En el posparto, el organismo de la mujer experimenta muchos cambios. Durante estas semanas, el cuerpo experimenta cambios hormonales, físicos y emocionales muy importantes. El puerperio es un periodo de adaptación en el que el organismo de la mujer poco a poco vuelve a ser como antes del embarazo.
En esta etapa, llamada cuarentena o puerperio, pueden aparecer algunos trastornos, completamente independientes del embarazo y el parto: es decir, aunque estos hayan sido normales, pueden surgir complicaciones después. Hay que estar alerta para poder determinar que es normal y que no lo es, y ante la duda, consultar. El cuerpo puede mostrar signos de alarma, por ello es fundamental que las madres y sus familias estén informadas sobre los cambios típicos de esta etapa y sobre los síntomas que requieren atención médica inmediata. Lo más importante: acudir a las revisiones y tener una comunicación fluida con el médico.
En el posparto, las madres pueden experimentar una variedad de síntomas que, en su mayoría, son normales. Sin embargo, la línea entre lo normal y lo anormal puede ser difícil de definir. Reconocer los síntomas y buscar ayuda es fundamental para la recuperación de la madre. Siempre, ante la duda de si algo es normal o no lo es, conviene acudir a los o las especialistas...
Síntomas Físicos y Emocionales en el Posparto
Los síntomas físicos del posparto son variados. Es normal tener un sangrado similar a una regla la primera semana que luego irá disminuyendo poco a poco y cambiando de color a un tono marrón y posteriormente amarillento hasta los 15 o 20 días, aunque haya algún día con un manchado un poco más abundante. Son los loquios.
- Es anormal continuar sangrando en cantidad mayor que una regla más allá de diez días, o volver a tener un sangrado hemorrágico y muy abundante después de varios días de manchado escaso.
- Es normal una ligera febrícula de hasta 37,5º cuando se produce la subida de la leche.
- Es anormal una temperatura de más de 37,5º en varias ocasiones, en cualquier momento del posparto. Esto indica que puede haber una infección, que puede estar localizada en las mamas, el útero, la episiotomía, la incisión de la cesárea, o en la orina, y que será necesario tratar con antibiótico.
- Es anormal tener tensiones de 140/90 o más. Cuando la tensión sube mucho, se nota un intenso dolor de cabeza, que no cede con calmantes, y puede haber destellos en la vista. A veces también aparece dolor en la parte alta del abdomen.
- Es normal sentir cansancio debido a los cuidados del bebé, la falta de sueño y la adaptación a los cambios. Incluso puedes sentir que eres capaz de realizar esfuerzos importantes.
- Es anormal sentir un cansancio extremo que no te permite realizar las actividades de la vida cotidiana ni cuidar a tu recién nacido. Puede deberse a una anemia.
- Es normal que los primeros días de la lactancia aparezcan algunas molestias en las mamas, porque están inflamadas y los pezones son extremadamente sensibles y no están acostumbrados a la succión continua del bebé.
- Es anormal que sea un dolor insoportable, que el pecho tenga zonas enrojecidas muy dolorosas y calientes (síntomas de mastitis) o que los pezones estén agrietados y heridos. Es anormal un dolor insoportable que no se calma con analgésicos y que nos impide hacer las actividades de la vida cotidiana.
- Es normal que la zona genital de una mujer que acaba de parir tenga un olor muy fuerte, aunque haya una higiene adecuada.
- Es anormal que huela muy mal (con olor a carne podrida). Puede deberse a una infección dentro del útero que además se acompañaría de dolor en la tripa por debajo del ombligo.
- Es normal tener una sensación de tristeza y desánimo unos días después del parto, por el cansancio, la adaptación a los cambios que supone tener un hijo y por la revolución hormonal que se produce tras el parto.
- Es anormal que esa tristeza dure más allá del primer mes, que te impida cuidar a tu bebé y continuar con tu vida.
