La Maternidad Concepción Palacios, una de las más grandes maternidades del mundo y la más antigua de Venezuela, ha facilitado la llegada de millares de nuevos venezolanos y venezolanas a este hermoso país durante 75 años. Durante su historia, muchas han sido las parturientas, neonatos, estudiantes, personal médico y de enfermería que han pasado por sus pasillos. Allí se han salvado vidas, se ha promovido la lactancia, se ha formado a las comunidades en diversos temas de salud, y se le ha dado abrigo a cientos de mujeres del interior del país. Este centro de salud es referencia nacional en atención de embarazos de alto riesgo y recién nacidos con complicaciones de salud. Estas son algunas de las muchas cosas positivas que se pueden resaltar.
Evolución de la Atención Hospitalaria en Venezuela
Para comprender la importancia de instituciones como la Maternidad Santa Ana, es crucial echar un vistazo a la historia de la atención hospitalaria en general. En el siglo XVIII, un hospital era mucho más que un simple centro de atención médica. Era un refugio para transeúntes, un hogar para huérfanos, un lugar de recuperación para enfermos sin recursos, un espacio de tratamiento para personas con enfermedades mentales, un lugar de reposo para trabajadoras sexuales y, significativamente, una maternidad para madres solteras. Era como si todas las obras sociales de hoy se concentraran en un solo lugar, con poco personal preparado para atender a todos. La enfermería y otros trabajos hospitalarios no tenían el desarrollo que conocemos hoy en día. En medio de esta complejidad, figuras como el Padre Juan Bonal, capellán del Hospital desde 1804, coordinaban la labor de voluntarios comprometidos con el sufrimiento ajeno. El amor, en su esencia, busca aliviar la necesidad y llevar a la plenitud lo que se vislumbra.
El primer hospital moderno en Venezuela fue el Hospital Vargas de Caracas, construido a finales del siglo XIX. Siguió las normas establecidas por la Academia de Ciencias de París, utilizadas por primera vez en 1854 en el diseño del Hospital Lariboisière. Los planos de este hospital francés se replicaron en el Hospital Vargas, que se convirtió en un ejemplo de hospital de pabellones separados. Además de esta innovación arquitectónica, el Hospital Vargas introdujo la anestesia y la asepsia, que los médicos practicaban con dificultad en sus consultorios privados. La enseñanza de la Medicina se dio siempre en su aspecto práctico en los hospitales, pero es en este hospital donde esa fase de la cultura médica adquiere su más perfecta expresión.
Después de la construcción del Hospital Vargas, la marcha general del país se detuvo durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, y se construyeron muy pocos hospitales. Tras su muerte, en 1936, se creó el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que planteó un nuevo concepto de asistencia pública y salubridad nacional. Se destacó la falta de hospitales y equipos para la atención médica. Con la excepción del Hospital Vargas y los hospitales de las compañías petroleras, no había hospitales que merecieran ese nombre. En 1941 se inició la construcción del hospital de Valencia, primer hospital moderno, planificado y programado técnicamente.
Expansión de la Infraestructura Hospitalaria (1936-1945)
En Caracas, entre 1936 y 1945, se construyeron varios hospitales:
- 1936: Anticanceroso Luis Razetti, en Cotiza
- 1938: Maternidad Concepción Palacios, en San Martín
- 1940: Sanatorio Simón Bolívar, en Antímano
- 1941: Hospital José Gregorio Hernández, en Cotiza
- 1943: Hospital J. M. De los Ríos; Hospital San Juan de Dios
- 1945: Hospital Poliomielítico (hoy Hospital Ortopédico Infantil)
- 1947: Hospital Municipal Rísquez, en Cotiza
- 1947: Clínica Santa Ana, en San Bernardino
- 1950: Centro Médico (hospital privado)
El 2 de octubre de 1943 se inició la construcción del Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria, uno de los más grandes de América Latina, con capacidad para 1.200 camas. Fue inaugurado en 1955.
Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se buscó modernizar Venezuela, y se construyeron grandes obras, incluyendo las médico-asistenciales. Como ejemplo, el Hospital Universitario de Maracaibo, inaugurado en 1960, con capacidad para 600 camas. El Hospital Militar Carlos Arvelo en Caracas entró en funcionamiento en 1960, con capacidad para 1.000 camas. Creado para atender a los miembros de las Fuerzas Armadas y sus familiares, hoy día atiende a todo público.
Los hospitales construidos en esta etapa corresponden a tipologías modernas que utilizan las nuevas tecnologías de construcción de varios pisos para albergar las salas de hospitalización en las plantas altas y los servicios de diagnóstico y tratamiento en los pisos bajos.
En el período de 1964-1969, los servicios médico-asistenciales fueron dotados con 27 nuevas edificaciones, elevando en casi 4.500 camas el cupo de las instalaciones hospitalarias.
Entre los años 1970 y 1980 se hicieron hospitales de 120-150 y 200 camas, y hospitales regionales de 320, 400 y 600 camas construidos en las capitales de los estados, todos ellos bajo la modalidad de proyectos tipo. En este plan se construyeron dos hospitales de 600 camas en Caracas, el del Oeste, Hospital José Gregorio Hernández, y el hospital del Este, Hospital Domingo Luciani.
Flexibilidad y Adaptación en el Diseño Hospitalario
Se adoptó el sistema de flexibilidad hacia el cambio de uso impulsados por la óptica de la arquitectura indeterminada para programas de cambio y crecimiento. Cambios en las técnicas utilizadas, en la cantidad y organización de los servicios ofrecidos, en la demanda, en el equipamiento. Para sustentar esta flexibilidad se puso énfasis en el uso de sistemas modulares que permiten combinaciones y subdivisiones del modulo estructural como de diseño. El módulo estructural más utilizado fue el 7,20 m x 7,20 m que permite subdivisiones de 3,60 m y 2,40 m aceptables para dimensionar unidades funcionales y pasillos y un módulo de diseño de 1,20 m. También se utilizó el módulo estructural de 6,60 m x 6,60 m con módulo de diseño de 1,10 m x 1,10 m.
En la década de los ochenta se terminaron de construir los últimos hospitales de los que actualmente tenemos en funcionamiento: el hospital Domingo Luciani u Hospital del Este de Caracas cuya obra fue concluida en 1984 y puesta en servicio en 1987, 18 años después de iniciar su anteproyecto y el Hospital Victorino Santaella de Los Teques, cuya obra fue concluida en el año 1980, con capacidad arquitectónica para 440 camas, y el cual aún en nuestros días no ha sido puesto en marcha en su totalidad.
Al inicio de este período (1960-1980) se formó en el Ministerio de Obras Públicas la División de Arquitectura Médico-asistencial, donde se realizaron todos los proyectos y construcciones. Tal especialización condujo a la creación, por parte de los arquitectos, de la Asociación Venezolana de Arquitectura Médico-sanitaria (AVAMS). El auge declinó con la disolución del MOP en 1978, fin de la época de las grandes construcciones hospitalarias.
A partir de 1980 se comenzó la estrategia de la atención primaria impulsada por la Organización Mundial de la Salud y ejecutada por la OPS a través del MSAS que suspendió la construcción de hospitales y propició la construcción de ambulatorios, centros equivalentes a la consulta externa de los hospitales, con un concepto de mantenimiento menos complejo, menos voluminoso y con un criterio de servicios más accesibles a los usuarios para proveerles atención primaria integral, además de consultas de especialidades, primeros auxilios, servicios de diagnóstico y tratamiento, todo con la modalidad ambulatoria o de hospital de día. Con este programa, entre 1986 y 1994 se construyeron 270 ambulatorios urbanos.
En el año 1991, el gobierno nacional a través del MSAS inició el Proyecto Salud dirigido a mejorar la calidad de la atención hospitalaria, teniendo como subproyectos la modernización de los hospitales y del sector salud, con apoyo financiero y técnico del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, que contemplaba la adquisición de equipos médicos y el mantenimiento de las edificaciones.
