La Castilla de finales del siglo XIV, que vio nacer a nuestro protagonista de hoy, era un reino que afrontaba importantes retos políticos, sociales, militares y también religiosos, y estaba consolidando en su trono a la nueva dinastía Trastámara. La casa de Trastámara es sinónimo de grandeza, una de las dinastías más importantes que ha reinado Castilla y también Aragón durante la Edad Media, legando grandes figuras en la historia de España.
Retrato de Juan II de Aragón
Orígenes y Familia
El rey de Castilla Juan I (hijo a su vez del primer soberano Trastámara Enrique II) había tenido dos vástagos: Enrique y Fernando. Juan I tuvo dos varones fruto del enlace con Leonor de Aragón. Estos fueron, Enrique III, el primogénito y príncipe de Castilla y Fernando de Antequera su segundo hijo varón. Es por ello que el personaje ha sido oscurecido por la grandeza de su hijo y heredero, Fernando el Católico.
Será en este contexto, reinando Enrique III, en el que el infante de Castilla Fernando (hermano del soberano y futuro rey de Aragón gracias al Compromiso de Caspe) contraiga matrimonio en 1394 con Leonor Urraca. Fruto de este matrimonio nació Doña Leonor Urraca. Don Fernando y su esposa ya tenían dos hijos (Alfonso y María) cuando Leonor vuelve a quedar embarazada.
En este clima nace en Medina del Campo Juan, tercer hijo del infante de Castilla don Fernando. Corría el año de 1397, una vez aplacadas las revueltas contra los judíos del reino y solventadas las revueltas antiseñoriales el foco político del momento se centraba en el cisma de la iglesia. El rey Enrique III intermediaba con los grandes reinos de la cristiandad para solucionar el problema de la existencia de dos Papas al frente de la iglesia. En esos calurosos días del mes de julio pocos podrían prever que el tercer hijo del infante acabaría siendo soberano del reino de Aragón, pero para darse esta circunstancia muchos y muy diversos avatares se tuvieron que suceder.
Ascenso al Trono de Aragón
El 31 de mayo de 1410 se produjo un hecho inédito en la Corona de Aragón: moría sin descendencia el rey Martín I, lo que dejaba vacante el trono de Aragón. Unos meses antes de la muerte del monarca, su único hijo Martín el Joven, rey de Sicilia, pereció sin hijos legítimos y sin heredero declarado. Para más inri, Martín tampoco tenía hermanos, lo que llevaba a la corona de Aragón a una situación inédita, Al no existir en el Reino de Aragón una ley sucesoria, la transmisión de la corona se realizaba de padres a hijos y en defecto de estos por vía de disposición testamentaria del monarca fallecido. Por primera vez en su historia, no había sucesor para la corona. Esto suponía un grave problema de estado.
El Juramento de los Compromisarios. Los pretendientes al trono de Aragón
Pese a que Fernando no estaba en las quinielas inicialmente, no podemos sino pensar en la providencia de nuevo. Un grave error de los partidarios del principal candidato Jaime I de Urgell, que llegaron a asesinar al arzobispo de Zaragoza, que apoyaba a otro de los candidatos Luis de Calabria, hizo que esta facción apoyara la candidatura de Fernando. El resto del trabajo lo hizo el poder económico y maestría política que ya había demostrado Fernando, ganándose también el apoyo del papa, prometiéndole que iba a aglutinar bajo su mando Aragón y Castilla. El acto formal de elección tuvo lugar en Caspe, donde los compromisarios se reunieron el 28 de junio de 1412, escenificando la toma de posesión de Fernando de Antequera, infante de Castilla. En ese momento, todos los parlamentarios y las demás personas que estaban allí exclamaron «¡Viva, viva el rey don Ferrando!». Este hecho de gran importancia histórica es conocido como compromiso de Caspe y es todavía conmemorado cada año en la ciudad de Caspe, celebrándose por todo lo alto en la localidad.
Matrimonios y Descendencia
El infante Juan se casó en Pamplona con Blanca de Navarra, heredera de Carlos III el Noble y portadora de una dote de «más de trescientos y sesenta mil florines de Aragón ». Juan II de Navarra había contado hasta el momento con el apoyo de su hermano, el rey de Aragón Alfonso V, si bien, el monarca aragonés se encontraba en Italia y no parecía querer inmiscuirse en conflictos bélicos con Castilla. Juan viajó hasta Italia para tratar de convencer a su hermano y de recabar su ayuda en los asuntos castellanos.
