Aunque los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, es crucial tener cuidado de no caer en la sobreprotección. Los especialistas alertan sobre la aparición del llamado síndrome de Wendy o de la madre sobreprotectora, caracterizado por una necesidad imperiosa de satisfacer al otro, principalmente si es su hijo.
Muchas madres reconocen sufrir este síndrome. Son incapaces de ver sufrir a sus hijos y les ayudan constantemente, terminando sus deberes si son incapaces de terminarlos u ordenando su habitación todos los días porque no soportan verlo desordenado. Estas madres intentan hacer la vida de sus hijos desde sus primeros años lo más fácil posible y sufren con cada uno de sus errores, fracasos y tropiezos.
Sobreproteger a los hijos puede ser muy negativo para su futuro. “Los padres sobreprotectores niegan a sus hijos la oportunidad de explorar el mundo por sí solos, cuidándolos o corrigiendo su comportamiento para evitarles un tropiezo. Esta excesiva preocupación tiene consecuencias sobre la personalidad del pequeño, generando niños nerviosos, tímidos e inseguros, con problemas para relacionarse en la escuela o en grupos sociales y mostrando una dependencia extrema hacia sus padres”, explica el artículo La adaptación escolar en niños y niñas con problemas de sobreprotección.
El Primer Paso: Reconocer el Problema
Si queremos cambiar una actitud sobreprotectora con los hijos, lo primero es reconocer el problema y ser consciente de que esta actitud puede perjudicar al hijo. Las consecuencias pueden ser en el futuro un hijo vago, desmotivado y con poca tolerancia a la frustración.
En el conocido cuento de Peter Pan, Wendy representaba a una niña que siempre vela por el adulto que no quiere crecer ni afrontar sus responsabilidades. Wendy siempre vela por él y le ayuda en todas las situaciones, olvidándose de sí misma y solo viviendo para ayudar a su querido Peter Pan.
En principio, proteger a los hijos es una conducta normal y lógica, pero si se lleva al extremo puede tener el efecto contrario. Para los especialistas suele ser típico de madres que en su infancia sufrieron alguna carencia afectiva o falta de atención por parte de sus padres.
Las madres sobreprotectoras necesitan sentirse imprescindibles y encargarse de todas las tareas relativas a sus hijos. Por ejemplo, no suelen dejar a sus hijos hacer alguna tarea en la casa, ni siquiera ordenar su habitación. También intentar evitarles cualquier obstáculo y realizan conductas como hacer sus deberes, meterlos en su mochila, hablar constantemente con la profesora y tomarse todos los asuntos de sus hijos con extrema gravedad.
También suelen ser controladoras e intentar elegir a los amigos de sus hijos, la clase en la que tiene que estar o las extraescolares sin tener en cuenta su opinión. Suelen además intentar siempre agradar a los demás y huyen de las situaciones conflictivas con sus hijos y otros familiares.
Cómo Cambiar Nuestra Actitud
Una vez que nos hemos dado cuenta de que nuestra actitud hacia nuestros hijos es demasiado sobreprotectora, tenemos que cambiar poco a poco. Será difícil cambiar de un día para otro, pero lograremos cambiar nuestra actitud. Aquí hay varios consejos para lograr dejar de ser madres con este síndrome de Wendy:
- Marcar tareas a todos: Los hijos necesitan tener responsabilidades para empezar a ser más autónomos e independientes. Tareas adaptadas a su edad y que realmente no les supone grandes esfuerzos. Por ejemplo, deben organizar su mochila para el día siguiente antes de acostarse o recoger al final del día su desordenada habitación. No podemos asumir todas las tareas de la casa.
- Aprender a decir “No”: Si siempre estamos a su disposición, no tendremos una vida propia. Las madres necesitamos nuestro espacio y tiempo al día lejos de las obligaciones laborales y del hogar. No podemos llegar a casa después de una jornada laboral y no tener ni un momento de descanso.
- Cuidado con la adolescencia: El comportamiento de los hijos en la adolescencia suele ser el resultado de su infancia. Su actitud negativa e inactiva se puede convertir en su peor enemigo. Si está acostumbrado a no hacer nada y tener todo solucionado, será complicado que cambie de actitud.
- Dejar que cometa errores: Si desde pequeños les terminamos los deberes o las láminas de dibujo a los hijos, les estamos haciendo un flaco favor. La vida está compuesta de fracasos y éxitos y los hijos deben aprender a superar los momentos conflictivos. Tienen que cometer errores y aprender a solucionarlos por ellos mismos.