El cuidado adecuado de la higiene personal y el seguimiento de las indicaciones médicas pueden ayudar a prevenir infecciones posparto.
La llegada de un nuevo bebé a la vida familiar puede suponer una auténtica revolución, también en el estado emocional de la madre. La tristeza posparto es habitual en estos casos y, de forma general, desaparece por sí sola, pero cuando los síntomas continúan en el tiempo y aumentan de intensidad, es importante acudir al médico para una correcta valoración.
¿Qué son los 'Maternity Blues'?
Durante la gestación, parto y puerperio, en la mujer suceden una serie de cambios bioquímicos, hormonales, psicológicos y sociales que ocasionan una mayor predisposición a la aparición de alteraciones psíquicas. En el posparto se clasifican en:
- Depresión leve, «tristeza posparto» o «maternity blues»: síndrome leve y transitorio que se presenta a los 2-4 días del parto y afecta al 20-80% de las mujeres, y que suele desaparecer de forma espontánea y sin secuelas en unas 2 semanas.
- Depresión mayor posparto: que se suele iniciar entre las 2-8 semanas posparto, y en ocasiones incluso tras varios meses, con fuertes sentimientos de culpa, de incapacidad para el cuidado del hijo, ambivalencia afectiva hacia éste.
- Psicosis posparto: cuadro grave que se presenta tras el parto en el 1-2% de mujeres, que aparece de forma brusca entre los pocos días y las primeras 8 semanas), suele tener recurrencias frecuentes, y en ocasiones requiere la separación de la madre del hijo si se presentan ideas auto o heteroagresivas.
Tristeza posparto o ‘baby blues’ y depresión posparto son dos cosas diferentes. “El baby blues es un grupo de síntomas depresivos de corta duración, muy común, que afecta, aproximadamente, a ocho de cada diez mujeres después del parto. Suele aparecer en los primeros días después del nacimiento y puede durar hasta dos semanas”, explica la Dra. Aunque estos síntomas pueden ser intensos, “tienden a ser pasajeros y no requieren tratamiento médico específico”, tal y como aclara la Dra. Trillo.
Los cambios emocionales que se producen en el posparto suelen ser transitorios, pero afectan a numerosas mujeres en las primeras semanas después del parto. En general, impiden que la mujer goce de su maternidad, ya que crean sentimientos de culpa. Y es que la mujer no es capaz de expresar lo que le sucede, es un tema «tabú» del que está «mal visto» hablar porque se supone que la maternidad es todo felicidad. Hay que desmitificar todos ellos, nadie es perfecto.
Síntomas del Maternity Blues
Se trata de un síndrome leve, normalmente transitorio, que puede presentarse entre el 20% y el 80% de las madres. Suele ocurrir entre dos y cuatro días después del parto y desaparece sin secuelas en unas dos semanas. Síntomas: insomnio, ansiedad, irritabilidad, cambios en el apetito, sentimientos de minusvalía…. Se considera más un proceso de «adaptación a la nueva situación» que vive la madre.
“A diferencia del ‘baby blues’, los síntomas de la depresión posparto son más persistentes y pueden interferir significativamente con la capacidad de la mujer para funcionar en su vida diaria”, afirma la Dra. “Si una mujer experimenta síntomas preocupantes o persisten más allá de dos semanas, se recomienda que busque atención médica para un diagnóstico y tratamiento adecuados. Tanto las matronas como los médicos de familia desempeñan un papel crucial en la detección y manejo de la depresión posparto. Tu matrón/a que hace el seguimiento posparto te preguntará por estos síntomas, y en caso de detectar cualquiera de ellos, te derivará a tu médico de familia. De no ser así, no dudes en pedir cita con tu médico de referencia.
“Con un adecuado tratamiento, apoyo y cuidado, muchas mujeres logran recuperarse completamente y no experimentan nuevos episodios depresivos en el futuro”, matiza la Dra. De igual modo, si bien la depresión posparto puede tener un impacto negativo en la relación madre-bebé, “con un tratamiento adecuado y un apoyo temprano, la mayoría de las mujeres pueden recuperarse y reconstruir una relación sólida con sus hijos.
