Este miércoles 10 de mayo se estrena en Las Ventas la feria taurina madrileña de San Isidro con un cartel de lujo donde figuran El Juli y Roca Rey, diestros que estos días protagonizarán las crónicas junto a Morante de la Puebla, Manzanares o Talavante, entre otros. También ganaderos como Victorino, Domecq o Alcurrucén, además de las celebrities que cada tarde inundan sus tendidos.
Sin embargo, hay un personaje crucial en la fiesta cuyo nombre suele figurar poco en la prensa rosa: el doctor Máximo García Padrós, a quien apodan "el ángel de los toreros", cirujano jefe de Las Ventas desde 1985 que este jueves 11 de mayo cumple 80 años.
Para conocer a fondo la trayectoria de este médico, exploraremos su biografía, desde sus inicios hasta su consolidación como una figura clave en el mundo taurino. Además, examinaremos su vida familiar y su legado en la medicina taurina.
Los peores accidentes en los que asistió el doctor Val-Carreres l VAL-CARRERES
Orígenes y Formación
Máximo García Padrós es madrileño de Chamberí. Realizó los estudios de medicina en la universidad Complutense de Madrid, donde se licenció, hizo el doctorado y durante treinta años fue profesor asociado en las cátedras de los profesores Balibrea y Moreno González.
La afición taurina le viene de niño, pues su madre, una enfermera gerundense que se ennovió con su padre cuando este perdió una pierna por una bomba en la guerra civil, le llevaba de pequeño a la plaza.
Siempre quiso ser médico como su padre, que ingresó en el equipo de Las Ventas en 1942 convirtiéndose en titular tras la muerte del doctor Jiménez Guinea en 1972. Su hijo, cuando aun estudiaba medicina en la Complutense, ejercía de ayudante suyo en la plaza y fotografiaba las heridas, de las que conserva una numerosa colección de diapositivas.
Recibió los trastos paternos un día en que fue cogido el diestro Paco Pallarés y cuando iban a comenzar a operarle su padre le entregó el bisturi, dándole la alternativa.
Tan volcado estaba en su vocación que el día de su boda, en pleno banquete, le avisaron que el diestro mexicano Manolo Martínez había sido cogido y su flamante esposa le dio permiso para ausentarse.
Nombrado segundo ayudante en la plaza desde 1966, de 1974 hasta 2011 formó parte también del servicio de cirugía en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y de varias sociedades médicas, pues el sueldo en Las Ventas no daba para vivir.
En 1964 voy a la enfermería de la plaza, hago fotografías de las heridas y varias veces hago de segundo ayudante. Siempre me acordaré de mi primera intervención, ya como médico, que hice en la plaza de Las Ventas. Un sábado de junio venia yo del campamento de El Robledo en La Granja, fui a la plaza, donde toreaba Paco Pallarés, el cual resultó cogido en el primer todo y pasó a la enfermería. En 1972, fallece el doctor Jiménez Guinea, pasa mi padre a ser jefe de equipo y yo paso a primer ayudante.
En 1985, por enfermedad de su padre, Máximo García Padrós le sustituyó al frente del equipo médico de Las Ventas.
Actualmente, el primogénito de sus tres hijos, que se llama Máximo como su padre y su abuelo, y está especializado en traumatología, ejerce también de ayudante suyo.
El "Ángel de los Toreros" en Las Ventas
Cada tarde, mano a mano con su hijo, el también doctor Máximo García Leirado, asistidos por un equipo con dos especialistas más y dos anestesistas, además de enfermeros y celadores, en total nueve personas, están al quite en la enfermería de la plaza para atajar "ese grifo sangriento por el que se escapa la vida del torero", como él define las cogidas. Sin olvidar infartos, lipotimias, cortes con latas y todo tipo de dolencias y accidentes que surjan entre el público asistente.
Por sus expertas manos han pasado más de 3.500 heridos por asta de toro, con un balance de un único fallecido, El Campeño, banderillero de Joselito, al que en 1988 un toro arrancó materialmente el cuello y aun así García Padrós logró reanimar en la enfermería, pero falleció una semana después en el hospital.
En su mente han quedado grabadas otras sobrecogedoras cogidas, como la de Julio Aparicio en 2010, al que el cuerno le entró por el cuello y le salió por la boca, o más reciente, en 2019 la de Gonzalo Caballero, a quien el toro seccionó de cuajo la arteria femoral y quedó tendido desangrándose en la arena.