La política del MSAS hacia el año 1995 era de no construir nuevos ambulatorios y hospitales sino incrementar el uso de la capacidad ociosa existente y la recuperación de aquellas que lo requerían. El Proyecto Salud se terminó y desafortunadamente estos trabajos no se completaron durante su ejecución y se están realizando muy lentamente, bajo diferentes modalidades de financiamiento y ejecución y con muy poca supervisión de parte de los organismos competentes.
La Crisis Hospitalaria y la Maternidad en la Actualidad
A finales de siglo nos encontramos con un período de degradación difícil de imaginar: la notable infraestructura hospitalaria construida entre los años 1940 y 1980 desde hace tiempo se hizo insuficiente, está obsoleta y esperando por su modernización.
La crisis que vive Venezuela hace que las embarazadas tengan que recorrer varios hospitales hasta encontrar uno donde acepten atenderlas. Sin reconocer las precariedades de la salud pública, en julio 2017, el Gobierno anunció un plan de ayuda financiera denominado “parto humanizado”, dirigido a las futuras madres, a quienes ofrecía 700.000 bolívares mensuales por cada embarazo. Venezuela fue el primer país en América Latina que contempló la violencia obstétrica como delito. Los avances solo se dan en algunos servicios de atención privada donde se han incorporado doulas, una persona no médico que acompaña y facilita el trabajo de parto.
Pese a estos avances en materia de implementación de políticas públicas, la realidad muestra un panorama menos alentador. Según el informe de julio de 2019 de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, en Venezuela hay falta de acceso a todos los tipos de anticonceptivos, con algunas ciudades enfrentando un desabastecimiento total. En ciudades como el Área Metropolitana de Caracas, Barquisimeto, Maracaibo, Mérida y Porlamar, durante el período agosto-diciembre 2018, había 100% de escasez en parches anticonceptivos, aros implantables y dispositivos intrauterinos.
Sin embargo, en los últimos meses se habla solo de algunos problemas que ha presentado la Maternidad Concepción Palacios, para salirle al paso a estas afirmaciones de “crisis”, su directora, Antonieta Caporale afirmó recientemente, que durante el 2013 fueron atendidos alrededor de 9.500 nacimientos, entre partos y cesáreas, es decir más de 26 niños y niñas vieron la luz cada día, en ese centro de salud. Caporale afirmó que en el pasado año, además, se realizaron más de 90.000 consultas y se atendieron 30.000 emergencias. La directora ha reconocido sin embargo, que aún existen fallas que está subsanando el Ministerio del Poder Popular para la Salud, a través de Plan de Reactivación de la Maternidad.
Fiel al cumplimiento de prestar un servicio de calidad e incluyente, y como parte del Gobierno Revolucionario, Hidrocapital ha prestado apoyo en la reparación de tuberías internas, pero en virtud que desde hace un mes se había agudizado el problema del agua, porque el líquido no llegaba a los pisos altos, cuadrillas de la hidrológica trabajaron con mayor frecuencia asesorando y apoyando en cuanto al mantenimiento al sistema hidroneumático de la Maternidad. Desde hace una semana se han intensificado esos trabajos de Hidrocapital, pues esta empresa del Estado asumió en su totalidad la rehabilitación de todo el sistema hidroneumático.
Es así como, cuadrillas electromecánicas de la hidrológica capitalina han realizado diversas actividades de reparación y mantenimiento que han permitido colocar en pleno funcionamiento dos de los tres equipos de bombeo y sus respectivos tableros eléctricos, lo que la ha permitido que el servicio de agua llegue sin ningún inconveniente hasta el piso 9 del edificio. El tercer grupo equipo de bombeo fue trasladado a la sede de Electromecánica de la hidrológica, pues requiere de trabajos de rehabilitación más amplios y detallados.