Estudio sobre la Depresión Posparto (DPP)
Un estudio evaluó las variables asociadas con la presencia de depresión posparto (DPP) según la Escala de Edimburgo (EPDS) en 400 mujeres que finalizaron su gestación en el Servicio de Obstetricia del Complexo Hospitalario de Ourense durante los meses de enero, febrero y marzo de 2005. El objetivo fue planificar estrategias de diagnóstico precoz en el grupo de pacientes con mayor riesgo.
Se excluyeron del estudio las pacientes con mal resultado perinatal (partos inmaduros, fetos muertos...).
Para el cribado de la DPP se utilizó el test Edinburgh Postnatal Depression Scale (EPDS) (anexo 1), internacionalmente aceptado en la literatura médica para el diagnóstico de la DPP.
Las pacientes con test positivo fueron remitidas a interconsulta ambulante y programada al Servicio de Psiquiatría.
Con posterioridad se procedió a la revisión de la historia clínica del grupo a estudio, en busca de posibles factores relacionados con la presencia de DPP.
Resultados del Estudio
No se encontró ninguna paciente con cuadro de depresión severa (según los criterios del EPDS), todas las pacientes con resultados positivos en la escala de valoración se correspondieron con cuadros leves de la enfermedad.
Se encontraron 85 pacientes con resultado positivo en el EPDS, lo cual implica una incidencia del 21,25%, similar a la descrita por otros autores.
Estadística descriptiva del grupo de trabajo:
- Edad: el rango de las pacientes fue de 17 a 44 años, con una media de 31 años y moda de 29 y 34.
- Paridad: se encontró un 62,5% de primíparas y un 37,5% de multíparas.
- Edad gestacional al parto: postérmino 8,75%, a término 86,25% y pretérmino 5%.
- Enfermedad gestacional asociada: sin riesgo gestacional 75%, riesgo gestacional 25%.
- Vía de parto: vía vaginal 78,75%, vía abdominal (cesáreas) 21,25%.
- Ingreso del recién nacido en neonatología: el 13,75% ingresó en la unidad de neonatología.
- Presencia analítica de anemia: el 17,5% de las pacientes presentaban anemia.
Relaciones estadísticas de los factores estudiados con la presencia de depresión posparto:
- Se encontró mayor incidencia de depresión en el grupo de mayores de 35 años (35%), con significación estadística respecto al grupo de pacientes entre 21 y 34 años (con una incidencia del 17,54%).
- El grupo de pacientes con partos postérmino presentó una mayor incidencia de depresión (50%), con significación estadística respecto a los otros 2 grupos estudiados.
- La incidencia de cuadro depresivo fue mayor en las pacientes intervenidas de cesárea que en las que terminaron por vía vaginal, con una clara significación estadística (p < 0,001).
- Las pacientes cuyos hijos ingresaron en la unidad de neonatología presentaron mayor riesgo de depresión posparto, con relevancia estadística (p < 0,005).
| Factor | Incidencia de DPP | Significación Estadística |
|---|---|---|
| Edad Materna > 35 años | 35% | Sí (respecto a 21-34 años) |
| Parto Postérmino | 50% | Sí (respecto a término y pretérmino) |
| Cesárea | Mayor incidencia | Sí (p < 0,001) |
| Ingreso Neonatología | Mayor riesgo | Sí (p < 0,005) |
Al analizar la asociación de diferentes factores predisponentes se encontró que la incidencia de depresión durante el puerperio aumenta exponencialmente; así, la asociación de los siguientes factores: edad >= 35 años más finalización por vía abdominal más ingreso del recién nacido en neonatología, la incidencia de depresión se sitúa en el 75%, con un riesgo relativo de 6.
