. Lo habitual es que los peques se encuentren bien, y casi todos los problemas y señales que perciben sus padres son, en realidad, signos normales del desarrollo del bebé. En este artículo, te ayudaremos a conocer cuáles son estos rasgos y a diferenciar entre movimientos normales y aquellos que podrían requerir atención médica.

Postura y Movimientos del Recién Nacido

La postura de un recién nacido es simétrica y bastante rígida. Cuando está boca arriba, su cabeza mira al frente, con brazos y piernas flexionados sobre el cuerpo, impidiendo que los talones toquen la cama. Los movimientos son bruscos, involuntarios y no coordinados.

Boca abajo, las rodillas permanecen dobladas bajo su abdomen. Solo puede levantar la cabeza lo justo para girarla de lado a lado. Al levantarlo estirándole de los brazos, la cabeza le cuelga y mantiene brazos y piernas flexionados.

Reflejos del Bebé

El recién nacido tiene curiosos reflejos que el pediatra explora en las primeras revisiones para comprobar la normalidad y correcta evolución de su sistema nervioso. Algunos, como el de succión, le resultan muy útiles. Otros son signo de su inmadurez neurológica y debe perderlos con el paso del tiempo.

  • Búsqueda: Al tocar la comisura de su boca, vuelve la cabeza y abre la boca buscando en la dirección del estímulo.
  • Succión: Ante un contacto en su paladar, reacciona succionando.
  • Moro: También conocido como reflejo de sobresalto, se provoca dejándole caer bruscamente la cabeza hacia atrás, lo que le hace abrir los brazos y piernas, luego llorar y finalmente retornar las extremidades a su posición original.
  • Tónico del cuello: Al girar su cabeza hacia un lado, el brazo de ese lado se estira y el otro se dobla por el codo, adoptando la "posición de esgrima".
  • Marcha automática: Es posible lograr que dé unos pasos al sostenerle con los pies apoyados en una superficie plana.
  • Prensión: Al rozar la palma de su mano, sus dedos se cierran fuertemente.

Sentidos del Recién Nacido

El bebé nace con los cinco sentidos y es capaz de reaccionar al dolor, al calor, al frío e incluso de distinguir sonidos, olores y sabores.

  • Vista: Al nacer, el bebé es capaz de ver la luz y distinguir los colores, percibiendo contrastes, movimientos y cambios bruscos de iluminación. Enfoca bien lo que está a 20 o 30 centímetros de sus ojos.
  • Oído: El recién nacido tiene el oído totalmente desarrollado y presta especial atención a la voz humana.
  • Olfato: Desde el primer día de vida, el bebé reacciona ante los olores y es capaz de reconocer el olor de su madre.
  • Gusto: Poco desarrollado al nacer, madura muy rápidamente, de modo que a los 15 días, el bebé ya demuestra sus preferencias.
  • Tacto: Es el primer sentido que se desarrolla. El recién nacido es muy sensible a la forma en que se le toca y manipula.

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¿Cuándo Preocuparse? Espasmos Infantiles y Síndrome de West

Es muy importante que los espasmos infantiles sean detectados a tiempo. Si sospechas que tu hijo pueda estar padeciendo espasmos, debes acudir a su pediatra para así realizar un diagnóstico adecuado. Los espasmos infantiles son una forma de epilepsia que afecta a algunos bebés y normalmente aparecen entre los 2 y los 12 meses de vida del recién nacido.

El síndrome de West es una encefalopatía epiléptica que se presenta cuando el cerebro está dañado. El síndrome de West se manifiesta mediante 3 síntomas:

  • Convulsiones o espasmos infantiles.
  • Retraso psicomotor: Esta demora en el desarrollo del recién nacido podría ser previa o posterior a los espasmos.
  • Alteraciones del electroencefalograma: Se conocen por el nombre de hipsaarritmias y se trata de una desorganización de la actividad cerebral.

Las causas que pueden originar espasmos infantiles son muy variadas, incluyendo la esclerosis tuberosa compleja. Los espasmos infantiles se suelen manifestar en forma de convulsiones, pero en muchas ocasiones pueden llegar a ser poco visibles, confundirse con un sobresalto o incluso ser prácticamente inidentificables. No es habitual que se den mientras el bebé está dormido.

Una forma de saber si tu hijo tiene el síndrome de West es detectar una pérdida de sus habilidades motoras, como por ejemplo dificultades para voltear el cuerpo o no poder sentarse. Es posible que también presente alteraciones neurológicas como la falta de reflejos, o que sea incapaz de seguir objetos con la mirada. También es frecuente que cambie el estado de ánimo del niño.

Para ello, se suelen recetar un tratamiento para espasmos infantiles basado en medicamentos para reducir o eliminar las convulsiones como anticonvulsivos, corticoides o vigabatrina. Sin embargo, si la medicación no logra controlar los espasmos, algunos expertos suelen recomendar a los padres seguir una dieta cetogénica.