"Estuve nueve minutos muerto" reveló posteriormente el ex novio de Victoria Federica, que ese día estaba en la plaza, y al que García Padrós salvó in extremis la vida.
Vocación y Sacrificio
Ejercer en la plaza es en realidad algo vocacional, pues obliga a los médicos a asistir a todos los festejos de la temporada y privarse de vacaciones. Según bromea García Padrós, su mujer dice que ellos veranean "de lunes a toros", siempre que no haya habido percance en domingo, día que en verano se suelen celebrar corridas en la monumental.
Dedico mucho tiempo al año a las Ventas. Si tenemos en cuenta que es la que ofrece la temporada más extensa del mundo taurino al dar más de sesenta festejos al año, tienes que tener una gran afición para asistir a todos ellos, y esa es una de las condiciones que, en mi opinión, debe tener el cirujano taurino.
Por eso, siempre es complicado formar un equipo de profesionales que estén dispuestos a asistir a tantos festejos, muchos de ellos en día festivo, y además en verano coordinar vacaciones y familia, para tener encima poco rendimiento económico.
Procedimiento en la Enfermería de Las Ventas
En los días de corrida, todo el equipo médico de la plaza suele estar antes de que se abran las puertas al público, no es raro que se produzcan lesiones, desde cortes con latas o caídas hasta infartos o, desgraciadamente, fallecimientos.
Durante la corrida, no tenemos un sitio fijo. Estamos repartidos, unos en la misma enfermería, otros en el burladero y el resto se queda en el túnel que une el callejón con la enfermería. Yo personalmente hace años lo veía desde el burladero, pero la verdad es que es muy incómodo y sometido a las inclemencias del tiempo, frío, lluvia, calor, etc.
En el momento que ves la cogida de un torero, te haces un esquema mental de las lesiones afectadas e inmediatamente te das cuenta de la posible gravedad, El herido es trasladado por las asistencias hasta el túnel de la enfermería, allí se deposita en una camilla, y rápidamente se le introduce a la sala de reconocimiento.
Allí, se desnuda al lesionado, lo cual a veces puede ser complicado, porque quitar un vestido de torear a una persona inerte es harto difícil, pero solemos tener la ayuda del mozo de espadas. En la enfermería siempre deben entrar nada más que los necesarios y que no haya estorbos, cada miembro del equipo sabe lo que hay que hacer, por eso únicamente dejamos entrar al mozo de espadas para ayudar a quitar al vestido.
La enfermería tiene tres partes diferenciadas, una, formada por dos despachos y servicios. Otra, que es la sala de hospitalización, y que consta de cinco camas para atención del público o de lesionados que necesitan de cuidados. Si para nuestro torero herido se decide la intervención, se pasa a esa sala y se realiza la operación, que en líneas generales consiste en una exploración digital, y, una vez vistas las posibles trayectorias, se extirpan los bordes de la lesión y se abre para explorar los trayectos que ha labrado el pitón del toro, con lavado exhaustivo de la zona a fin de extraer restos de traje, lentejuelas, arena, astilla del cuerno y tejidos no viables.
Una vez visto hasta dónde ha llegado ese pitón, procedemos al cierre sobre un drenaje de los tejidos. Una vez terminada la intervención se habla con familiares, si los hay, con el apoderado o con algún allegado para explicarles el alcance de las lesiones.
Una vez que el herido sale del quirófano, y con el visto bueno del anestesista, se procede al traslado en una UVI móvil medicalizada con médico y un D.U.E.
Legado Familiar
A semejanza de los títulos nobiliarios, lo de este médico va por tradición hereditaria, ya que además de operar ahora junto a su hijo, también su padre, Máximo García de la Torre, capitaneó el equipo médico de Las Ventas, además de fundar la Sociedad Española de cirugía taurina. AsÍ lo acredita una placa del ayuntamiento en su domicilio, en la madrileña calle Guzmán el Bueno del barrio de Chamberí.
En 1972, fallece el doctor Jiménez Guinea, pasa mi padre a ser jefe de equipo y yo paso a primer ayudante.
Actualmente, el primogénito de sus tres hijos, que se llama Máximo como su padre y su abuelo, y está especializado en traumatología, ejerce también de ayudante suyo.
Reconocimientos
García Ruiz se declaró “emocionado, abrumado y muy agradecido por el reconocimiento”. Máximo García junto a su esposa Rosalía (c).
