La edad de consentimiento sexual es aquella en la que legalmente una persona puede dar su consentimiento a la hora de mantener relaciones sexuales. En España, esto ocurre a los 16 años. Esto significa que los menores de 16 años no pueden consentir en tener relaciones sexuales y, de ocurrir, esta actividad podría constituir un delito de agresión sexual.
Sin embargo, el Código Penal establece una excepción cuando el autor sea una persona próxima al menor en cuanto a edad y madurez.
La Diferencia de Edad en las Agresiones Sexuales a Menores de 16 Años
La Ley Orgánica 1/2015, que modificó el Código Penal, elevó la edad del consentimiento sexual a los 16 años. Así, el ordenamiento jurídico español se adaptaba al rango de edad establecido en el resto de países europeos.
Por lo tanto, la realización de actos sexuales con menores de 16 años se considera un hecho punible, con la siguiente excepción:
Artículo 183 bis del Código Penal:
"Salvo en los casos en que concurra alguna de las circunstancias previstas en el apartado segundo del artículo 178, el libre consentimiento del menor de dieciséis años excluirá la responsabilidad penal por los delitos previstos en este capítulo cuando el autor sea una persona próxima al menor por edad y grado de desarrollo o madurez física y psicológica."
Esta excepción se regula en el Capítulo II del Título VIII del Libro II (De las agresiones sexuales a menores de dieciséis años) del Código Penal.
Así pues, se despenalizan las relaciones sexuales mantenidas entre menores de 16 años, o entre un menor y un mayor de esa edad, siempre que exista consentimiento libre del menor y cercanía en cuanto a edad y madurez. Es decir, que no basta con el consentimiento del menor, sino que también debe existir cierta proximidad entre los implicados, en los aspectos mencionados. En caso contrario, se producirá un delito contra la libertad sexual. No obstante, este artículo ha sido criticado por la doctrina por la inseguridad jurídica que arroja en cuanto a los requisitos exigidos para su aplicación.
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El Peligro del "Sugar Dating"
Actualmente, el entramado relacional en el que se encuentran los adolescentes y jóvenes ha cambiado con respecto a generaciones anteriores. Las redes sociales e internet han generado una nueva forma de relacionarse, que aunque ofrece numerosas ventajas y hace nuestra vida más fácil en algunos casos, también ha dado lugar a nuevos riesgos para los adolescentes.
España es el quinto país en número de personas registradas en páginas web de sugar dating, con más de 400.000 personas. De ellas, el 63% son mujeres jóvenes universitarias. Y aunque se trata de una práctica inicialmente dirigida a mayores de 18 años, no es difícil que accedan a ella menores. Es extremadamente accesible a través de redes sociales, webs y apps.
En muchos casos, estas formas de explotación se ceban en adolescentes y jóvenes vulnerables, que ven una oportunidad de tener un móvil de última generación o unas deportivas de marca, haciendo algo que “mucha gente hace” (así se lo plantean las agencias que lo promueven). Las adolescentes lo perciben como un “intercambio”, lo que disminuye la conciencia de estar siendo explotadas por un adulto.
Sin embargo, no se trata de un intercambio equitativo, ya que existe un gran desequilibrio de poder entre las partes. El adulto tiene una mayor edad, experiencia vital, recursos económicos, estrategias personales, estabilidad personal, laboral y social y una posible red de contactos que le apoya en su actividad de captación de jóvenes.
El sugar dating no está exento de riesgo, tanto en chicas menores de edad como en jóvenes que ya hayan superado los 18 años. Entre los riesgos de esta práctica se encuentran la explotación sexual, el ciberacoso, la sextorsión, la manipulación o la coacción, la exposición pública de imágenes íntimas, las estafas económicas o la violencia física, psíquica o sexual.
Las jóvenes se encuentran en un escenario de desequilibrio de poder, en el que pueden tener lugar situaciones de coacción, manipulación, chantaje o abuso sexual. Cualquier adolescente puede caer en las redes de una de estas agencias. Basta con que tenga acceso a un smartphone o tablet con acceso a internet.
Una sencilla búsqueda en la red nos permite encontrar numerosas webs de agencias de captación de sugar babies, en las que se vende a las chicas una vida llena de lujo, glamour, restaurantes de alto nivel, ropa de marca y móviles costosos. Parece muy fácil.
Las agencias que promueven el sugar dating sostienen que no se puede equiparar a la prostitución, ya que la prostitución es un intercambio de sexo por dinero, mientras que el sugar dating es un intercambio de dinero por compañía, afecto, conversación, intimidad… y en muchos casos también sexo. Se trata de una práctica que roza la delgada línea entre las escorts de lujo, la prostitución y la explotación sexual, en la que las relaciones entre las partes no son simétricas.
Existen numerosas webs de empresas y agencias que promueven la captación de jóvenes como sugar babies. En estas páginas, los hombres se promocionan haciendo referencia a su solvencia financiera, con ingresos, que oscilan entre los 200.000 y el millón de euros anuales. Las jóvenes se promocionan haciendo referencia a su aspecto físico, hábitos saludables, buena conversación, proporcionar “buen sexo” y siempre incluyen una fotografía.
Aunque es minoritario, existe también el concepto de sugar mommy (mujer de edad madura que busca relaciones con un chico joven a cambio de regalos o dinero), pero la práctica mayoritaria es la de un varón mayor y adinerado con una chica joven en una posición económica precaria.
Señales de Alerta y Prevención
Cambio en sus hábitos de vida. Secretismo y uso de términos en clave: El secretismo, el uso de códigos en la conversación con terceros para que sus padres no detecten su actividad… también nos puede dar una pista de que está haciendo algo que quiere mantener oculto a su familia. Ante esto, es importante que las familias conozcan bien a sus hijas y tengan una buena comunicación con ellas.
Es esencial proporcionarles información sobre estas cuestiones, con el fin de que ellas mismas conozcan los riesgos de esta práctica. No se debe normalizar una actividad de riesgo, ni tampoco mirar hacia otro lado.
Una buena comunicación y una buena información a los y las adolescentes es esencial. También es recomendable no mostrarse excesivamente alterado o imponer castigos duros, ya que en tal caso, no acudirán a nosotros si se encuentran en una situación de acoso, chantaje o coacción.
Como conclusión, el sugar dating no es un intercambio equitativo. No hay igualdad entre las partes, existe un claro desequilibrio de poder entre un hombre adulto, con buena posición financiera y social y con mucha más edad y experiencia vital, y una joven inexperta en situación económica precaria. Si llega a involucrar a menores, nos podemos encontrar ante un delito. También pueden constituir delito determinadas situaciones de explotación sexual, acoso, chantaje, sextorsión y divulgación de datos íntimos, aunque afecten a mujeres mayores de 18 años. A pesar de tener una denominación tan “dulce”, el sugar dating no tiene nada de dulce.