Convulsiones en Bebés

Las convulsiones consisten en sacudidas violentas e involuntarias de gran parte de los músculos del cuerpo. Las convulsiones en bebés recién nacidos no siempre son fáciles de detectar. De hecho, en ocasiones una convulsión puede manifestarse únicamente porque el recién nacido mueve los labios o mastica involuntariamente. En los lactantes más mayores o niños, los temblores musculares de las convulsiones son más evidentes.

Los espasmos epilépticos son un tipo de crisis epiléptica característica de la etapa infantil que se ha asociado en muchas ocasiones con el síndrome de West. Los espasmos epilépticos provocan que los brazos y las piernas se pongan rígidos y la cabeza del bebé se incline hacia delante. Suelen durar uno o dos segundos, aunque normalmente vienen acompañados por series de varios sucesivos. La causa de estos espasmos infantiles puede originarse en alguna lesión cerebral en el bebé, trastornos metabólicos o genéticos.

Tics Nerviosos en Niños

De pronto un día comienzas a observar que tu hijo tiene tics; empieza a parpadear rápidamente y nosotros, como padres y sin poder evitarlo, nos empezamos a poner nerviosos. Los tics aparecen en el 25 % de niños y adolescentes y es más frecuente en niños que en niñas. Les llamamos muchas veces «manías» y casi siempre desaparecen solos (tics transitorios de la infancia ) pero otras veces hay que tratarlos porque formen parte de otros procesos o porque puedan darle problemas en su día a día. Son movimientos involuntarios y repetitivos en diferentes partes del cuerpo. El niño suele tener muchas ganas de hacerlo y les alivia llevarlo acabo.

Los tics son movimientos repentinos, rápidos e involuntarios propios de la infancia y la adolescencia. Pueden ser:

  • Motores: como por ejemplo los oculares, con parpadeo; o encogimiento de hombros o giro de cuello.
  • Fonatorios: con carraspeo, ruidos repetitivos, palabras…

Empeoran en situaciones de estrés, de máxima concentración o ante la exposición a pantallas (televisión, videojuegos, móvil…) y típicamente desaparecen durante el sueño. Se estima que hasta un 20% de los niños los tendrán, siendo mucho más habituales en niños que en niñas en una proporción de 4 niños por cada niña. Normalmente suelen comenzar hacia los 5-7 años, a veces antes y se pueden acentuar entre los 8-12 años. Aunque en torno a los 15-16 años tienden a desaparecer.

Con una buena historia clínica, con observar y escuchar al niño y a sus padres, suele ser suficiente para diagnosticar los tics. Los niños suelen sentir un deseo irrefrenable de hacerlo y si no lo hacen se sienten mal. Suelen decir que “sienten la necesidad de hacerlo” y refieren sensación de alivio tras llevarlos a cabo.

Hay múltiples causas para los tics, con componente genético además del ambiental y/o psicológico. La inmensa mayoría de las veces tienen un curso benigno y autolimitado, es decir, se van solos en menos de un año. Sin embargo, conviene hacer una revisión oftalmológica para descartar patología ocular.

Los tics que duran más de un año se denominan tics crónicos y merecen ser estudiados con detenimiento ya que pueden ir asociados a otros trastornos, como puede ser Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDHA) o un Trastorno de Gilles La Taurette. Es por ello que el manejo de estos niños, en muchos casos es multidisciplinar: pediatra, neuropediatra, psicólogo, psiquiatra.

¿Qué hacer si mi hijo tiene tics?

  • Antes de nada, tranquilizarte. Son muy frecuentes y la mayoría de ellos tienen una evolución benigna y limitada.
  • Descartar que no tenga un problema de visión, por lo que conviene acudir al oftalmólogo infantil.
  • Eliminar la sobrexposición a las pantallas, videojuegos, estrés…
  • Enseñarle técnicas de relajación, controlar la respiración.
  • Identificar qué le producen los tics para intentar hacer maniobras de distracción.
  • No recriminarle, ni castigarle, ni reñirle. ¡Él no tiene la culpa!
  • Mucho refuerzo positivo cuando consiguen controlar los tics o sustituirlos por otras actividades.
  • Consultar con el especialista para valorar estudio y tratamiento si presenta alguna de estas características:
    • Duran más de un año.
    • Interfiere con su vida normal, en el colegio, con sus amigos, en casa.
    • Tiene excesivas manías o es muy rígido.
    • Si además presenta otros síntomas: fracaso escolar, cefaleas frecuentes, trastornos del sueño, problemas de visión, cambios en su comportamiento…

No olvides que la mayoría de los niños que ven afectada su calidad de vida por esta causa, se benefician tanto ellos como sus padres, de terapia psicológica.

Tipos de Tics Nerviosos

Podemos agruparlos en cuatro tipos:

  • Tics motores simples: Afectan sobre todo a la cara y a la parte superior del cuerpo.
  • Tics motores complejos: Afectan a más de un grupo muscular y, con el movimiento, el niño pretende realizar una acción concreta.
  • Tics vocales simples: Son determinados sonidos que se producen de forma repetida.
  • Tics vocales complejos: Se caracterizan por la repetición continua de palabras completas, no solo sonidos.