Deben aprender que un pequeño obstáculo no es un gran problema y que la situación mejora tras solucionarlo. No se pueden hundir o deprimir ante el primer problema que les surge en la vida. Si resuelven el problema lograrán comprender que la vida consiste en superar obstáculos y gracias a esta dinámica lograrán ser felices.
Características de las Madres Tóxicas
Una madre es la primera influencia de un niño y parte de su comportamiento dependerá de lo que aprenda de ella. Una madre tóxica es aquella que es capaz de generar malestar continuo en su hijo. Nunca tienen en cuenta las necesidades de sus hijos, ni se ponen en su lugar. Son personas egoístas que solo buscan su propio beneficio. Sin embargo, no existe solo un tipo de madre tóxica. Aunque la situación pueda parecer desesperada, hay maneras de lidiar con los efectos de una madre tóxica y recuperar la estabilidad emocional.
La relación madre/hijo supone una pieza fundamental en el desarrollo de la personalidad y de las relaciones que establecemos con otras personas. Por tanto, tener una madre tóxica puede causar una variedad de problemas emocionales en los hijos.
Las madres tóxicas utilizan un lenguaje en el que menosprecian al hijo/a. Entre el tipo de frases que utilizan se pueden encontrar las de queja, crítica, chantaje o manipulación. Incluso a veces pueden encontrarse conductas y lenguaje agresivos. Cuando somos pequeños es imposible saber cómo reaccionar ante una madre tóxica. Nuestros pacientes nos comentan que conforme van creciendo se van dando cuenta más de la situación. Van detectando las cosas que les hacen sentir mal, comparan con otras madres, suegra, etc.
Tipos de madres tóxicas
- Madres tremendamente críticas hasta en las situaciones más banales.
- Madres controladoras.
- Madres manipuladoras.
- Madres victimistas.
- Madres narcisistas.
¿Qué rasgos definen el síndrome de mamá gallina? ¿Cuándo hablamos de sobreprotección?
Los rasgos que definen dicha personalidad son:
- Inseguridad en sí misma y por tanto en los demás.
- Baja autoestima
- Baja autodependencia, son personas muy dependientes de los demás que les llevan a proyectar sus inseguridades en los otros.
- Excesiva necesidad de control sobre los demás.
- Buscan en los demás puedan cumplir sus propias necesidades personales,proyectando en terceros sus miedos o sus deseos incumplidos.
- Sus relaciones interpersonales están desgastadas, ya que al no saber gestionar su malestar personal terminan culpabilizando a otras personas.
Las personas demasiado controladoras y proteccionistas con los demás posiblemente hayan tenido algún tipo de apego inseguro en la infancia. En estos casos, generalmente se ha ejercido un exceso de protección sobre estas personas y, por tanto, se encuentran seguros y reafirmados al ejercer sobre otras personas ese mismo control/protección. Por el contrario, también hablaríamos de apego inseguro, pero más evitativo, cuando el desencadenante haya sido la falta de protección.
En estos casos, es común que a estas personas se les haya generado mucha inseguridad y a lo largo de su vida hayan combatido ese sentimiento de inseguridad personal mediante el control/protección de los demás. Esto genera mucho daño y sufrimiento tanto en la persona que lo padece como en los demás, ya que entienden su falta de protección como peligros y riesgos, y terminan generando miedos irracionales en los demás y enseñándoles a vivir la vida en función del miedo.
Recomiendo que siempre que tengamos cerca una persona con ese perfil sobreproteccionista y con exceso control sobre los demás, más que intentar hacérselo ver, lo más adecuado es aconsejarle que esas actitudes y conductas le están produciendo un sufrimiento psicológico a sí mismo y a los demás y ayudarle aconsejándole que acuda a un psicólogo clínico, que le ayude a entender y a trabajar lo que le ocurre.
Es importantísimo que sea un profesional de la psicología clínica quien lo haga ya que el intento de los familiares por ayudar puede convertirse en una frustración al no conseguirlo, tanto para ellos mismos como para la persona que lo padece, porque hay que entender por qué esa persona generó esa sobreprotección/control, qué lo mantiene, y como se puede ayudar a que lo gestione.
MADRES SOBREPROTECTORAS. Psicóloga y Coach Martha Martínez Hidalgo
Hijos Adultos de Madres Controladoras
El amor de una madre no siempre es incondicional. A veces lleva implícita una cuota de sufrimiento, un sinfín de condiciones y condicionantes que marcan y dejan huella. Un ejemplo de ello son sin duda los hijos adultos de madres controladoras, personas que a pesar de haber alcanzado la madurez arrastran con el peso de ese vínculo dañino y complejo.
