"Mira esa nena": Desentrañando el Significado de una Canción Ícono

La canción más popular del verano de 1996 fue esa desenfadada y ácida crítica a nuestra superficialidad, escrita e interpretada por el enigmático Juan Antonio Castillo, conocido para entonces en España con el sugerente nombre de Juan Antonio Canta.

El Rap de los 40 Limones (basado en La Danza…, pero con tonada más comercial) se convirtió en un himno no sólo en España sino en toda América hispanoparlante. Hay quienes dicen que su éxito se debió a la música, simple de seguir y bien rítmica, basada en el Rapper’s Delight de The Sugar Hill Gang (que a su vez toma la tonada de Good Times de Chic).

La Danza (y el Rap) de los 40 Limones no es una canción para bailar. Es una reflexión, nada ortodoxa, sobre la banalidad de nuestra sociedad. Juan Antonio al escribirla se burlaba de la frivolidad de la sociedad y protestaba contra la simpleza. El público reaccionó adorando la canción y solicitándosela en todas las oportunidades en que aparecía en entrevistas y conciertos.

Volviendo a El Rap de los 40 Limones, esta canción permanece desde siempre entre mis temas favoritos. Es por sí sola, la canción que más veces he escuchado en mi vida, ya que durante más de 5 años la tomé como “himno de despedida” al finalizar mis labores.

El Éxito Trágico y el Mensaje Oculto

El éxito del Rap de los 40 Limones provocó en Juan Antonio una terrible contradicción que lo llevó a cometer suicidio a finales de 1996. El tema terminó convirtiéndose en lo que JAC odiaba y parecía que nadie había captado el mensaje.

En 2014, Asbel Esteve produjo “Patuchas, el hombre de los mil limones“, un documental sobre la vida y las complejidades de Juan Antonio Castillo, con testimoniales de amigos y colaboradores que relatan anécdotas, ríen y extrañan al que en mi opinión es “el mejor cantautor que no conocimos”.

Análisis de la Letra

La letra la he ido puliendo y mejorando con correcciones que me han hecho a lo largo del tiempo.

Óyeme tú que eres joven
Tú que sabes comprender
Tú que luchas por tortura
En la ONG
Je, je, ¿Qué pasa?
Coge minerales, ese carboncito
Pedazo’e carboncito
que estaba en la mina, solito, solito
y llega un minero y le mete un pico
Y le parte la vida, la ganga y la mena
Escúchame nena, por un burgués
Pa que esté calentito, al carboncito
Le meten un pico y se vuelve adicto
¡Mira qué listo!

Estaba escribiendo este primer párrafo con una sobredosis de adjetivos, un poco al estilo de la entradilla, pero he pensado que esta vez sería bonito no esconderme detrás de la palabrería.

Te pasará a ti también: seguro que hay algún artista, ya sea cantante, escritor, actriz, da igual, que cuando tiene un éxito o presenta algo de calidad indudable, te provoca una alegría y un orgullo similar al triunfo de algún amigo o familiar, incluso una conquista propia. No hablo de un fanatismo irracional, sino de una emoción honesta y clara.

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