La historia de esta venezolana coincide con la de muchas madres, que últimamente deciden dar a luz fuera de su país para optar por una atención de calidad y garantizar la vida de sus hijos. Amnistía Internacional tiene disponible actualmente el portal Salida de Emergencia desde el mes de marzo para visibilizar la emergencia humanitaria que se vive en Venezuela. Diana cuenta que se realizó el control prenatal con un médico que presta servicios en el Hospital caraqueño Miguel Pérez Carreño, centro médico al que van sobre todo las futuras madres que no tienen recursos para pagar un parto o una cesárea en Venezuela. “Dar a luz en el país en este momento es lo peor que podría pasarle a cualquier mujer. En mi caso, por ser RH Negativo y mi esposo RH Positivo, debo vacunarme porque existe una alta probabilidad de incompatibilidad sanguínea entre mi cuerpo y el bebé”.
Además del tema de la vacuna, se le suma a esta familia que apenas comienza a crecer, el hecho de no tener recursos para realizar la cesárea. El médico tratante le recomendó no dar a luz en el hospital porque actualmente no cuenta con los insumos necesarios, ni las condiciones para atender una intervención de este tipo. “He presentado varios contratiempos para tener a mi hijo. Soñaba con ser madre desde hace 10 años cuando me casé, pero por temas de salud no lo había logrado. Para Diana era un tormento escuchar a otras mujeres su experiencia al dar a luz en hospitales venezolanos recientemente. La mortalidad neonatal en Venezuela ascendió a cifras preocupantes: 30,1% y la maternal 65,79% en el último año. Por todo esto, Diana tomó la decisión de salir del país sola y dar a luz en Colombia en el mes de junio, mientras su esposo conseguía el dinero para viajar y reunirse con su familia.
Yajaira tiene 23 años y está embarazada de su segundo hijo. “Mi hermano ha estado investigando y si doy a luz allá mi hijo tendrá la nacionalidad y además ese Estado le brindará más protección que este. El sistema de salud público es tan eficiente que contaré con todos los insumos necesarios y el personal médico que quiero que me atienda. El primer hijo de Yajaira nació en 2013 y asegura que esa experiencia fue una de las más traumáticas de toda su vida ya que pasó por cuatro centros de salud en pleno trabajo de parto. “Me ruletearon por toda Caracas, sentía la cabeza del bebe entre mis piernas y en ningún hospital me quisieron ver porque no tenían personal o no habían insumos. Pensé que iba a morir o, si me salvaba, iba a dar a luz en el taxi o plena calle”.
Un sólo día en la sala de partos del Meoz descubre una de las piezas más trágicas del puzle revolucionario. Chicas muy jóvenes, algunas con 15 años recién cumplidos, mal alimentadas, con infecciones y una tasa pavorosa de sífilis, más del 30% pese a ser una enfermedad que muchos creían pasada de moda. Estas mujeres han llegado hasta Cúcuta desde su país, ya sea para parir o de camino en busca de una vida mejor. "El cuadro con el que llegan es terrible, empezando por mujeres con varios meses de gestación y una sola visita médica", confirma Ricardo Ramírez, uno de los responsables. Sin controles prenatales, sin vacunas, sin nutrientes y tan mal alimentadas que sus bebés "no tienen capacidad de succión, no tienen fuerza suficiente para alimentarse del pecho de su madre", añade otra de las responsables. Llegan sin ropas para los recién nacidos, sin pañales, sin comida... Y lo hacen desde los puntos más lejanos, como la indígena pemón que recorrió los 2.000 kilómetros que separan la frontera de Brasil de la colombiana.