Causas de los Tics Nerviosos

Las causas que dan lugar a los tics son muy variadas aunque, en algunos casos, los tics son idiopáticos, es decir, las causas son desconocidas.

  • Causas genéticas y metabólicas: Diferentes estudios han concluido que existe una predisposición genética al trastorno.
  • Causas psicológicas: La baja autoestima, la timidez, una educación excesivamente restrictiva y la falta de confianza en sí mismo pueden provocar en tu hijo una situación de estrés que derive en la contracción involuntaria de los músculos de la cara y en los tics.
  • Causas sociales: El consumo de tabaco, drogas y otras sustancias en los adolescentes puede desencadenar la reacción inicial, que se verá agravada por estrés general, problemas de pareja y familiares, trastornos alimenticios y otras situaciones no deseadas. También el uso abusivo de café, medicamentos y bebidas estimulantes pueden dar lugar a tics de diferente índole.

Autismo y Movimientos Repetitivos

Aunque los individuos con autismo suelen tener una apariencia físicamente normal y tener un buen control muscular, habitualmente realizan movimientos repetitivos inusuales, que se puede llamar, trastorno del movimiento estereotípico, estereotipias o conductas repetitivas, auto estimulación , o “stimming”, es otro término común para el comportamiento repetitivo.

Los ejemplos típicos incluyen la mano que saluda, rechinar de dientes, movimientos meciéndose y morderse las uñas. Estos comportamientos pueden ser extremos y muy aparentes, o más sutiles. Algunos niños con autismo pueden pasar mucho tiempo batiendo repetidamente sus brazos o moviendo sus dedos de los pies, mientras que otros pueden congelar repentinamente su posición.

Los comportamientos repetitivos también se extienden a la palabra hablada. Para los niños con un sistema nervioso con bajos estímulos, puede proporcionar la necesaria excitación del sistema nervioso, la liberación de beta-endorfinas. A veces, la autolesión es visto como una forma de estimulación. Por ejemplo, les pueden gustar la manera en que su mano se siente en la boca cuando se muerden a sí mismos, mientras que no se siente el dolor del mordisco.

Los niños pueden pasar horas alineando sus coches y trenes de una determinada manera, no usarlos para el tipo de juego de ficción esperado de un niño no autista. Los niños autistas a menudo necesitan, y demandan, la coherencia absoluta en su entorno. Un niño con autismo tiene a veces, preocupaciones intensas persistentes. Por ejemplo, el niño puede estar obsesionado con aprender todo acerca de las computadoras, programas de TV y horarios de películas.

Aleteo de Manos en Niños

El aleteo de manos es un movimiento repetitivo e involuntario en el que el niño agita las manos de forma rápida, generalmente como respuesta a una emoción intensa (de excitación, nerviosismo o cansancio). Sí, es relativamente común durante ciertas etapas del desarrollo infantil, especialmente en niños menores de tres años.

Debes prestar especial atención si el aleteo es muy frecuente o intenso, si persiste más allá de los 5-6 años sin tendencia a reducirse, o si se acompaña de otras señales como falta de contacto visual, retraso en el lenguaje o comportamientos repetitivos más complejos. Puede estar presente en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero no siempre indica la existencia de este diagnóstico. También puede observarse en niños con desarrollo típico o con otros trastornos neuroconductuales. Lo más importante es no regañarlo ni presionarlo.

Por lo general no, pero si el movimiento es muy intenso o frecuente, podría generar molestias en muñecas o brazos.

Las estereotipias son movimientos o vocalizaciones repetitivos, involuntarios y rítmicos. Se realizan sin ningún propósito y siguen una pauta fija. Se dividen en dos grandes grupos: motoras (movimientos) o fónicas (vocalizaciones y sonidos). El aleteo infantil pertenece a la primera categoría.

  • Primarias: se observan en niños con un desarrollo psicomotor normal. Suelen aparecer antes de los tres años y son frecuentes en el lactante.
  • Secundarias: están asociadas con alteraciones neuroconductuales (déficits neurosensoriales, TEA, TDAH, TOC…).

Los niños suelen aletear las manos en circunstancias concretas: cuando tienen sueño, están concentrados o se sienten nerviosos, cansados, aburridos, inquietos o excitados.

Los aleteos no perjudican la salud de nuestro hijo, pero si observamos que los realiza con excesiva frecuencia, que no tienden a desaparecer con el tiempo o que pueden afectar a la interacción con sus compañeros, podemos ayudarle a dejar de hacerlo. ¿Cómo? Reemplazando ese patrón de comportamiento por otro más apropiado y funcional. Podemos explicarle -por ejemplo- que es mejor que no mueva las manos de esa manera porque podría hacerse daño en las muñecas.

Si sabemos cuándo y por qué nuestro hijo aletea las manos estaremos preparados para intervenir en el momento oportuno. Podemos recurrir a múltiples estrategias: pedirle que nos de un abrazo, ofrecerle juguetes moldeables o con texturas y densidades diferentes, formularle preguntas concretas para que exprese por qué no se encuentran bien…

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