El rey Alfonso V, que unos años antes le había entregado a su hermano el condado de Ribagorza, en esta ocasión le nombró lugarteniente de Aragón y Valencia, e igualmente le confió las cuestiones de su linaje en Castilla (1435). Alfonso permaneció en Italia mientras Juan trasladó su residencia habitual a Zaragoza. A partir de ese momento intentó mantener buenas relaciones con Castilla.
El año 1441 la reina Blanca murió en Santa María de Nieva. El príncipe Carlos tenía entonces alrededor de 20 ó 21 años de edad. Debía ser nombrado rey y gobernar el reino por derecho, no obstante la reina, en el mismo testamento en el que lo designaba como heredero universal de sus bienes, le solicitó que no ejerciese el gobierno sin el beneplácito de su padre. Juan II no cedió el gobierno y, como estaba ausente en Castilla, nombró a su hijo lugarteniente del reino en su nombre. El conflicto que se abrió a los pocos años entre padre e hijo culminaría con una guerra civil en Navarra.
Encomendó el gobierno del reino a su segunda esposa, Juana Enríquez, con la cual se había casado entre los años 1444 y 1445. Llegó a hacer prisionero a su hijo el año 1451, tras la derrota que sufrió en Aibar, y lo liberó en 1453 tras unas difíciles negociaciones. Padre e hijo llegaron a un acuerdo por el que Carlos daría a su padre 11 rehenes en su lugar y entregaría las plazas que le secundaban. Mientras Juan debía restituirle en el principado de Viana y devolver a los rebeldes sus patrimonios.
Mapa del Reino de Navarra en 1460
Hijos Conocidos de Juan II de Aragón
- Carlos, Príncipe de Viana (con Blanca de Navarra)
- Blanca (con Blanca de Navarra)
- Leonor (con Blanca de Navarra)
El príncipe Carlos de Viana murió al año siguiente y, como legítimo heredero de Navarra, dejó el reino en su testamento a su hermana Blanca, si bien, este testamento no fue respetado. Juan II falleció en Barcelona en 1479, con alrededor de 82 años de edad.
Las circunstancias cambiaron desde ese momento para el infante Juan. Siendo su padre Rey de Aragón y su primogénito ahora el príncipe heredero, los intereses de la familia en Castilla quedaban ciertamente en segundo plano. Fernando sin embargo, tenía un gran plan para su segundo hijo, lo que demuestra su confianza total y buen juicio. Prueba de ello es que Juan acude en el séquito de su padre portando el cetro de Oro, durante el acto de coronación que se llevó a cabo en Zaragoza el 11 de febrero de 1414.
El poder del infante no dejaba de crecer, cuando en Junio de 1420 contrajo matrimonio en Pamplona con Blanca de Navarra, heredera de Carlos III el Noble y portadora de una dote de «más de trescientos y sesenta mil florines de Aragón ». La preeminencia era tal, que poco a poco se fue resquebrajando la actitud monolítica familiar que caracterizó el clan durante la época de Fernando.
Durante la ausencia del infante Juan, el maestre de Santiago aprovechó la situación para secuestrar en Tordesillas al monarca Juan II dando comienzo a las interminables guerras que mantuvo el futuro rey de Aragón y que marcaron su vida profundamente. Tras un duro enfrentamiento con el maestre de Santiago que se saldó en 1425, del cual nuestro protagonista salió victorioso, recibió como premio el ducado de Ribagorza, dignidad concedida por su hermano Alfonso V , rey de Aragón.
Mientras que el infante Juan centraba sus esfuerzos en las luchas fratricidas que sucedían en Castilla, su mujer Blanca y su hijo Don Carlos, príncipe de Viana, se desplazaron a Navarra para regir el reino. No mostró especial interés por los asuntos de Navarra el infante, si bien no dudó en hacerse proclamar rey nada más fallecer su suegro, el rey Carlos el Noble.
En las capitulaciones Castilla no se comprometía a respetar los bienes de los infantes salvo los que poseían en el momento de la firma del tratado. Juan de Navarra, previendo esta posibilidad, había traspasado sus posesiones castellanas a su hijo mediante un contrato firmado en Toro en 1426 ― un alzamiento de bienes toda regla ― acuerdo que nunca fue reconocido por Castilla. Al final de la contienda, la capacidad de influencia de don Juan en los asuntos de Castilla había quedado muy tocada, así como su hacienda familiar en dicho territorio.
No obstante, seguía siendo Rey de Navarra y contaba con el favor de su hermano Alfonso el Magnánimo, que le había nombrado como lugarteniente de Aragón y Valencia, además de participar activamente en las campañas militares que se produjeron en Italia. Sin embargo, lo que realmente le interesaba a don Juan era inmiscuirse en la política de Castilla.