Algunos datos importantes sobre la situación de las madres venezolanas en Cúcuta:
| Año | Venezolanas que dieron a luz en el Hospital Erasmo Meoz |
|---|---|
| 2016 | 212 |
| 2017 | 734 |
| 2018 | 2.944 |
| 2019 (Enero-Noviembre) | 5.300 |
| Colombianas (2019 Enero-Noviembre) | 1.697 |
Dar a luz es un duro trance. Las maternidades están llenas, no hay incubadoras, falta el agua y la comida y la electricidad se corta cada dos por tres mientras las ‘chiripas’, -esas pequeñas y repugnantes cucarachas alemanas- se pasean a sus anchas propagando bacterias dañinas, como la Salmonella. Pero él lo tiene claro: “Así el petróleo llegue a cero, nuestros niños tienen garantizado todo, su atención de salud, su educación”. Las mujeres, mientras tanto, se mueren por parir en estas condiciones.
En los cinco años que la médica obstetra Leonor Zapata estuvo trabajando en la sala de parto de la Maternidad Concepción Palacios, conoció casos terribles de mujeres que murieron por abortos mal practicados. «Supe de una joven que se puso un cable eléctrico a través del cuello uterino y se conectó a la corriente, la atendieron en el Pérez Carreño; tuve otra paciente que se hizo un lavado con permanganato, una sustancia abrasiva, y se quemó desde la vulva hasta la rodilla. «Algunas se hacen enemas de jabón azul que son mortales, porque producen insuficiencia renal. Por eso, la doctora Asia Villegas considera que en este tema hay un componente de clase social. «Hay que levantar la sábana de la hipocresía que cubre el tabú del aborto.
Cuando Reymar Pinillos ya estaba en proceso de parto, recorrió tres centros de salud pública, pero fue rechazada: el Materno Infantil de Caricuao, la Maternidad Santa Ana y el Hospital General José Ignacio Baldó, también conocido como Hospital El Algodonal, ubicados al oeste de Caracas. En todos, la razón fue la falta de anestesiólogos. Finalmente, Reymar fue atendida en el Hospital Pérez Carreño, uno de los más grandes de Caracas, gracias a que su tío conocía a un enfermero que trabaja en este servicio médico. Se han dado casos de mujeres que dieron a luz en sus casas y hasta en la calle al no ser recibidas en los centros médicos estatales.
Pinillos fue rechazada de tres centros de salud pública durante su proceso de parto. La razón, la falta de personal, específicamente anestesiólogos. Reymar llegó sangrando y lastimada a este servicio médico debido a los tactos vaginales que le habían realizado en los centros anteriores donde fue rechazada. En el Pérez Carreño no le practicaron la cesárea recomendada en su control prenatal, ni siquiera revisaron o preguntaron su historial médico cuando fue internada. Reymar se quedó sin líquido amniótico y el bebé sin oxígeno.
Todas estas carencias y vulneraciones a los derechos de las mujeres han empujado a muchas venezolanas embarazadas a migrar para traer a sus hijos en lugares seguros. El presidente Nicolás Maduro -siguiendo la línea de Hugo Chávez, quien más de una vez se declaró «feminista»- creó el plan nacional de formación feminista “Argelia Laya”, el proyecto de maternidad deseada, segura y feliz. Y recientemente se sumó el Plan Parto Humanizado y el Órgano Superior del Plan Nacional Parto Humanizado y Lactancia Materna, que integrará a los Ministerios de Salud, Mujer e Igualdad de Género, Comunas, Educación y Alimentación.
La mañana del lunes 20 de mayo de 2019, Roickmar González, de 19 años, empezó a sentir dolores de parto, pero un cuadro de fiebre alta por una infección en la placenta (corioamnionitis) complicó su estado de salud. Cuando llegó al Hospital Materno Infantil Ana Teresa de Jesús Ponce, la rechazaron y la derivaron al Seguro Social de La Guaira. En el primero no fue atendida porque no había neonatólogos. Solo le dieron un reporte médico que decía: “Paciente neonatal potencialmente séptico”. Roickmar González fue sometida a una cesárea, pero murió en la operación. Su hija Oriana sobrevivió, aunque presentó problemas respiratorios que la tuvieron dos semanas en el hospital. Su nieta murió a las once y media de la noche por un “estado de embolismo del líquido amniótico y desprendimiento prematuro de la placenta”, según el acta de defunción.