La relación de un hombre con su madre es importante para construir su identidad y el modo en que interacciona con los demás. Esta falta de respeto a la intimidad es muy perjudicial para la autoestima de la otra persona, que termina sintiéndose “asfixiada”, sin espacio propio ni derecho a la propia intimidad.
Características de las Madres Controladoras
- Presión y perfección: Las madres controladoras no motivan a sus hijos a perseguir y alcanzar sus propios sueños, sino a seguir sus pautas. Cuando sus hijos no logran lo que ellas han estipulado, arremeten contra ellos haciéndolos sentir mal emocionalmente. Por lo general, estas madres tienden a comparar a sus hijos con personas exitosas, fomentando la competitividad de en ellos.
- Crítica y la falta de autocrítica: Las madres controladoras nunca están satisfechas con lo que sus hijos consiguen. La lucha de sus hijos por agradarles es constante y termina convirtiéndose en una frustración profunda que nos les permite sentirse valiosos ante los demás.
- Manipulación: Este tipo de madres utilizan con frecuencia la manipulación emocional para conseguir lo que quieren de sus hijos. Ellas hacen que sus hijos se sientan culpables si no actúan tal y como ellas desean. Esta forma de relacionarse con el niño hace que él se convierta en un adulto cargado con sentimientos de culpabilidad.
A menudo, los hijos adultos de madres controladoras viven en una esfera de silencio y continuas contradicciones. De este modo, un mecanismo de supervivencia muy recurrente de estos hombres es el uso de la mentira. Al principio lo hará para no decepcionar a su madre, para evitar la culpa, pero al hacer uso de este recurso desde niño lo irá aplicando en cualquier ámbito llegada la edad adulta.
Los hijos adultos de madres controladoras viven muchas veces anulados emocionalmente por ese influjo. Al suprimir casi desde el inicio esa energía emocional del niño para colocar la de ella misma como prioridad, ese hijo entiende desde bien temprano que mostrar sentimientos no solo es vergonzoso sino peligroso. Una madre controladora genera siempre un apego inseguro. Un vínculo donde el niño no ha sido validado emocionalmente, y donde muy a menudo puede evidenciar comportamientos agresivos u hostiles.
Las madres controladoras consideran que sus hijos son de su propiedad personal. Ese vínculo tóxico tiene graves implicaciones en el desarrollo afectivo del niño, en su maduración psicológica, en su independencia, en su capacidad para tomar decisiones… Y una consecuencia evidente es la clara dificultad para establecer una intimidad y una conexión emocional auténtica con alguna pareja afectiva.
¿Qué pueden hacer los hijos ya mayores de madres sobreprotectoras?
Los niños pequeños son fácilmente manipulables por sus madres. Ellas se encargan de todo lo referente a ellos y, por tanto, no habrá nada que se escape a su control: ropa, amigos, horarios, etc. Los problemas surgen cuando los niños se hacen mayores y no permiten una actitud tan absorbente de sus madres. Veamos a continuación algunas sugerencias para evitar esta actitud:
- No debes sentirte en la obligación de justificar todos tus movimientos para satisfacer a tu madre.
- Si consideras que se mete demasiado en tu vida, no debes darle más información de la precisa, procura no entrar en detalles que consideras que sólo te pertenecen a ti y a tu intimidad o si crees que es necesario, tampoco sobre tus planes.
- Si tu madre continuamente cuestiona tus planes y critica tus actos, cuéntaselo una vez que lo hayas hecho, de esta forma no te hará dudar o sentirte culpable por hacer algo que ella no desea que hicieras o por no haberlo hecho a su manera.
- Si discutís por su carácter tan absorbente, mantente firme en tu postura y no cedas por temor a hacerle sufrir o porque piensas que se enfadará más contigo. Si cedes, tan sólo conseguirás reforzarle sus carácter en este aspecto.
- No permitas que te impida vivir como tú deseas y si estás casado o tienes pareja, no consientas que interfiera en vuestros asuntos. Si tiene oportunidad tratará de intervenir en vuestra vida familiar entrometiéndose en la educación de vuestros hijos o en la organización de la casa. Son muy sutiles para ello, no se lo permitas.
Para concluir, es importante destacar un aspecto evidente. Los hombres son menos propensos a buscar ayuda y, por lo tanto, a acudir a terapia. A pesar de que en su interior carguen con un buen saco de sufrimiento, su capacidad de negación es inmensa.