Factores Asociados a la Depresión Posparto
No se conocen con certeza cuáles son los desencadenantes de los trastornos del ánimo en el puerperio. Se han descrito algunos factores de tipo psicosocial, como la presencia de antecedentes psiquiátricos previos (depresión sobre todo en gestaciones anteriores, antecedentes de depresión posparto, o antecedentes familiares de depresión). También podrían influir factores sociodemográficos (edad temprana o tardía de la madre, estado civil, situación económica y laboral de la pareja...), y factores de morbilidad, tanto materna (abortos, problemas de fertilidad en la pareja, complicaciones en el embarazo y en el parto...) como fetal (prematuridad, bajo peso, enfermedades...).
Sin embargo, pocos han sido los estudios que han identificado factores fisiológicos que predisponen a una madre a una depresión posparto. Recientemente se ha identificado una variable, la anemia, que contribuye a la fatiga y se asocia a síntomas adicionales como apatía, irritabilidad e incapacidad para concentrarse. En todo caso, si la anemia desempeña un papel en el desarrollo de la DPP, ha recibido atención muy limitada.
En la revisión de la literatura médica, los datos encontrados respecto a la edad materna como factor de riesgo para la DPP son contradictorios. Se puede citar estudios donde esta variable materna no tiene valor predictivo para DPP y otros donde sí se asocia a edades extremas de la vida reproductiva. En el trabajo mencionado anteriormente se encontró que las pacientes con edades mayores de 35 años tienen una mayor tendencia a presentar DPP con significación estadística. Sin embargo, no ocurre lo mismo en el grupo de pacientes menores de 20 años, donde no se obtuvo significación estadística, posiblemente por tratarse de un grupo reducido de pacientes.
Boyce y Todd encuentran un riesgo relativo de DPP tras parto vía abdominal del 6,82 (intervalo de confianza del 95%, 2,85-16,15) por este mismo dato se confirma en nuestra serie (p < 0,001). Algunos autores lo relacionan con la frustración que presenta la gestante por no concluir por vía natural su gestación.
La presencia de anemia en el posparto precoz ha sido una de la pocas variables cuantitativas relacionada como factor predictivo del desarrollo de DPP, si bien su implicación no queda totalmente demostrada, se podría justificar dado que una concentración baja de hemoglobina se asociaría a síntomas de anemia (fatiga, astenia, apatía, cefalea, irritabilidad; si bien muchos de estos síntomas son comunes con el cuadro de ansiedad, depresión). En el trabajo mencionado se observó que las pacientes con anemia en el posparto inmediato tienen mayor frecuencia de DPP, si bien no se encontró significación estadística.
Lactancia Materna y Depresión Posparto
La lactancia materna puede ser considerada una estrategia terapéutica muy efectiva en el tratamiento de la depresión, reduciendo el riesgo de convertir el baby blues en una tristeza postparto persistente que la preceda.
«Sin embargo, sí sabemos que la lactancia exclusiva (e incluso el colecho) permite reducir la fatiga en la mamá, así como aumentar significativamente las horas y calidad de sueño durante la noche respecto a las madres que dan el biberón«, explica la experta en la materia Raquel Cabalga.
Asimismo, el cese de la lactancia de forma brusca por el mero hecho de diagnosticar una depresión postparto no parece ser la mejor estrategia cuando su mantenimiento no exacerba los síntomas relacionados con la misma. «Al igual que amamantar podría reducir el riesgo de depresión postparto hasta en un 50%, el riesgo aumenta a más del doble en madres primerizas con dificultad para iniciar y establecer la lactancia así como en mujeres que querían amamantar y no lo consiguieron«, recalca la especialista.
Parece clara, entonces, la necesidad de brindar a las mamás todo el apoyo que les sea necesario, tanto en lo relacionado con la lactancia como en la gestión y adaptación al nuevo rol que ostentan.
Antecedentes psiquiátricos previos: una historia de depresión previa hace que aumente la incidencia de estos trastornos en un 10%-24 %.
